Monday, August 24, 2020

Una Discusión Bizantina - Publicado en La Gran Aldea Agosto 24, 2020

 LA GRAN ALDEA



El 29 de mayo de 1453, el emperador Constantino XI fue asesinado por los turcos cuando la ciudad de Constantinopla (Estambul) fue finalmente tomada por el ejército otomano del sultán Mehmed II, después de un largo sitio.

 

Se dice que, en ese día de la batalla final, un agradable día de primavera, el senado bizantino se reunió para discutir algunos temas muy importantes.  No, los temas en cuestión no eran los turcos invadiendo la ciudad y las murallas comprometidas por el ejército invasor. El tema que ocupaba a los padres de la patria : "¿Son los ángeles hombres o mujeres?”

 

El emperador Constantino intentó en vano dirigir la discusión del Senado hacia el tema urgente de defender la ciudad de los invasores, sin embargo, el Senado decidió que las cuestiones "morales" que estaban discutiendo eran mucho más importantes. 

 

Ese día, las murallas que protegían la ciudad desde los tiempos de Constantino el Grande, y que los bizantinos consideraban inexpugnables, fueron finalmente vencidas por la combinación del uso de cañones de gran calibre y el número de las fuerzas que el sultán otomano congregó fuera de la orgullosa ciudad.

 

Ahora bien, ¿como conectamos este episodio, que probablemente tenga algo de fábula, con la Venezuela de hoy? 

 

De golpe y porrazo, como diría Pérez-Reverte, se me ocurren un sin número de ejemplos de lo que pudiéramos clasificar como discusiones bizantinas, en la muy fracturada Venezuela de hoy.

 

Aunque es tentador identificar y desglosar las cuestiones morales que ocupan la mente de nuestros “senadores”[*],mientras las debilitadas murallas que aun permanecen en pie en nuestra atribulada nación tiemblan bajo el ataque de la barbarie, me limitaré a solo a alguna de ellas.

 

Por décadas, Venezuela tuvo una industria petrolera dinámica, construida sobre los cimientos que dejaron las multinacionales de la época pre-nacionalización. PDVSA y sus filiales tomaron el testigo y construyeron a trocha y a mocha un paradigma de empresa estatal. Claro está, esa industria no era perfecta, y si ha de juzgarse por su destino en manos de los regímenes de Chávez y Maduro, ha sido un estruendoso fracaso. Ilustres “senadores”, tornados en expertos petroleros, no se cansan de discutir las virtudes y defectos de algo que ya no existe.  Esa particular discusión bizantina la dejamos para los historiadores, si es que les interesa. 

 

En el tema de las reservas de petróleo y gas, también nuestros “senadores” debaten acaloradamente. De un lado del pasillo del senado están los que hablan de las “mayores reservas de petróleo del mundo”, bandera de identidad patriótica, que enarbolada en lo alto de la muralla proclama nuestro dudoso derecho a retar a los productores del medio oriente. Por el otro lado del pasillo, circulan eruditos y técnicos enfrascados en demostrar que tales reservas no son tales, y para ello citan definiciones científicas y profundos estudios, demostrando fehacientemente que sus adversarios erran. Como para propósitos de mercado los recursos de nuestro subsuelo son prácticamente infinitos, archivaremos esa discusión para los que vayan a producir esas reservas, si es que les interesa.

 

- No olvide Ud., querido lector(a), que en el mientras tanto, en nuestra fábula, afuera de las murallas se congregan las fuerzas enemigas.

 

Y luego está el tema, el más peliagudo de todos, de la participación o no del estado (y su imagen especular, el capital privado) en el esperado resurgimiento de la industria petrolera venezolana, en un futuro no tan lejano. En esta discusión uno debe entrar con precaución: un paso en falso y se corre el riesgo de ser acusado, condenado a la hoguera por hereje, por ambos lados del debate.

 

Como si fueran teólogos medievales, los “senadores” de nuestra analogía tienen cruentos y circulares debates sobre este espinoso asunto. Los defensores de la ortodoxia estatal citan los textos antiguos de Betancourt, Pérez Alfonso, Torres y hasta el decreto de Minas de 1829 (firmado por el Libertador), con su correspondiente exégesis, en la defensa del estado como protagonista en el desarrollo de la industria.  Mientras que, del otro lado del pasillo, sin textos antiguos que citar, a excepción quizás de los de R. Espinasa, F. Monaldi y P. L. Rodriguez (que ni tan antiguos), una alianza de apóstatas atávicos y recientes rescata su visión (a estas alturas otra ortodoxia) de que solo el capital privado puede rescatar la industria; el que escribe, por pragmatismo más que religión, se confiesa afecto a estos últimos.  

 

En esas discusiones vemos a ingenieros convertidos en abogados constitucionalistas, economistas convertidos en ingenieros y a todos practicando teología sin licencia. No se da cuartel, no hay medias tintas. Todo o nada. Y como resultado, al igual que en Bizancio, profundización de la brecha.

 

En los corredores laterales de este imaginario senado, hay otras discusiones igualmente acaloradas, pero que por los momentos dejaremos silentes por puras razones de espacio.

 

-       Y a todas estas, en nuestra analogía bizantina, ¿Quién es el enemigo que acampa del otro lado de la muralla, mientras discutimos?

 

Definir el enemigo a nuestras puertas, pudiese ser también una discusión bizantina, pero como dueño de esta cuartilla me atrevo a esbozarlo, de manera incompleta no hay duda.

 

El enemigo, en dos palabras, es el progreso. Así como los novedosos cañones del ejercito otomano fueron resquebrajando las murallas teodosianas que protegían a Constantinopla, el inevitable avance de la tecnología debilita, lenta pero seguramente, la ventaja política y económica que significa tener y producir petróleo. Y que decir de sus aliados: la consciencia ambiental global, las energías alternativas y la competencia de otros productores, para solo mencionar algunos.

 

Podemos seguir pensando, como el senado bizantino, que nuestras murallas son inexpugnables, y que tenemos tiempo para continuar el debate sobre dicotomías anacrónicas. O podemos aprender de las lecciones de la historia y buscar de manera perentoria la convergencia necesaria que la situación y la ciudadanía reclama; la compleja situación que nos agobia, no solo en el petróleo, si no en muchos de los ámbitos de una nación en ruinas, necesita de acuerdos no dogmáticos, de liderazgos que eleven la mirada por arriba de lo sectario.

 

El petróleo no va a desaparecer de la noche a la mañana, ni tampoco tendrá la vigencia que alguna vez tuvo. No debo apostar el futuro de mi familia solo al petróleo, pero tampoco debo soslayar su importancia en la reconstrucción. Los dogmas impiden que veamos la realidad y tomemos decisiones que se adapten a una cambiante realidad.

 

A pesar de lo que digamos los “senadores” de ambos lados del pasillo, no hay verdades absolutas en el tema de como desarrollar el petróleo. No se otorgan diplomas por ganar la discusión bizantina. La historia premia al que salva la ciudadela y evita, metafóricamente, que nuestro futuro sea masacrado. 

 

Lograr que Venezuela sobreviva y florezca en el futuro requiere de ideas que sustituyan los viejos dogmas. Eso es más importante que determinar el sexo de los ángeles, para eso ya habrá tiempo.



[*] “Senadores” es una analogía de conveniencia para todos aquellos venezolanos, incluyendo al autor, que opinan sobre los temas de la nación con mucha vehemencia y con alguna sapiencia.

Thursday, July 09, 2020

Ingeniero, ¿se acabó el petróleo? - Publicado en La Gran Aldea, Julio 8 de 2020



La Gran Aldea



“En el transcurso de mi vida, leí mis novelas favoritas a la luz de lámparas de aceite vegetal; vi a Standard Oil invadiendo mi propia aldea, vi lámparas de gas en las tiendas chinas en Shanghai; y vi su eliminación por luces eléctricas.”

Hu Shih

 

 

El petróleo, y en lo últimos tiempos el gas natural, ha impulsado el desarrollo del mundo durante más de un siglo hasta convertirlo en lo que hoy conocemos. En los últimos veinte años han surgido dos escuelas generales de pensamiento sobre cómo terminará finalmente esta llamada “Era del Petróleo”.

 

Hubo quienes pronosticaron que la producción de petróleo alcanzaría un punto máximo y comenzaría a disminuir ante la alta demanda mundial. Este es esencialmente el argumento del “peak oil”, propuesto por el geólogo americano Marion King Hubbert en 1956, y que luego de ser olvidado fue rescatado por, en 1998, en un artículo de Colin J. Campbell y Jean H. Laherrère titulado "The End of Cheap Oil", iniciando un debate muy intenso sobre el agotamiento del petróleo - muchos entienden erróneamente este argumento como "El mundo se está quedando sin petróleo".

 

En realidad, el argumento no era que el mundo se iba a quedar sin petróleo, si no que la producción de petróleo comenzaría a declinar sin remedio y causaría estragos en un mundo que todavía depende en gran medida del petróleo. Esta escuela del pensamiento derivó en una visión distópica del futuro, que ganó poco adeptos, a pesar o quizás debido a la amplia difusión mediática de un mundo en caos. No es casualidad que el pico de interés en esta visión surge en el cambio de milenio.

 

Los altos precios del petróleo, a partir del 2007 y hasta el 2014, de alguna manera apuntalaron esta visión de un mundo asediado por la escasez del petróleo necesario. Pero la creciente producción de “shale oil” estalló en gran medida esa burbuja en 2014, cuando quedó claro que todavía había mucho petróleo por producir.

 

Mas reciente, una nueva versión del fin del petróleo comenzó a afianzarse. En esta versión alterna se prevé que los aumentos exponenciales en los vehículos eléctricos (EV) y el uso compartido de vehículos sean dos factores clave que harán que el petróleo quede obsoleto; esto sin contar las fuerzas anticombustibles fósiles asociadas al calentamiento global, que también buscan impactar la demanda y acortar la era del petróleo.

 

En esta versión,” peak demand”, los precios del petróleo caen a medida que la demanda comienza a caer. Esto es exactamente lo opuesto al argumento del pico de producción, donde los precios del petróleo aumentan cuando la oferta comienza a caer. De nuevo, esto no quiere decir que se va a dejar de consumir petróleo de manera instantánea, después de todo, hoy en día existen cerca de 1300 millones de vehículos de combustión interna que no van a desaparecer de manera súbita.

 

Uno de los efectos más notorios de la pandemia de coronavirus (COVID-19) es colapsar la demanda de petróleo y, con ello, los precios. El mundo todavía necesita petróleo durante esta crisis, pero lo que estamos viendo hoy pareciera ser un ensayo de lo que experimentaríamos en un escenario de demanda máxima.

 

¿Llegamos ya a ese escenario? No lo creo, pero es difícil decir cuál será el impacto persistente en la demanda de petróleo de la pandemia de coronavirus. Cuando la demanda de petróleo cayó durante la crisis financiera de 2008-2009, se recuperó con fuerza en 2010. No pareciera seguro de que eso vaya a suceder esta vez. La pandemia parece destinada a cambiar nuestro mundo de varias maneras, y algunas de ellas implican una menor demanda de petróleo. O a lo mejor no. Nuestra tendencia a proyectar en línea recta desde el presente ha sido siempre un método poco confiable de planificar.

 

En el caso de Venezuela, estamos viendo un experimento en el que ambos fenómenos, pico de producción y pico de demanda, coalescen en una tormenta perfecta con consecuencias trágicas para la industria petrolera nacional y para el país.

 

A pesar de contar con las mayores reservas de petróleo y gas del hemisferio, la combinación de falta de inversión, incompetencia técnica y corrupción ha destruido la capacidad productiva del sector petrolero venezolano: una suerte de “peak oil” de producción infligido por años de mala gestión.

 

Por otro lado, el creciente aislamiento del país por razones políticas ha ido reduciendo los mercados a los que el país puede acceder de manera continua y efectiva: una suerte de “peak demand” infligida por las sanciones y la caída de demanda general debido a la pandemia.

 

El resultado, no tan inesperado, es que Venezuela inició julio de 2020 con solo alrededor de 300,000 b / d de producción de crudo y sin taladros de perforación en operación - menos del 10% de los máximos de producción históricos y recientes.

 

Caída en producción y caída en demanda, a precios bajos, una receta mortífera.

Las consecuencias económicas que esto acarrea, en un país que hasta hace poco dependía enteramente de su ingreso petrolero, son devastadoras y palpables en las calles oscuras de un país que creció adicto al petróleo.

 

Recuperar el país, pasa por la recuperación de su sector petrolero, de eso hay pocas dudas. Sin embargo, lo que antes dábamos por sentado para esa recuperación hay que repensarlo, reinventarlo. Los cientos de láminas powerpoint acumuladas durante años en algún lugar del disco duro de mi computadora son testigo de ideas que hoy han dejado de tener relevancia.

 

La empresa estatal luce en ruinas, en quiebra financiera y organizacional, aunque seguramente con residuos de profesionalidad técnica en las nuevas generaciones que pueden ser semilla para el sector. La estructura legal y fiscal ha demostrado ser inapropiada y causa principal de que el Estado como empresario haya fallado tan visiblemente.

 

El país necesita para su reconstrucción cientos de miles de millones de dólares, no puede, así lo quisiera, desviar recursos a una industria que puede atraer recursos por si sola si se crean las condiciones para ello. Aún en el mercado petróleo de las próximas décadas, el petróleo venezolano presenta ventajas competitivas relevantes que harían atractivas las inversiones en él.

 

Pero eso requiere que como sociedad cambiemos nuestra manera de ver la industria petrolera y de una vez por todas aceptar las lecciones de nuestra propia historia: a mayor intervención estatal, menos desarrollo económico.

 

La siembra del petróleo, el excremento del diablo, el país rico, el petróleo es nuestro y otras, no son hoy más que frases huecas, simplificaciones que se instalaron en nuestra siquis por décadas, ya no nos son útiles para diseñar el futuro posible. 

 

Hay muchas barreras que soslayar: la idea de PDVSA, el falso dilema entre producción y renta por barril, el monopolio estatal, entre otras. La idea de una vuelta al pasado es una idea que atrae, pero que es en última instancia una quimera.

 

Si, además, la transición energética global comienza a ocurrir en serio, el escenario de demanda máxima se puede acelerar y la ventana de oportunidad comenzará a estrecharse antes de lo previsto. Dejando en el subsuelo ingentes volúmenes de potencial riqueza, mientras decidimos como repartirla sin crearla

 

No, el petróleo no se ha acabado, pero ya sabemos como luce una Venezuela sin petróleo, la estamos viviendo. Es hora de ideas nuevas, es tiempo de mezclar la experiencia con la innovación y empezar a construir un país que debe prosperar más allá de la era del petróleo.

Wednesday, May 20, 2020

El Petróleo Sale Solo - Publicado en la Gran Aldea 20 de mayo 2020

LA GRAN ALDEA



“Bienvenidos al bazar. Por aquí podran pasar.
Meta la mano y saque
un poco de bienestar
Un gobierno tropical, garantiza tu bienestar
,
 en este pais.
Basta con la 
intención y ya esta participando
Aquí sobra para todos,
 aunque digan que se esta acabando”
Aditus


Se dice que Armando Sanchez Bueno, otrora senador venezolano, comentó que el petróleo sale solo; las razones para su exabrupto están perdidas en la historia. Hace unos años, el entonces político opositor mexicano, Andrés López Obrador, hizo aseveraciones similares, comparando la perforación de pozos en aguas profundas de Campeche a la búsqueda de agua con pozos artesanales: “De cuando acá se requiere tanta ciencia…”

Rafael Ramírez, alguna vez presidente de PDVSA, pareciera haberle hecho creer a Hugo Chávez que eso era así, seguramente porque ninguno de los dos entendía las complejidades de la industria, cegados como estaban por la ideología y atolondrados por la bonanza de precios del petróleo que les tocó usufructuar, y en última instancia dilapidar.

Que uno de nuestros mitos sea que el petróleo sale solo, puede resultar risible, pero si lo pensamos bien es hasta entendible. Tomemos, por ejemplo, el lago de asfalto de Guanoco o lago Bermúdez, situado en el estado Sucre y una de las mas grandes acumulaciones de asfalto superficial del mundo – para un observador cualquiera, un petróleo fácil.

El lago Bermúdez es explotado desde los albores del siglo XX por la New York & Bermúdez Company, quien obtiene una concesión en 1885, exportando el asfalto a Brasil y los Estados Unidos. 

En 1902, la New York & Bermúdez respalda la Revolución Libertadora del general Matos, que es derrotada por los ejércitos de Cipriano Castro, comandados por Juan Vicente Gómez (1908). Castro, en represalia, expropia los derechos de explotación de la New York & Bermúdez. Los derechos son restablecidos por el General Gómez al tomar el poder tras la enfermedad y exilio de Castro. Quizás uno de los primeros capítulos de la accidentada relación política y petróleo de nuestra historia.

En los tiempos de la conquista, los españoles habían identificado los brotes superficiales de hidrocarburos que los indígenas utilizaban para calafatear sus canoas, proteger ciertos enseres, hacer luz quemándolo y en aplicaciones con fines medicinales.

Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés (1535), en su Historia Natural de las Indias, lo llama “según los naturales Stercus daemonii” o “Mene” como lo denominan los aborígenes del Lago de Maracaibo. Es el Emperador Carlos V quien, en 1539, recibe el primer barril de petróleo exportado por un país, enviado desde la isla de Cubagua por el tesorero de Nueva Cádiz —Francisco de Castellano— para aliviar la gota del emperador.

Demás está decir que, cuando la exploración por hidrocarburos comenzó en Venezuela, de manera sistemática, este petróleo que sale solo fue útil señalización de hacia donde dirigir las pesquisas.

En México, como es de esperarse, las filtraciones superficiales de hidrocarburos – el petróleo que sale solo - tienen un nombre mucho más colorido: Chapopote, palabra de origen náhuatl.

Si a esta narrativa le agregamos los reventones, flujo descontrolado de un pozo petrolero, ocurrencia común de las primeras épocas de la industria, cuando los ingenieros todavía aprendían los secretos de la madre naturaleza, uno puede llegar entender eso de que el petróleo sale solo – invito al lector a que haga una búsqueda en google de “dibujo de pozo petrolero”, y verán más de un reventón.

El Zumaque I o MG-1, en el Cerro La Estrella, en la costa oriental del Lago de Maracaibo, considerado el primer pozo productor de petróleo en territorio venezolano, fue completado en 1914 a una profundidad de 135 m, con 264 barriles diarios de producción de un crudo de 18° API. Setenta años después, en 1986, el pozo FUL-1 descubre lo que hoy conocemos como el Furrial, a 5.000 m de profundidad con una producción de 7300 barriles diarios de un crudo de 26° API; setenta años que transformaron totalmente una industria que comenzó a lomo de mula en los senderos de la costa oriental del lago de Maracaibo, donde los lugareños creían que el petróleo sale solo.

Aún si el petróleo saliera solo, la gasolina, como el país ha aprendido en estos últimos tiempos, no. Sin embargo, por años, hemos sido indiferentes como sociedad al despilfarro que significa que nos regalen la gasolina, sin entender que, si no pagas por la gasolina, el petróleo del que proviene no vale nada – hasta que ya no tenemos ni la una ni lo otro.

Ah, reza el argumento, el petróleo es de todos y el petróleo sale solo, la gasolina regalada es mi derecho de cuna como venezolano.

Estas creencias no pasarían de ser una curiosidad cultural, sí no fuera porque influencian el pensamiento de la sociedad acerca de la industria petrolera y en última instancia la manera como el estamento político se aproxima a ella.

Cerrar esa brecha de percepción es la difícil tarea que toca a aquellos que aspiramos a regresarle al país parte de las oportunidades que el petróleo ha presentado y que han sido desperdiciadas por décadas. Eso pasa por reconstruir una industria (gente, capital y tecnología,) que hoy languidece en ruinas, y transformar la relación sociedad/ industria, en ambas direcciones.

Recuperar la economía, con la visión de usar el petróleo para construir un mejor y mas robusto camino hacia el futuro, sin la dependencia perversa que nos ha acompañado, es el reto de los que aspiran liderar – una tarea en la que no podemos fallar, y para la cual debemos innovar con valentía. El estado empresario y propietario ha demostrado ser un ineficiente e ineficaz gestor de la industria petrolera. Nos toca ahora tomar las lecciones de la historia y crear las condiciones e incentivos que hagan posible que los actores privados, nacionales e internacionales, revolucionen una industria que todavía está llena de oportunidades, y que así se cree el valor que la sociedad requiere para su rescate.

Para regresar a los niveles de producción de hace veinte años, suplir de combustibles al mercado interno y rescatar el ambiente, entre otras cosas, se necesitaría invertir entre 100 y 150 mil millones de dólares, emplear entre 30.000 y 50.000 trabajadores especializados, técnicos y profesionales, trabajando 24 horas, 365 días al año, durante una década; transcurridos esos diez años, solo tendríamos que repetir el ciclo otra vez.

Así, el milagro ocurriría: el petróleo volvería a salir solo.


Friday, April 24, 2020

Aurita, Aura, Sra. Aura… mi Mamá




Aura Rodriguez de Rico, 1927 - 2020




Ayer, 22 de abril de 2020, en la ciudad de Caracas, tuvo su último aliento mi mamá. En medio del ruido de una sala de emergencia y rodeada del silencio de una ciudad asediada por la pandemia de covid-19, la falta de gasolina, y en general la tragedia de un país que también agoniza, Aura se fundió con el universo.

Pero estas no son unas notas luctuosas, sino por el contrario un intento por celebrar la vida de quien me trajo al mundo, me enseñó a hablar y caminar, pero no a estar sin ella. Es un intento por hurgar, en mi ya diluida memoria, imágenes que hoy afloran de su escondite para acompañar a la tristeza. Son mis recuerdos, mis hermanos seguros tendrán otros.

Aura Rodriguez tuvo en su larga existencia muchas vidas. Fue muchas cosas, algunas al mismo tiempo: hija, amante, esposa, madre, suegra, abuela, bisabuela, generosa amiga de sus amigas y temible adversaria de los que la adversaban.

Aurita nació en Maracaibo, hija de Celina Rodriguez, una niña trujillana que emigró a Maracaibo en búsqueda de mejores horizontes y de Miguel Rodriguez, un comerciante marabino ya mayor. En esa Maracaibo que empezaba a desarrollar una personalidad propia a la vera del petróleo. 

Fue criada alternativamente por mi abuela Celina o sus tías paternas, en una casa que ella recordaba tenía pisos de tierra y bajo la rígida mirada femenina de la época. Ese mismo lugar, décadas más tarde albergaría la quinta La Sirena, casa donde viviríamos por muchos años.

Una vida de 93 años es muy larga, y en el caso de Aura muy acontecida, como para tratar de resumirla en unos párrafos. Así que por necesidad me pasearé por algunas instantáneas que pienso la representan.

Su vida es paralela al auge y caída de la Venezuela petrolera del siglo XX y XXI.  A finales de la década de los cuarente, contrae matrimonio con Federico A. Pacheco Soublette,  un rebelde y prometedor periodista deportivo a quien había conocido siendo reina del deporte de Maracaibo; hijo de uno de los primeros ingenieros venezolanos de la industria petrolera.  Se muda a Caracas. Tienen tres hijos 

A mediados de los años 50, después de algunos años en Caracas, con un matrimonio roto y tres hijos en su valija, se regresa a Maracaibo. Sigue siendo Aurita para sus amigas de infancia, que mantendrá toda su vida, es ahora mamá para nosotros, y Aura para el mundo que debe enfrentar para criar sus hijos sin más soporte que sus ganas de enfrentar una vida que le daba pocas cartas - para ser justos, mi abuelo Luis Julio Pacheco Soublette la apoyó en todo lo que pudo.

Mis recuerdos de esos tiempos de infancia son difusos y hasta contaminados por las historias que ella contaba, o que mis hermanos me han contado. De vivir con mis abuelos maternos en la cervecería Zulia, en la Avenida El Milagro,  a vivir en San Luis detrás del seminario. Fueron sin duda años difíciles para ella, pero es su merito que yo no los recuerde así. Si la recuerdo, sin embargo, como una mujer hermosa, y sentía celos cuando en la calle la piropeaban por sus faldas pegadas y tacones altos, la moda de la época.

Aura conoce a Carlos Armando Rico, ingeniero petrolero en ciernes, y decide comenzar una nueva vida con él; de allí nace Cynthia su única hija y niña de sus ojos. Armando, como lo conocíamos en la casa, es quién la acompaña por el resto de su vida, primero en Maracaibo y finalmente de nuevo en Caracas. En ese periplo se comienza a transformar en la Sra. Aura.

Mucho de lo que soy se lo debo a mi mamá, obviamente, y quizás una pequeña porción de lo malo también. Con ella de niño aprendí a “hacer visita”, cosa que ya no se estila. La acompañaba a visitar, sin ningún motivo particular, a sus amigas: Rosa, Nieves, Carmencita, o a su media hermana Auristela. Escuchar féminas hablar de todo y de nada, por lo que parecían interminables horas, me dejó el gusto por largas conversaciones y la chismografía: “la posdata está más larga que la carta” era su manera de cortar lo que parecía una infinita despedida en la puerta de la calle en esas tibias noches marabinas. Por cierto, también me dejó el gusto por curiosear casa ajenas.

Muchos dicen, infundadamente, que los Pacheco tienen una lengua afilada y se lo atribuyen a los genes de Federico, cuando en verdad es una adaptación para sobrevivir a la esgrima verbal con mi mamá, que era un adversario temible.

De ella aprendí a “comer con cubiertos”, aunque luego descubrí que esto significa diferentes cosas para diferente gente y he tenido que reaprender con mucha dificultad. Mantengo lo que queda del primer juego de cubiertos de plata que tuvo mi mamá y son un preciado memento que uso a diario.

Mi mamá no hablaba de vos, a pesar de ser maracucha, supongo porque Celina, mi abuela, era andina y siempre hablaba de usted. Celina era otro gran personaje, pero hoy no hablaremos de ella.

Mi mamá me arrastró al transporte escolar mi primer día de kínder, pues tenía que ir a trabajar. Mi mamá me llevó al hospital cuando me quemé el brazo con el agua del radiador del carro. Mi mamá no me prestó el carro hasta que no tuve licencia, a pesar de que le argumentaba que sin carro como iba a aprender suficiente para sacarme la licencia. Mi amigo Kiko van Balen solventó ese problema enseñándome a manejar en el carro de su mamá. Mi mamá le “sugirió “a Carlos Rico que me enseñara a jugar tennis - no fue muy exitoso.

Mi mamá trató de protegernos de la circunstancia alrededor de la muerte violenta de mi papá, éramos apenas unos niños. Esa relación nunca fue fácil y supongo tiño su vida y la de nosotros de una infelicidad inevitable. Sin embargo, ella me enseño a que esos pecados nunca deberían ser míos, aunque otros, según su conveniencia, sí. 

Mi mamá nos enseño que había que agradecer en voz alta lo recibido y que toda carta había que contestarla. “A ver, te dicto: Querido Abuelito…, Querida Tía…”

Mi mamá “repartía cuero” con facilidad: disciplinaba con correa y a veces con la hebilla. Aunque debo confesar que relativo a mis hermanos poco sufrí; mi habilidad de pasar desapercibido ha sido una útil adaptación defensiva. 

Mi mamá me regaló mi primera guitarra cuando yo tenía 15 años, 200 Bs, comprada en la calle derecha; esto a pesar de que le atribuía al instrumento la rebeldía natural de mi hermano mayor, Federico.

Mi mamá, como casi todas las madres, era una maestra de la manipulación y en mí encontró un objetivo fácil. Hasta que un día, como por arte de magia, ya no…había yo descubierto el sexo opuesto.

Me fui de la casa al apenas terminar la universidad. Mi mamá fue instrumental en facilitar que fuera a estudiar afuera, no con dinero, pero sí con un apoyo irrestricto. Recuerdo las primeras semanas en Manchester, Inglaterra, como muy duras emocionalmente.  En más de una ocasión pensé en rendirme y regresar a la casa, pero solo con imaginarme lo que iba a decir mi mamá, seguía adelante. Siempre me incentivó con sus cartas, mecanografiadas en su maquina eléctrica y con su elegante rúbrica; sin saberlo hizo que yo terminara creyendo que podía ser tan bueno como mis hermanos, que siempre me habían sobrepasado. 

Cuando regresé a Venezuela, seis años más tarde, mi mamá ya era la Sra. Aura en todo su esplendor. Esos fueron los años de Lagunillas. La Sra. Aura, en virtud de la posición de Carlos Rico, pero sobretodo por su propio campo gravitacional, se transformó en actor principal en lo que entonces eran las complejas y estratificadas sociedades de los campos petroleros. Deben haber sido días felices para ella, porque cuando su mente empezó a perder lucidez, volvía en su alucinación a Lagunillas y esas épocas. Es paradójico, de joven no sentía ninguna atracción por la vida en un campo petrolero. De esos años le quedaron amigas para el resto de su vida.

Muchas de las personas de la industria petrolera, que la recuerdan de esa época, la describen como una mujer de carácter fuerte, pero amable y generosa, con un gran don de gente. Aún hoy, décadas después, uno oye anécdotas sobre su fortaleza y simpatía. Cuando yo llegué a la industria petrolera, años después, las anécdotas de la Sra. Aura me precedían. Una vez mi mamá me dijo que los gerentes no se daban cuenta de que el poder se manejaba en las cocinas del campo, cosa que tuve en mente cuando me tocó a mi vivirlo.

Cuando Chávez llegó al poder, su rechazo a él fue inmediato. Pasaba horas pegada al televisor maldiciendo y criticando lo que el gobierno hacía o dejaba de hacer. Marta Colomina se convirtió en su adalid,  y Globovisión en su ventana al país. Creó que tanta “noticia” le hacía más daño que bien, pero nadie la podía convencer de ello.

Cuando llegó la crisis petrolera del 2002 – 2003, se puso muy intensa, quizás porque me sabía en peligro. La anécdota que mejor la retrata, y los tiempos que se vivían, fue el día, en medio del Paro Cívico, en que la Armada abordó el tanquero Pilín León, desbloqueando el canal de navegación del Lago de Maracaibo. Al día siguiente hubo un acto de homenaje a los marinos del Pilín León en el Eurobuilding, que fue muy patriótico y emotivo: discursos, banderas, himnos y uniformes. Yo estuve en la audiencia, aunque el acto no era particularmente de mi gusto, ni yo tenía nungún pito que tocar. Esa noche, mi mamá me llamó a la casa, en tono de reclamo, quería que le explicara porque que no me había visto en la transmisión televisiva del acto…

Sus últimos años fueron duros desde el punto de vista de salud. Toda su vida su salud fue frágil, pero en verdad nunca tuvo una enfermedad crónica. Hace unos años su mente empezó a deteriorarse y con ella su organismo. Sin embargo, su fuerza vital era tan intensa que superaba las crisis, pero siempre quedaba un escalón más abajo. Para mi su llama de vida había abandonado su espíritu hace ya unos cuatro o cinco años, pero ella seguía aferrándose a eset mundo con la misma tenacidad con la que había vivido.

Llegó a estar muy orgullosa de todos sus hijos, aunque pocas veces lo expresaba directamente. Uno solo se enteraba por que aquellos a quienes se lo decía nos lo comentaban. Mi manera de hacerla reír, cuando ya estaba decayendo, era retarla a que dijera quien era su hijo favorito, nunca me lo dijo. Cynthia, mi hermana, fue su alter ego por décadas y formaron una dupla inseparable hasta el último minuto.

Para mi fue muy triste verla desdibujarse. Quería seguir teniendo a la mujer fuerte y luchadora que siempre había conocido, con todo y sus lunares. Con el tiempo la situación política no me dejó regresar a Venezuela y solo me restó verla por Skype o WhatsApp. La observé languidecer a larga distancia, lenta pero seguramente.

Hoy la enterramos, o debo decir la enterraron, pues para nosotros, fuera de Venezuela, fue una transmisión por Zoom, gracias a la generosidad de nuestro fraterno amigo Juan Claudio Pagés, el hijo de su gran amiga Elsa, que se transformó en nuestros ojos y oídos a distancia – una deuda impagable, por cierto.


Aura Rodriguez de Rico, su luz se apagó y todo lo que fue ya no es. El mundo, hoy, se detuvo por un instante, para rendirle homenaje. Su voz vive en nosotros, sus hijos. 

Aurita, Aura, la Sra. Aura…mi Mamá.

Sunday, April 12, 2020

Petróleo en Tempos de Pandemia - Publicado en la Gran Aldea 24/03/2020







“Si esto fuera una obra montada sobre un escenario, podría condenarla como una ficción improbable.” William Shakespeare, Noche de Reyes.


Mientras el mundo civilizado de la tercera década del siglo XXI  se debatía sobre las amenazas presentadas por los militantes islámicos, la guerra en el Yemen, las veleidades del dictador norcoreano, la guerra comercial entre China y los Estados Unidos, los efectos del Brexit y las amenazas para la humanidad del rápido progreso de la Inteligencia Artificial, entre otras, en un ciudad de China llamada Wuhan una partícula orgánica (coronavirus)  de 50 -200 nanómetros (10-9 metros) de diámetro acechaba; pocos imaginaban que este minúsculo enemigo paralizaría el mundo.

Mientras la amenaza de una pandemia se desarrollaba tras bastidores, en el mercado petrolero se gestaba una tormenta de diferente naturaleza. La alianza conocida como OPEP+ (un grupo de 24 países productores de petróleo, compuesto por los 14 países de la OPEP y otros 10 países productores, incluyendo Rusia) comenzaba a mostrar muestras de fractura.

La Alianza fue formada a finales de 2016, con miras a coordinar producción y estabilizar los precios. Desde entonces el grupo ha cortado/incrementado su producción en respuesta a los cambios del precio del petróleo en el mercado internacional.

Para finales del 2019, la OPEP representaba alrededor de un tercio del suministro mundial de petróleo, que con los miembros que no pertenecen a la OPEP sumaban la casi la mitad del suministro de petróleo del mundo. El mayor productor de energía del mundo, Estados Unidos, no forma parte del acuerdo, ni China u otros productores occidentales líderes como el México, Brasil, Canadá y Noruega. 

En diciembre de 2019, ya Rusia había comenzado a dar señales de no estar del todo satisfecho con el arreglo, ya que entre cosas percibía que la agenda de Arabia Saudita estaba sesgada a mantener los precios relativamente altos para apuntalar el valor de Saudi Aramco – la compañía estatal saudí. Demás está decir que, como históricamente ha ocurrido en muchos de estos arreglos, el cumplimiento con los acuerdos de cuota de producción OPEP+ ha sido sumamente irregular.

Como resultado de la ralentización de la economía china, y por ende la caída en su demanda petrolera, a raíz de los efectos del coronavirus desde finales del 2019, la OPEP, reunida en Viena en marzo 5 del 2020, decide cortar su producción en unos 1,5 millones de barriles por día adicionales, haciendo un llamado a sus socios en OPEP+ a acatar la decisión. Un día después, Rusia decide no unirse a la decisión de la OPEP, marcando el cese de la Alianza por los momentos.

El 8 de marzo, a raíz de la decisión de Rusia, Arabia Saudita anuncia inesperadamente descuentos de precios de $ 6 a $ 8 por barril a clientes en Europa, Asia y los Estados Unidos. El anuncio provocó una caída libre en los precios del petróleo, con el crudo marcador Brent cayendo en un 30%, la mayor caída desde la Guerra del Golfo. El West Texas Intermediate (WTI) cayó un 20%. El 9 de marzo de 2020, los mercados bursátiles de todo el mundo informaron pérdidas importantes gracias en parte a una combinación de guerra de precios del petróleo y temores sobre el brote de coronavirus. Los efectos no se hicieron esperar fuera de los precios del petróleo y los mercados de valores también. El 10 de marzo, Arabia Saudita anunció que aumentaría su producción de 9.7 millones de barriles por día a 12.3 millones, mientras que Rusia planeaba aumentar la producción de petróleo en 500,000 barriles por día – muchos analistas califican esto como una guerra de precios, aunque Rusia y Arabia Saudita no necesariamente la toman como tal.

Desde entonces, el precio del petróleo ha tenido una alta volatilidad, ya no solo producto de la “guerra de precios”, si no de la imparable ralentización de la economía mundial y la inevitable caída en la demanda petrolera. Durante el mes de Marzo el precio de crudo ha tocado los niveles más bajos de los últimos veinte años (US$ 20/barril de WTI) .

En eventos que se suceden muy rápidamente, el mundo ha pasado de ser observador interesado en como China enfrentaba su crisis de salud y económica, a ser tomado casi por sorpresa por una pandemia que en los últimos días empieza a impactar la sociedad y la economía de todo el planeta, sin distinguir países, religión o color; la naturaleza se empeña en darle una lección de igualdad a la raza humana.

Sería presuntuoso especular si los rusos y los saudíes habían factorizado o no el cambiante escenario económico dentro de sus cálculos, y que ahora solo esperan a recabar los réditos de una estrategia donde la producción de petróleo no convencional norteamericana pareciera ser el enemigo que vencer. Una explicación menos sofisticada es que están enfrentando consecuencias no esperadas. En Moscú y Riad deben ser muchas la preguntas sin respuesta que circulan por los corredores del poder, y pronto comenzará la búsqueda de los culpables.

En el mientras tanto, en el mercado petrolero, los productores de alto costo se enfrentan a disyuntivas de vida o muerte económica, al menos en el corto plazo. Los efectos de la caída de precios tomarán un tiempo en provocar cambios estructurales del lado del suministro, y del otro lado seguramente habrá respuestas tecnológicas otra vez para bajar los costos de producción – tampoco es fácil saber el efecto de la depresión económica en la destrucción de demanda en el mediano plazo. Ya hay analistas muy sesudos que hablan de que en el corto plazo puede haber una baja en la demanda de hasta 6 millones de barriles por día de crudo.

Sin querer extrapolar en línea recta la coyuntura actual, un petróleo barato ayudaría sin duda a la recuperación económica, una vez que se puedan estabilizar los efectos de la pandemia. Por otro lado, un barril relativamente barato (30-40 $/B) retrasaría la velocidad de la transición energética, mientras subraya la importancia de los hidrocarburos para la sobrevivencia del bienestar de la sociedad, al menos en el mediano plazo, pero sobre todo en una situación de crisis como esta.

Me atrevería adelantar que lo que ocurre en el mercado petrolero se asemeja más al “efecto mariposa”, una idea que se usa más comúnmente en la teoría del caos y que postula que un pequeño cambio puede hacer que ocurran cambios mucho mayores e inesperados. Las bolas de cristal son una pobre herramienta para predecir el futuro y en este caso en particular es prematuro usarlas.

La raza humana tiene propensión a pensar de manera catastrófica y a ver toda crisis como existencial, está última no va a ser diferente.  Cambios seguramente vendrán y con ellos oportunidades, que los astutos y los osados tratarán de capturar mientras el resto se paraliza, el sector de energía no escapará a esta ola.  

Para Venezuela, en particular, es una tragedia dentro de una tragedia. Con una industria petrolera en minusvalía y con una economía resquebrajada, la caída de los precios del petróleo y la pandemia le asestan golpes mortales a la población menos favorecida, que tiene pocas o ninguna herramienta para enfrenta la crisis: una receta segura para la anarquía y con suerte para generar un cambio necesario












HORMUZ, FROM A STRAIT TO A TUNNEL

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