Saturday, March 21, 2009

El Penúltimo Vuelo




Este trayecto de hoy, debiese ser uno más de esos tantos de vuelos, que ya cuentan más 100.000 Km., que he tenido que hacer entre Bogotá y Caracas. Viajes rutinarios, llenos de esos tramites atrabiliarios, engorrosos y en última instancia inútiles. Ritos ante al altar del temor de morir en el próximo desaguisado terrorista.

Pero desvarío. Dejar
Bogotá y volver a Caracas, aunque sea por pocas horas, es siempre un periplo esperado. El regreso a casa, a ver los amigos, los amores, y porque no, también regresar a oler el aroma particular de la ciudad del valle, es para los que nos toca errar por estos cielos de América, una recompensa que creemos merecer. Suerte de derecho adquirido.

Pero hoy este trayecto tiene un sabor agridulce, inesperado,
sorpresivo y hasta intolerable. No se me malentienda. Los que siempre nos esperan, siguen siendo objeto de nuestro amor. La ciudad, aunque hace tiempo que dejó de ser la de los "techos rojos", continúa rindiendo pleitesía al pie del Avila y mantiene ese aire de adolescente indisciplinada y rebelde que la hace sensualmente atractiva.

Todo eso, y mas, se mantiene relevante. Pero por razones que no me atrevo ni siquiera a escudriñar en mi fuero interno, esta vez siento que mas allá de la fuerza
gravitacional de los amores que me vinculan a este terruño, la patria de mis abuelos, mis padres y espero que de mis hijas, ha empezado a desvanecerse, de manera lenta, de mis ansiedades.

Pero no es esto lo que hace diferente este viaje. El deterioro de este país al norte del sur viene ocurriendo hace un tiempo y aun así siempre he mantenido la esperanza de algún día poder contribuir a la reconstrucción de la Venezuela Posible, diferente, moderna, inclusiva en oportunidades.

Y no es que
Bogot
á, o Colombia en general, esté exenta de los quebrantos sociales y políticos que acompañan la vida en estas latitudes. Muy por el contrario, existe y progresa en medio y a pesar de ellos. Como venezolano uno hasta se avergüenza de quejarse de su suerte, cuando esta es comparada con la historia de Colombia de los últimos cincuenta años. Por otro lado, no me atreveré a comparar las bellezas naturales, y eso incluye a las mujeres, a las que que seguramente algún mal pensante pudiera atribuir estas líneas...

No sé entonces si fue el retraso en el aeropuerto El Dorado, o quizás el lento ascenso del Boeing dejando atrás el tapete de verde y ladrillo que es Bogotá, o el anuncio por el sistema de sonido en el avión de que "que pena", pero que no podían entregarnos los formularios de inmigración porque las autoridades venezolanas hacía ya un tiempo que no los suministraban a la línea aérea, lo cierto es que esta vez no solo me invadió el sentimiento de regresar a casa, si no también el de dejarla atrás.

La imagen distorsionada de Colombia que me fue sembrada en mi niñez en Maracaibo, y que luego fue abonada por la historia narrada en los textos escolares o en la página roja del diario "El Panorama", ha sido reemplazada en mi edad adulta por la de la segunda patria que me recibe con generosidad.

La Bogotá que se extiende del cerro de La Calera hacia la Sabana y del barrio Ciudad Bolívar hasta Chía, es también hoy nuestro hogar. Una ciudad de montaña, donde el sol y la lluvia danzan una milenaria coreografía, con la lluvia liderando el ritmo las más de las veces. Una ciudad de altos contrastes, como toda ciudad latino americana. Pero una ciudad de esperanza y trabajo, donde aun los que anidamos en ella como aves migratorias, nos podemos sentir bienvenidos, no solo porque nos permite extender nuestras alas, sino mucho mas importante por el calor que nos brinda su gente.

Apenas comienzo explorar fuera de los confines de ese aislamiento protector en que los inmigrantes incompetentes, como somos los venezolanos, o en todo caso yo, se embullen. Quiero darme el permiso de tratar de pertenecer, porque los que me quieren me invitan a hacerlo. Empiezo a aprender a querer esta ciudad y a esta gente, como antes pude a otras ciudades más lejanas, menos acogedoras.

El pájaro de acero, como se decía en las películas B de los años 50, finalmente aterrizó en Maiquetía. De vuelta al calor del Caribe. De vuelta a casa, a empaparnos de la pesadilla bolivariana una vez más, pero aun así el hogar siempre añorado. En unos días emprenderé el camino de vuelta, al lugar que hoy puedo también llamar hogar y que se me antoja algún día también me partirá el corazón dejarlo. Eso sólo significara que la ciudad finalmente me hizo suyo.

En unos días retomo otra vez el trashumar, el siempre penúltimo viaje, pero ahora trasteando entre hogares.

Friday, March 13, 2009

CARTA A LORENZO MENDOZA



Apreciado Lorenzo:
Aunque lejos de Venezuela por razones que se conectan con esta carta de manera indirecta, pero que no vienen al caso reiterar aquí, se me ha hecho imposible no caer en cuenta que el llamado gobierno bolivariano de la República de Venezuela ha decidido hacer de ti y de las empresas Polar un objetivo político a ser, al menos por los momentos, neutralizado o usado de conveniente chivo expiatorio.
Tampoco se me escapa, ya que lo que está a la vista no necesita anteojos, que eso te ha convertido en foco de la acostumbrada camionada de verbo soez, agresivo e infundado, que utiliza el jefe del partido de gobierno cuando decide arremeter en contra de sus incautos ciudadanos, en aras de sus intereses sectarios.
Aunque sé que no es ningún consuelo, ni para ti, ni para tu familia y mucho menos para la familia extendida de empresas Polar, estoy seguro que sabes no eres el primero ni serás el último en ser vilipendiado públicamente de una manera irracional por un gobierno empeñado en sembrar vientos.
Conociendo de tu inteligencia, también estoy seguro que esta arremetida no te fue inesperada, aunque quizás si sorpresiva. El hecho de que un escenario sea probable, no nos hace más capaces de digerir sus consecuencias cuando este se hace realidad, sobretodo en un país donde la existencia entuertos parece haberse convertido en la nueva normalidad.
Roberto Giusti, en su columna del Universal del 10 del Marzo del 2008, se pregunta de manera retórica: ¿Quién defiende a Lorenzo Mendoza?, y procede a esbozar el caso de la defensa, aupando al país a salir en defensa no solo de Polar o tu persona, sino de los vestigios de democracia que aun sobreviven. No puedo sino solidarizarme con su llamado.
Aunque no te parezca obvio, ni consuelo alguno, este último ataque a tu persona y con ello al Grupo Polar, es quizás la reivindicación más genuina que puede haber de lo que el trabajo de tres generaciones de tu familia, y con ellos tres generaciones de trabajadores del Grupo, han construido en un país donde construir empresas y con ellas empleos y crear riqueza, es un trabajo de titanes.
Las empresas Polar son, junto con otros muchos ejemplos hoy en minusvalía, como PDVSA, el BCV y el Metro de Caracas, la muestra más genuina de la Venezuela posible. El grupo Polar es la Venezuela del trabajo, la innovación, el compromiso, del instinto de superación; la Venezuela sin rencor, sin prejuicio, inclusiva. El Grupo Polar es lo que pudiéramos ser si dejáramos de modelarnos en las montoneras del siglo IXX, y entendiéramos que la pobreza solo se conquista con la creación de riqueza, tanto material como humana. Es por eso, por irracional que te parezca, que te conviertes en objetivo de los dislates de los gobernantes.
Sé que en esta hora te pueden embargar preocupaciones y dudas. Después de todo tú nunca quisiste nada más que hacer crecer aquello que te fue legado en custodia, y continuar la tradición familiar de hacer una mejor Venezuela. Es el torbellino de la historia el que te ha puesto en el centro del mundo político. No tengo dudas que tú y tus compañeros de trabajo están pasando por un momento muy duro. Lo sé, he estado, al igual que tu de manera involuntaria, en esa posición junto con miles de mis colegas en el no tan distante pasado.
Pero también sé, por esa experiencia, que en las mañanas el reflejo en el espejo y la inocente sonrisa de los hijos te darán a ti y a tus compañeros de trabajo la certeza de la verdad y la fortaleza para enfrentar esta dura prueba.
Te aseguro que saldrás airoso de esta justa. Pero también sé que vendrán nuevas y más duras situaciones. Las reglas del juego están sesgadas y los árbitros sufren de miopía tarifada. Tampoco, te confieso, estoy muy seguro de si la sociedad a la que sirves, en cada uno de sus más recónditos rincones, sepa defender lo que tú y el Grupo Polar representan.
Lo que sí sé, es que los dioses de la historia te han puesto esta prueba a ti y a los que te acompañan, porque solo a los hombres grandes se les otorga el destino de enfrentar grandes pruebas.
Lorenzo, reciban tú y los tuyos un abrazo solidario de un venezolano que solo espera de ti que seas fiel a los principios de trabajo e innovación que te fueron legados. La salvación de la “Venezuela Posible” es responsabilidad del resto de nosotros.
Afectuosamente,