Monday, January 11, 2016

Historia de una Fábula



A mediados de 1996, estando todavía PDVSA organizada bajo el modelo de filiales verticalmente integradas, fui asignado para ser Sub-Gerente General de la División de Operaciones de Producción de Maraven (DOP), con sede en Lagunillas/Maracaibo. Una envidiable oportunidad que me daba la organización, y que tomé a pesar de las dificultades que ello implicaba, ya que me permitía acercarme a la parte operacional de la empresa desde una perspectiva única.

Familiarmente, sin embargo, fueron unos tiempos difíciles, ya que mi hija mayor, Anabella, tendría un poco más de un año, y Emiliana, mi hija menor, apenas estaba en el período de gestación, y mi ida a Lagunillas implicó una separación en distancia que no fue fácil de sobrellevar.

Les cuento todo esto para poner en contexto la narración que aquí les comparto. En esas noches de campo petrolero, que se hacen largas cuando uno no es parte de la cultura etílica con la que mitiga la soledad, mucho es lo que piensa uno. Durante una de esas noches me dio por tratar de escribir algo que combinara esa ausencia de familia que sentía, con las realidades que veía de un modelo de industria petrolera que daba señales de agotamiento.

Es así como surgen las líneas que siguen, que fueron publicadas en la revista Tópicos en su edición 657, de diciembre de 1996, y que hoy, veinte años más tarde, me vinieron a la mente leyendo un ensayo de Gustavo Coronel sobre los cuarenta años de PDVSA (http://lasarmasdecoronel.blogspot.com.co/2016/01/40-years-of-petroleos-de-venezuela-my.html) y la discusión que ha originado. 

La historia que sigue es el resultado de "escanear" la revista, y conserva el texto original tal como fue publicado, a excepción de ciertos errores de sintaxis que he identificado y corregido. No he corregido la estructura de la narrativa, que hoy veinte años más tarde se me antoja como imperfecta, para mantener el espíritu y forma original. 





Anabella abrió sus ojos tan pronto como escuchó el ruido en la calle, se levantó lentamente de la cama, y estirando los brazos para sacudirse la modorra matutina se acercó a la ventana, dejando que la luz del sol la abrazara con intensi­dad. Eran las 6:30 de la mañana. Anabella tendría que en­frentar la tarea de revisar los archivos de su padre, tratan­do de reconstruir los acontecimientos que habían llevado a la crisis por la cual atravesaba la hacienda familiar.

Anabella y su hermana Emiliana, eran la cuarta generación de una familia que había crecido a la sombra de una hacienda que, habiendo comenzado modestamente y crecido hasta ser una de las más grandes del continente, se había deteriorado inexpli­cablemente durante el tiempo de su padre, hasta convertirse sólo en una sombra de lo que fue en su época más brillante.

El trabajo que Anabella se ha­bía asignado a si misma le generaba sen­timientos ambiguos. Por un lado el reconstruir el pasado la acercaba un poco más a ese padre que poco había cono­cido y que mucho extrañaba. Por el otro, desenmarañar la compleja, pero, en retrospectiva, obvia madeja de acciones y omisiones de la gene­ración de su padre, de al­guna manera la entris­tecía. No es nada fácil ser historiador cuando la historia es acerca de uno mismo. 

Sin embar­go, Anabella estaba dispuesta a concluir lo que había empezado. Quizás nunca podría descubrir toda la verdad, aunque ya había llegado a la conclusión de que había varias verdades escondidas en los hechos, pero al menos el presente y por lo tanto las posibilidades del futuro habrían dejado atrás las sombras que los acosaban.

Hoy, Anabella se sentó de nuevo de cara a su Explorador, desde donde podía tener acceso a los archivos que su padre había coleccionado o escrito acerca de los acontecimientos de fi­nales de la centuria automotor. Después de identificarse por medio de su huella vocal, Anabella reemprendió la emocio­nante  y a veces angustiosa tarea de entender el pasado...


“...Oleo cerró el consejo de familia resumiendo lo acordado y tratando de asegurarse de que todos los miembros estu­viesen claros acerca de lo que había que hacer y su impor­tancia. La reunión había sido más tensa que de costumbre y los desacuerdos silenciosos habían hecho más ruido que las voces de asentimiento. Por motivos que Oleo trataba de ignorar, los asuntos importantes ya no eran discutidos públicamente. En particular, sus tres hijos mayores se cuidaban mucho de disentir en público sobre lo que ellos consideraban eran sus deseos, no importa cuan en desacuerdo estuviesen con los objetivos o los métodos propuestos. Casi sin proponérselo, Oleo había anulado la atmósfera de discusión necesaria para que se ventilaran con claridad los problemas, el incentivo había dejado de ser el anhelo juvenil de crecer, aprender y cons­truir el futuro de la familia juntos, y había pasado a ser la lucha por la sucesión al frente de la familia"

        "....Oleo no sólo había oído las recomenda­ciones que su hijo menor le había hecho producto de un análisis de la situación, sino que las había hecho suyas. Su instinto le decía que aunque no todas las piezas encajasen perfectamente los cam­bios de piel eran saludables. Augusto, el menor, su­gería que, a pesar del aparente bienes­tar con que se per­cibía la actividad de la hacienda, se po­dían ya detectar indi­cios que apuntaban a que la salud a largo pla­zo del negocio, y por lo tanto de la familia, de­pendía de que se empezaran a tomar acciones que cambiasen drásticamente la manera tradicional como se habían venido haciendo las cosas..." 

"...claro que todos sabemos que las cosas están cam­biando. Por supuesto que la familia ha crecido y la com­plejidad de la hacienda se ha incrementado. Sin embargo, los precios se mantienen altos y, hoy como ayer, éste sigue siendo un muy buen negocio. Yo no sé por qué papá se em­peña en hacerle caso a Augusto, ese imberbe no es más que un seguidor de las perecederas modas de las que oye hablar en la INTERNET. No tengo tiempo para todo esto, alguien tiene que producir. Pero no hagamos mucho ruido, oponerse públicamente a los ‘cambios’ es obviamente una mala estrategia. Aunque yo sé como manejar esto mejor que nadie, ya que lo llevo haciendo por más de 20 años, hay que complacer al viejo..., ya pasará".

Anabella detuvo su actividad por un instante, las palabras e imágenes se agolpaban en su mente. Como todos los días, se pre­guntaba a sí misma por cual razón lo que su padre y abuelo habían visto, y que a través del cristal del tiempo se veía tan lógico y razonable, había sido imposible de entender para los otros miembros de la familia. Quizás, y esto era sólo una especu­lación de su parte, el éxito del pasado fue un peso demasiado grande so­bre los hombros de la familia y le impidió levantar la vista y mirar más allá del horizonte. Esto, sin embargo, no fue por falta de señales. Los medios de la época, a los cuales Anabella también podía acceder a través de su Explorador, daban una amplia cobertura de un entorno que cambiaba aceleradamente. La frase “fin de siecle” se escucha con bastante frecuencia.

Al final de cada día Anabella tenía que resistir la tentación natural de buscar a los “buenos” y los “malos” en la historia; encontrar un culpable era muy fácil, pero sin sentido. Quería entender por qué el resto de la familia no sólo no compartió la necesi­dad de los cambios, sino que los resistió pasivamente.

           Anabella había leído suficiente historia para saber que lo ocurrido no era mas que una reposición de una vieja fábula, la eterna lucha entre los que piensan que cambiar es la única manera de progresar y aquellos que ven en esos cambios el peligro de perder el terreno ganado en la lucha precedente.


“...hoy creo que estoy dispuesto a tirar la toalla. No creo que pueda seguir dándome golpes contra las paredes. Por más que sigo insistiendo en que las ideas de Oleo son las correctas: cambiar los viejos esquemas, adaptarnos a la creciente y a veces no tan obvia competencia, deshacernos del lastre acumulado durante los años de crecimiento de­sordenado. Pareciera que su temprana partida me ha quitado el aliento y el incentivo de mis hermanos a oírme... si sólo pudiera hacerles ver que no tienen nada que perder y mucho que ganar”.

“...sin embargo, los bárbaros están a las puertas de Roma...”

“...no sé por qué Augusto insiste en hacer ruido. La cri­sis ya pasó. La tan mentada competencia no se está mate­rializando. Por supuesto que nos está costando más pro­ducir lo mismo, pero los precios siguen altos. Los cambios que él introdujo no dieron los frutos esperados, aunque dice que fue porque no lo apoyamos. Ahora que Oleo ya no está ¿no podemos relajamos un poco y continuar con el trabajo...?”

“...la verdad es que Augusto se ha convertido en una piedra en el zapato, se creía el dueño de la razón y siempre nos estaba abrumando con ese exceso de palabras de más de tres sílabas que sacaba quién sabe de dónde, perdiendo el tiempo leyendo libros e inventando ‘y que nuevas ma­neras de trabajar’ mientras nosotros nos partíamos el lo­mo trabajando de verdad...”

Anabella reconocía un patrón muy familiar: no importa si la razón está de tu parte, si no puedes convencer a los demás de ello. Más aún, insistir en que uno tiene la razón es una re­ceta eficaz para que los demás te la nieguen; sobre todo si al aceptar tu verdad su viejo mundo se ve amenazado. Sin duda el hecho de que Augusto no hubiese podido convencer a sus hermanos, y que los alienara con su afición a pontificar so­bre las nuevas ideas, era un componente importante de la historia que Anabella estaba tratando de entender. Los que debieron haber sido los aliados naturales se convirtieron en obstáculos.

Apartando sus ojos lejos del visor de su Explorador, Anabella dejó que su memoria se trasladara a su niñez y recordó como su padre siempre argumentaba con vehemen­cia y, excitado por sus propios argumentos, avasallaba inexo­rable al contrincante. No era difícil imaginárselo satisfecho con su vehemencia pero frustrado al ver como sus “inobjeta­bles'' argumentos eran ignorados.


"...las primeras hectáreas de terreno de la hacienda fueron hoy subastadas públicamente para cumplir con las obligaciones que se habían contraído durante el corto período de abundancia de principio de la década... los nuevos dueños (nuestros vecinos de toda la vida y anti­guos socios) no escondieron su intención de continuar ex­pandiéndose en nuestra dirección...”

Anabella, muy a su pesar, no pudo evitar perder su obje­tividad al leer los siguientes archivos, donde se detallaba la lenta pero inexorable materialización de lo que Oleo había temido y que junto a Augusto había tratado de prevenir sin mucho éxito. La vieja hacienda había sido víctima de su pro­pio éxito y de no poder entender que los cambios, a pesar del temor que inevitablemente generan, son la única semilla del árbol del futuro.


“...si sólo hubiese sido capaz de montar a los demás en el mismo bote, teníamos las ideas correctas y no las supe vender, ojalá que todavía estemos a tiempo, mi oportu­nidad ya está pasando. Atrás vienen Anabella y sus pri­mos, ellos pelearán las nuevas batallas, sus propias batallas...”


Anabella se desconectó de su Explorador y después de sus­pirar muy fuerte se dispuso a ir al almuerzo semanal con su hermana Emiliana. Tenía mucho que contarle, aún faltaba por investigar pero ya podía decir con certeza que todas las piezas para construir un destino diferente habían existido. Es un lugar común de la historia que sólo quienes propulsan los cambios cuando no parecieran necesarios sobreviven para ser testigos de la siguiente ola. Emiliana era aún lo su­ficientemente joven como para no tenerle miedo al cambio y lo suficientemente madura para aprender de la fábula que Anabella estaba tratando de desenmarañar. Ellas tenían un presente para vivir y un futuro por construir.

   

Tuesday, September 15, 2015

LA MALA RACHA - Una historia de la Venezuela de Hoy

Debo reconocer que cuando  Fernando Martinez Mottola empezó a promover su novela* por los medios sociales, con una intensidad poco común, me llené de curiosidad por conocer de que podría escribir este connotado miembro de la tecnocracia criolla, en estos tiempos de crisis profunda de la sociedad venezolana, y en un país donde escribir no es una tarea a la que se abocan con naturalidad los miembros de la clase ingenieril.

Cuando oí que el personaje principal de La Mala Racha, que así se titula la novela, era un tecnócrata de  PDVSA, víctima laboral y política del Paro Cívico del 2002-2003, se me prendieron todas las alarmas: ¿otra visión  revisionista de esos hechos que tocan tan de cerca a muchas heridas no cerradas del todo?

Así que cuando por pura casualidad me tropecé con un ejemplar de "La Mala Racha, sobre el escritorio de alguien en la oficina, tomé la oportunidad que los titiriteros del universo me ofrecían y me apresté a leerlo.

Martinez Mottola escoge al petróleo, y mas relevante aun, a un petrolero, como el centro de su narración. Esta es una decisión interesante, y que pone en sobre aviso al lector. Después de todo, la literatura venezolana siempre ha tratado esta importante faceta de nuestra vida republicana con un sesgo de "leyenda Negra". Desde Mene de Ramón Diaz Sanchez (1936), pasando por Casas Muertas  (1955) de Miguel Otero Silva, hasta la mal entendida obra de Ibsen Martinez  Petroleros Suicidas (2011) el petróleo y los petroleros nunca han salido bien parados

Matías, que así se llama el personaje principal de la novela, es obviamente un compuesto de muchas personas que el autor debe haber conocido a lo largo de los años, y quizás tenga hasta rasgos de el mismo. A ratos se le ven las costuras a este Frankenstein petrolero: de familia de inmigrantes, ingeniero químico dedicado a la exploración y la producción petrolera( ¿?), pero que además es ingeniero de proyectos; excelente profesional y gerente pero que en una década no ha podido ejercer su profesión y se dedica a atender una tienda de electrodomésticos familiar, hasta el momento en que el autor nos lo descubre.

Pero esos son detalles inmateriales, Matias representa a muchos contemporáneos de Martinez Mottola (y míos), y al mismo tiempo representa a todos esos venezolanos que a lomos del petróleo, dentro y fuera de su industria, se labraron un vida familiar y profesional, que el autor sin duda admira, y cuyos ciclos vitales han sido trastocados por la tormenta política que sacude a Venezuela en las ultimas dos décadas.

Matias y su entorno familiar y social son el lienzo que el autor escoge para  trazar los dilemas morales y éticos a los cuales se enfrentan los venezolanos de esta "Venezuela chavista". Pudo haber sido cualquier otro grupo, pero la cercanía al petróleo, a la mina dirían algunos, ilumina la relación ambivalente y hasta destructiva que hemos tenido con "la industria" desde hace ya mas de un siglo, y que muchos piensan es la fuente de nuestros problemas como nación.

Las alusiones al Paro Civico - Petrolero son pocas y presentadas como quien reporta una noticia. Se parecen mucho, aunque no del todo,  a mi memoria personal de esos hechos, y quizás por eso confieso cierto sesgo.  La novela, afortunadamente, no es sobre el paro ni sus causas; el paro es un hito que nos sirve para identificarnos con el tiempo  y la circunstancia que hace que vivamos en la Venezuela disfuncional que nos dejó en herencia el siglo XX.

La disyuntiva de si emigrar o no, los dilemas intrínsecos a tratar de hacerse una vida  en Venezuela sin contaminarse con la corrupción que invade todas las actividades del país, los peligros que se corren al trastocar hasta involuntariamente los designios del poder, lo cotidiano de la inseguridad en las calles, estos y más son los temas con los que Martinez nos enfrenta de una manera hábil y si se quiere hasta antiséptica. No pasa juicio moral, no idealiza a los personajes, nos confronta con un espejo para que veamos nuestros propios lunares.

Debo confesar que a ratos se me encogía el alma con lo que leía. Creia reconocer personajes, actitudes, situaciones. Las dudas y temores de Matías se trastocaban en las míos, aun viviendo, como estoy, fuera de Venezuela.

Crei reconocer en el personaje de la periodista que investiga la corrupción en PDVSA, tantas valientes que a diario se juegan la vida buscando la noticia. Le puse cara a los que armaban el tinglado de corrupción en el que Matías termina enredado ¿quien de nosotros puede decir que hubiera sido inmune a esos cantos de sirena?. Reconocí la lealtad incondicional de sus amigos de la industria.

En fin, me parecía que lo que leía no era ficción, si no una de esas historias que oímos a diario, en un país que tiene cientos de estas historias, solo que esta vez con nombre y apellido.

Fernando Martinez Mottola ha logrado plasmar la tragedia que ha representado, para una parte importante de la clase media venezolana, la revolución bolivariana. Fernando, me atrevo a tutearlo, no pierde su tiempo en describir las causas de la tragedia. Muy correctamente se concentra en las consecuencias en los seres de carne y hueso que viven esa tragedia, y deja para otros el análisis histórico y político.

Al final uno termina teniendo empatía con Matías y su circunstancia, y aunque la novela no nos da respuestas sobre Venezuela y su futuro, dentro de la mala racha que Fernando tan habilmente narra,  logro encontrar un resquicio a través del cual se cuela la esperanza - o será que yo, al igual que Matías, sigo siendo un petrolero ingenuo

* La Mala Racha. Fundavag Ediciones, 2015.



Thursday, January 15, 2015

El Sensei Quirós




En la  metodología de planeación por escenarios, de la cual Alberto Quirós Corradi era un practicante excelso, uno debe empezar por definir cuales son las variables predeterminadas, es decir, aquellas cuyo comportamiento es invariable o conocido, no importa el escenario.

En el caso de Alberto, la variable predeterminada fue su excelencia intelectual y humana en todos los escenarios profesionales e históricos en los cuales le tocó actuar: petrolero, negociador, periodista, político y escritor, entre otros. 

En los andares de la vida uno conoce a mucha gente: gente mala y gente buena, inteligentes y no tanto, cultos e incultos, y de todos uno aprende o al menos tiene la oportunidad de aprender algo. A veces, el hecho de que la persona esté en una posición de poder o jerárquicamente superior nos nubla el juicio y nos hace ver solo lo positivo de esa persona.

Cuando finalmente conocí a Alberto, hacia mediados de lo años noventa, él estaba libre de las investiduras de poder petrolero, lo que me permitió conocerlo y apreciarlo como profesional y persona sin ningún prejuicio asociado a esas charreteras.

Claro, viniendo yo de una familia de petroleros, todos asociados a Shell/Maraven, el nombre de Quirós Corradi me era conocido, así como su reputación y las consejas que acerca de él se tejían, ciertas y fabuladas.

Mi primer encuentro cara a cara con él todavía lo tengo en la memoria. Estaba yo en Bitor (la filial de PDVSA a cargo de la Orimulsión) y me encargaron que atendiera al Dr. Quirós que quería entender el negocio y ver como podía colaborar. A la sazón era Alberto director de Distral Térmica, uno de los socios de Bitor.

Eramos solo él y yo,  y un paquete muy grueso de láminas que en la cultura petrolera son la herramienta comunicacional por excelencia.  Al verlas en mi mano me dijo: "Luisito ¿me vas a someter a la tortura de todas esas láminas? Yo, tratando de ser chistoso le respondí: "imagine Ud. que tortura es para mi que debo contar este cuento todos los días", a lo cual Alberto rápidamente respondió: "Sí, pero a ti te pagan por esa tortura, a mi no. Mejor siéntate y conversemos".

En esa conversación, Alberto no solo me oyó con atención y respeto, si no que también demostró un conocimiento profundo y amplio del negocio de la energía y de la geopolítica que lo acompaña, a pesar que hacía más de una década que no estaba en el negocio.

Alberto fue un hombre de su tiempo y de su ambiente; el epítome de la Venezuela petrolera del siglo XX. Un muchacho de provincia que tomó las oportunidades que la industria del petróleo ofrecía, y que a punto de talento y de trabajo, esas dos cualidades que hoy nos son tan escasas, construyó una vida que no solo lo benefició a él y a su familia, si no también al país.

Alberto era "one of a kind". Un persona de origen humilde, su padre, un inmigrante, tenía una bodega en La Ciega en Maracaibo. Recuerdo haber leído en uno de sus escritos como de niño ayudaba a atender a los comensales en esa pequeña taguara, a donde iba a tomar cerveza Luis Aparicio "El Grande", y donde conoció a Luisito Aparicio (nuestro grande liga), quien sería su amigo de toda la vida.

A pesar de sus orígenes, o quizás motivado por ellos,  Alberto llegó a tener una cultura my amplia, potenciada por una inteligencia y curiosidad fuera de lo común. Ese espectro cultural  le permitía no solo escribir con sagacidad y sutileza, si no también le hacía ver el negocio petrolero y la política con un filtro diferente al de la mayoría de sus coetáneos. Alberto era un "bicho raro": un petrolero letrado. 

Sus artículos en el Nacional, titulados "Bola de Cristal”, eran siempre retadores e interesantes. A través de escenarios, nos regalaba todos los años su visión del futuro y, como buen ex-alumno Shell, trataba de influir los acontecimientos de una manera no tan sutil. Era un amante de la ciencia ficción de la época de oro, afición que dejaba percolar en sus escritos con frecuencia, al citar a Asimov, Bradbury y Clarke - afición que por cierto comparte su amigo Gustavo Coronel

Alberto disfrutaba de la buena vida, de la buena comida, de los buenos vinos y de la buena conversación, tanto dentro como fuera del ámbito de trabajo. Sabía lo que quería y trabajaba para obtenerlo, y lo hacía en su manera muy particular que cultivó en el ambiente de la Shell y Maraven.

Cuando en 1984 lo nombraron presidente de Lagoven, en lo que en ese momento era una obvia cachetada política, y tuvo que abandonar la zona de comfort de lo que había sido hasta ese entonces su vida profesional, lo hizo con el vigor y la personalidad que siempre le imprimió a todo. Su personalidad aparentemente informal era una disonancia en la muy disciplinada y seria Lagoven, pero estoy seguro que uso esa disonancia de una manera positiva. 

La mejor anécdota de esos tiempos (quizás apócrifa), narra que Alberto gustaba de vestir un sweater cardigan mientras estaba en su oficina y además tenía un gato angora blanco que funcionaba como alter ego. El gato, como Alberto, era un iconoclasta, y el cuento dice que merodeaba por el piso de los directores a su mejor saber y entender, y que hasta deambulaba sobre la mesa del directorio mientras este sesionaba, incomodando a los muy serios tecnócratas de Lagoven. Hasta que un día el gato desapareció en condiciones misteriosas...vaya Ud. a saber si esto es cierto.


Fue durante los eventos del 2002 y 2003, del mal llamado paro petrolero,  que llegué a conocer con más profundidad las cualidades humanas y de liderazgo de Alberto. A mi me tocó vivir ese ingrato período muy de cerca, y gracias a la amistad que habíamos construido, Alberto me invitaba a unas reuniones semanales de discusión política que hacía en su oficina en la Av. Francisco de Miranda en Caracas.

En esas reuniones, en una oficina adornada de su memorabilia y de copias de los libros que recopilaban sus artículos, Alberto sostenía audiencia. Rodeado de un verdadero "roster de estrellas" de petroleros de su época en la industria - Pablo Reimpell, Mario Rodriguez, Renato Urdaneta, Arnold Volkenborn, Emilio Abouhamad, Alfredo Gruber, entre los que recuerdo - Alberto indagaba y analizaba la situación y dirigía el debate hacia propuestas de como salir de ese atolladero.

Fue durante esos días que le comenté un capítulo de la autobiografía de Peter Drucker que me parecía muy a propósito de lo que pasaba en Venezuela. En ese capítulo, titulado "El Monstruo y el Cordero", Drucker cuenta sus experiencias de juventud en la Alemania nazi y argumenta que uno no puede entrar en contacto con el Mal o negociar con él, sin terminar contaminado. Alberto agarró la idea y con su fina pluma adaptó la idea,  resultando en un análisis agudo de la situación bajo Chavez; lo que escribió todavía es relevante hoy 

Estar en esas reuniones, de los que me antoje en llamar los venerables- a sus espaldas, era un privilegio, no solo por Alberto, quien era definitivamente el "primus inter pares", si no por experimentar a ese grupo de venezolanos, con todo y sus lunares, que en su edad dorada seguían activos y ocupados de su industria y del  destino del país.

Fue entonces, primero a escondidas  y luego abiertamente,  cuando comencé a llamarlo el Sensei, porque de verdad empecé a verlo como un maestro. No porque se comportara como un catedrático que reparte verdades, si no por que era sin duda un guía en tiempos de locura. Era alguien a quien sus pares oían con interés ,y nosotros sus menores nos aprovechábamos de la sabiduría que generosamente compartía ; aunque muchas veces no estuviéramos de acuerdo con sus opiniones, cosa que el también respetaba y digería sin falsos orgullos.

Alberto tenía claro, quizás mucho antes que la mayoría, que una industria petrolera fuerte era un fusible que protegía la democracia, y que su destrucción era un objetivo prioritario para el gobierno de Chávez. También entendía mejor que nadie, que una industria puramente estatal era perjudicial y fue de los primeros en proponer que los venezolanos fuéramos verdaderos dueños de la industria del como accionistas; en esto fue un pionero.

La última vez que lo vi fue en el funeral de Carlos "Catire" Castillo, su colega y amigo desde los tiempos de Shell;  esa es la naturaleza del inexorable tiempo.

A pesar de su ya muy visible debilidad física, hizo el esfuerzo para ir y despedirse de su amigo Catire;  nos sentamos un buen rato y compartimos anécdotas alrededor de ese común afecto y, como siempre, con esa calidez que le hizo un seductor de amigos y enemigos.


Esta vez la despedida tendrá que ser a distancia. El Sensei Quirós ha partido, pero sus ideas vivirán en sus escritos y en aquellos de nosotros que tuvimos el privilegio de conocerlo. Es un vacío difícil de llenar, pero si queremos reconstruir el país, tendremos que hacerlo; eso es lo menos que el esperaría de nosotros en este escenario.

Friday, December 26, 2014

LA ESTRELLA MÁS CERCANA - Parte 2





Habían transcurrido ya varios meses desde que el viejo profesor de astronomía  desapareciera de su observatorio, en el asteroide  Adventus I, sin más rastro que unas escuetas y crípticas líneas en su cuaderno de observaciones: "Salí a visitar a mi estrella".

En los días siguientes a su misteriosa desaparición, sus colegas habían hecho toda suerte de comentarios. Todos, con la excepción de su fiel estudiante, habían pasado de la inicial sorpresa y preocupación, a la indiferencia con que el tiempo hace que los seres humanos se dejen de interesar en los destinos de los extraños.


Lo cierto era que nadie le encontraba explicación a lo ocurrido, y en el asteroide,  donde no había donde esconderse ni medios de escape, el misterio era insoluble. Sin huellas que seguir, ni evidencia de delito, las autoridades de la universidad solo atinaron a reportar la desaparición y llenar las planillas que la muy burocrática administración había alguna vez diseñado para tales eventos.

Los más avezados aventuraban toda suerte de explicaciones, incluyendo que el profesor había sido víctima de un abducción por alienígenas (mitos atávicos  de esta raza exploradora), o que había encontrado una ventana a otra dimensión (todavía un tema de debate entre los entendidos).

Las  hijas del astrónomo, su única familia conocida, también habían dejado de hacer preguntas, y habían caído, aparentemente, aunque quien podía saberlo de seguro, víctimas de esa melancolía resignada con que el tiempo mitiga la ausencia de los afectos. 


La enorme distancia a la que se encontraban amortiguaba la pena causada por la desaparición, que después de todo había ocurrido para ellas hacía ya mucho tiempo, quizás desde el momento en que el destino había llevado al astrónomo lejos de su lado, a perseguir estrellas al otro lado del universo.

Solo 
AIRAM, la fiel estudiante, todavía perdía el sueño tratando de entender las razones que habían llevado a su viejo profesor a desaparecer de la manera sorpresiva y misteriosa en que lo había hecho; por razones de su relación académica había pasado mucho tiempo hablando con él, aunque ahora se daba cuenta lo poco que sabia de su vida personal.

Muchas veces 
AIRAM había notado como el profesor se ensimismaba, como si escudriñara su alma y no los espacios siderales como era su tendencia natural. Esta propensión a la distracción se la había atribuido a la avanzada edad del profesor, aunque este siempre se mostraba más jovial que sus colegas.


Era solo ahora, después del evento, cuando se arrepentía de su superficialidad. Se arrepentía de no haber hecho las preguntas necesarias, de no haber leído las señales que ahora parecían obvias, de no haberse tomado el tiempo para ser un poco más sensible a lo que ahora le parecían las llamadas silenciosas del profesor.

Pero nunca había habido tiempo para ello. A su edad, y con su ambición, otras eran sus prioridades. Su trabajo era su centro y había asumido que alguien como el profesor también compartía esa dedicación obsesiva con el trabajo y no tenía tiempo que perder en sentimentalismos. El romance y la poesía, había asumido, eran solo veleidades para las cuales no le sobraba el tiempo.

Pero la ausencia del profesor había despertado algo más que la curiosidad por saber de su paradero. A donde había ido el profesor era casi inmaterial. El porqué era lo que la obsesionaba. 


Cuando encontraba tiempo, que no era a menudo pues tenía que terminar su tesis y ahora sin el profesor para guiarla esto se le había complicado, pasaba horas observando a través de su telescopio la última  estrella que el profesor había anotado en su cuaderno de observaciones, una estrella doble que era una rareza en esta esquina del universo. 

Había aprendido a apreciar la belleza de esos cuerpos celestes, como los llamaban los precursores del plante madre, pero no conseguía ninguna explicación.

AIRAM observaba  la estrella como si esperase que de ella surgiera la explicación que buscaba, pero siempre terminaba defraudada  e impaciente, sin respuesta, sin explicación.
Una mañana, o al menos en la porción del tiempo que  arbitrariamente pasa como tal en esta distante esquina del universo, AIRAM empezó a recibir mensajes misteriosos en su terminal. 

Estos mensajes, cuyo remitente firmaba como EP, le conminaban a que insistiera en observar el sector del Universo donde el profesor había descubierto su última estrella antes de desaparecer.

Al principio, AIRAM no le prestó ninguna atención a estos mensajes, los cuales atribuyó al humor perverso de sus colegas estudiantes, que sabían de su obsesión  con el profesor y su estrella, y por más que intentaba descubrir su origen, no podía descubrir de quién provenían. Tampoco quería investigar mucho, suficiente reputación de excentricidad ya tenía como para añadir ahora el recibir mensajes misteriosos.

Pero los mensajes siguieron y se hacían cada vez más insistentes. AIRAM comenzó a notar detalles que empezaron a picar su natural curiosidad. En la esquina superior derecha de los mensajes empezó a identificar una extraña sucesión  de letras que cambiaban con cada mensaje: I-dec (g), II-dec (g), IX-dec (g)….XI-dec (g)…

Al principio pensó que era una clave para identificar al remitente en una suerte de humor negro universitario y se devanó los sesos en un vano intento por descifrarla. Pero los símbolos no le hacían sentido. Luego se  le ocurrió que pudieran ser unas coordenadas, pero no coincidían con ningún sistema que el conociera y una búsqueda en la base de datos del observatorio, a la que accedía a través de su terminal personal, no arrojó nada.

Por otro lado, en la vecindad de la estrella del profesor, de manera inexplicable, una nueva estrella, había emergido. Primero con una luminosidad tenue, pero en aumento notorio.  Un evento que a todas luces  era improbable ¿pero cómo contradecir a los instrumentos que así lo indicaban? No se atrevió a mencionarlo en la facultad. Toda la situación lucía impenetrable y para su mente científica inexplicable.

Los mensajes seguían llegando a su terminal: XIX-dec (g), XX-dec (g)…XXI- dec (g). El patrón de variación era obvio, pero el significado se le escapaba. Si al menos pudiera identificar los caracteres comunes, “dec(g)”, eso seguro la encaminaría. Lo que más le inquietaba era que le parecía reconocer  en estas  notas algunas de las frases que su viejo Profesor usaba para darle instrucciones.

Si, su imaginación empezaba a jugarle trucos, pensó.

Mientras tanto la nueva estrella se hacía cada día más brillante. Ya hasta los otros miembros del observatorio, que poco veían esa parte del espacio, habían comenzado  a notarlo y rumores circulaban de que estaba relacionado con algún extraño fenómeno espacial hasta la fecha desconocido.

XXII – dec (g)…En su desazón decidió, a pesar de su temor a lucir estúpida ante sus colegas, buscar ayuda para interpretar lo que estaba pasando. Buscó al profesor Gabriel, quién era lo más cercano a un amigo que su profesor había tenido, y que después de la desaparición se había limitado a encoger sus hombros  cuando se le preguntaba por el paradero del profesor, o las razones de  su desaparición.

XXIII – dec (g)…le hizo un recuento al Prof. Gabriel de todo: su continua obsesión con la desaparición de su profesor, las notas que recibía y su misteriosa codificación, la creciente luminosidad de la nueva estrella, en fin todo lo que le preocupaba. Quizás Gabriel no tendría respuestas, pero compartirlo  hacía  la carga más liviana.

El Prof. Gabriel la oyó con paciencia.  Contrario a los temores de AIRAM,  ni se burló de ella,  ni la remitió a la enfermería para ponerla bajo observación.   Por el contrario, tomó las notas impresas que AIRAM le había traído  y las estudió con detenimiento…luego de unos minutos se sonrió  como quién se ríe de un chiste privado y dijo tajantemente: “Mateo 2:10”.

AIRAM lo miró perplejo. ¿Qué quiere decir eso? No entiendo nada. El profesor Gabriel lo miró con compasión y le replicó: “¿sabías que tu viejo profesor tenía como hobby la historia  antigua del planeta madre, pre éxodo?”

Con esas palabras el Prof. Gabriel se replegó a su terminal y dio la conversación por terminada. AIRAM se levantó y regresó a su cubículo, más confundido que antes y habiendo perdido toda esperanza de entender la desaparición del profesor o los eventos posteriores. Con esa frustración se acostó y trató de dormir.

Pero no le fue posible conciliar el sueño.  Se levantó y enfrentó su terminal con las claves que el Prof. Gabriel le había dado.  Le recitó a la pantalla la nueva información y le pidió que hiciera nuevas asociaciones. A AIRAM le pareció que tomaba una eternidad, lo que en verdad solo tomó unas fracciones de segundo. En la  pantalla, la respuesta ahora se le aparecía obvia. En ese momento el terminal recibió otra nota, en la esquina superior derecha las siglas ahora leían XXIV – dec (g).

AIRAM salió corriendo, casi era la hora que la nota anunciaba. Abrió las puertas del observatorio con un fuerte golpe y se sentó enfrente del terminal a observar el universo en la dirección que hace unos meses el Astrónomo había descubierto su nueva estrella la noche de su desaparición... 

AIRAM miraba boquiabierta, la estrella que recién le hacía compañía al sistema Alfa Centauro se convertía en un astro fulgurante delante de sus propios ojos… en el escritorio yacía la impresión del resultado de la búsqueda que su terminal había hecho con la información del Prof. Gabriel...


Mateo 2: escrito antiguo que relata la venida de niño con poderes especiales… la tradición ya olvidada habla de un nacimiento en el día conocido como 25 de diciembre, del calendario gregoriano (referencia fuera del rango de asociación de los datos existentes… imperio romano – no hay referencias conocidas…

2:7 Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella;
2:8 y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.
2:9 Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.
2:10 Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.
2:11 Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.”


AIRAM no pudo contener sus lágrimas ante la belleza del espectáculo que observaba. A la estrella gemela del profesor se le había unido una nueva como rotando enamorada alrededor del sistema que había descubierto el profesor. Era casi como si un nuevo sol iluminara, si tal cosa fuese posible, al asteroide Adventus I. 

En ese momento el terminal anunció el arribo de una nuevo mensaje.



XXV – decembris

"finalmente, la estrella” - EP









HORMUZ, FROM A STRAIT TO A TUNNEL

  El Taladro Azul M. Juan Szabo [1] y Luis A. Pacheco [2] Published  Originally in Spanish in    LA GRAN ALDEA       The energy market situa...