Thursday, December 14, 2006

PETROLIA – El regreso a Itaca



    “Cuando emprendas el viaje de regreso a Itaca,
    ruega que el viaje sea largo,
    lleno de aventuras, lleno de enseñanzas.
    No temas a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,
    ni al irritado Poseidón...”, C
    onstantino Cavafis

    Es diciembre otra vez, y por una de esas jugarretas del destino, me encuentro de vuelta en la ciudad de las arboladas calles, donde hace ya doce meses atisbé por primera vez a los habitantes de Petrolia. La temperatura en la ciudad es baja, el invierno empieza a hacerse sentir, sin embargo, la calidez con la que estas personas nos reciben sigue enalteciendo su gentilicio. Esto a pesar de que hace solo unas horas, en Caracas, el no tan inesperado resultado de las elecciones presidenciales pareciera haber marcado para siempre su destino fuera del cielo que los vio nacer.
    Los habitantes de Petrolia alguna vez habitaron lo que hoy se dado en llamar la “Vieja” PDVSA, de la cual fueron expulsados ignominiosamente hace ya casi cuatro años, por no otra razón aparente que la de diferir de los dueños políticos del país. Y aun hoy son perseguidos por aquellos que reclaman para si la propiedad de la “nueva”.
    A lo largo de estos años, al igual que la mayoría de mis conciudadanos de Petrolia, he visto transformar mis recuerdos del pasado en difusas idealizaciones. Muchas veces no estoy seguro si lo que creo recordar de nuestra vida petrolera pasada fue alguna vez verdad, o es solo producto de la nostalgia por el pasado que imaginamos. Quizás esto es consecuencia de que la nueva PDVSA es tan obviamente diferente que hace que aun los innegables defectos del pasado palidezcan en comparación.
    En los meses que han transcurrido desde que descubrí a Petrolia, he encontrado a sus habitantes en los más disímiles lugares y en las más inverosímiles actividades. Pero el denominador común de todos esos encuentros siempre ha sido el calor que prodiga quien se encuentra con un amigo por largo tiempo ausente. Me imagino que muchos han sentido lo mismo, al menos alguna vez en estos años.
    La historia le ha dado la vuelta a otra página en la vida de mis conciudadanos de Petrolia. Aquellos que acariciaban todavía el sueño de volver a casa deben enfrentar la realidad de que su pasado yace atrás y que el presente es su mejor apuesta para el futuro, aun lejos de la patria chica y a costa de familias ausentes. Es tiempo de cortar amarras con los sentimientos que nos atan a lo viejo, y finalmente entender que lo que nos describe como seres humanos no es el carnet de una corporación, sea del color que sea, sino la robustez de nuestros principios, la cercanía de nuestros amores y el ejercicio de la libertad.
    Cuando la tarde cae en Petrolia, y el murmullo del viento se oye entre las hojas de los árboles que delinean las calles que transitan sus habitantes de vuelta a casa, uno puede caer en la tentación de regodearse en el dolor de la esperanza perdida, pero esos minutos deben durar poco. En la distancia, en la ventana entreabierta de la casa que nos espera, en la patria o fuera de ella, se ven las siluetas y se escapan las voces de los que nos aguardan sin preguntarnos a que facción pertenecemos o que color tiñe nuestro pensamientos para celebrar nuestro regreso.
    Ha llegado el tiempo de construir nuevos sueños, ya los pioneros han adelantado el camino. Petrolia es un símbolo de la esperanza de la construcción de nuevas realidades. Es una ciudad viva, de Caracas a Lagunillas, de Anaco a Barinas, de Ciudad del Carmen a Fort McArthur, de Buenos Aires a Riyadh, en todas partes reside la semilla de futuros posibles, si solo entendemos como levantar la cosecha.
    Esta no es una crónica de nostalgia, no es una mirada triste hacia atrás, no es un llamado a olvidar los derechos agredidos. Este es un homenaje y mi presente en estas navidades a todos y cada uno de los habitantes de PETROLIA, amigos y desconocidos, aliados y rivales, en Venezuela y en el exterior. Un reconocimiento a su fortaleza ante la adversidad y un llamado a soltar amarras y seguir adelante.
    En la Odisea de Homero, Odiseo Rey de Itaca (vaya nombres maracuchos mas apropiados) emprende tras la guerra de Troya la vuelta a su isla natal a recuperar su trono y a su esposa Penélope, solo para ser desviado por los dioses en un largo viaje de diez años…
    “…Ten siempre presente a Itaca en tu mente.
    Llegar a ella es tu meta final.
    Pero no apresures el viaje.
    Es mejor prolongarlo por años,
    para que cuando ancles tu nave en la isla
    ya seas viejo y estés rico
    con lo que has ganado en el viaje,
    y sepas que Itaca no puede ofrecerte riquezas.
    Itaca te ha regalado el magnífico viaje.
    Sin ella no hubieras emprendido la jornada.
    Pero ella no tiene más nada que ofrecerte.
    Y si la encuentras pobre,
    Itaca no te habrá defraudado.
    Seguramente que para entonces,
    la sabiduría y la experiencia que has acumulado,
    te habrán permitido comprender
    lo que Itaca realmente significa.” Constantine P. Cavafy


    http://www.petroleumworldve.com/edito121506.htm

    Posted on Petroleumworld. com on Dec. 14, 2006

Saturday, November 11, 2006

Pdvsa, el gigante agonizante


El Nacional - Sábado 13 de Diciembre de 2003.
(Nota: esto fue publicado hace casi tres años, pero hoy de cara al proceso eleccionario, y ante la persecución a la que se somete a los antiguos empleados de PDVSA, aparece mas relevante)



A juzgar por la millonaria campaña publicitaria que Pdvsa lleva a cabo en los últimos días, en el ánimo de hacernos creer que las ruinas de la maltratada empresa nacional es una mejor compañía que aquella que fue construida en el previo cuarto de siglo, pareciera que los venezolanos tuviéramos válidas razones para celebrar la destrucción de lo que hasta hace poco fue ejemplo de la Venezuela posible.

La única manera de sacar lecciones del doloroso hecho concreto del Paro Cívico Nacional de finales de 2002, y en particular del desmantelamiento de Pdvsa, es comprender que tales conmociones sociales, como los terremotos, son el producto de acumulaciones de tensiones a lo largo de un largo período de tiempo.

La relación del petróleo y los petroleros con la sociedad venezolana ha sido, y continúa siendo, tensa y muy ambigua. Los petroleros han sido siempre catalogados como una casta privilegiada, arrogante, e indiferentes a las realidades del país, convirtiéndose en un blanco aceptable para todas las fuerzas políticas, sin excepción.

Para las fuerzas políticas que constituyen la base del actual gobierno en particular, el petróleo no es más que un arma de dominación política y social, y los trabajadores petroleros un obstáculo secular en su ruta al acceso y entronización en el poder.

Cuando la historia sea contada con el desapego de la distancia, descubriremos cómo en la primera semana del paro la presidencia de Pdvsa desarticuló la organización que decía querer estabilizar, sustituyendo a los gerentes operacionales más importantes, quienes se mantenían en sus puestos de trabajo, e introduciendo elementos de discordia en una ya candente situación, reviviendo las condiciones y las personalidades que habían llevado a la crisis de abril de 2002.

A lo largo de los siguientes días, y de una manera sistemática, la presidencia de la corporación estatal fue suspendiendo todo el liderazgo natural de la empresa, eliminado toda posibilidad de que ese liderazgo contribuyera, como estaba dispuesto a hacerlo, a amortiguar una situación operacional y organizacional que amenazaba con desbordarse.

De esta manera, y sin olvidar las llamadas de la oposición política, los hechos de Altamira, el paro de la flota petrolera y otros factores externos, Pdvsa tomó un curso de acción que resultaría catastrófico. A estas acciones siguieron la toma militar de las instalaciones, la institución de listas negras de personal y el llamado a la “toma popular”, que hicieron casi imposible el acceso a las instalaciones del personal necesario para mantener, las operaciones en los niveles de contingencia que la gerencia profesional había aplicado para afrontar la crisis. El discurso oficial, mientras tanto, era que no había paro, y que el problema estaba concentrado en un reducido grupo de gerentes.

Los despidos masivos que marcaron la segunda mitad de la crisis petrolera a principios de 2003, lejos de conducir a una solución, no sirvieron sino para “calentar” aún más la situación y mantener el paro incluso más militante. El paro era ahora acerca de los despidos, la estrategia de destrucción tomaba su inevitable curso.

Por cualquier estándar gerencial y de liderazgo, la presente administración de la industria no puede eximirse de su responsabilidad ante la destrucción de la organización que pretendía liderar.

La historia mostrará que lejos de tomar medidas reales de entendimiento y negociación, destinadas a salvaguardar la empresa petrolera de la diatriba política, se aprovechó la ocasión para lograr el verdadero objetivo:
la purga de la industria por motivos ideológicos y su sumisión a un proyecto político sectario.

Los petroleros, en una muestra de ingenuidad política sin precedentes, pensaron que expresar opiniones y actuar como ciudadanos era un derecho al cual se podía acceder sin costo alguno. Pensaron que su razón era la única razón y por tanto terminaría por ser reconocida.

Hoy, 12 meses más tarde, con más de 20.000 familias petroleras sumadas a las víctimas de una lucha política fraticida, con una Pdvsa en minusvalía y de futuro incierto, y en manos de un activismo político que la considera “botín de guerra”, asistimos a una fusilería de cifras y a un derroche de propaganda, que pretende hacernos creer que todo está bien. La realidad es que Pdvsa yace agonizante, y cual velorio caribeño, los dolientes se embriagan celebrando quién sabe que. La dolorosa verdad es que no hay nada que celebrar, ni de un lado ni del otro.

Sunday, October 01, 2006

La Orimulsión – Las Cuentas del Gran Capitán


Luis A. Pacheco
La expresión “Las cuentas del Gran Capitán” es muy utilizada para referirse, de forma familiar y en sentido figurado, a las cuentas en donde figuran partidas exorbitantes, o a aquellas que están hechas de modo arbitrario y sin la debida justificación. El dicho tiene como base histórica las tan discutidas cuentas que el general don Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515), de sobrenombre Gran Capitán, presentó a los Reyes Católicos, después de haber conquistado para ellos Nápoles y Sicilia.
Esta vieja frase viene a la mente al leer en la prensa nacional la decisión de la administración de la petrolera estatal de no continuar produciendo Orimulsión y la reiteración de la vieja argumentación sobre la no rentabilidad de usar los recursos de hidrocarburos extra-pesados de la faja del Orinoco para la producción de este novedoso combustible.

Los argumentos que la actual administración petrolera usa para justificar su decisión, están barnizados de una engañosa racionalidad, pero detrás de esa fachada aparentemente objetiva uno puede identificar rígidas posiciones dogmáticas, revanchismo político y la existencia de una visión cortoplacista sobre el recurso petrolero.

Aquellos que han adversado la Orimulsión desde su concepción, y es justo recordar que esta innovación ha tenido a lo largo de su historia tantos adversarios como aliados, han usado como principal argumento que dirigir el recurso de la faja a un mercado diferente al del mercado tradicional de refinación en el sector del transporte, es un uso innoble de un recurso no renovable. 

El corolario de este argumento, reza la plegaria, es que si el estado (léase gobierno de turno) no puede obtener por cada barril la misma renta que potencialmente se puede obtener en el mercado Premium de gasolinas, es preferible dejarlo dormir en su morada subterránea, a la espera de ese futuro en que la eventualidad de tal renta ocurra.

Todos los otros argumentos que uno escucha son subsidiarios a lo que acabamos de describir: que si la regalía no representa el verdadero “valor del crudo”, afirma el Profesor Mommer con dudosa autoridad académica; que si es una estafa al país, hace eco el Ministro; que si viola la cuota OPEP, asoma nuestro representante en Viena; que es una conspiración imperialista, todos a una; y el inquilino de Miraflores nos ofrece su silencio, no vaya a ser que la Nación recuerde su apasionada defensa de la Orimulsión hace tan solo unos años, cuando otros eran sus asesores.

Los astutos lectores, sin embargo, tienen derecho a pensar que el argumento principal de la administración es razonable, y que sin duda los actores antes mencionados están en lo correcto al criticar a la Orimulsión y sus impulsores. No es el objetivo de estos párrafos tratar de contestar uno a uno los ataques a la Orimulsión, su éxito en el mercado internacional y su capacidad de atraer inversión extranjera debe ser prueba suficiente de su factibilidad técnica, rentabilidad y oportunidad estratégica. Pero en aras de evitar aquello de “Quien Calla Otorga”, tratemos de escudriñar detrás de la aparente racionalidad del argumento oficial.

Para ello recurramos a un pueblo imaginario cuyo sustento es la explotación de una mina cuyo mineral es muy deseado. Para los propósitos del ejercicio asumiremos que después de profundos estudios se ha determinado que la mina contiene 100.000 toneladas del precioso material. Asumamos igualmente que el mejor plan de mercado de la compañía minera que la explota conduce a una producción anual de 400 Toneladas. Una sencilla operación aritmética nos permite afirmar que la mina podrá ser explotada por casi ¡250 años! Pero no seamos tan poco ambiciosos, y propongamos que el mercado permitirá duplicar la producción en muy corto plazo, lo cual nos lleva a afirmar que la mina podrá ser explotada por “solo” 125 años. Todo esto a un precio que a los dueños de la mina no solo les parece justo, sino atractivo; y que aunque no les permite a todos los habitantes del pueblo salir de su mísera situación económica, mantiene a sus administradores en seguro bienestar.

Permitámonos ahora imaginar que un emprendedor poblador le propone a los administradores que le asignen parte de la mina, en sus galerías más periféricas, y que le permitan producir 40 toneladas adicionales al año destinadas a lo q pareciera ser una nueva demanda en un pueblo vecino. El soñador argumenta que aunque el precio de venta de esta veta de menor calidad es mas bajo que el del resto de la mina, la explotación es rentable y adicionalmente creará nuevas fuentes de trabajo que tan necesarias son el pueblo. Además, dice nuestro emprendedor, de que nos sirve una veta sin explotar cuando los vecinos del pueblo pasan necesidades.

Los administradores de la mina, después de sesudos análisis y de largas deliberaciones con el respetado maestro del pueblo, arriban a una sorprendente decisión. Acusan al incauto de trabajar en contra de los intereses del pueblo. Argumentan que si el proyecto se lleva a cabo, esta nueva producción (40 toneladas) destruirá los precios no solo de las 400 toneladas que el pueblo produce, sino también el precio de las 10.000 toneladas que otros pueblos producen; y que además, en 250 años (o 125), este mineral podrá ser vendido a un precio mucho mas justo, y ¿quien será entonces responsable de esta pérdida ante la historia? Carteles son desplegados en la plaza mayor, la idea es catalogada de herejía, se vilipendia a nuestro ingenuo protagonista, mientras el maestro de la escuela se regodea en otra victoria más en contra de aquellos que se han atrevido a retar la deshilachada cartilla que reposa en la primera gaveta de su recién comprado escritorio.

Aunque nuestro pueblo y sus habitantes son imaginarios, las cifras representan cabalmente lo falaz del argumento oficial. Si aceptamos la premisa de que tenemos, para todo propósito práctico, reservas inagotables de hidrocarburos, pero mercados limitados tanto en volumen y precio como en el tiempo, debemos concluir que es indispensable estratégicamente acceder/crear nuevos mercados, no solo en el espacio sino en el tiempo, antes de que la ventana de los combustibles fósiles se comience a cerrar. Ante esta realidad la estrategia de precios debe ser diferenciada y segmentada, creando vínculos racionales entre la calidad de nuestras reservas y sus potenciales mercados. Los de hoy y los por crear.

El mundo ha desarrollado un apetito inagotable por cada vez más energía. Venezuela se encuentra en la envidiable posición de poder ofrecer varias alternativas para saciar esa sed y con ello materializar su secular ventaja competitiva. La Orimulsión, con todo y sus lunares, no es más que una idea innovadora en una industria corta en ideas y llena de prejuicios. Una manera incremental de ampliar la actividad económica. ¡Pero no!, dicen los guardianes de la fe. Los hidrocarburos se han explotado y vendido de una manera por más de 150 años y debe seguir así. Cualquier otra cosa es sin duda “contrarrevolucionaria”.

¿Quién se beneficia de la salida de la Orimulsión del Mercado Energético? La respuesta es sencilla: ¡Todos nuestros competidores!

La ignominiosa ejecución pública de la Orimulsión no solo anuncia la muerte de la innovación tecnológica criolla, la desaparición de un potencial mercado para nuestros hidrocarburos y el menoscabo de la ya escasa credibilidad comercial de la petrolera estatal. Es además una señal clara, si es que ya no lo sabíamos, de que en el debate de ideas sobre nuestra principal industria, se ha escogido la destrucción del contrincante por sobre la búsqueda de nuevas síntesis. Mucho me temo que en el tema de la Orimulsión, la administracion petrolera estatal ha escogido la vía de las Cuentas del Gran Capitán. Don Gonzalo estaría orgulloso.

Posted in Petroleum World http://www.petroleumworldve.com/napa100206.htm

Monday, July 24, 2006


Invitación para presentación del Libro: Un Acuerdo Para Lograr el Desarrollo.
La Petrolera de Hans Christian Andersen
Luis A. Pacheco.

Posted on Gente del Petróleo.
21 de julio de 2006


"Existió una vez un Emperador que se creía emprendedor de grandes proyectos, con buenas ideas pero poco ducho en el diseño y construcción de proyectos, sólo pensaba en hacer los proyectos que le darían gloria y fama, para ello contaba con un grupo de ingenieros que constantemente le hacían los proyectos que demandaba, pero el Emperador nunca tenia las ideas claras del todo, o no era capaz de crear correctamente los patrones de sus diseños, por lo que los proyectos no resultaban como se esperaba y el Emperador descargaba su furia contra el pobre grupo de ingenieros que solamente habían seguido fielmente sus instrucciones.

Cierto día llegaron al gran palacio imperial dos pícaros muchachos, pidiendo ser recibidos por su majestad. Decían que eran unos afamados empresarios que venían de lejanas tierras. El Emperador, al conocer la noticia, les hizo pasar inmediatamente.
“Majestad, hemos traído un proyecto que es una maravilla” dijo uno de los pícaros. “No sólo integrará bajo su autoridad toda la comarca, sino que no lo entenderán los ignorantes, pero a los inteligentes les encantará” dijo el otro.
El Emperador se entusiasmó con lo que decían y pidió a los falsos empresarios que le comenzaran inmediatamente a diseñar y construir tan curioso proyecto, que enseñaría a todo el mundo.
Los pícaros pidieron para los gastos grandes sumas de dinero y también pidieron encargarse de dirigir al grupo de ingenieros y empresarios que anteriormente trabajaban directamente con el Emperador.
Mientras ellos hacían creer que diseñaban y construían los nuevos proyectos, cuando, en realidad, no hacían nada, simplemente adulaban al Emperador, el grupo de ingenieros en antaño responsables por los proyectos se esmeraban en continuar… trabajando. Estos ingenieros veían en lo que los pícaros ocupaban su tiempo pero no lo decían para que no les llamaran ignorantes por no entender los proyectos o sufrir represalias por oponerse al deseo del Emperador, así que unos callaban y otros decían que los nuevos proyectos eran muy originales.
Harto ya, el Emperador de que sus proyectos no progresaban, decidió que ya era hora de ver que era lo que los picaros habían diseñado, a lo que los dos pícaros accedieron, ya que como siempre, nunca le llevaban la contraria. Cuando se lo presentaron se quedó sorprendido. No entendía el proyecto y no veía nada! Y para que sus súbditos no pensaran que no era inteligente, decidió disimular, y alabar el trabajo de los dos falsos empresarios."

El lector recordará de sus lecturas infantiles como termina esta fábula titulada "El Ropaje del Emperador", y cual es su moraleja, y se preguntará cómo es que el país petrolero al norte del sur se parece tanto al imaginario reino del emperador de Andersen. No es difícil hacer la analogía entre el fantasioso plan de siembra petrolera, y en particular el proyecto del gasoducto del sur, y los ropajes del emperador. No hay que ser muy imaginativo para encontrar paralelismo entre los burócratas de la "Nueva" Pdvsa y los sastres que siguen a pie juntillas las instrucciones del emperador. Tampoco hay que tener mucha imaginación para encontrar semejanza entre los mandatarios de países vecinos y los ministros que el Emperador enviaba a verificar el progreso del ropaje, y que ante la amenaza de ser acusados de "ignorantes" e indignos de las posiciones que ocupaban, alababan las bondades de este.
Lo que no es evidente en esta analogía es quiénes son los pícaros de la fábula. Tampoco es evidente si el Emperador está siendo engañado en su buena fe o si él es parte del engaño. ¿Será que a último momento el Emperador develará que todo es un elaborado complot, como ya lo ha hecho antes, para descubrir las verdaderas fidelidades e intenciones de sus ministros? ¿Es esto un complejo artilugio que le permite regodearse ante la credulidad de sus pares en la comarca?

En el mientras tanto, los pícaros (o el pícaro) continúan hilando el invisible tejido que el emperador desea y necesita. Pero es ahí donde termina la analogía. En el cuento de Andersen la voz inocente de un niño finalmente pone al descubierto los engaños de los pícaros y grita, cuando ve a su soberano en ropa interior, El Emperador va desnudo!. En la picaresca que es nuestra realidad cotidiana, ni la muchedumbre, y mucho menos el emperador, le prestan atención alguna a la voces que alertan de los desvaríos de los pícaros, y el desfile del soberano, trajeado con el engañoso vestuario, continúa sin interrupción.

A juzgar por los discursos de la mayoría de los numerosos aspirantes a Emperador, estos también están rodeados de pícaros y deseosos de engalanarse con el invisible Traje del Emperador - en su caso el reparto de la renta petrolera. En el mientras tanto, como en los cuentos de hadas, las brujas trabajan en la oscuridad y la industria petrolera que soporta todas estas veleidades está lenta, pero seguramente, siendo desmantelada por la intervención política. Los incendios de la refinería de Amuay, no son sino el último lamentable capítulo de la realidad que se vive detrás de los hilos que tejen los pícaros sastres.


http://www.trabajadorpetrolero.com.ve/Contenido.asp?ArticleId=248669

Saturday, May 20, 2006

Oil, Gas, Lies and Corruption - Profiting from Unscrupulous Governments


James Winston

May 10th, 2006

Winston Churchill said “truth is so precious that she should be attended by a bodyguard of lies.” When it comes to Saudi Arabia’s oil resources no truer words can reflect how Saudi’s power elite have hidden the truth about their misguided stewardship of our planet’s biggest oil deposits.

In a country where public beheadings are the norm – power, secrecy, control, and image are all important cornerstones to keep the elite royal class in the Kingdom of Saud both perversely rich and oppressively powerful over their subjects. Internationally, their status as an influential powerhouse is still apparent though light is now shining through their veil of lies which they have used to insulate the world concerning the truth of their oil resources.

As investors, the fragile nature of Saudi Arabia’s domestic problems should be enough for most people to buy “insurance” oil and gas stocks. However there’s another major problem brewing in Saudi. For nearly 60 years, Saudi Arabia’s seven largest oilfields have supplied almost all of the country’s production and is the biggest source of the global supply. Today these aging oil fields are becoming problematic despite their political stance that everything is OK in the land of Saud. Those in the oil and gas industry know otherwise.

In Matthew Simmons book, Twilight in the Desert, the author has done an extensive review of technical papers on the Saudi oil and gas fields as published by the Society of Petroleum Engineers.

The papers reveal that Saudi technicians were observing serious signs of aging as far back as 30 years ago. As the years have progressed, today the problems have grown to be acutely complex and require technical sophistication beyond the capabilities of their “in house” expertise.

Though the Saudi’s will tell you they can keep going strong for another 60 years or more, the fragile nature of their oil fields is being exposed along with their big lie.

Hal Hemmerich, President of Transeuro Energy, has had 30 years of international experience in the resource industry and extensive hands on work in the Middle East. He commented that “we all know the most prolific producer on earth is Saudi Arabia but today they are unable to continue to supply the world with energy in the same way. In the old days, they would just punch drill hole after drill hole after drill hole. They would just mud up, with such great pressure down below, they would drive a hole down and produce. They started with conventional drilling because their resource was so strong. But as their resources have started to wane, they now need to re-work these wells.”

Many of the world’s producing nations are now looking at western technology to help keep their dream alive. One of techniques they are looking at employing is the use of underbalanced drilling, a science which was developed and has been used with great success for the last 20 years in North America.

Underbalanced drilling uses a complex package of engineering techniques which basically brings the oil well pressure and the drill bit pressure to a close equilibrium – just enough to allow for a free flow of gas or oil. The idea here is to get away from the older methods of jamming down mud into the hole to prevent a blow out – though this works, it plugs up the flow of gas.

Hemmerich says that newer technology has been used in Oman which has increased their production by multiple times.

Just to keep up the status quo, Saudi is accelerating the number of drills pumping oil and older wells are getting tweaked to increase the production life.

Saudi remains an enigma. “They won’t show you how they calculate their reserves. I don’t know how the world has let them get away with this. They just come out every year and go, here we are. In fact their resource figures haven’t gone down. Everyone knows that if you produce hundreds of millions of barrels your reservoir goes down and your production becomes more difficult.” said Hemmerich.

So as investors, search out “High Technology” energy service companies who are entering the International Markets, like High Arctic Energy Services – I’m sure they will be busy for years to come.

The science of underbalanced drilling is very much needed former Soviet Union (FSU) block countries as well. Early investors who can realize the potential in the FSU can stand to make big profits over the coming years.

Oil and gas fields in the FSU were basically raped and pillaged and left for dead - as easier prey was sought out.

Currently Hemmerich’s company Transeuro has picked up a property in the Ukraine which he feels has huge potential.

Hemmerich commented that “In the old Russian days they would just sweep through areas with rigs and drill, drill, drill. And they had a real high cut off for production. If the well didn’t flow at a high rate, they would shut it off and move on to the next one. And again, technology was non existent, some wells were drilled without the benefit blow out preventers. Talk about running naked.”

According to Hemmerich, the Russians would use a massive amount of heavy mud which would limit the flow and the potential of the resource.

Old Russian data which is on file at the Ukraine department of resources indicates Transeuro’s properties contain some 300 billion cubic feet of gas and another 32 million barrels of oil. It’s like virgin territory but with data. The Russian’s did a lot of 2D seismic and everything is nicely mapped and all the data is available.

The Ukrainians are very motivated to get western expertise. They not only endured Soviet domination and mismanagement of their gas fields – last winter the country was blackmailed by their former masters who cut off the gas to the country. The message was, pay our price and do as we say - or else.

Needless to say, a major mandate for the Yushchenko government is to have energy self sufficiency for his country. To that end Transeuro has cut a 72/28 deal with the Ukrainians to develop their gas fields using underbalanced technologies.

What has been a major problem for the Ukrainians is going to turn out to be a win-win situation as western technology is brought to bear on a high potential resource. And again, investors who can position themselves in these ground floor, high technology re-work programs will be able to capitalize right along with them.

The reality is that oil resources around the world were mismanaged for long term benefits. And because of pride and political prestige, some of the biggest oil producers on the planet continue to deny this reality – oilfields are declining in production. Only now are we beginning to see glimpses of truth from the big OPEC countries that they are recognizing these issues and importing modern technology to extend the life of their reservoirs. But it is inevitable that truth will come out, and it’s companies like High Arctic and Transeuro who will benefit from this. Those who have the capital, technical ability, and connections to access to these fields will profit handsomely in this new high tech era of oil and gas exploration.

James Winston

www.jameswinston.com

Un día cualquiera en la vida del petróleo
Luis A. Pacheco

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Viernes, 28 de abril de 2006

El Presidente Bush anuncia planes para bajar los precios de la gasolina” - PBS Online “El Presidente Chávez amplía el alcance de descuentos de petróleo para pobres en los EE.UU.” – Raw News

El miedo y los especuladores empujan el precio del petróleo demasiado alto, dice el Presidente de British Petroleum” – The Guardian

La industria petrolera enfrentará tiempos difíciles en Washington debido el aumento de precios y ganancias” – MSNBC

China aprueba proyecto para convertir carbón en petróleo” – Oil and Gas Journal

Safari Petrolero chino arriba a Nigeria” – AFP “Presidente Iraní piensa que los precios del petróleo continuarán aumentando” – Dow Jones Wireline

Estas y otras decenas de noticias las encontrará el lector interesado, lego o experto, cualquier día de la semana, y en esta aldea global en la que convivimos con otros seis mil millones de la especie, renovadas cada hora del día, en un interminable carrusel de nuevos acontecimientos y actores.

El petróleo, o mejor dicho la energía y su disponibilidad, han pasado a ser de noticia eventual para expertos, a ser el telón de fondo del escenario sobre el cual se desarrollan los eventos que modelan nuestro presente y futuro.

El crecimiento de la economía mundial, liderado por los gigantes de Estados Unidos, China e India, acoplado a la falta de inversión en la cadena de suministro de productos y las crecientes tensiones geopolíticas, ha empujado el precio de la energía, en particular del petróleo, a niveles cercanos a los máximos históricos.

En este escenario de tensión e incertidumbre, los políticos, los medios y en general el ciudadano común, buscan razones, direcciones, predicciones. Los medios de comunicación, se inundan de todo un espectro de explicaciones.

En un extremo del espectro se concentran en la búsqueda de culpables por los altos precios de la energía, esto de manera predecible ocurre en los países consumidores. En el otro extremo, se construye argumentos apuntando el dedo hacia el consumo irracional como principal causa, esto de manera no predecible, también ocurre en los países consumidores.

Como regla general, las transnacionales del petróleo y los países productores, o debemos decir exportadores, tratan de mantener un perfil bajo ante la fusilería verbal y escrita que día a día apunta hacia ellos como los “malos de la partida”.

En el mientras tanto, la teoría del “Peak Oil”, que sostiene que estamos cerca o ya sobrepasamos el punto después del cual el consumo de petróleo debe empezar a disminuir, debido a que todo el petróleo producible ha sido ya descubierto, se ha convertido en la moneda de intercambio preferida para construir escenarios cataclismitos que pronostican tiempos de debacle económica de alcance global.

Si a este ya confuso panorama, le añadimos la cada vez más intratable cuestión del radicalismo islámico y sus llamadas “guerras santas”, y las ineficaces acciones militares con las que el occidente solo atina a responder, nos encontramos ante una mezcla de ingredientes que conducen aun inevitable punto de quiebre. No es una cuestión de si ocurrirá o no esta discontinuidad, sino de cuando ocurrirá.

Si los lectores han sido pacientes con este cronista, y hasta ahora no me han abandonado buscando evitar una angustia innecesaria, se preguntarán a santo de que viene toda esta letanía.

Venezuela es uno de esos países, que producto de los azares de la naturaleza, le toca ocupar un rol decisivo en el resultado de la siguiente travesura de la historia. Su ingente base de recursos de hidrocarburos, petróleo y gas, su posición geográfica, su tradicional rol de suplidor seguro del hemisferio occidental y su tradición petrolera, le convierten en una pieza clave en el rompecabezas global.

Pero hete aquí que el “azar” de los dioses le ha puesto “piquete” adicional, como dirían los jugadores de billar de tres bolas, a una situación ya de por sí compleja. Los eventos políticos de los últimos siete años han creado una paradoja extraordinaria en el ámbito petrolero nacional. Una situación de oportunidades sin precedente aparejada a una industria petrolera nacional en minusvalía, y unos niveles de ingresos que alimentan un espejismo de políticas eficaces.

Hay gente que piensa, los mas, que el solo hecho de tener recursos hidrocarburíferos en el subsuelo le confiere a Venezuela, sobretodo a estos altos precios, una posición de invulnerabilidad política y económica secular. Hay otros, los menos, que entienden que controlar la veta, como la historia ha demostrado una y otra vez, no garantiza el bienestar de la comunidad alrededor de la mina, es decir nosotros los venezolanos.

¿Qué hacer? ¿Cómo aprovechar la coyuntura?, que aunque no es de nuestra hechura, presenta amenazas y oportunidades importantes para nuestro desarrollo presente y futuro. ¿Como escaparnos del sentimiento de éxito inevitable a lomos del precio del petróleo, que invade la psiquis nacional?

Hace solo unos años, la creencia en la industria petrolera en general era que los precios se mantendrían en niveles moderados, $15 - $18 por barril de WTI, aunque había un riesgo de eventuales picos de precios. Aún hoy día, de acuerdo a PDVSA (El Universal, Abril 27 de 2006), se planifica a precios del barril más cercanos a $20 que a los niveles de $70 de los días recientes. Sin embargo, la creencia implícita de aquellos que manejan la política petrolera de Venezuela y de otros países exportadores, derivada de sus acciones mediatas e inmediatas, es que los precios altos están aquí para quedarse.

Si este es el escenario probable, y es cierto que Venezuela tiene reservas de hidrocarburos suficientes para las siguientes décadas, ¿cual debe ser la estrategia petrolera de cara a las crecientes necesidades de su población y al complejo panorama internacional que hemos descrito? ¿y cuales sus implicaciones?

A pesar de la inmisericorde crítica al plan de expansión de capacidad de producción de Venezuela, diseñado por previas administraciones, los actuales responsables de diseñar la política petrolera no han hecho más que reciclar las mismas ideas, empaquetadas con un envoltorio engañoso de patriotismo y nacionalismo y en un ambiente mucho más hostil para la inversión privada necesaria.

Esta recurrencia de ideas no es de extrañar. La ecuación formada por una demanda en continuo crecimiento, acoplada a la extensa base de recursos de Venezuela, resulta en una sola solución: expansión de la capacidad de producción y búsqueda de nuevos mercados. Hoy igual que ayer. ¿O es que desde el punto de vista petrolero, que es el que ocupa a este cronista, hay alguna diferencia de fondo entre el plan de “Siembra Petrolera” y el incorrectamente denominado “Plan de Apertura Petrolera”?

Sin embargo, la intención estratégica de largo plazo debería ser hoy diferente a la de los años noventa. Los altos precios del petróleo son sin duda una muy bienvenida bendición para los países exportadores, y en particular para aquellos países que como Venezuela no han sido capaces de estructurar economías sanas alrededor y partir de la renta petrolera. ¿Pero es el mantener esa situación, por defecto o por diseño, la estrategia correcta?

En una visión de mediano y largo plazo, que no es una particular fortaleza de la clase dirigente, la situación se presenta complicada. Los altos precios de la energía, las inseguridades de suministro asociadas a problemas de origen ideológico (religiosos o políticos), la creciente consciencia sobre los problemas ambientales, y la dinámica de innovación asociada al libre mercado de las ideas y la tecnología, se empiezan a ensamblar y estructurar hacia un mundo cada vez menos, y no mas dependiente, de las volatilidades asociadas al petróleo y de las veleidades de los gobiernos que controlan las reservas.

La insurgencia de China e India como motores económicos de dimensiones gigantescas, y su influencia en la demanda de materias primas, contribuyen al presente sostenido aumento de precios del crudo y otras materia primas; pero por otro lado y aun mas importante, activan en miles de millones de seres humanos la consciencia de su derecho a mejores y mas sostenibles niveles de vida, y su derecho a acceder a la energía de una manera confiable y accesible, bajo regimenes de libertad.

Las implicaciones de estas presiones son difíciles de definir, y mucho menos proyectar hacia delante. Pero si la historia de los anteriores 250 años arroja alguna lección (con todo y guerras), es que la ingenuidad humana siempre consigue una solución a los obstáculos que se presentan en el camino de su progreso, y que este camino generalmente discontinuo, deja a los desprevenidos en el basurero de la historia.

El petróleo, y por lo tanto Venezuela, se enfrenta a un acertijo estratégico de difícil solución. Se debate entre, ser partícipe del futuro contribuyendo a mantener y ampliar el mercado para los hidrocarburos como fuente energética de excepción, o contribuir a adelantar la dilución de su relevancia para el mundo, al aprovecharse de su presente posición de dominio.

Obtener el balance entre el precio “justo” del recurso, concepto difícil de delinear, y hacer crecer y defender el mercado por el mayor tiempo posible, no es una tarea fácil ni necesariamente factible de concluir. Lo que sería ingenuo pensar es que la presente situación es inmutable y que hemos descubierto el corno eterno de la abundancia.

Aquellos que abrazan la teoría del “Peak Oil” apuran a que el mundo se prepare para un escenario sin petróleo; aquellos que se preocupan por el calentamiento global presionan por la venida de un mundo sin petróleo; y los competidores del petróleo se preparan para asumir su rol. Mientras tanto aquellos que se han pasado toda una vida tras el parapeto de la defensa de la “renta petrolera”, se empeñan en aplicar viejas recetas a nuevas y muy complejas situaciones.

Mañana nuevas noticias ocuparán los titulares, y estaremos un paso más cerca de ese futuro que otros construyen por nosotros, mientras seguimos distraídos y embelezados por una bonanza que no es de nuestra hechura y que nos impide desentrañar el “What if”.

El petróleo, con todos y sus lunares, nos ha traído hasta aquí. No es muy temprano para derribar la empalizada virtual del campo petrolero y la mitología de la renta, y empezar a ver el mundo que yace allende.

http://www.analitica.com/premium/energia/8445754.asp
PDVSA, The Dispassionate Story


When PDVSA was created in 1975, as a result of the nationalization process, there was a natural apprehension that it would follow in the steps of all the other failed Venezuelan state enterprises. Against the grain, the company evolved – from a loose coalition of E&P companies into a major integrated oil company and a relevant factor in the world energy scene – through a succession of governments.

But that evolution was not without its price – a very important political price. The technical and commercial success of PDVSA left in its wake a number of tense situations. For example, the OPEC quota policy was always a contentious issue between Venezuela’s oil ministry and the company. But there were other sources of irritation: among them, the salaries of oil workers, the investment overseas, and the debate on what to do with its generated revenue. Most of these issues were never resolved to the satisfaction of the political establishment, and they re-surfaced years later with a vengeance.

Of course, this is all hindsight. The PDVSA managers were raised in an environment that strived only for technical prowess and were ill-equipped to be sensitive to the potential political nuances of their activities. In modern management speak: PDVSA was not very adept at managing its stakeholders. In turn, there is no doubt that the political actors cared very little about understanding the details of the oil industry, so long as it was generating enough revenue.

The success of the “Apertura” (the opening up) strategy in the 90s, which allowed the controlled participation of the international oil companies in the upstream business, gave Venezuela access to capital and technology. And that technology was necessary to fulfill the potential of its huge hydrocarbon resource base. The Apertura helped thrust PDVSA into a competitive environment, which was instrumental in counteracting the inevitable inefficiencies resulting from its legally designated isolation. All of these events created political friction.

When President Hugo Chávez came into office in 1998, he did not arrive alone. He brought with him a prejudiced opinion about the oil industry and its workers, borne from all the previous tensions and misunderstandings, and he was accompanied by a cadre of PDVSA’s historical enemies. Not surprisingly, the PDVSA establishment was apprehensive about its new political masters. These two forces were bound to clash sooner or later, and after some skirmishes, the tensions exploded destructively in the widely reported but little understood PDVSA crisis that boiled up in the spring and winter of 2002.

PDVSA is no longer the proud company that it once was. Thanks to the firing of more than half of its workforce, it has lost its former vitality. As modern economists and managers have come to understand, the soul of any corporation, in particular one as complex as PDVSA, resides in its people and their expertise. Without that, no modern organization has a sustainable future.

Surprisingly, the PDVSA name still remains. The oil keeps flowing, although at a steadily decreasing rate. The people left inside, old and new, still retain their spirited hubris. It comes with the territory. But the life force of the organization has been irretrievably lost. Today, PDVSA is little more than a political tool in the hands of the shrewdest political operator Venezuela has ever known, and a blunt instrument with regard to the future of the Venezuelan oil industry.

After more than 80 years of oil industry, Venezuela has not yet discovered how to live harmoniously with it. From unrestricted private participation to unbridled state intervention, we have not managed to grow beyond the primitive stages of rent-seeking behavior. Sooner or later, the state-owned enterprises are bound to fail, either through inefficiency or as victims of political expediency. PDVSA will not be an exception.

The company is like a wounded giant, dizzy and without a sense of direction, running around in circles. It appears to be incapable of moving forward under this or any other government. Sadly, it doen’t seem that the story will have a happy ending. The state has proven to be an incompetent manager of the oil resource. Venezuela has to start thinking anew, while there is still time left for its oil.