Thursday, December 14, 2006

PETROLIA – El regreso a Itaca



    “Cuando emprendas el viaje de regreso a Itaca,
    ruega que el viaje sea largo,
    lleno de aventuras, lleno de enseñanzas.
    No temas a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,
    ni al irritado Poseidón...”, C
    onstantino Cavafis

    Es diciembre otra vez, y por una de esas jugarretas del destino, me encuentro de vuelta en la ciudad de las arboladas calles, donde hace ya doce meses atisbé por primera vez a los habitantes de Petrolia. La temperatura en la ciudad es baja, el invierno empieza a hacerse sentir, sin embargo, la calidez con la que estas personas nos reciben sigue enalteciendo su gentilicio. Esto a pesar de que hace solo unas horas, en Caracas, el no tan inesperado resultado de las elecciones presidenciales pareciera haber marcado para siempre su destino fuera del cielo que los vio nacer.
    Los habitantes de Petrolia alguna vez habitaron lo que hoy se dado en llamar la “Vieja” PDVSA, de la cual fueron expulsados ignominiosamente hace ya casi cuatro años, por no otra razón aparente que la de diferir de los dueños políticos del país. Y aun hoy son perseguidos por aquellos que reclaman para si la propiedad de la “nueva”.
    A lo largo de estos años, al igual que la mayoría de mis conciudadanos de Petrolia, he visto transformar mis recuerdos del pasado en difusas idealizaciones. Muchas veces no estoy seguro si lo que creo recordar de nuestra vida petrolera pasada fue alguna vez verdad, o es solo producto de la nostalgia por el pasado que imaginamos. Quizás esto es consecuencia de que la nueva PDVSA es tan obviamente diferente que hace que aun los innegables defectos del pasado palidezcan en comparación.
    En los meses que han transcurrido desde que descubrí a Petrolia, he encontrado a sus habitantes en los más disímiles lugares y en las más inverosímiles actividades. Pero el denominador común de todos esos encuentros siempre ha sido el calor que prodiga quien se encuentra con un amigo por largo tiempo ausente. Me imagino que muchos han sentido lo mismo, al menos alguna vez en estos años.
    La historia le ha dado la vuelta a otra página en la vida de mis conciudadanos de Petrolia. Aquellos que acariciaban todavía el sueño de volver a casa deben enfrentar la realidad de que su pasado yace atrás y que el presente es su mejor apuesta para el futuro, aun lejos de la patria chica y a costa de familias ausentes. Es tiempo de cortar amarras con los sentimientos que nos atan a lo viejo, y finalmente entender que lo que nos describe como seres humanos no es el carnet de una corporación, sea del color que sea, sino la robustez de nuestros principios, la cercanía de nuestros amores y el ejercicio de la libertad.
    Cuando la tarde cae en Petrolia, y el murmullo del viento se oye entre las hojas de los árboles que delinean las calles que transitan sus habitantes de vuelta a casa, uno puede caer en la tentación de regodearse en el dolor de la esperanza perdida, pero esos minutos deben durar poco. En la distancia, en la ventana entreabierta de la casa que nos espera, en la patria o fuera de ella, se ven las siluetas y se escapan las voces de los que nos aguardan sin preguntarnos a que facción pertenecemos o que color tiñe nuestro pensamientos para celebrar nuestro regreso.
    Ha llegado el tiempo de construir nuevos sueños, ya los pioneros han adelantado el camino. Petrolia es un símbolo de la esperanza de la construcción de nuevas realidades. Es una ciudad viva, de Caracas a Lagunillas, de Anaco a Barinas, de Ciudad del Carmen a Fort McArthur, de Buenos Aires a Riyadh, en todas partes reside la semilla de futuros posibles, si solo entendemos como levantar la cosecha.
    Esta no es una crónica de nostalgia, no es una mirada triste hacia atrás, no es un llamado a olvidar los derechos agredidos. Este es un homenaje y mi presente en estas navidades a todos y cada uno de los habitantes de PETROLIA, amigos y desconocidos, aliados y rivales, en Venezuela y en el exterior. Un reconocimiento a su fortaleza ante la adversidad y un llamado a soltar amarras y seguir adelante.
    En la Odisea de Homero, Odiseo Rey de Itaca (vaya nombres maracuchos mas apropiados) emprende tras la guerra de Troya la vuelta a su isla natal a recuperar su trono y a su esposa Penélope, solo para ser desviado por los dioses en un largo viaje de diez años…
    “…Ten siempre presente a Itaca en tu mente.
    Llegar a ella es tu meta final.
    Pero no apresures el viaje.
    Es mejor prolongarlo por años,
    para que cuando ancles tu nave en la isla
    ya seas viejo y estés rico
    con lo que has ganado en el viaje,
    y sepas que Itaca no puede ofrecerte riquezas.
    Itaca te ha regalado el magnífico viaje.
    Sin ella no hubieras emprendido la jornada.
    Pero ella no tiene más nada que ofrecerte.
    Y si la encuentras pobre,
    Itaca no te habrá defraudado.
    Seguramente que para entonces,
    la sabiduría y la experiencia que has acumulado,
    te habrán permitido comprender
    lo que Itaca realmente significa.” Constantine P. Cavafy


    http://www.petroleumworldve.com/edito121506.htm

    Posted on Petroleumworld. com on Dec. 14, 2006