Sunday, December 22, 2013

Memorias Navideñas

Memorias Navideñas

"La larga noche dará paso al nuevo día,
los fantasmas se desvanecerán con la luz del sol invicto,
develando el camino de  la esperanza hecha realidad."



Hace ya mucho tiempo, más del que me gustaría reconocer, las navidades de mi infancia transcurrían ingenuas, llenas de ilusiones y sueños, que hoy en mi memoria son como postales de otro tiempo y espacio.

Noches gaiteras, cuando en Maracaibo, y de Villancicos cuando en Caracas, acompañando a la Tía Carmen Julia y sus amigas de la Juventud Católica, en un trashumar de casa en casa. Arbolitos de navidad en la americanizada Maracaibo, y de nacimientos en la todavía muy venezolana Caracas.

Mi abuelo, Luis Julio, ponía en su casa en Caracas un espectacular nacimiento, al menos a mis ojos así era. Todavía puedo ver el cielo de Belén hecho de papel azul recubriendo la pared de la sala que había sido vaciada de muebles para las fechas, incluyendo el gran espejo donde se reflejaba el lienzo con el retrato de Cristobal Mendoza. Las colinas del nacimiento eran hechas de cajas de diferentes alturas, cubiertas de papel de bolsa y con musgo para esconder los cables de la instalación eléctrica que lo iluminaba de noche. 

Si mi memoria no me falla, las figuras de tan elaborada construcción cambiaban durante el mes de navidad: no era hasta la nochebuena que aparecía el ángel sobre el pesebre, el niño aparecía esa noche a la medianoche en su cuna, los pastores empezaban a adorar el día de navidad. Los Reyes Magos comenzaban poco después de navidad a cabalgar sus camellos desde el horizonte oriental, para acercarse al pesebre el día de Reyes, desmontando sus bestias y sus ofrendas de oro, mirra e incienso.

Y si eso les suena elaborado, era nada comparado con el Nacimiento del Hogar San Juan de Dios, a solo una cuadra de Palmasola, que así se llamaba la casa de Luis Julio; mis ojos infantiles recuerdan ese nacimiento como gigantesco. Esta obra de arte era majestuosa, ocupaba la esquina de Sabana Grande con la 2da Avenida Las Delicias, la gente hacía largas colas para verlo. Tenía efectos de luz que simulaban el día y noche, y el momento cumbre era la aparición en el firmamento de la estrella de Belén, con todo y su estela. A semejanza de las escenas de natividad europeas era mas que un adorno, contaba la historia del nacimiento de Jesús.

Los regalos, o mejor dicho el regalo de navidad, aparecía como por arte de magia al pie del nacimiento la mañana de navidad, del Niño Jesús para Luis Augusto. No se cuantas navidades pasamos con mis abuelos,en Caracas probablemente muy pocas, pero son un recuerdo indeleble que brillan a través de la bruma de la memoria.

Aura, mi Mamá, siempre hizo de las navidades un momento especial en Maracaibo. Siempre se esforzó por darnos algo que recordar. La casa, casa de petrolero, era una casa de arbolito de navidad. La modernidad llegó con el primer arbolito artificial: aluminio plateado, iluminado con un reflector que tenía un filtro de colores que rotaba de amarillo a rojo, a azul, a verde en un lazo infinito. No era buena idea ponerle luces al árbol de metal, una vez lo hicimos y casi nos electrocutamos. Mi padrino/abuelo, Heinrich Magmer (Enrique), era el encargado de poner el árbol, y yo, siempre aspirante a que me notara, ayudaba con voluntad.

Con el correr de los años, y mientras estuviera en casa, yo tomé la labor de poner las luces al árbol y mi Mamá de adornarlo; esta rutina se ha trasladado a mi hogar, como si de una tradición navideña se tratara.

Los regalos mas apetecidos en esas navidades maracuchas eran los de la Juguetería Roger's en la calle 72. Caminar en los pasillos de ese reino de delicias infantiles era uno de los mayores placeres que deparaba Maracaibo para un niño, en especial en época navideña, aunque rara vez uno obtenía lo que deseaba. El Niño Jesús empezaba a transmutarse en Santa Claus, en esa Maracaibo extraña mezcla de gaitas de protesta y de tradiciones norteamericanas traídas por el petróleo.

Siempre quise ser gaitero, que junto con ser pelotero, era la aspiración de cualquier maracucho que se preciara. Mi hermano Emilio, con quien compartí cuarto hasta que mi hermano mayor, Federico, dejó la casa para ir a la Universidad, era un consumado tamborero, o al menos así me lo parecía y quería emularlo. Un diciembre decidí que iba a aprender a tocar la charrasca, que se me antojaba como el instrumento más fácil de tocar; el ritmo de gaita en el cuatro siempre me fue difícil de dominar. Así las cosas le pedí a mi Padrino Enrique que me hiciera una charrasca, el tener el instrumento, pensaba yo, me garantizaría un puesto en el conjunto del colegio. 

Enrique, con eficiencia germana, agarró un tubo de bronce, y usando las maquinas herramientas de la Cervecería Zulia, donde trabajaba, produjo una charrasca de muescas perfectamente alineadas, y mejorando el diseño original le añadió un bastoncito finamente torneado, también de bronce, para arrancarle sonido. El sonido de esa charrasca era celestial, era como oír las campanas de la Catedral De Colonia, brillante, agresiva. Pero nunca pude cumplir mi sueño, el primer ensayo con el conjunto fue un estruendoso fracaso. La charrasca sonaba tan duro que no dejaba oír ningún otro instrumento, lo que la hacía inútil, la gaita no estaba lista para la eficiencia teutona. Enrique nunca lo supo, estaba muy orgulloso de su charrasca "alemana", y yo nunca quise decepcionarlo.

Otra Nochebuena se acerca, seguida de una nueva navidad. Los recuerdo de esas navidades iluminan las de hoy, diferentes, pues ahora somos nosotros los que con suerte construimos memorias para otros, eslabones al fin de la cadena que une una generación a otra.

Para muchos de nosotros, dentro y fuera de Venezuela, las navidades pudieran parecer épocas melancólicas y tristes, pero me resisto a ello. Si no hemos de ver la cruz del Avila o el nacimiento en la Plaza de la República, pues ese es el destino; lo sustituyo en mi caso por el Cerro de Monserrate y Usaquen. No derramemos lágrimas, alegrémonos de la oportunidades que la vida nos da de vivir. En esta navidad acumulemos nuevos recuerdos, el pasado es un país extranjero, el futuro está por ser conquistado. Recordemos a los que se fueron, vivamos por nosotros y por ellos.

A mis amigos de ese país imaginario llamado Petrolia y sus familias, donde quiera que estén, les envío un abrazo fraternal. La larga noche dará paso al nuevo día, los fantasmas se desvanecerán con la luz del sol invicto, develando el camino de  la esperanza hecha realidad.













Saturday, December 21, 2013

Energía, Libertad y Bienestar

Energía, Libertad y Bienestar
“La repetición constante de la letanía y las exageraciones ambientales que a menudo se oyen, tienen muy serias consecuencias. Nos atemorizan y hace mas probable que usemos nuestros recursos y enfoquemos nuestra atención en resolver problemas fantasmas, mientras que ignoramos los verdaderos y perentorios problemas” Bjorn Lomborg
En un día cualquiera alrededor del globo terráqueo, más de 200 mil personas migran de de las zonas rurales a zonas urbanas, eso es alrededor de 1,5 millones de personas por semana, 70 millones de seres humanos al año, y si hacemos las matemáticas eso es alrededor 130 personas por minuto. Estas multitudes terminan invadiendo terrenos baldíos y construyendo comunidades ilegales alrededor de las ciudades “formales”, con poco o ningún acceso a los servicios que la sociedad moderna considera como la base de un bienestar mínimo: agua, electricidad, comunicación. Hoy día más de mil millones de personas, 1/6 de la población mundial vive en estas condiciones.
Si estas tendencias fuesen a continuar, en el año 2030 más de 2.000 millones  de personas en el mundo estarían viviendo en estas mega-comunidades, casi 25% de la población. Estas comunidades son lo que Robert Neuwirth llama en su libro “Las ciudades en la Sombra”[1], las ciudades del futuro. Estas comunidades estimulan la entropía social, es decir el grado de desorden de la comunidad organizada a su alrededor, en una búsqueda legítima de  libertad, representación política y en última instancia bienestar personal.
El vínculo entre el desarrollo económico y la intensidad energética es complejo y muy dinámico y depende de la etapa de desarrollo que se analice y de la nación que se trate. Sin embargo, uno puede concluir con cierta certidumbre que el nivel de desarrollo económico de las sociedades humanas es una función directa de su tasa de uso de energía.
La calidad de vida es también un concepto complejo y significa diferentes cosas para diferentes sociedades o grupos sociales. Sin embargo, uno pudiera proponer que el acceso a servicios médicos y nutricionales como vía hacia una larga expectativa de vida, al igual que el acceso a una buena educación y el ejercicio de libertades individuales, es parte del consenso global de lo que es el bienestar del ser humano.
Es de esperar entonces, que el surgimiento de estas ciudades informales, no solo contribuya al aumento en el consumo de la energía, sino que también contribuyan al aumento en la ineficiencia del uso de las fuente de energías tradicionales.
Algo más difícil de establecer es el vínculo entre el consumo de energía y los arreglos políticos que garantizan el disfrute de lo que hoy conocemos como los derechos humanos. Esto no es de sorprender, ya que las libertades individuales fundamentales, así como las instituciones de participación democrática, fueron codificadas por nuestros ancestros muchas generaciones antes de la emergencia del uso intensivo de la energía.
De hecho, un análisis de la data muestra que la vinculación entre derechos políticos e intensidad energética es débil, tal como la situación en los principales países productores de energía ejemplifica.
El mundo sigue tratando de buscar un equilibrio sostenible entre tres fuerzas que no son necesariamente complementarias: la disponibilidad de los recursos de energía adecuados; la búsqueda de precios para esos recurso; y  el daño ambiental causado por el exceso consumo de esos recursos.
Dependiendo del punto de vista,  la consecución de este equilibrio se percibe con diferentes grados de urgencia. Las alarmas que se oyen de diferentes actores, son el anverso de la demanda creciente por energía y el consiguiente bienestar que las “multitudes” ya descritas, consideran su derecho inalienable. Esta es una discusión compleja no solo porque no tiene una solución única, sino porque su dinámica hace que el objetivo este en continuo movimiento.
En este contexto, y desde la publicación del primer estudio del Club de Roma en 1972: “Los Límites de Crecimiento”, se ha tratado de establecer la discusión de estos temas dentro de dos conceptos que a primera luces lucen complementarios, pero que un análisis mas crítico los muestra contradictorios: el concepto de recursos finitos y de desarrollo sustentable.
Los recursos o son finitos o no lo son. Si lo son, la única manera de asegurar de que duraran para siempre es no usarlos más, con el efecto negativo que esto tendría en el desarrollo económico de la sociedad humana. No es solo que debemos parar el crecimiento, sino que para evitar el agotamiento de recursos finitos deberíamos reducir el consumo a cantidades infinitesimales. Por supuesto, ni los más fanáticos propulsores de la sustentabilidad estarían dispuestos a ir tan lejos, y en su intimidad aceptan que la humanidad encontrará maneras de balancear la demanda y la oferta de recursos.
Por otro lado, hay aquellos que piensan que tal discusión es banal, ya que para propósitos prácticos el concepto de recursos finitos es falaz desde el punto de vista de la cadena económica de producción, y aún si fuese aplicable la humanidad encontraría maneras de sobrevivir sin algún recurso en particular. Además, muchas veces esta discusión sobre la finitud de los recursos se hace a espaldas de las señales de precio que deben acompañar, por necesidad ,la búsqueda de soluciones a esa escasez, cierta o no.
El concepto de sustentabilidad es aún más controversial. Wilfred Beckerman[2] apunta que mantener el ambiente tal como se encuentra hoy sería una acción inmoral, dado el agudo estado de pobreza y de degradación ambiental en el cual una gran parte de la población vive. Más aún, el mismo autor argumenta que si el objetivo es mantener el desarrollo de hoy salvaguardando las necesidades de las generaciones futuras, no es posible determinar de una manera clara y robusta ni el sacrificio necesario de las generaciones presentes, ni la necesidades de las generaciones futuras.
El grupo del Consenso de Copenhagen[3]ha jerarquizado los mayores problemas que debe enfrentar la humanidad y ha llegado a la conclusión de que el principal problema es la lucha contra la desnutrición y la falta de educación, mientras que el problema del cambio climático ocupa el lugar 6 . Uno puede preguntarse retóricamente en este contexto: ¿cuantas hectáreas de bosques hubiese estado dispuesto a sacrificar la sociedad medieval para sobrevivir la peste que decimó la población de Europa?
Esto nos lleva de vuelta a la cuestión de las poblaciones emergentes y como establecer las oportunidades para que la sociedad pueda satisfacer sus necesidades de calidad de vida tanto física como espiritual, cuando la persecución de ese objetivo no puede ser divorciado de el uso de cada vez más energía.
Hubert and Mills[4]han argumentado que lo que la mayoría de nosotros piensa sobre el suministro de energía está equivocado. Los suministros de energía son infinitos, es el orden energético el que es escaso, y ese orden es costoso de conseguir. El suministro de energía está solo determinado por cuan inteligentemente podemos imponer lógica y orden a las montañas y catacumbas de energía que nos rodean.
¿Pero es esto posible en un mundo donde los intereses políticos de los actores conducen a restricción en la oferta de las fuentes tradicionales de energía, y las demandas insatisfechas de las poblaciones se traducen en movimientos políticos cada vez menos ortodoxos, vinculados por la globalización que paradójicamente procura el uso ordenado de la energía.
En este sentido, la convergencia de las fuerzas de mercado, ambientalismo e innovación tecnológica, present la oportunidad de una nueva síntesis hacia delante. Las poblaciones emergentes de las ciudades del futuro son la fuerza, que junto a la economía establecida, mueve el mercado de la energía hacia nuevos horizontes. No el horizonte de la búsqueda de la utopía agraria de los intelectuales luditas, sino el horizonte del uso de la tecnología como herramienta de liberación individual y grupal.
Tal como el desarrollo del comercio informal en todo el mundo revela, las poblaciones del mundo no están esperando sentadas por la ayuda de los llamados países desarrollados o esperando por la caridad de los capitostes locales. Estas poblaciones demandan energía, orden, pero sobre todo libertad de aspirar a la modernidad; y estas fuerzas, en conjunción con las fuerzas de mercado y tecnología, están estructurando una revolución silenciosa que soslayará con toda seguridad a los guardianes de la ortodoxia política.
Estas poblaciones demandan el mas viejo de los ideales humanos: la libertad de decidir por si mismos como combinar los recursos de la naturaleza y su talento para lograr su bienestar y el de los suyos. Esta es una fuerza casi irresistible, y la interconexión que hoy se hace posible a través de las tecnologías de comunicación modernas hace que tal sueño sea posible, mas temprano que tarde. Los intentos de gobierno individuales o de organizaciones multinacionales de tratar de restringir o dirigir la libertad económica del individuo han resultado ser catastróficos, y en última instancia una pérdida de oportunidad inconmensurable
¿Quien suplirá la energía que hará posible ese futuro? Es difícil de extrapolar, pero seguramente será una sorpresa para los incumbentes, que hoy se solazan en su preeminencia dentro de una ciudadela que los aísla del tumulto de la revolución tecnológica y económica emergente.

[4]The Bottomless Well: The Twilight of Fuel, the Virtue of Waste, and Why We Will Never Run Out of Energy by Peter W. Huber and Mark P. Mills

Este artículo fue escrito en 2007 para la revista de la CANTV. Lo he actualizado para publicarlo en mi BLOG. Son ideas que aún utilizo  en mi seminario sobre energía en el programa de UNIANDES e IESA.

Saturday, December 14, 2013

pdvsa - 11 años después.


Ha sido un año complicado tanto en lo personal como en lo público. La desaparición de Hugo Chávez abrió una pequeña rendija por la cuál se coló un hilo de esperanza. Muchos de nosotros llegamos a pensar que su muerte era una oportunidad de empezar a reparar la destrucción del tejido social que tan hábilmente el difunto había usado como la base principal de su movimiento político, y que Venezuela podía, aunque fuera solo de manera tímida, entrar en el siglo XXI sin las cargas de odio que el teniente coronel había cosechado y vuelto a sembrar.

Esto, sin embargo, ha resultado ser una esperanza vana, por ahora. Los herederos políticos del teniente coronel, con poca o casi ninguna imaginación, y algunos dicen  que bajo los designios de los hermanos Castro, decidieron que su mejor opción era seguir construyendo sobre el muro de resentimiento que les rodea y aisla, y que les impide pensar en otra cosa que no sea su ideología divisionista y empobrecedora, empaquetada como gesta revolucionaria.

Venezuela se sigue deslizando hacia un barranco de creciente pobreza y atraso, donde los pobres se hacen cada vez más dependientes de las dádivas del estado, los ricos, nuevos y viejos, se hacen cada vez más ricos bajo el paraguas de corrupción generalizada de las instituciones, y la clase media asiste impotente a la destrucción de su modo de vida, sin una aparente salida.

En lo personal, el cínico de Rafael Ramirez continuó su persecución de los antiguos empleados de PDVSA. Este diciembre, en el aniversario del paro cívico del 2002,  Ramírez y la nueva pdvsa volvieron otra vez sobre el trillado cuento del sabotaje petrolero y las pérdidas milmillonarias, que la historia demostrará fueron más consecuencia de las acciones e indolencia de Alí Rodriguez y sus aliados, entre ellos el mismo Ramírez, que de ningún acto concertado de empleados petroleros.

El mito del "paro petrolero" es mantenido tanto por propios como extraños, a unos les interesa recubrirse con un manto de superficial heroicidad que no les corresponde, y a otros camuflar sus responsabilidades políticas por los hechos del paro cívico. Hoy, 11 años más tarde, sigo sosteniendo que la mayoría de los empleados petroleros despedidos, y los hoy perseguidos, no son más que víctimas de conveniencia en una "historia oficial" acomodaticia, mientras que los responsables de la destrucción de PDVSA usufructúan las mieles del poder y la corrupción sin límites.

Es frustrante observar como los forajidos que hoy se erigen sobre una industria petrolera en declive, se jactan de sus fechorías, y hasta se atreven a pasar juicio sobre los que los precedimos; y que hay gente, aún en la oposición, que también se regodea en ello, reforzando esa la más extraña de las paradojas: un país petrolero que no entiende ni trata de entender el petróleo más allá de la renta.

En medio de este paisaje desolador, millones de venezolanos se levantan todos los días a tratar de cambiar el destino de servidumbre que el gobierno militar  parece haber diseñado para ellos. Sin más recursos que su integridad, principios y deseos de cambio, los venezolanos de valía luchan contra la adversidad que los ahoga. Ese espíritu indoblegable es lo que todavía mantiene viva la esperanza en una Venezuela diferente al marasmo del chavismo y sus herederos. 

Pero termino el año seguro de que esto también pasará; quizás cuando pase sea ya tarde para volver al terruño, pero me contento en la idea de que mis hijas volverán con la frente en alto, mientras que los hijos de la revolución buscarán en vano las razones para las acciones de sus padres.