“Destruido ya el pasado, no cesamosde intentar reconstruirlo, igual que un caserón.Pero hoy allí no vive nadie.No queda ni siquiera la liturgiaque hay de madrugada en la autopista." Joan Margarit
The name of this blog is my humble tribute to my father, Federico A. Pacheco Soublette, an irreverent and talented journalist. "El Recadero Municipal" (The Municipal Messenger) was the name of his daily column in the newspaper El Nacional at the time of his death. No topic was too small or too important to escape his incisive pen.
Monday, March 01, 2021
El Espejismo de la Memoria - Publicado en la Gran Aldea. Febrero 25, 2021
Tuesday, December 22, 2020
Canción de Navidad - Publicado en la Gran Aldea el 20/12/2020
Con mis excusas a Charles Dickens.
“He intentado en este librito fantasmal, levantar una idea fantasmal, que no les quitará a los lectores de su estado mental, del trato el uno con el otro o de las fiestas navideñas. ¡Qué el relato frecuente a sus casas con alegría! Su amigo y sirviente fiel” Charles Dickens.
En 1843, Charles Dickens, el escritor por excelencia de la Inglaterra victoriana publicó un cuento titulado “Canción de Navidad” (A Christmas Carol), que con el tiempo llegó a convertirse en una de las historias de Navidad por excelencia.
Esta obra narra la historia del avaro Ebenezer Scrooge, a quien durante una gélida Nochebuena, solo en su casa, se le aparecerán tres espíritus, que representan su pasado, su presente y su futuro. Tras esta visita y tras vislumbrar la soledad y la muerte que le aguardan, debido a que no tiene amigos ni familia, y que se ha encerrado en su mundo de avaricia, Mr. Scrooge decide enmendar su vida.
Estamos en época de Navidad y por lo tanto de tradicional júbilo. Tiempo de esperanza y afecto. Tiempo de compartir con familia y amigos. En fin, tiempo de reflexión.
Venezuela, tal como Mr. Scrooge en el cuento de Dickens, tiene un espíritu del pasado, un espíritu del presentey un espíritu del futuro.
Tal como a Mr. Scrooge, el espíritu del pasado nos remonta al tiempo de nuestra niñez como Nación, cuando con ojos asombrados contemplábamos el potencial de futuro que todo niño posee, y cultivamos con inocencia el sueño de alcanzar el progreso. Sueño que hemos materializado a ratos a lo largo de estas últimas 10 décadas en lomos del petróleo, pero que el tiempo y nuestros errores como sociedad, así como el miedo a la modernidad de la clase política, han hecho desvanecer.
El espíritu del presente, como el cuento de Dickens, nos muestra en su cruda realidad los resultados de nuestros errores como Nación. El desperdicio de la riqueza petrolera a lo largo de las últimas tres décadas, la explotación de la mina petrolera bajo la visión del enclave, y de lo que los economistas llaman la visión rentista. La destrucción del sueño de la Venezuela posible se erige como un ruidoso fantasma que marca un tránsito de vida nacional lleno de oportunidades perdidas y de decisiones erradas, hasta el punto de la crisis humanitaria que hoy se vive.
Pero al igual que Mr. Scrooge, el espíritu del futuro nos da una segunda oportunidad. Nos permite proyectarnos y entender que de seguir por el camino que vamos, las navidades futuras nos deparan sorpresasaún más desagradables. El espíritu del futuro nos permite vislumbrar el pueblo fantasma en que nos estamos convirtiendo, si permitimos que la mentalidad que prevalece (y no hablo solo del régimen) nos continué dirigiendo. El petróleo, y sobre todo la manera como seguimos entendiendo los conceptos de riqueza y de pobreza, nos aseguran un futuro sombrío (en el símil de Dickens, hacia una muerte sórdida y solitaria), producto de la incapacidad de nuestra sociedad (Mr. Scrooge) de aprender de su experiencia.
Pero es Navidad, y al igual que en el cuento de Dickens, la visita de los espíritus del pasado, el presente y el porvenir nos ofrece la posibilidad de meditar sobre un diferente destino; reivindicando lo bueno del pasado y elevando la mirada sobre un presente que se nos hace pesado y desesperanzador, hacia un futuro que tenemos la obligación de delinear y el deber de construir.
El pasado y el presente son una colección de lecciones sobre las cuales podemos y debemos construir nuevas realidades. No hay destinos irremediables, por más que así hoy lo sintamos. Debemos abandonar el fatalismo y abrazar las posibilidades que el espíritu del futuro nos ofrece. Para ello debemos empezar por cambiar el presente más allá de las pequeñas mezquindades que hoy nos envuelven. Debemos atrevernos a soñar sin límites.
De más está decir que en el cuento de Dickens, Ebenezer Scrooge reforma su vida y la historia tiene un final feliz. En nuestro caso no hay otra opción que pensar que existe una Venezuela que cree en el ideal de libertad y progreso; y que espera que todos y cada uno de nosotros permita que estas ideas germinen en nuestros corazones e impulsen la construcción de un mejor y diferente país, no hacia un final feliz sino hacia un nuevo comienzo.
Mr. Scrooge, atormentado por su experiencia fantasmal de Nochebuena, termina rogándole al espíritu del porvenir:
“Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré guardarla todo el año. Viviré en el pasado, en el presente y en el porvenir. Los espíritus de los tres no se apartarán de mí. No olvidaré sus lecciones. ¡Oh, decidme que puedo borrar lo escrito en esa piedra!”.
Friday, December 18, 2020
LOS FANTASMAS DEL BALANCÍN - Publicado en la Gran Aldea el 18/12/20
Venezuela es un país “perezalfonsista” y “opepista”, me dice un amigo que sabe más que yo de política venezolana, como preámbulo a una conversación donde me advierte de las dificultades que habría que sortear para aprobar una nueva ley de hidrocarburos.
Debo confesar que por un momento acusé el golpe, y me retiré a una esquina a recibir lo que en boxeo llaman la cuenta de protección, la guardia abajo. Después de todo, la aprobación de esta nueva ley es el centro alrededor del cual algunos de nosotros pensamos girará un nuevo modelo para relacionar a la sociedad y desarrollar la industria que nos ha definido como nación por algo más de un siglo.
¿Será que mi amigo tiene razón? Me repite el yo interior súbitamente menos seguro de sus ideas. ¿Será que la mitología que hemos construido alrededor del petróleo, y su panteón de semidioses, son obstáculos insoslayables, aún para generaciones de venezolanos, las más, que no tienen la menor idea de quien fue Pérez Alfonso y para quien la OPEP es un club de países con petróleo que parece no ayudarnos mucho?
Aquí mis notas dirigidas a mi amigo:
¿Por qué no nos damos el permiso de olvidar, aunque sea como experimento, nuestra historia heredada, y analizamos el problema que tenemos entre manos? Después de todo Juan Pablo Pérez Alfonzo nació en 1909 y Rómulo Betancourt, su jefe político e ideológico, en 1908. La frase de Arturo Uslar Pietri (1906) de “Sembrar el Petróleo”, que tanto centimetraje ha acaparado, data de 1936. Ninguno de ellos, por cierto, sabía mucho o nada de la industria petrolera como actividad productiva, y su aproximación a ella era esencialmente política y fiscalista; era su tiempo y su circunstancia.
Debo advertir que, habiendo nacido en 1950, el lector no me puede acusar de irrespetuoso jovencito, o al menos no de lo último, para desestimar mi escepticismo sobre la vigencia de esos “semidioses”.
“Si seguimos mirando por el retrovisor, estamos condenados a salirnos de la carretera en la próxima curva, cuando las luces altas del futuro nos sorprendan”
Betancourt escribió “Venezuela, Política y Petróleo”, su obra más admirada, en la primera mitad de los años cincuenta del siglo XX, durante su exilio de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, su aliado en el golpe a Medina Angarita. Este libro es como el Quijote de Cervantes, está en muchas bibliotecas, mucho se cita su existencia, pero es muy poco leído.
De hecho, el libro “Venezuela, Política y Petróleo”, como era de esperarse de un político venezolano de su época, es más acerca de historia política asociada al petróleo, que un libro de política petrolera, a la cual poco espacio relativo le dedicó. Sin embargo, si uno pudiera resumir sus ocho principios de política petrolera serían los siguientes (Capítulo V), que luego fueron reseñados más ampliamente por Pérez Alfonzo en su libro el “Péntagono Petrolero” (1967):
1. Elevación de los impuestos hasta el límite que entonces se consideró razonable, dentro del sistema capitalista y la economía de mercado.
2. Concurrencia de Venezuela como entidad autónoma al mercado internacional del petróleo, vendiendo directamente sus “regalías”.
3. Cese radical del sistema de otorgamiento de concesiones a particulares, y planeamiento de una empresa del Estado a la cual se le atribuiría la facultad de explotar directamente, o mediante contratos con terceros, las reservas nacionales.
4. Industrialización de la mayor parte del petróleo venezolano dentro del país; y organización de una refinería nacional, con capital estatal, o mixto.
5. Adecuadas medidas para la conservación de la riqueza petrolera, típico recurso natural no renovable; y utilización del gas emanado de los pozos que tradicionalmente se venía desperdiciando.
6. Reinversión por las compañías concesionarias de una parte de sus utilidades en la vitalización y desarrollo de la economía agropecuaria.
7. Mejoras sustanciales en salarios, prestaciones sociales y condiciones de vida y de trabajo de los obreros, empleados y técnicos venezolanos al servicio de la industria.
8. Inversión de una cuota elevada de los ingresos obtenidos de la nueva política impositiva sobre el petróleo en crear una economía diversificada y propia, y netamente venezolana.
Es fácil identificar en esos principios todos los actos de política que sucesivos gobiernos venezolanos han llevado a cabo desde el llamado trienio adeco, 1945-1948 hasta nuestros días: No más concesiones; la subida de impuestos y regalías; la estatización (mal llamada nacionalización de 1975); la creación de una empresa estatal (CVP en 1960, y luego PDVSA en 1975); el monopolio de toda la actividad en la cadena, entre los principales. Aunque la OPEP no aparece en el libro de Betancourt, es una consecuencia directa de su visión adversaria con las multinacionales, propia también de su tiempo.
Y creo que también podemos hoy postular, a la vista de la evidencia histórica, que en la medida que el Estado se ha involucrado más profundamente en el manejo de la industria petrolera, siguiendo por diseño o por defecto la visión que heredamos de esos semidioses, ella se ha convertido en un elemento de control político de toda una sociedad que le cuesta romper las cadenas de un pasado que muchos políticos se empeñan en mantener vivo. La promesa inicial de que esa industria pudiera llevarnos a la modernidad, ha quedado maltrecha en el camino. No es que la historia no sea importante, todo lo contrario. La historia petrolera, que en nuestro caso en particular empieza a finales del siglo XIX, nos ha dejado lecciones que creo haríamos bien en repasar, aunque sea de manera general.
-Tener una abundante base de recursos es condición necesaria, pero no suficiente.
-El petróleo y gas no producido valen cero.
-El Estado como empresario siempre priorizará la agenda política del gobierno de turno por encima de la racionalidad económica, lo que lo hace ineficaz e ineficiente y más propenso a la corrupción.
-El monopolio estatal sobre los hidrocarburos ha conducido a gobiernos que no dialogan con sus ciudadanos, y en el caso del chavismo a los extremos de usar la renta, poca o mucha, como arma de control social y compra de lealtades geopolíticas.
-Tener un adecuado marco legal es necesario, pero no suficiente. La política es inevitable y siempre asomará su lado perverso.
Claro está que no podemos responsabilizar a Betancourt y menos aún a Pérez Alfonzo o Uslar Pietri de nuestra fallida historia petrolera y los resultados. Su mundo era otro y su visión del petróleo nacía de una situación política y petrolera muy particular: La dictadura de Juan Vicente Gómez y su relación con las operadoras petroleras, y la creencia de que el recurso petrolero era limitado. Pérez Alfonzo en particular, en su muy monástica manera de ver la vida, terminó predicando en contra del petróleo, como si del diablo se tratara, y Uslar Pietri predicaba en contra del gigante petroestado que las cíclicas bonanzas fueron construyendo.
Tampoco es de extrañar que muchos venezolanos tengan una explicable memoria selectiva y quieran revivir parte del pasado que el chavismo demolió, bien por diseño o por defecto.
Pero como dijo Dorothy en el Mago de Oz, después de ser lanzada por los aires por un tornado, con todo y casa: “Ya no estamos en Kansas”. El mundo en el que vivieron nuestros referentes petroleros ya no existe, se desvaneció con el siglo XX, sin duda el siglo del petróleo.
El siglo XXI, en el que como sociedad no hemos podido transitar, en gran parte por la rémora de ideas muertas que mucho de la clase política se empeña en esposar, ofrece retos que ninguno de nuestros semidioses hubiera podido imaginar.
Necesitamos de nuevas ideas y voces. En la época del calentamiento global; la Inteligencia Artificial; las pandemias; la globalización teñida de nacionalismo; la economía del conocimiento, y tantas otras fuerzas que se están gestando, la visión de Venezuela como país petrolero que heredamos del siglo XX es, sin temor a equivocarme, anacrónica.
Usar el cedazo de las ideas de esos grandes hombres del pasado puede sonar inteligente y hasta necesario, pero me pregunto y le pregunto a mi amigo: Si ser una mala imitación del pasado es lo que nos guiará hacia esa tierra desconocida que es el futuro.
No sé si tener una nueva ley de hidrocarburos es una solución de nada, si no cambiamos nosotros como ciudadanos. Si seguimos mirando por el retrovisor, estamos condenados a salirnos de la carretera en la próxima curva, cuando las luces altas del futuro nos sorprendan.
Tenemos todavía algunas décadas para desarrollar una industria alrededor de los hidrocarburos, que nos permita crear valor para la sociedad. Ese es el reto que la historia nos ha asignado, en condiciones que aún para Betancourt y sus coetáneos serían retos casi imposibles: Nuevos problemas requieren de nuevas soluciones.
De no hacerlo pronto seremos como un viejo balancín en Campo Carabobo en Lagunillas, a la vera del Muro: Oxidado y sitio de reunión de nuestros fantasmas y sus ideas.
Friday, September 25, 2020
DESDE EL DESVÁN DE LA MEMORIA, PARTE II - Publicado en LA Gran Aldea, Septiembre 15, 2020
“El problema al estudiar eventos históricos es que sabes cómo termina la historia, y es imposible olvidar lo que sabes hoy cuando piensas en el pasado. Es difícil imaginar caminos alternativos de la historia cuando ya se conoce el camino real. Así que las cosas siempre parecen más inevitables de lo que eran.”
Morgan Housel, History is Only Interesting Because Nothing is Inevitable.
Cuando Alejandro Hernandéz, editor de la página La Gran Aldea, me retó a escribir algo sobre los acontecimientos que se desarrollaron en el 2002 y 2003 alrededor de PDVSA, supe que los que tenían que ver el conflicto que derivó en el despido de cerca de 20.000 personas, entre obreros, empleados, tecnicos y gerentes de la petrolera estatal, serían los más dificiles de narrar.
Los eventos de lo que trata esta segunda entrega, al contrario de los de abril de 2002, tuvieron como escenario a todo el pais, y a un elenco de múltiples actores, que no necesariamente eran todos petroleros o tenían los mismos intereses. Por otro lado, me atrevo a decir que los petroleros tenían, en el esbozo original de la estrategia política opositora - si es que tal cosa llegó a existir - , un rol secundario, pero en la medida que los eventos transcurrieron, y ante la retirada del liderazgo político y empresarial, quedamos expuestos en la vanguardia, terminando como chivos expiatorios y quien sabe si como moneda de canje.
El Paro Cívico que ha transmutado en el tiempo en la narrativa venezolana, erradamente, a Paro Petrolero, es un proceso complejo y pobremente analizado; como decía Manuel Caballero del petróleo: “un Minotauro sin Homero”. Así las cosas, esto que aquí comparto con el lector no pretende ser más que una narrativa personal de las circunstancias que llevaron al paro nacional, y de como PDVSA se vio involucrada. Dejaré a mentes mejor amobladas que la mía el analizar y escribir sobre el desarrollo del paro.
Para escribir esto he recurrido a fragmentos que he públicado con anterioridad, torpes sin duda, pero que sirven como apuntes que me permiten no depender enteramente de mi memoria, que casi veinte años después de esos eventos no es necesariamente la mejor referencia.
Comenzemos donde dejamos la historia:
“El 12 de abril, regresamos a PDVSA. Parra y su grupo habían abandonado sus puestos la noche anterior. Antes que todo, esa mañana, en el estacionamiento del edificio de La Campiña, se izó la bandera y se cantó el Himno Nacional en honor a los asesinados del día anterior. Lloramos sin ningún pudor. En mi opinión, nada justificaba la pérdida irracional de esas vidas, en medio de la locura de alguien que se imaginaba batallas épicas donde solo había ambición de bandoleros. Nuestra ingenuidad política nos había convertido en piezas en un juego diabólico de poder del cual no conocíamos las reglas. Ya nunca seríamos los mismos.
El regreso de un Chávez muy debilitado y contrito, en la madrugada del 13 de abril, permite creer, por unos días, que PDVSA y el país se pueden recuperar. Eso, como hoy sabemos, no ocurrió, pero eso es otra historia.”
¿PARO? ¿CUÁL PARO?
La crisis de inicios del 2002 dejó a PDVSA muy debilitada organizacionalmente, pero milagrosamente intacta desde el punto de vista operacional. Las contadas paralizaciones de actividades durante el período marzo - abril no llegaron a afectar las áreas operativas de manera significativa, quizás porque la situación política hizo crisis muy rápidamente o porque en verdad los petroleros no estaban dispuestos a tomar acciones que afectaran lo que la mayoría consideraba su proyecto de vida.
PDVSA estaba muy lejos de tener una sola visión del rol que debía tener en la Venezuela de principios de siglo, pero si algo en común tenían la mayoría de los que en ella trabajaban era un orgullo por el trabajo que hacían, orgullo que el país leía la mayoria de la veces como arrogancia distante.
A esa PDVSA post abril 2002 llega un nuevo actor. Hugo Chávez llama a Alí Rodriguez Araque (ARA) a que venga a hacerse cargo de la presidencia de PDVSA. ARA, que había sido el primer ministro de energía y minas de Chávez, debe abandonar su cómoda posición de Secretario General de la OPEP en Viena y regresar a Caracas, con la aparente misión de “pacificar” a la petrolera estatal.
Su nombramiento fue visto con precaución por los petroleros, pero no había razón para pensar que ello no fuera un real intento de enderezar entuertos. ARA había sido guerrillero en los años 60 y 70 del siglo XX, y fue uno de los últimos en deponer las armas durante la politica de pacificación de la primera administración del presidente Caldera, pero desde entonces había sido una actor relevante en la política petrolera nacional.
En sus años en el congreso, ARA se había ganado la reputación de ser un parlamentario fiel a su ideología de izquierda, pero abierto al compromiso. Sin embargo, era un enemigo jurado de las políticas de Apertura Petrolera y sus asesores visibles tampoco eran amigos de PDVSA. A primera vista Rodríguez Araque se percibía como un político inteligente, cuya exposición a las realidades del negocio petrolero internacional lo etiquetaba, a los ojos de los desprevenidos, como el menor de los males para la situación en la que se encontraba la empresa; hay que recordar que a esa altura ninguno de los nombrados por Chávez en sus cuatro años como presidente había sido exitoso o duradero.
En las primeras de cambio, ARA toma decisiones que no solo se puede decir que fueron sensatas, sino que estaban dirigidas a tratar de calmar los ánimos. Los petroleros despedidos por Chávez en el infame episodio del pito, en abril del 2002, fueron reeganchados. De igual manera, Rodríguez Araque estructuró una junta directiva con la participación de profesionales extraidos de la gerencia petrolera, evadiendo nombramientos que pudieran ser considerados como de índole política, mostrando un talante de inclusión sorpresivo y bienvenido. Del otro lado de la balanza, los petroleros “bolivarianos” también permanecieron en sus puestos; recordemos que la administración de Hector Ciavaldini había dado un sello de formalidad a la emergencia de facciones políticas dentro de una organización tradicionalmente apartidista.
Uno puede concluir, en retrospectiva, que en ese momento la administración de Chávez no era lo suficientemente fuerte como para tomar las represalias que cualquier otro gobierno/dueño hubiese tomado ante la indisciplina dentro la organización petrolera, y porque no decirlo dentro de la fuerza armada; después de todo, había sido la fuerza armada, y no los petroleros, quienes le pidieron la renuncia al entonces legítimo presidente de la república. El gobierno, como el tiempo revelaría, había decidido reagruparse para batallas futuras y guardar sus represalias para luego.
En julio de 2002, el presidente Chávez tambien nombra a Rafael Ramírez Carreño como nuevo ministro de Energía y Minas. Ramírez, un ingeniero poco conocido y de escasa experiencia, pero del entorno de confianza de ARA, pronto se transformará en un “apparatchik” con mucho poder, pero esa es otra historia.
A lo interno de PDVSA, hay intentos por buscar la conciliación entre las facciones que habían emergido durante el accidentado proceso que condujo a los eventos de abril del 2002. Esos intentos resultaron todos fallidos, por razones que merecen un mejor análisis que el que yo pueda dar aquí, pero que tienen que ver con una diferencia ideologica básica: los que creían en una PDVSA que respondiera a objetivos meramente empresariales, y los otros que aspiraban a que PDVSA fuese un brazo político del gobierno, con ellos a la cabeza. También hay que recordar que, solo semanas antes, la gerencia petrolera había cuestionado los méritos para acceder a la dirección de la empresa de aquellos colegas con los que les tocaba convivir de nuevo; una tensión subterránea no resuelta, que había aumentado con los años y los cambios en la dirección de la empresa.
Simplifiquemos la historia a la fecha:
- Luis E. Giusti: Técnocrata, arquitecto de la Apertura y la reforma del modelo organizacional.
- Roberto Mandini: Tecnócrata, crítico de la Apertura, resiste la politización.
- Hector Ciavaldini: Activista político, promueve la politización y la formación de grupos bolivarianos dentro de la empresa
- Guacaipuro Lameda: Militar activo, ingeniero, trata de rescatar valores organizacionales, percibido como rehén de la tecnocracia, resiste la politización
- Gastón Parra: Académico, Ideologo de izquierda, promueve el conflicto interno.
- Alí Rodríguez Araque: Ideologo y activista político, enemigo de la Apertura
ARA comienza una estrategia de sillas músicales dentro de la dirección de PDVSA, trasladando a los que considera como lo líderes naturales de la empresa a posiciones de menor influencia operativa, pero reitero, nunca haciendo lo lógico en cualquier organización: pensionarlos o despedirlos. En paralelo, ARA retoma la estrategia de politizar, de manera no muy sútil, la empresa, y permite que las instalaciones de la empresa sean utilizadas para actividades de proselitismo político, lo que genera. Descontento.
En anécdota personal, me toca acompañar a ARA, junto con otros ejecutivos, a una gira al exterior para calmar a los acreedores de PDVSA. El mensaje es que la empresa está estable y es capaz de enfrentar sus obligaciones financieras y que ARA es una garantía de estabilidad (lo se, exceso de profesionalismo). En el medio de la gira, ARA se aburre y nos dice: “continúen ustedes que lo hacen muy bien, yo me voy a visitar a mi hija.” Al regreso de ese viaje, ARA me llama a su oficina, y después de una largo introito, en modo párroco de iglesia andina, donde me dice, entre otras cosas, que el entiende la necesidad de mantener a PDVSA apolítica, me comunica que me debe cambiar de posición y que mi siguiente asignación es reabrir una oficina de manejo de inversionistas en el exterior; oficina que yo mismo había promovido cerrar durante la administración del Gral. Lameda. Empieza así un tortuoso periplo personal donde busco hacer algo útil de de lo que entiendo como ostracismo empresarial. No sería así, los eventos nos avasallarían, tanto a él como a mí.
Los días llevan a las semanas y estas a los meses. Dentro y fuera de PDVSA las tensiones no han dejado de escalar. Las investigaciones sobre los sucesos de abril no conducen a ninguna parte. Las sesiones de la Asamblea Nacional para aclarar los hechos son un mal circo, que lejos de esclarecer los hechos e identificar los responsables, enrarecen más el ambiente. El Tribunal Supremo de Justicia sentencia que no hubo Golpe de Estado sino Vacío de Poder. En la política, los partidos tradicionales empiezan a dar paso a nuevas organizaciones y la sociedad civil se torna más vocal ante una situación que se deteriora.
Ya pasado unos meses desde abril, el país se empieza a recalentar. Fedecámaras, ahora presidida por Carlos Fernández, en ausencia de Pedro Carmona quien se exila a Colombia, y la CTV, presidida por Carlos Ortega, continúan en abierta oposición a la administración del presidente Chávez y su política económica. En la Fuerza Armada también hay descontento, para muestra la toma de la Plaza Atamira por oficiales desafectos al régimen. También se empezaron a organizar paros empresariales escalonados como medida de protesta, a los cuales se empezaban a sumar algunos empleados de de la petrolera, que sienten una responsabilidad personal. En fin, eventos que evidenciaban la inestabilidad política y social del país.
A todas estas, dentro de PDVSA, los trabajadores vivían su propio desconcierto, producto de las tensiones no resueltas: persecuciones internas a manos de la gerencia de Protección y Control de Pérdidas, bajo la mirada indiferente, o quizás la anuencia de ARA. Durante los meses que desembocaron en el Paro Nacional, el personal de PDVSA, en su mayoría renuente por principio a involucrarse, comenzó a ser objeto de fuertes presiones desde diferentes sectores políticos, empresariales y sociales, para que se incorporararan a la lucha política. El argumento simplificado era: nosotros los apoyamos en su lucha en abril por la meritocracia, ahora ustedes deben sumarse a la lucha contra el gobierno. Recuerdo claramente las acusaciones de cobardía e indiferencia que tenían como blanco a los trabajadores petroleros; importante recordar que se había convertido en creencia popular que los petroleros habían tumbado a Chávez en abril, cuando la verdad era (y es) que solo los militares tumban gobiernos.
En la mentalidad del petrolero promedio, una cosa era luchar por la integridad de la empresa y otra convertirse en actores políticos, de ahí su renuencia; ingenuo, lo acepto, pero era así.
Llegado noviembre, la situación en el país está en punto de ebullición. Tiempo después muchos analistas han postulado que el gobierno, mas preparado para enfrentar una nueva crisis, promovía una nueva rebelión. Yo pienso que eso es darles demasiado mérito estratégico , pero no lo descarto.
Todavía puedo recordar con nitidez la reunión entre Alí Rodriguez Araque con todo el grupo de alta gerencia de la petrolera estatal, tanto de Caracas como del resto de las zona operativas, realizada finales de noviembre de 2002 en el auditorio del CIED (la universidad corporativa de PDVSA), en la urbanización La Tahona en el este de Caracas. La reunión tenía como objetivo discutir las estrategias para enfrentar las crecientes amenazas de paro que se escuchaban dentro de la organización en respuesta a los llamados que ya he descrito.
La situación que se enfrentaba era única, por no decir anómala. La industria tenía planes de contingencia para enfrentar paros laborales, pero esos planes dependían de que el personal conocido como nómina mayor (empleados, técnicos y gerentes) reemplazara al personal obrero en las operaciones, y en todo caso por un período de tiempo corto y de manera localizada. No había planes para enfrentar un paro general, sobre todo si una gran proporción de todas las nóminas decidía apoyar ese paro y este se extendía el tiempo. ¡Los profesionales no hacían huelga!
Los más de cincuenta ejecutivos fueron tomando la palabra, uno a uno. Comunicaron la situación del área a su cargo y describieron en detalle los planes de contingencias diseñados y su probabilidad de éxito. Recuerdo con claridad como los gerentes operacionales describían con disciplina y prolijo detalle, como se estaban asegurando de que no faltara gasolina y gas natural en el mercado nacional, que se pensaba era el talón de Aquiles del gobierno. Muchos lectores se sorprenderán de esto, ya que no se acomoda a la imagen que el chavismo ha tratado de vender: una gerencia petrolera conspiradora y saboteadora; sin embargo, es un hecho cierto.
Eso no quiere decir que no hubiese sectores dentro de la petrolera nacional que estuviesen dispuestos a jugarse su pellejo individual para evitar que Venezuela fuese conducida por el camino de destrucción que ya se presentía y donde PDVSA sería la primera victima – pero eso lo deben narrar otros.
En mi memoria muy personal, la reunión del CIED es uno de esos hitos en el camino que definen mucho de lo que después ocurrió. Se hizo patente entonces, como se hizo obvio en las semanas que siguieron, que ARA no tenía ninguna intención de buscarle solución a las situaciones que su cuerpo gerencial le describía en detalle, y que habían acentuado la crisis en la guardia del guerrillero vestido de petrolero: la promoción de una gerencia política paralela, el acoso de parte de los cuerpos de seguridad internos y externos, la falta de decisiones para mediar en la anarquía institucional, etc.
Para ampliar esta narativa, la reunión fue interrumpida por la comparecencia de un grupo representativo de los trabajadores petroleros, liderados entre otros por Horacio Medina y Juan Fernandez, quienes le presentaron a ARA una propuesta para bajarle la temperatura a la situación; también fueron ignorados.
La confrontación, y con ella la destrucción de la institución, parecían serle indiferente a Rodríguez Araque. La máscara de estadista que por algunos años le había presentado al país, se caía estruendosamente, mostrando la cara del Comandante Fausto – su alias de tiempos de la guerrilla. En retrospectiva, era ingenuo esperar que el comportamiento de ARA fuera diferente. En un artículo publicado en el Diario El Nacional, en el 2009, “El Cero Como Meta”, la periodista Milagros Socorro, hizo una disección brillante de este personaje y su particular estructura emocional.
El 2 de diciembre del 2002, Fedecámaras convoca a un paro nacional, con una duración inicial era 24 horas, pero que se va extendiendo día a día hasta convertirse en una huelga indefinida. El objetivo declarado del paro era la renuncia de Chávez a la presidencia. Los empleados de PDVSA se pliegan de manera eventual, pero como muchos otros sectores se ven arrastrados al conflicto por los eventos que se fueron sucediendo.
La dirección profesional de la empresa trata de mediar entre los empleados y el gobierno, pero son esfuerzos infructuosos. Las gerencias operativas ponen en efecto los planes de contigencia en un intento de contener el efecto en las operaciones del descontento de su fuerza laboral, que se empieza a sumar al Paro Cívico. El 5 de dicembre, el buque tanquero Pilín León se declaró en Rebeldía y se fondea en la Barra del Lago de Maracaibo, bloqueando la navegación y por lo tanto la exportación de crudo desde esa región.
Durante la primera semana del Paro Cívico, ARA, por diseño o por ignorancia, desarticuló la organización que decía querer estabilizar, sustituyendo a los gerentes operacionales más importantes, quienes se mantenían en sus puestos de trabajo, introduciendo nuevos elementos de discordia en una ya candente situación, reviviendo las condiciones y las personalidades que habían llevado a la crisis de abril de 2002.
A lo largo de los siguientes días, y de una manera sistemática, la presidencia de la corporación estatal fue suspendiendo todo el liderazgo natural de la empresa, eliminado toda posibilidad de que ese liderazgo contribuyera, como creo estábamos dispuesto a hacerlo, a amortiguar una situación operacional y organizacional que amenazaba con desbordarse.
De esta manera, y sin olvidar las llamadas de la oposición política, los hechos de Altamira, el paro de la flota petrolera y otros factores externos, Pdvsa tomó un curso de acción que resultaría catastrófico. A estas acciones siguieron la toma militar de las instalaciones, la creación de listas negras de personal y el llamado a la “toma popular”, que hicieron casi imposible el acceso a las instalaciones del personal necesario para mantener las operaciones en los niveles de contingencia que la gerencia profesional había aplicado para afrontar la crisis. Detrás de cada iniciativa para mediar en la crisis, seguía una acción violenta del gobierno que incendiaba de nuevo los ánimos.
Los medios, de parte y parte, en una suerte de competencia por audiencia, exacerbaban los ánimos todas las noches, en sendas emisiones. El discurso oficial, era que no había paro, y que el problema estaba concentrado en un reducido grupo de gerentes de PDVSA, minimizando la crisis mientras que la oposición transmitía un frágil triunfalismo.
Los despidos masivos que marcaron la segunda mitad de la crisis petrolera a principios de 2003, lejos de conducir a una solución, no sirvieron sino para “calentar” aún más la situación y mantener el paro incluso más militante. El paro era ahora acerca de los despidos, la estrategia de destrucción tomaba su inevitable curso.
Por cualquier estándar gerencial y de liderazgo, la administración de ARA y sus adlateres no puede eximirse de su responsabilidad de la destrucción de la organización que pretendían liderar.
La historia mostrará que lejos de tomar medidas reales de entendimiento y negociación, destinadas a salvaguardar la empresa petrolera de la diatriba política, el chavismo aprovechó la ocasión para lograr su verdadero objetivo: la purga de la industria por motivos ideológicos y su sumisión a un proyecto político sectario. Cerca de 20.000 personas fueron despedidas por su supuesta participación en el paro. Su persecución ulterior, que todavía continua, llevó a muchos a emigrar, la primera ola de lo que hoy es una gran marea
El Paro Cívico finalmente languideció, y ya para finales de enero del 2003 los empresarios y comerciantes, que habían pagado un alto precio, empezaron a volver a sus actividades. La recolección de firmas para convocar un referendo revocatorio marcó el final infeliz del paro. El costo político y económico de revocatorio tuvo consecuencias de largo plazo en la vida política y económica del país, consecuencias que todavía estamos viviendo. El gobierno chavista fue exitoso en transmutar la narrativa: de Paro Cívico en Paro Petrolero y luego en Sabotaje Petrolero. Los verdaderos responsables políticos del Paro, chavistas y de oposición, se han camuflado detrás de esa narrativa perversa y mentirosa.
Ya sabemos que ocurrió luego con la PDVSA purgada: navegó, junto con el país, en la cresta de una inesperada bonanza petrolera que escondió la minusvalía en la que había quedado la empresa; bonanza que le permitió a Chávez y Ramírez creerse su propio cuento de que el conocimiento y la honradez no eran atributos necesarios para gestionarla. Hoy, despues de año de dilapidar el ingreso petrolero, sin talento técnico ni gerencial, colapsada y en ruinas, PDVSA no es más que un vago recuerdo de lo que fue.
En una muestra de ingenuidad política sin precedentes, pensamos que expresar nuestras opiniones y actuar como ciudadanos era un derecho al cual se podía acceder sin costo alguno. Pensamos que nuestra razón era una buena razón y por tanto terminaría por ser reconocida. No supimos entender que el país enfrentaba, no a un gobierno democrático, sino a una secta empeñada en el control totalitario de la sociedad.
Los petroleros pagaron un precio muy alto. Venezuela y los venezolanos todavía lo siguen pagando.
HORMUZ, FROM A STRAIT TO A TUNNEL
El Taladro Azul M. Juan Szabo [1] y Luis A. Pacheco [2] Published Originally in Spanish in LA GRAN ALDEA The energy market situa...
-
El Taladro Azul M. Juan Szabo [1] y Luis A. Pacheco [2] Published Originally in Spanish in LA GRAN ALDEA The oil market this week ...
-
El Taladro Azul M. Juan Szabo [1] y Luis A. Pacheco [2] Published Originally in Spanish in LA GRAN ALDEA The beginning of the year in ...


