Friday, February 25, 2011

Samba, Energía y Ambiente

Samba, Energía y Ambiente

Hace dos semanas tuve la fortuna de asistir a un conversatorio que el Diario El Tiempo organizó en ocasión de la celebración de su centenario. Intelectuales, políticos y ciudadanos de a pie, se dieron cita en el auditorio de la Cámara de Comercio de Bogotá para escuchar a distinguidos invitados discutir lo que los organizadores del evento consideraron como los temas que regirán los próximos diez años; aunque como los recientes eventos políticos en el Medio Oriente han evidenciado, la capacidad de la historia de sorprendernos es infinita, que es lo único que no es sorprendente.
No hay duda que la agenda y los analistas fue, lo que llamaría mi abuela muy lucida. Distinguidos colombianos y extranjeros tocaron temas álgidos: el tráfico de drogas, el estado de la democracia en Latinoamérica, la economía colombiana y el ambiente, entre otros. Como "pièce de résistance", Moisés Naím, en sus años mozos Ministro de Fomento del gobierno de Carlos Andres Perez, y hoy devenido en editor y columnista internacional, quien disertó sobre lo que el irónicamente denominó como un tema muy puntual: el mundo.
A lo largo del día, la audiencia tuvo la oportunidad de oír voces muy respetadas y conocedoras. Sin embargo, para mi gusto, con excepción del tema del fracaso del prohibicionismo alrededor de la lucha contra las drogas, demasiado convergentes. Quizás fue el formato escogido, o el respeto que los conferenciantes se profesaron, pero la verdad es que no recuerdo ni una sola discusión que pudiese crear una cadena de twitter.
Ni siquiera cuando se discutió sobre la salud de la democracia en Latinoamérica, donde el tema de Chávez y los gobiernos del Alba hubiese podido ser motivo de interesantes desacuerdos, se generaron mínimas chispas. No hay duda que la presencia del Secretario Insulza en ese panel en particular, "diplomatizó" la conversación, haciéndola incolora y perdiendo una oportunidad de analizar los innegables retos que enfrenta la institucionalidad de la región.
Así que a falta del disenso necesario en el conversatorio  aprovecharé el silencio de este espacio digital para enmarcar al menos una discusión que me hubiera gustado tener, o al menos presenciar.
Además del Dr. Naím, quien compartió con nosotros un esbozo de los temas sobre los que cavila desde que dejara la silla editora de Foreign Policy, el clímax del día fue la intervención de la Sra. Marina Silva, ex ministra del ambiente en el gobierno del Presidente Lula y ex candidata presidencial en la recientes elecciones en Brasil.
La Sra. Silva no es solo una ardua defensora del ambiente, sino que también posee un fino olfato político y un carisma personal innegable, a tal punto que sus ilustres compañeros de panel pasaron casi desapercibidos ante el magnetismo de la carioca; como dirían los publicistas, el "recall" fue pura samba.
La Profesora, como ella misma se catalogó, nos habló en brasileño, que para nosotros los caribeños suena a fútbol y carnaval, y a pesar de la errática traducción de la bien intencionada embajadora de Colombia en Brasil, cautivó a la audiencia con sus grandes anteojos, su elegante delgadez y su musical acento.
Pero el clímax, fue solo eso, un momento mediático de una figura carismática. Confieso que mi actividad profesional me da un sesgo en este tema, pero más allá de los lugares comunes acerca de como el hombre moderno depreda su ecosistema, no atiné a entender cómo se podía ensamblar un panel sobre ambiente sin hablar de desarrollo, y más aún, sin tocar el tema de la generación y uso de la energía.
Si el tema del ambiente se circunscribe, como generalmente se hace, al tema genérico de los derechos difusos de las generaciones futuras a heredar un mundo ideal y bucólico, es difícil entablar una conversación donde los derechos de las generaciones de hoy no sean las víctimas propicias e implícitas.
No tengo ninguna duda de que es deseable mantener el ecosistema de este planeta tan prístino como sea posible, pero tampoco tengo ninguna duda de que eso no deja de ser una utopía en el contexto de los derechos de los más de 6.000 millones de vecinos del planetaa acceder a la salud, educación y libertad . Y eso, como los últimos 250 años de historia han demostrado, solo es posible usufructuando el planeta y sus recursos.
Esa discusión, que debe ir más allá de tratados internacionales donde se pretenda repartir la miseria en el planeta, o frenar el desarrollo de los que aspiran, todavía está por darse. No creo que las soluciones se escondan, como la Sra. Silva piensa, en la sabiduría milenaria de las tribus del Amazonas, aunque siempre algo podemos aprender.
Mientras los intelectuales y ambientalistas del mundo se debaten alrededor de un dilema aparentemente irresoluble, ambiente versus desarrollo (léase uso de energía en su sentido más amplio), los casi tres mil millones de chinos e indios, y que hablar de África, buscan sus propias soluciones, en un espacio diferente a los dogmas del ambientalismo tradicional.
Así como los caballos serian insostenibles como método de transporte en una sociedad moderna, imaginemos alimentar y disponer del estiércol de miles de caballos en una ciudad como Nueva York, así el motor de combustión interna también pasará. Pero esto solo ocurrirá si dejamos que los incentivos apropiados accionen.
Estoy convencido que la ecuación, un chino = un carro, es tan insostenible como la ecuación, un gringo = un caballo. Pero somos miopes sino entendemos que los chinos (como proxy para los que aspiran) también entienden esto, y son ellos los más interesados en buscar nuevas soluciones que se salgan del espacio suma cero en que estamos actualmente encerrados. Eso pasa por entender como usufructuar la energía, fósil o no, que nos ofrece el planeta en que vivimos, en aras del desarrollo de la sostenibilidad de la raza humana.
Así que por más atractivo que luzca el ambientalismo a ritmo de samba, no caigamos en simplificaciones. La reducción de la mortalidad infantil, el acceso a la educación y la salud, los derechos de las mujeres, y muchas otras cosas, pasan por el derecho a acceder a la energía y recursos del planeta, y como en tantas otras cosas eso tiene un precio del que no nos podemos escapar, y que solo podemos pagar eficientemente a través de nuestro recurso más grande e inagotable, el ingenio humano.
No es una cuestión de depredar el planeta hacia su extinción, el mundo mismo se encargará de defenderse antes que ello pase, pero tampoco es viable preservar el “paraíso terrenal” a riesgo de las generaciones presentes y futuras.
Parafraseando al Presidente Gaviria en el tema de las drogas en el mismo Foro, en lo que se refiere a la conservación del ambiente y el uso de la energía, el prohibicionismo también ha demostrado su inutilidad.
Revisitando entonces el conversatorio del Tiempo, no me queda ninguna duda que el tema principal de las siguientes décadas es la resolución de la aparente dicotomía: desarrollo versus conservacionismo, acción versus contemplación. En la resolución a este acertijo se encuentra imbricado el futuro de la democracia, el narcotráfico, el ambiente y en general el destino de esta nave llamada Tierra.
Quizás esto pueda ser el tema del próximo libro de Moisés Naím.

Saturday, January 01, 2011

El MINISTERIO DE LA VERDAD

"En tiempos de engaño generalizado, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario", George Orwell (1903 -1950)


 

El escritor inglés George Orwell, en su inolvidable novela 1984 (1949), describe una sociedad oligárquica y colectivista, donde la omnipresencia del estado en todos los aspectos de la vida, redunda en un control de los pensamientos de los todos los ciudadanos. En esa sociedad, modelada en las características que Orwell había identificado en las dictaduras de STALIN y HITLER, además de su experiencia como miembro de la Brigada Internacional durante la guerra civil española, del lado republicano, la verdad es aquello que el estado decide que es verdad.

El protagonista de la novela, Winston Smith, un burócrata de poca monta, trabaja en el llamado Ministerio de la Verdad en el departamento de archivos. La misión de ese ministerio es sencilla: reescribir la historia de tal manera que esta nunca contradiga la doctrina del partido. En última instancia, el objetivo de cambiar la historia es mantener la ilusión de que el partido nunca se equivoca. Los cambios de idea o las erradas predicciones sobre la economía son borrados del mapa y así no se muestra debilidad.

El mundo Orwelliano de 1984 siempre me pareció una curiosidad particular a la cultura anglosajona. Después de todos los ingleses son muy dados a las descripciones distópicas del futuro. La Máquina del Tiempo de H.G. Wells, La Naranja Mecánica de A. Burgess, El Mundo Feliz de A. Huxley, entre otras novelas, describen al igual que Orwell, sociedades que han perdido su libertad de manera irremediable, pues al menos para la represión los regímenes instaurados son muy eficaces. No es tampoco coincidencia que la literatura rusa, sobretodo su ciencia ficción, también tenga su capítulo Orwelliano. Nunca me imaginé que en estas latitudes tropicales, seríamos testigos de una sociedad que remeda lo peor de la imaginación anglosajona, a ritmo del son cubano.

Esto la traigo a colación después de escuchar al Profesor Giordani (Ministro de Planificación y Finanzas), quien junto con el presidente del Banco Central de Venezuela (Nelson Merentes) y Elias ElJuri (a cargo de las estadísticas nacionales y suerte de Malba Tahan criollo), anunciaban una nueva devaluación del "bolívar fuerte" y nos explicaban como la alta inflación (una de las mayores del mundo) y el decrecimiento económico (el único país de Suramérica), no eran sino las señales que confirmaban que la vía de sus políticas conducían a la erradicación de la pobreza en el país.

Estos miembros del politburó bolivariano, hacen malabarismos verbales y numéricos para convencer al desprevenido venezolano de a pie, y a muchos otros que debiesen estar más avisados, que este nuevo desaguisado de política económica no es más que una pieza más en una bien pensada estrategia que ya tiene larga data (Giordani dixit). Quién sabe, a lo mejor ellos también se lo creen.

No hace menos de doce meses, este mismo "equipo", a raíz de la penúltima devaluación de la moneda, anunciaba la creación de un sistema cambiario con tres niveles, como la solución a nuestros problemas y la clave para convertirnos en una economía exportadora, liberada del petróleo. Hoy, luego de un año de continuo desastre económico (de acuerdo a cifras oficiales), se nos dice que hay que "unificar" el sistema cambiario, como eufemismo para anunciar una nueva devaluación de más del 60. A la manera del Ministerio de la Verdad, se proclama el error como un éxito y se promete la continuación de los buenos tiempos que vivimos.

Si hay algo que distingue al totalitarismo tropical que se nos quiere imponer, de otros experimentos anteriores en otras latitudes, es que los errores no se reconocen ni siquiera puertas adentro del régimen. En sociedades totalitarias bona fide, las metidas de pata de los funcionarios, sobre todo en temas económicos, eran (son) castigados con la destitución, el exilio interno y hasta con el paredón. En este régimen, que combina revolucionarios formados en los cafetines universitarios, guerrilleros fracasados y militares de pocos escrúpulos, pareciera que no hay nadie con el suficiente liderazgo como para poner orden, en un barco que hace tiempo hace agua.

En la visión orwelliana del mundo, el liderazgo era malvado no hay duda, pero el sistema tenía también una manera perversa de perpetuarse, pues su sistema inmunológico funcionaba y erradicaba de raíz los peligros, tanto internos como externos. Orwell imaginaba al eficiente Servicio Civil británico, trabajando al servicio de una dictadura. Una pesadilla sin duda.

En nuestra versión tropical, el liderazgo sin duda también es perverso, pero sí una característica lo distingue de cualquier otro régimen anterior, es la supina incompetencia de sus funcionarios y la incapacidad del liderazgo de reconocerlos y erradicarlos. Después de 12 años de destrucción sistemática de la nación y el estado, asistimos al continuo carrusel de los mismos funcionarios incompetentes, distribuyendo miseria en todos los estamentos del estado.

El ministerio de la verdad del régimen, mercenarios extranjeros del más variado origen, no solo se ha empeñado en hacernos creer que estamos construyendo una sociedad utópica, sino que se las ha arreglado para hacerle creer a una gran porción de la población, que el liderazgo lejos de ser incompetente es una mezcla imbatible del acumen estratégico de Napoleón, la capacidad organizativa de Eisenhower y la fuerza retórica de Churchill, todo con la bendición de ultratumba del General Bolívar.

Así las cosas, el reto que tenemos los venezolanos es gigantesco, pero debe empezar por reconocer una nueva verdad. Esto puede que no tenga mucho kilometraje político, pero como no soy político me puedo dar el lujo de proponerlo. Primero internalicemos que lo que en verdad distingue a este gobierno, no es su sagacidad, ni su conexión con el pueblo, ni su disfraz de Robin Hood escarlata. No, lo que lo distingue es el ser el peor gobierno de nuestra historia republicana, no porque es de izquierda o por ser militarista, sino por su superlativa incompetencia para gobernar y su extrema habilidad para dilapidar las oportunidades. No hay desaguisado adeco/copeyano del pasado que justifique que el país se vaya por el precipicio siguiendo al flautista de Sabaneta, y que pensemos que eso es el resultado de un acto de genialidad política o alguna venganza bíblica que nos tenemos merecida.

Hay que dejar de seguir haciéndole coro a los que critican el pasado como justificación del presente y empezar a proponer un nuevo futuro con una nueva verdad. La invencibilidad de los incumbentes, revolucionarios o no, no es más que una ilusión construida de petrodólares. Mientras más temprano reconozcamos al adversario por lo que es, más rápido podremos estructurar una alternativa. Han sido exitosos en el populismo, es obvio, pero no están tocados de sapiencia estratégica y ciertamente no pueden construir una carretera decente.

La verdad está a la vista. El país yace en ruinas, producto de una población, y un país político, que se empeña en creer en soluciones milagrosas de la mano del mesías de turno a la popa de un tanquero petrolero. El futuro debe y puede ser diferente. No hay más que escuchar al liderazgo joven y a los estudiantes para saber que por debajo de la desesperanza aprendida de parte de la población, empiezan a emerger sangre e ideas nuevas, una nueva verdad. No hay más que seguir el ejemplo de la Polar y de otros empresarios que con terquedad le apuestan al país, para entender que el país todavía late con vitalidad. No hay más que leer a la intelectualidad honesta para entender que no estamos cortos de ideas. No hay más que oír a la gente común, para saber que existe la voluntad

La nueva verdad no se parecerá a los últimos cincuenta años, y menos que nada a los últimos doce. En el desván de la historia debemos dejar a Bolívar y sus coetáneos de a caballo. La Venezuela de Betancourt y sus sucesores agoniza junto con el actual régimen. No necesitamos de un Ministerio de la Verdad para reescribir la historia pasada, nuestro norte es construir sobre las ruinas de ella el nuevo camino, la nueva república.

De cara a los cambios legales que día a día instituye el gobierno para impedir la disidencia y mantenerse a toda costa en el poder, esto luce una tarea muy difícil, ¿pero quién dijo que iba a ser fácil? Todo camino largo, parafraseando a Lao Tzu, comienza con el primer paso. Ese primer paso es la idea de que si se puede. Venezuela no ha acabado, todos los días nos da una nueva oportunidad. Comencemos este nuevo año con la intención de aprovechar cada oportunidad y decir la verdad, la fuerza la seguirá.


 

FELIZ AÑO A TODOS

 

Tuesday, December 21, 2010

Petrolia 2010


Petrolia 2010

Llega la Navidad, y con ella la tentación de escribir sobre la nostalgia de la patria y de la melancolía que genera estar lejos de los afectos. Durante el último lustro, aquellos que me honran leyendo y comentando las líneas que dejo correr en la red de cuando en cuando, han visto en ellas una voz que resuena con algunas de sus propias inquietudes.
Durante todo este tiempo mis esfuerzos por comunicar la necesidad de seguir adelante con nuestras vidas, y no anclarnos en un pasado imposible de resucitar, ha sido siempre el norte. Sin embargo, las palabras toman vida propia y es así como muchos de los que me escriben encuentran significados y entrelíneas que nunca intento, al menos no de manera consciente.
Así que esta vez le advierto a mi fiel lector, que si estas líneas le lucen nostálgicas o melancólicas, esto es producto de la magia de la época navideña y no de un consciente deseo de mi parte de seguir mirando atrás.
Habiendo hecho esta inútil aclaratoria, reconozco que estas fechas fueron diseñadas, al menos para mi generación, en torno a la ingenua felicidad de la niñez, por lo que es freudianamente imposible que la mente no se retrotraiga a esa época, y que las imágenes que llevan los recuerdos, no emerjan de manera atropellada del lugar donde se alojan.
En mis anteriores entregas, quizás producto de mi situación personal y de mi desarraigo, escribí acerca de aquellos colegas petroleros, que habiendo sido expulsados de su trabajo y de su país, se habían esparcido por todos los rincones del planeta donde hubiese petróleo, en búsqueda de trabajo y a la expectativa de un pronto regreso al paraíso perdido de Venezuela, y ocupando un país imaginario que di en llamar Petrolia
Este año hubiese sido fácil repetir la fórmula. Después de todo, una creciente cantidad de colegas y compatriotas han tomado el camino del exilio y seguramente pasarán la Navidad solos y lejos de su patria, añorando entrañablemente el ideal de país en el que a estas alturas se ha convertido la Venezuela que dejamos atrás.
Pero para ser perfectamente franco, se me antoja que tal ejercicio luciría superfluo de cara a lo que ocurre en Venezuela mientras escribo esto. La pérdida acelerada de libertades, la expropiación del derecho a disentir y la expropiación de los espacios de dialogo entre las partes, abonan el camino hacia un conflicto fratricida o a la total pérdida de la república.
El triunfo del resentimiento sobre la convivencia, y la destrucción total de las reglas sociales, ante los ojos de una comunidad internacional indiferente, no son sino la tempestad que sigue a los vientos que han pasado desapercibidos para muchos durante los últimos años.
Muchos de los habitantes de Petrolia verán en los eventos de hoy, no sin razón, una suerte de reivindicación a su posición frente a los hechos que en el 2002/2003 condujeron al despido masivo de 20.000 trabajadores y el desmantelamiento de la capacidad productiva de PDVSA; pero eso, como dirían en Maracaibo, es "alegría de tísico".
Venezuela se acerca hacia un precipicio, de eso no nos debe quedar la menor duda. Hay que prepararse. No habrá soluciones milagrosas, ni podemos pedirle al Niño Jesús que nos regale una salida a este atolladero. Los que nos desgobiernan han escogido ya su estrategia: la destrucción y la tiranía. Se acaban las excusas para aquellos que han escogido la indiferencia como estrategia, y las prebendas por sobre los principios.
Con este telón de fondo es difícil reivindicar la esperanza y alegría que viene con la navidad. En el horizonte solo se ven nubarrones de tempestad. Pero lo obvio no es necesariamente verdad. Sin embargo, si algo hemos aprendido de la experiencia de Petrolia es que tenemos la capacidad de volver a empezar de la nada y construir una nueva vida para nosotros y nuestros afectos.
En esta Navidad entonces, recojo los deseos de todos mis compatriotas de Petrolia, no ya en la añoranza del pasado inalcanzable, sino en la solidaridad con la patria tambaleante y desesperanzada. Mis deseos son para que el destino nos otorgue la oportunidad y la fortaleza para reconstruir lo que hoy está siendo destruido por la banda de facinerosos que ocupa el poder.
Así que, aun reconociendo lo terrible de la situación de Venezuela, levantó mi modesta voz para que alcemos la vista por arriba de la polvareda del hoy, y reivindiquemos el verdadero espíritu de la Navidad. La Navidad es el tiempo del nacimiento de la redención, el tiempo de la victoria de la luz por sobre la oscuridad. Estas son ideas eternas que hacen que el hombre justo siempre este del lado de la libertad y en contra de la tiranía.
El pasado es un juego de niños en comparación con el reto que nos espera a la vuelta de página de la historia, pero es un reto que debe ser enfrentado con confianza y fortalecidos por la experiencia.

¡Feliz Navidad a todos!

P.D. A los que nos han acogido en tierras lejanas con los brazos abiertos, vaya nuestro eterno agradecimiento, y la seguridad de nuestra contribución a esa nuestra nueva patria.

Publicado en Analitica.com Diciembre 23, 2010

Sunday, October 24, 2010

La Hoja en Blanco




Hace ya unas semanas que no encuentro ni el tiempo ni la motivación para sentarme a escribir, tal y como me lo había prometido a mí mismo que lo haría en mis propósitos de año nuevo (2009). No faltan los amigos que, en su generosidad, cuando me ven preguntan por las razones de mi silencio, a lo cual contesto siempre con alguna excusa trivial que me salve de una explicación que seguro no quieren oír.
Para aquellos que como yo intentan chapotear en esto de la escritura, la página en blanco es siempre un obstáculo que luce infranqueable, una barrera atemorizante. No es solo que hay que decidir acerca de que escribir, sino que una vez escrito aquello que uno iba a escribir, debe estar uno dispuesto con estoicismo a escuchar las opiniones de aquellos que adquieren el derecho a opinar como retorno a la inversión de su tiempo en la lectura de lo escrito.
Hace unos meses, aquí en Bogotá, tuve la oportunidad de compartir una tertulia con Ibsen Martinez, uno de mis héroes desde sus tiempos como el libretista de "Por Estas Calles". En esa muy amena conversación, que trató de lo humano y de lo divino, de béisbol, de política y de petróleo, finalmente Ibsen le dedicó lo "mejor" de su verbo a criticar a aquellos, que sin ser escritores de oficio, se atrevían a invadir lo que él veía como su territorio, aprovechando las herramientas cibernéticas, y con resultados en su opinión generalmente desastrosos.
Me imagino que ese día Ibsen, sin premeditación, pero si con alevosía, enterró la posibilidad de que yo escribiera algún día la gran novela petrolera venezolana. ¡Por ahora!
Sirva todo este introito, no para explicar porque no escribo tanto como desearía, sino para aclarar porque la mayoría de las cosas que sí escribo, terminan en el "archivo vertical", léase la papelera.
Contrario a lo que Freud enseñó, el reconocer el origen del trauma no cura la sicosis, al menos en mi caso. La hoja en blanco siempre emerge amenazante, altanera, infranqueable, celosa de su virginidad, ansiosa de no ser profanada por los pixeles equivocados (hoy en día solo los neo-luditas usan papel y lápiz).
La vida, cuando comienza, es también una hoja en blanco. Preñada de posibilidades, de horizontes interminables, de dramas y alegrías que se repiten desde que el mundo es mundo, pero que en lo individual siempre son novedades sorprendentes.
El devenir de nuestras vidas nos obliga a ser los escritores inadecuados de esas páginas. Si tenemos suerte, encontramos en el camino quien nos hable de la sintaxis adecuada y de la conjugación correcta a ser utilizada, pero pocas veces nos enseñan de que escribir; eso debemos aprenderlo en el camino, a la fuerza, con noches oscuras pero también amaneceres, entre mares turbulentos y tranquilas bahías, entre errores y aciertos.
Cuando era niño tenía sueños que poblaban mis noches e iluminaban los días. Mi primera aspiración fue querer ser musculoso a lo Charles Atlas, el ser llamado "el flaco" era demasiado denigrante (ah! tiempos aquellos). Luego quise, humildemente, ser el Papa, sueño que se me antojaba posible pues era solo la progresión natural de la vocación sacerdotal que los jesuitas y mi Tía paterna, Carmen Julia, me habían sembrado. Afortunadamente para la Iglesia, este capricho no duró mucho.
Al sacerdocio le siguió la ambición de emular a Luis Aparicio Jr., sueño natural para alguien criado en la Tierra del Sol Amada, pero para el cuál no tenía ni la ambición ni las condiciones requeridas: era muy mal bate, fue así como migre a jugar en la arquería del equipo de del futbol colegio y de ahí, vía la natación, al waterpolo.
Con la adolescencia, le cedí el control de mis sueños a mis hormonas y a la sentimentalidad. De la mano de mi hermano mayor y su guitarra, aspiré a ser Paul Mc Cartney a su John Lennon, para luego seguir sus pasos en la ingeniería. De la mano de mi hermano menor aspiré a la intelectualidad y a la revolución, lo cual a la sazón me parecían sinónimos. Música y conocimiento son las pasiones de esa época que han perdurado a través de los años, y que hoy me conducen a garabatear páginas.
De muchas caras y experiencias están llenas las que alguna vez fueron página en blanco. No las he escrito solo, infortunado es aquel que escribe su vida en soledad. Tortuoso ha sido el camino que nos ha traído hasta aquí, pero siempre ha sido interesante. Las inevitables lágrimas siempre han regado tierra fértil y se han transformado en nuevas y mejores experiencias.
Aunque toda mi juventud la pasé evitando trabajar en la industria petrolera, mi vida adulta la he transitado en ella. Mi familia, mis afectos, mis amores, mis hijas, mis amigos, mi educación, mis éxitos y mis fracasos, todos son actores en la novela de la industria petrolera de Venezuela, y hoy de Colombia. El petróleo ha sido y continúa siendo generoso conmigo, a pesar de mi precoz y aún continua desafección por él.
El año en que nací, mi abuelo, veterano del Barrosos No.2, se acogía a su jubilación de la entonces Shell de Venezuela, y pasaría el resto de sus días haciendo crucigramas y en discusión solitaria con los narradores de noticieros de televisión.
Hoy, después de un largo camino, que se ha hecho muy pero muy corto, llego al mismo punto en que Luis Julio se encontraba hace sesenta años. Sin embargo, otro es mi destino. Lejos estoy de querer hacer crucigramas como ocupación de vida, aunque discutir con los noticieros de la TV lo llevó en la sangre. Debo construir un nuevo hogar lejos de casa. Aún hay muchas páginas en blanco que llenar, amigos que cultivar, amores que conservar.
El presente nos trae el mayor reto de nuestra vida, contribuir a la construcción del país que nos ha adoptado como suyos, mientras luchamos por recuperar el país que nos vio crecer. Es un desafío en el cual afortunadamente no estoy solo, me acompañan muchos otros que, como yo, aun sueñan y luchan.
Dijo alguna vez el historiador Manuel Caballero: "soy periodista cuando escribo y escritor cuando corrijo". Esta página la escribo aspirando ser lo primero, en la esperanza de que algún día pueda aspirar a ser lo segundo.
La Cabrera, en un domingo frío y lluvioso en Bogotá, un 24 de Octubre de 2010. A mi lado, al calor de la humeante chimenea, Emiliana y Anabella escriben sus discursos de apertura como embajadoras ante la Organización de las Naciones Unidas (versión escolar)…mañana será muy pronto.
Publicado en ABC DE LA SEMANA

Saturday, August 07, 2010

Sukhoi sobre Bogotá

Por enésima vez durante este tiempo en que nos ha tocado vivir en Bogotá, los inquilinos de los Palacios de Miraflores y Nariño, uno de salida y el otro con popularidad en picada, nos asoman a la antesala de un conflicto bélico. Como diría mi abuela: el uno que es llorón y el otro que lo pellizca. Dos países que se confunden en uno, de más de una manera, se vuelven a distanciar sin aparente ganancia para ninguno, para los países digo.

En un lado Colombia, con una confrontación interna de larga data, que uno pudiera argumentar con razón, tuvo su origen en problemas sociales no resueltos, pero que hoy sesenta años más tarde, ha devenido en una violencia irracional generada por grupos armados al margen de la ley. Estos grupos, acosados militarmente y sin una salida política evidente, se limitan a actos de bandidaje en la defensa de intereses económicos asociados a actividades del narcotráfico, y usan a Venezuela y Ecuador como zonas de respiro.

En el otro lado Venezuela, cuya última confrontación violenta de alguna significación fue los levantamientos militares contra la democracia post Pérez Jiménez, y las subsiguientes refriegas con grupos armados de inspiración y financiación Castro-comunistas durante la década de los años sesenta en el siglo pasado. Los guerrilleros de entonces fueron "pacificados" y reinsertados, luego de su derrota militar. Hoy sabemos que los más recalcitrantes nunca abandonaron sus objetivos, y hoy con ideas vetustas, camufladas de "bolivarianismo revolucionario", han resucitado como grupo político dominante, bajo la todavía poderosa influencia cubana.

Dado este telón de fondo, a uno no le queda claro el objetivo de este recurrente sainete entre las dos naciones, que sino por historia sí por conveniencia, estarían destinadas a integrarse. Claro está, la historia no es letra trivial y marca las más de las veces el presente y los futuros posibles, sobre todo cuando los líderes no tienen más que ofrecer que el constante regurgitar de leyendas mal recordadas e interpretaciones históricas de libro de primaria.

La explicación más comúnmente oída es que estos episodios, sobre todo los que se originan del lado oriental de la frontera, no son más que repetitivas distracciones dirigidas a hacer olvidar la falta de gestión de un gobierno que tiene tiempo empantanado, como consecuencia de esa extraña combinación latinoamericana, y particularmente venezolana: incompetencia e ideología. Si a eso agregamos que los militares que dirigen Venezuela, activos o no, han sido secularmente educados bajo la sombra de un potencial conflicto con Colombia, uno puede entender que sus alforjas intelectuales solo contengan como respuesta a los conflictos políticos el batir de tambores de guerra, a pesar de lo destemplados.

De lado de Colombia, no me queda duda que su conflicto interno extrae tal precio económico y social, que poco apetito le queda para estarle buscando camorra al vecino, más allá de los conflictos naturales entre países que comparten tan vasta y activa frontera. Sin embargo, la política no es juego de niños, y capital político siempre se puede extraer de estas situaciones, sobre todo cuando el vecino constantemente "da papaya".

¿Pero cuales son las realidades objetivas? ¿Será posible que el ejército colombiano después de un largo periplo a Maicao, para luego atravesar el puente sobre el río Limón a marcha forzada, ataque y ocupe a Maracaibo, la ciudad del Sol Amada? Digo Maracaibo, pues ocupar San Antonio del Táchira sería como un desperdicio de esfuerzo, ya que para todo propósito práctico esta y Cúcuta tienen décadas recíprocamente invadidas.

Por otro lado, ¿será posible que una de estas madrugadas el silencio del cielo sobre La Sabana sea roto por el ruido ensordecedor de las turbinas de un Sukhoi, señalando así el comienzo del conflicto tan anunciado? ¿La guerra que dilucidará por todos los siglos la trifulca no zanjada entre Bolívar y Santander, y que hace trasnochar al líder bolivariano, mientras Venezuela agoniza de mengua?

Pero si la historia reciente es en algo útil, podemos predecir con certeza que en pocos días el buscador de pleito de hoy se trocará, sin ningún asomo de contradicción, en el constructor de la paz mañana.

Escribo esto en una madrugada Bogotana, algo angustiado, debo confesar, de verme atrapado en la reyerta, pero el ruido que me saca de mi ensimismamiento no es la turbina de un Sukhoi, sino la reconocible voz nasal que colorea kas mañanas sabatinas en esta amable ciudad, y que es más real hoy que cualquier recreación de escaramuzas decimonónicas: " Tamaaaaales, Tamaaaales…"

Sunday, July 25, 2010

Aviones y Otros Artefactos




Después de abordar el quinto avión en sólo tres días, uno puede ser perdonado por pensar que la vida es nada más que una sucesión de vuelos, y que lo que pasa en la tierra abajo es de poca o ninguna importancia. Entre aterrizajes y despegues, asientos incómodos, bebidas gaseosas, comida de avión y sueños intermitentes, el tiempo transcurre en lo que pareciera ser otra dimensión, brumosa y aislada del mundanal ruido.
Si a eso le agregamos esos inventos de la vida moderna, el IPOD y la LAPTOP, con los cuales uno intenta mitigar el eterno aburrimiento de ir de un lugar a otro, bien sea en la búsqueda de entretenimiento, o como continuación de aquello que pasa por trabajo para el hombre moderno, uno comienza a ver el mundo tan plano y estéril cómo las pantallas de esos artilugios.
En ese mundo electrónico bidimensional que hoy nos rodea, hasta las páginas crujientes de los libros han empezado a ser sustituidas por nuevos artefactos que reclaman para sí la capacidad de guardar en memoria más páginas que toda la Enciclopedia Británica – suerte de Wikipedia de papel para aquellos de mis lectores que hayan olvidado o nunca hayan oído de ese monumento a la hoy fallecida hegemonía intelectual de la Isla de Albión.
Es solo cuando uno llega a un aeropuerto, y enciende ese otro artefacto de esclavitud moderna, el teléfono celular, que una suerte de realidad retorna a nuestras vidas. La marejada de datos que hoy tomamos como información, represada durante nuestra ausencia aérea, inunda rápidamente estos artilugios casi milagrosos, despertándonos rápidamente a la vida que transcurría mientras volábamos.
Con toda rapidez nos reencontramos con la última ocurrencia en algún recóndito lugar del planeta. Nos enfrentamos con los problemas que antes podían esperar días a ser tratados, hoy transformados en emergencias por virtud de su inmediatez; y alguna que otra vez somos sorprendidos por un mensaje de esa persona que nunca puede ser sustituida por 0's y 1's.
Uno aprende rápidamente, mientras espera la próxima conexión, a vaciar la bandeja de entrada y a llenar la salida, en una aproximación cibernética a lo que antes se conocía como trabajo y que un amigo alguna vez llamó: "ingeniería postal".
Hete aquí entonces que hemos sustituido las muy pensadas y artesanales cartas de antaño, por la rapidez del correo electrónico. La enrevesada llamada telefónica transoceánica, por la inmediatez de la videoconferencia o el "chat". Pero ayer como hoy, las ausencias se cuentan en interminables horas, que no hay tecnología que acorte. No hay sustituto para la calidez del abrazo o el aliento que despide la sonrisa que con nostalgia llevamos en la memoria.
Pero no se me malentienda, no expreso los mandamientos de un nuevo Ludismo, todo lo contrario. Para alguien que pasa fuera de su casa tanto tiempo de su vida, el tener esta tecnología es una tabla de salvación, casi la única manera de intentar mantener contacto con los afectos. Los eventos de los últimos años nos ha llevado a ser trashumantes aéreos y por necesidad artilugio-dependientes; si estos no existieran, habría que inventarlos.
Escribo esto a 35.000 pies de altura en el teclado de mi HP, oyendo en mis audífonos a Pedro Castillo cantar "Rio", a la espera ansiosa del aterrizaje y de la próxima oportunidad de conexión con la vida que transcurre mientras volamos. A mi lado, mi vecino de asiento teclea furiosamente en su laptop, en un intento infructuoso de recuperar tiempo perdido. Seguro que él también extraña...

Publicado en ABC DE LA SEMANA

Friday, April 23, 2010

SER UN EX



Hace unos pocos días recibí una nota vía “Facebook” de una gran amiga, periodista y alguna vez compañera de trabajo y de quién no sabía hacía ya tiempo, preguntándome si estaría interesado en hablar con una de sus colegas del diario El Mundo, en Caracas.
Según entendí de la corta y afectuosa nota, la reportera en cuestión quería entrevistar a ex - trabajadores de PDVSA que estuviesen trabajando todavía en el sector, pero en empresas fuera de Venezuela. Por pura coincidencia, o quizás no, el diario El Nacional publicó esta misma semana una nota muy extensa sobre un grupo de petroleros venezolanos que han encontrado alguna fortuna construyendo una compañía petrolera en Colombia.
Debo confesar que la nota de mi amiga me generó sentimientos ambiguos. Por un lado, alegría, como petrolero, por la oportunidad de usar el vehículo de la prensa venezolana para hacer visible frente a la opinión pública venezolana, que poco a menudo se ocupa, a los más de 20.000 trabajadores que fueron despedidos de PDVSA durante el período 2002-2003. Pero por el otro lado, sentí tristeza, como individuo, que a pesar del tiempo transcurrido y los baches sorteados durante más de 7 años, uno siga siendo calificado como un ex-“algo”.
Esta línea de pensamiento me llevó a rumiar que en la vida, si uno trabaja y tiene algo de suerte (mala y buena), uno evoluciona de una etapa a otra. Esto hace que la vida pueda ser vista, de una manera simplista, y en mi opinión errada, como una sucesión de ex(s).
Ex–alumno de tal cuál colegio o liceo, ex-jugador de tal o cual deporte, ex-miembro de tal o cual grupo, coral, partido político, equipo deportivo, universidad, compañía y hasta ex – esposo(a). Esas son muchas de las descripciones que pueblan nuestras vidas y que sirven de muletillas convenientes para describirnos, tanto positiva como peyorativamente. Suerte de etiquetas de conveniencia y faltas de profundidad. Valga la pena anotar que, salvo en situaciones excepcionales, uno nunca se transforma en ex – hijo(a) o en ex –padre (madre).
La connotación positiva de ser ex(s), se deriva de si la membrecía que se reclama nos da autoridad o preeminencia ante nuestro grupo social, como si de una condecoración de batallas ganadas se tratara. Lo negativo, por otro lado, se desprende de cuando esa misma membrecía nos asocia con algo que el grupo considera como una mácula denigrante o censurable. Más aún, si a ver vamos, esto de los ex(s) pareciera implicar que es más importante juzgar a alguien por la acumulación de ex(s) de un pasado reciente o lejano, que juzgarlo por las realidades del presente.
Es ese presente, y la real posibilidad de contribuir a nuestro futuro y el de nuestro entorno, lo que determina nuestro verdadero valor de cara a la sociedad, y en última instancia ante nosotros mismos. Mi colección de ex(s) describe lo que fui, y quizás hasta mis posibilidades de ser, pero no determina ni me da licencia, sobre el presente. Eso solo lo hacen mis actos de hoy en día.
En el caso que nos ocupa, el gobierno que en mala hora nos tocó, quiere convertirnos también, como si de etiquetas se tratara, no solo en ex-PDVSA, sino también en ex- venezolanos.
Es así que desde hoy en adelante propongo eliminar el apelativo de ex – PDVSA, para denominar a aquellos que dedicaron sus vidas a construir la industria petrolera que ayudo a ensamblar la Venezuela del siglo XX. Si las cualidades humanas que los llevaron a dedicar, y en algunos casos a sacrificar sus vidas, están todavía hoy presentes en sus quehaceres, en Venezuela o fuera de ella, estén o no cerca del petróleo, no son ex(s), sino son y seguirán siendo merecedores del mejor título que se puede tener en una sociedad libre: Ciudadanos.
Así que apenas termine de escribir y revisar estas cortas líneas, le enviaré una nota a mi amiga diciéndole que estoy más que dispuesto a conversar con la reportera de cómo los venezolanos, petroleros o no, dentro y fuera de los confines de la patria, demostramos que si se puede construir a pesar de las dificultades y por encima de los apelativos.
El día que Colombia, que es donde hoy nos toca en suerte estar, tenga a bien recibirnos formalmente como parte de sus hijos, añadiremos un gentilicio, pero tengan por seguro que nunca seremos ex-venezolanos.
Publicado en ABC DE LA SEMANA

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Tuesday, March 02, 2010

LA NEO-APERTURA PETROLERA




“La imitación es la forma más sincera de la adulación”, Charles Caleb Colton (1780–1832)



“El ministro de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez, anunció anoche que el consorcio español Repsol y el estadounidense Chevron, entre otros, ganaron la licitación para la participación en el desarrollo de los bloques Carabobo 1 y 3, respectivamente, de la Faja Petrolífera del Orinoco.” Ultimas Noticias, Febrero 11, 2010.

Con este anuncio, y después de un largo y tortuoso camino de años de negociaciones tras bambalinas y anuncios fallidos, PDVSA finalmente logró adjudicar parte de la cuantiosa reserva de la Faja del Orinoco para su desarrollo.

Sería muy fácil escribir irónicamente sobre lo paradójico de este hecho, después de todo, este gobierno lleva la mayor parte de de los últimos 35 años denigrando de la participación privada, y sobre todo extranjera, en el sector de hidrocarburos.

¿35 años? Seguro te equivocas, pensará mi avizorado lector ¡Este gobierno “solo” lleva once años! Sí, pero no. La ideología de anti participación privada es atávica en los venezolanos. Se pudiera decir que esta “idea fija” data de los escritos de ese gran venezolano Rómulo Betancourt (recogidos en el libro: “Venezuela, Política y Petróleo), quién sembró la semilla del final de las concesiones, la creación de la compañía estatal, la eventual estatización de la industria petrolera y la mayoría de los prejuicios que pueblan la mente de nuestra clase política sobre el tema petrolero – tantos blancos y azules como rojos.

Pero no hay necesidad de volver tan atrás. Durante el debate que llevó a la estatización en 1975 (hace 35 años), gente como Alvaro Silva Calderon, Gastón Parra, Potella, Mieres y otros miembros del panteón de la “izquierda borbona” (Teodoro Petkoff dixit), se opusieron de manera militante al artículo 5 de la LOREICH (Ley Orgánica que Reserva al Estado la Industria y Comercialización de los Hidrocarburos). Recordemos que ese artículo establecía las condiciones generales para la participación de compañías privadas en el sector recién entonces estatizado.

Luego, en la década de los noventa, los mismos actores fueron los más acérrimos enemigos de la estrategia de “Apertura Petrolera”, aliados al entonces diputado Alí Rodriguez Araque, desde siempre vocero político de las ideas recalcitrantes del Prof. Alemán: Bernard Mommer. Estos dos personajes se encargarían luego, el primero ejecutando y el segundo proveyendo los argumentos, de la destrucción sistemática de PDVSA; labor esta que finiquitó, también bajo la tutela de Mommer, Rafael Ramirez.



No es este el lugar para una defensa sopesada de la estrategia de Apertura Petrolera, mejores mentes ya lo han hecho y lo continuarán haciendo. Además, que mejor defensa de esa estrategia que la Ley de Hidrocarburos y la Ley de Hidrocarburos Gaseosos, ambas aprobadas bajo esta administración. Estas leyes reivindican explícitamente la participación del capital privado, al eliminar la reserva del estado sobre el sector.

Y qué decir de los más de un millón de barriles diarios de producción que dicha Apertura llegó a aportar, aún durante los tiempos más turbios de la década que acaba de terminar, y antes de que PDVSA siguiera la ruta del “auto suicidio” y decidiera tomar control operacional de esos barriles – pero ese es otro tema.

La verdad de la Apertura Petrolera, es que ella recobró para Venezuela su debido lugar como una de las provincias petroleras más atractivas del planeta. En particular, la apertura en la Faja del Orinoco hizo que esta gigantesca acumulación dejase de ser una quimera, y se convirtiera en una realidad, haciendo de los campos de gamelote en el oriente del país, un desarrollo petrolero moderno. Devolviéndole a Venezuela, entre otras cosas, el posicionamiento estratégico que había perdido frente a sus reales competidores/aliados, los países de la OPEP.

Pero estos no son los primeros proyectos que este gobierno anuncia con bombos y platillos: la Plataforma Deltana, el proyecto Mariscal Sucre (ex Cristóbal Colón), el proyecto Rafael Urdaneta, son todos la consecuencia lógica de los logros de la Apertura Petrolera de los años noventa, aunque su progreso a la fecha deje muchísimo que desear y no sean hasta ahora más que promesas no materializadas.

El Ministro responsable de PDVSA, hace esfuerzos para explicarnos porque está nueva apertura es mejor que la anterior. Que si la regalía, que si el impuesto, que si la mayoría, que si el bitumen. Malabarismos verbales y numéricos cuya flacidez denota que, aunque el Prof. Mommer ya no habita en el ministerio, sigue siendo el libretista. Habría que preguntarle al ministro: ¿quién le devuelve al país las oportunidades perdidas, a consecuencia del laberinto ideológico en que han estado deambulando por la última década?

Ha tomado la mejor parte de once años para que este gobierno reconozca lo que ya era obvio en los noventa: que las oportunidades petroleras venezolanas siempre serán más que lo que la compañía estatal por si sola puede acometer, la de antes y qué decir de la de ahora; y que la autarquía petrolera es incestuosa y en última instancia ineficiente. De que valen declarar las reservas de hidrocarburos mayores del mundo cuando se tiene una industria petrolera alicaída e ineficiente.

Sin embargo, no nos hagamos ilusiones de que estos nuevos proyectos tendrán el mismo éxito que la Apertura original, aunque como venezolanos esa debería ser nuestra esperanza. Como buen exponente del “doublé think” orwelliano, este gobierno en cualquier momento puede da una voltereta y convertir a sus nuevos socios de héroes en villanos y descarrilar los proyectos, ya lo ha hecho antes.

Las compañías que hoy hacen la apuesta a Venezuela saben que toman un gran riesgo al negociar con el actual gobierno. Pero hoy día, las oportunidades de acceder a reservas de la magnitud que Venezuela ofrece son casi inexistentes y me imagino que en su mente dirán que el tiempo juega a su favor y otros vientos soplarán para cuando de verdad haya que desembolsar su dinero.

Hete aquí entonces que la maltrecha PDVSA de hoy, ante el creciente deterioro de su capacidad de ejecución y su declinante producción, y en una posición de franca minusvalía técnica y gerencial, retoma el camino trazado por la Apertura Petrolera, convalidando la visión y la estrategia que hace ya tres lustros se fraguó.

Esta vez, y esto hay que subrayarlo, sin que un solo político, ni de un lado ni del otro del espectro ideológico, haya emitido la más mínima opinión. No sé si esto es señal de un nuevo acuerdo nacional implícito sobre el tema, o como me temo, producto de la indiferencia e ignorancia con la que ahora se tratan los temas importantes de la Nación y en particular el petróleo.

En fin, la faja del Orinoco sigue siendo, hoy como ayer, la clave del futuro petrolero de Venezuela y debemos observar con interés este nuevo capítulo, y rogar que en esta ocasión, a pesar de los defectos que se le puedan asignar a esta neo-apertura (mis minúsculas), el aforismo popular, “nunca segundas partes fueron buenas”, no se haga realidad. Esperemos que un futuro gobierno no se vea en la obligación de enderezar los entuertos que hoy no aparecen a simple vista en estos proyectos, pero que de seguro existen.

No es la reivindicación adecuada, pero estoy seguro que quienes antes idearon y materializaron la Apertura Petrolera, les costará no esbozar una sonrisa...

Reproducido en : ABC de la semana, marzo 2010
y en Analitica.com, marzo 2010

Sunday, February 07, 2010

EL REGRESO AL SILENCIO

A Laureano Marquez
Laureano: Hace ya algún tiempo, mi amigo Gustavo Nuñez y yo no sentamos a conversar sobre la necesidad de sembrar en los venezolanos la esperanza de futuros más allá de la desesperanza aprendida. De esas conversaciones salió la idea de hacer un "piloto" de un programa de radio con esa idea en mente.
Algo muy similar al escrito que aquí anexo fue la semilla de un programa que finalmente produjimos de manera artesanal, pero que no fuimos capaces de mercadear con éxito.
La alharaca creada por tu columna de "Venezuela sin Esteban" es para mi evidencia de que Venezuela quiere creer en las posibilidades del futuro. Vaya entonces esto como homenaje a tú valor y dignidad, y con el permiso de Gustavo.


Han pasado algunos años desde que Coromoto Rincón estuvo en su última marcha a comienzos de la década. Aunque aún conserva una descolorida gorra tricolor como recuerdo de esa época trastocada de su temprana juventud. Coromoto, más por desidia que por nostalgia, como la gran mayoría de los venezolanos, había escogido almacenar en el desván de su memoria esos días de pitos y banderas, de Marta y de Villeguitas, de Liliana y de Iris, de Henry y de Calixto, de muertes inútiles y de héroes perecederos.
Coromoto aún puede oír en su cabeza el ritmo tribal de las cacerolas – clan, clan, clan, clan – y el ensordecedor sonido de los altavoces que conminaban, la mayoría de las veces, a una esquiva batalla, que siempre le recordaba una película de romanos, aunque ya había olvidado cual.
Todas estas imágenes y sonidos, que normalmente se agazapaban en su inconsciente, afloraban de cuando en cuando; sobre todo cuando la envolvía ese estado de sopor, ni dormida ni despierta, que experimentaba a menudo en el viaje en Metro entre Parque Carabobo y El Silencio, después de un largo día de trabajo. La mayoría de las veces, Raquel, su gran amiga desde el Liceo, era su compañera de este cotidiano viaje subterráneo y su incesante cháchara la distraía. Hoy Raquel no la acompañaba, tenía un nuevo empate y esto siempre ocasionaba que Raquel subiera a una nube más alta de la que normalmente ocupaba y le diera por perderse por días – Ah! Raquel, siempre soñando…
La soledad tumultuaria que acompañaba hoy a Coromoto, en el apretujado vagón de la Línea 2 del Metro, la hizo divagar: “¿Dónde estaría Hugo, sus cubanos, sus aplaudidores de oficio, sus enemigos y todos los demás actores de ese sainete en que se había convertido la política venezolana de principio del siglo XXI? Parecía un sueño, o mejor una mala pesadilla, que hace tan solo unos años esos personajes, hoy convertidos en cómicos recuerdos en la conciencia de los venezolanos, hubiesen dictado nuestras mas pequeñas acciones y pensamientos.”
Coromoto no entendía mucho del tema, pero le había oído a uno de su profesores una vez hablar sobre esa época: “…cuando finalmente entendieron que reclamábamos un futuro, cualquier futuro, desaparecieron en las páginas de la historia, no sin antes llevarse por delante lo que quedaba de la vieja política, esa que llamaban de la cuarta, y destruyeran lo poco que de convivencia social había sobrevivido de la Venezuela del siglo XX.
El destructor del pasado logró su objetivo, sin percatarse que su destino era el mismo que el de ese pasado. De otra manera no podía ser. ¿Después de todo qué había sido él sino la sombra de todo eso que criticaba? La síntesis de todo lo inútil y estéril de la Venezuela de héroes a caballo. Muerto y enterrado ese pasado, el sepulturero trastabilló y cayó en la misma fosa.”
Pero para Coromoto eso no eran más que palabras que recordaba pero que no entendía del todo. Lo relevante era que esa noche tenía una cita con Elio. Quizás hoy, después de tantos meses, Elio tendría el coraje de proponerle enseriar la relación, ya era tiempo.
Coromoto había conocido a Elio unos años después de de la muerte de Efraín, su compañero desde la adolescencia y el padre de la niña de sus ojos, La Beba. Efraín había sido una de las últimas víctimas de los “malandros” que habían convertido El Silencio en su coto particular, antes que el Alcalde Medina le declarará la guerra frontal al hampa. Muerto en el tiroteo cruzado de bandas que disputaban territorio.
Elio era un colirio para los ojos de Coromoto: moreno, bien parecido; recién se había graduado como técnico en informática en el Instituto Carlos Barberii, uno de los nuevos institutos privados promocionados por el Ministerio de Desarrollo Educativo. Ya su jefe, supervisor de informática en una de las nuevas compañías petroleras nacionales, le había prometido un ascenso. Los fines de semana Elio tocaba guitarra eléctrica con un conjunto de Salsa en el Gallo Saltarín.
Hace uno meses Raquel había convencido a Coromoto de que necesitaba despertar de la tristeza de su luto, y que debía, por su bien y el de la Beba, construirse un nuevo futuro. Las dos fueron al Gallo Saltarín a echar un pie, y ahí los ojos de Coromoto se entrelazaron con las miradas que Elio ensimismado le disparaba desde donde tocaba la guitarra al son de la Salsa Brava.
Elio y Coromoto compartían la memoria de los tiempos de cólera de principios de siglo, y aunque ni hablaban ni pretendían entender de política, se comunicaban a través de esa historia compartida, que como amalgama emocional, había empezado a unir a lo que ya se empezaba a llamar la generación de los sueños posibles.
Elio, como Coromoto, también había marchado durante esos días de odio filial, pero en el otro bando, aunque esto nunca se lo había dicho a Coromoto. Después de todo eso estaba en el pasado. Pasado que ninguno de los dos quería revivir.
En el transcurso de unos pocos meses después del primer encuentro, Elio había pasado de amigo a compañero y luego de manera casi inevitable a amante. La Beba, que al principio lo miraba con ojos desconfiados, había empezado no solo a aceptar sino a desear la presencia del hombre que hacía sonreír a su mamá.
Bajo la presión sutil de Coromoto y el acoso no tan sutil de la mamá de ella, Elio había empezado a sentir una ansiedad que no había experimentado antes. Sin embargo, se sentía optimista y esperanzado con la posibilidad de construir un futuro en común con Coromoto y su Beba. Optimismo esteque no hubiese sido posible hace unos años, cuando el duelo político entre los dos bandos, y a espalda de lo que la gente en realidad deseaba, había casi aniquilado las posibilidades de soñar.
El tren empezó a desacelerar, Coromoto dejó de remembrar, la estación de El Silencio era su estación. Coromoto vivía, junto con su mamá y la Beba, en uno de los recién renovados apartamentos en El Silencio. La Fundación Carlos Raúl Villanueva, financiada por El Banco Interamericano de Desarrollo, había comenzado a recuperar el ambiente de humanidad que su creador había visionado y que años de desidia habían dejado en el abandono y la miseria. Aunque la vivienda era modesta, era limpia e iluminada, pero sobretodo era su casa, la primera de su familia.
Coromoto y su madre ambas trabajaban. La una era secretaria en un bufete de abogados de la defensoría pública, y Coromoto, que estaba culminando sus estudios como Técnico en Turismo, empezaba a labrar su propio negocio en una pequeña agencia que organizaba tours en el centro histórico de Caracas y que ella había fundado con algunos de sus compañeros del Instituto, usando un crédito del Fondo de Desarrollo turístico.
En las mañanas, en el camino a sus trabajo, dejaban a Beba en la guardería vecinal, donde no solo la cuidaban con devoción, sino que también aprendía a compartir con los otros chamos que también eran hijos de amores de principios de siglo. Porque si algo hay que sobrevive, aun a la política, es el amor de dos cuyas estrellas se han entrelazado
Elio había prometido venir a buscarla temprano y tomarse un café en el Café de Julián. Ese lugar les gustaba, podían no solo tener privacidad, sino también usar una de las computadoras que conformaban lo que Elio llamaba El Ciber del Silencio, o curiosear las nuevas revistas u oír la música de moda.
Elio, como siempre, estaba retrasado. y durante ese tiempo Coromoto cavilaba acerca de si Elio era todo lo que aparentaba ser. Mientras esperaba, sentada en una de las mesas cerca de las amplias ventanas, no pudo evitar observar como El Silencio se desnudaba de su traje de diario y empezaba a desplegar su atuendo vespertino: los cafés en las aceras se empezaban a llenar de parejas en actitud de cuchicheo, las librerías de trasnocho encendían su vidriera con los últimos títulos de Monte Ávila, los artistas parecían haber decidido que el Silencio era el lugar para ver y ser vistos.
Coromoto sintió como el corazón le daba un vuelco. Elio acababa de aparecer a la vuelta de la esquina y se dirigía hacia ella sonriendo. En su mano izquierda cargaba el estuche de su guitarra eléctrica y en su mano derecha una rosa… ¿y por qué no? Coromoto sentía que todo era posible…

Sunday, December 06, 2009

Navidades en Petrolia - ¡Que Molleja de Frío!



Hace unos días recibí un correo de mi amigo Lino invitándome a ver, a través de YOUTUBE, un video de un festival de gaitas zulianas en Canadá. Debo confesar, aquí y ahora, que a pesar de haberme criado en Maracaibo, nunca he sido muy fanático del género, esto sin duda debido a mis inútiles esfuerzos por aprender a tocar la “charrasca” y pertenecer a un grupo gaitero, en mi ya lejana adolescencia.
A pesar de ello, como cualquiera que haya crecido bajo el sol marabino, siento “un nudo en la garganta” oyendo a Ricardo Aguirre interpretar “La Grey Zuliana”. Más aún, puedo cantar la “Cabra Mocha”, “Sentir Zuliano”, “Aniceto Rondón” y hasta la “Gaita Onomatopéyica”. Sé distinguir entre el Padre Vílchez, Abdenago “Neguito” Borjas y Gustavo Aguado.
Con ese bagaje de recuerdos y ambigüedades, me dispuse a curiosear lo que Lino me había enviado, después de todo no había más nada que perder sino tres minutos y medio, y ese día en particular el tiempo no era objeción : http://www.youtube.com/watch?v=v5XMFZiYlnY
No crea mi paciente lector que este artículo es entonces un intento a la crítica musical, no faltaría más… aunque debo confesar que fui sorprendido por el talento de los gaiteros y en particular por las habilidades de “furrero” de Lino. Lo que si debe quedar claro es que, si uno es petrolero y además zuliano, la navidad no sería tal sin el sonido escandaloso de una gaita, así esta venga de más allá de ninguna parte.
Hace ya unos años, estando en Ciudad de México, me topé con un lugar ficticio que me di en bautizar como “Petrolia”. Petrolia no está en ninguna parte, pero al mismo tiempo está donde quiera que estén los petroleros venezolanos. Aquellos que habiendo perdido su trabajo en los sucesos del 2002-2003 en PDVSA, o antes, a raíz de la llegada de Chávez al poder, se diseminaron a todos los rincones del mundo en búsqueda de las oportunidades de vida que su propio país les negaba, y aún hoy les continua negando.
Para mí fue una sorpresa muy enriquecedora ver cómo aquellas líneas, escritas entonces como catarsis personal, terminaron resonando en el corazón de mucha gente, conocidos y desconocidos, en dondequiera que la “Web” abría un buzón.
En los cuatro años que han pasado desde entonces, venido diciembre, Petrolia aflora en mi subconsciente, con vida propia. El nombre del lugar sigue siendo el mismo, los habitantes nos hemos echado a cuestas unos años más y ciertamente no somos los mismos, labrados como hemos sido por las experiencias, buenas y no tan buenas.
Hemos visto crecer a nuestros hijos en los más extraños parajes o en algunos casos lejos de nosotros. Algunos continúan la vida del nómada, sin afectos. Otros han logrado echar raíces en tierras que nunca soñaron en conocer y que los han recibido con cariño. Los que quedaron en Venezuela, son parias en su propia tierra, victimas del odio filial que genera el barinés.
Durante este tiempo, hay amores que han languidecido y otros que se han hecho fuertes ante la adversidad. Hay tantas historias como lugares, tantas risas como lágrimas. Por cada historia triste conseguimos una que nos hace creer en la validez de la esperanza.
Cuando escribí por primera vez sobre Petrolia, buscaba motivación en la descripción de aquellos que veía enfrentar su destino día a día con más valentía y entereza de la que yo me sentía capaz. Buscaba esperanza en aquellos que se esperanzaban con una vuelta temprana a casa. Con el correr del tiempo empecé a reconocer, junto con los “petrolienses”, la necesidad de salir del duelo estéril y construir nuevas vidas.
¡Es Navidad! En nuestra tradición tiempo de esperanza. Tiempo de compensar a nuestros afectos, los viejos y los nuevos, algo del tiempo perdido. Tiempo de darles sonrisas a nuestros hijos, de abrazar las posibilidades de un nuevo año, de volver a creer en lo posible.
¡Es Navidad! En Riad, Houston, Caracas, Fort Mc Murray, Moscú, Buenos Aires, Lagos, Lagunillas, Maturín, Bogotá, Maracaibo; bajo nieve o en el desierto; en la ciudad más moderna o en el taladro más recóndito; donde quiera que haya un habitante de Petrolia, hay un pedazo de Venezuela. Un pedazo de la Venezuela posible, de la que construye, de la que no cree en el fatalismo, de la que se rebela en defensa de su libertad, de la que se niega ser atada a los héroes de bronce de nuestras plazas.
Escribo esto en una fría noche de Bogotá, donde el silencio ensordecedor en mi apartamento, me hace regresar a aquella calle arbolada, a Sinaloa 224, donde atisbé por primera vez a Petrolia. A los moradores de la ciudad de mi imaginación les envío mi afecto y admiración, donde quiera que ellos estén
Vuelvo a ver el video en YOUTUBE, gaita en la zona gélida, y no puedo sino arroparme con el calor de la sonrisa de los gaiteros, y en mí imaginación puedo alcanzar a oír, como si estuviera allí, al maracucho que grita: ¡Que molleja de frío!
P.D. Cuando escribí por primera vez sobre Petrolia, pensaba que el exilio iba a ser corto. No una muy buena predicción para alguien que se gana la vida atisbando hacia adelante. Hoy mis sentimientos son ambivalentes. Soy de los sortarios, mi nave ha encontrado refugio en un puerto que me ha recibido sin ambages, y mis compañeros de travesía han resultado ser grandes seres humanos. Todo me dice que el viaje será largo, pero mi alma aún abriga la esperanza, de si no el regreso, al menos del reencuentro con mis afectos. Tengo también la esperanza de que esta sea mi última carta desde Petrolia, y la primera desde ese nuevo hogar que nos debemos a nosotros mismos construir. Aunque el primer amor nunca se olvida, el último es el que debemos preservar.
¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

Wednesday, December 02, 2009

¿PARO? ¿CUAL PARO?


“…es evidente que se escribirá una historia, la que sea, y cuando hayan muerto los que recuerden la guerra, se aceptará universalmente. Así que, a todos los efectos prácticos, la mentira se habrá convertido en verdad. ... El objetivo tácito de esa argumentación es un mundo de pesadilla en el que el jefe, o la camarilla gobernante, controla no sólo el futuro sino también el pasado.” - George Orwell, 1939



Todavía puedo recordar con nitidez la reunión entre Alí Rodriguez Araque, para ese entonces presidente de PDVSA, y todo el grupo de alta gerencia de la petrolera estatal, tanto de Caracas como del resto de las zona operativas, realizada finales de noviembre de 2002 en el auditorio del CIED, en la urbanización La Tahona en el este de Caracas.

En mi memoria muy personal, tomo esta como una de esas instancias que pudieran haber cambiado el curso de los eventos. Los más de cincuenta ejecutivos, uno a uno, comunicaron la situación del área a su cargo y describieron en detalle los planes de contingencias diseñados para enfrentar la creciente amenaza de una paralización de las operaciones de la petrolera.

Se presintió entonces, como se hizo obvio en las semanas que siguieron, que Rodriguez Araque no tenía ninguna intención de buscarle solución a las situaciones que su cuerpo gerencial le describía en detalle, y que habían acentuado la crisis bajo el ojo indiferente del político vestido de petrolero: la promoción de una gerencia política paralela, el acoso de parte de los cuerpos de seguridad internos y externos, la falta de decisiones para mediar en la anarquía institucional, etc.

La confrontación, y con ella la destrucción de la institución, parecía ser su único objetivo. La máscara de estadista que por algunos años le había presentado al país, se caía estruendosamente. En retrospectiva, era ingenuo esperar que su comportamiento fuera diferente. En su reciente artículo publicado en el Diario El Nacional, “El Cero Como Meta”, la periodista Milagros Socorro, hace una disección brillante de este personaje.

Siento una obligación moral de seguir dejando un registro de mi manera de ver la época del Paro, con todo y su sesgo. Sin embargo, los episodios me son dolorosos. Aún hoy sigo sin poder entender el odio intransigente, representado en el dúo Chávez/Rodríguez y otros actores, que condujo a esos días aciagos, y que confieso quisiera poder dejar atrás. En descargo entonces de esta obligación auto impuesta, retomo un artículo que publiqué en el diario El Nacional en Diciembre del 2003.

Lo que escribí entonces sobre PDVSA y sobre los hechos del Paro Cívico, son hoy más verdad que nunca, aunque el tiempo ha demostrado que la corporación tenía mas resiliencia de lo que la que mayoría pensaba. De la misma forma, sigue siendo verdad la incapacidad de la oposición democrática de entender el porqué el Paro ocurrió, y cuáles han sido las consecuencias de no asumirlo como propio. De una manera inexplicable han caído en la trampa de satanizar sus propias batallas y hacen resonancia a la falaz historia oficial

“Pdvsa, el gigante agonizante
El Nacional - Sábado 13 de Diciembre de 2003.

A juzgar por la millonaria campaña publicitaria que Pdvsa lleva a cabo en los últimos días, en el ánimo de hacernos creer que las ruinas de la maltratada empresa nacional es una mejor compañía que aquella que fue construida en el previo cuarto de siglo, pareciera que los venezolanos tuviéramos válidas razones para celebrar la destrucción de lo que hasta hace poco fue ejemplo de la Venezuela posible.

La única manera de sacar lecciones del doloroso hecho concreto del Paro Cívico Nacional de finales de 2002, y en particular del desmantelamiento de Pdvsa, es comprender que tales conmociones sociales, como los terremotos, son el producto de acumulaciones de tensiones a lo largo de un largo período de tiempo.

La relación del petróleo y los petroleros con la sociedad venezolana ha sido, y continúa siendo, tensa y muy ambigua. Los petroleros han sido siempre catalogados como una casta privilegiada, arrogante, e indiferentes a las realidades del país, convirtiéndose en un blanco aceptable para todas las fuerzas políticas, sin excepción.

Para las fuerzas políticas que constituyen la base del actual gobierno en particular, el petróleo no es más que un arma de dominación política y social, y los trabajadores petroleros un obstáculo secular en su ruta al acceso y entronización en el poder.

Cuando la historia sea contada con el desapego de la distancia, descubriremos cómo en la primera semana del paro la presidencia de Pdvsa desarticuló la organización que decía querer estabilizar, sustituyendo a los gerentes operacionales más importantes, quienes se mantenían en sus puestos de trabajo, e introduciendo elementos de discordia en una ya candente situación, reviviendo las condiciones y las personalidades que habían llevado a la crisis de abril de 2002.

A lo largo de los siguientes días, y de una manera sistemática, la presidencia de la corporación estatal fue suspendiendo todo el liderazgo natural de la empresa, eliminado toda posibilidad de que ese liderazgo contribuyera, como estaba dispuesto a hacerlo, a amortiguar una situación operacional y organizacional que amenazaba con desbordarse.

De esta manera, y sin olvidar las llamadas de la oposición política, los hechos de Altamira, el paro de la flota petrolera y otros factores externos, Pdvsa tomó un curso de acción que resultaría catastrófico. A estas acciones siguieron la toma militar de las instalaciones, la institución de listas negras de personal y el llamado a la “toma popular”, que hicieron casi imposible el acceso a las instalaciones del personal necesario para mantener, las operaciones en los niveles de contingencia que la gerencia profesional había aplicado para afrontar la crisis. El discurso oficial, mientras tanto, era que no había paro, y que el problema estaba concentrado en un reducido grupo de gerentes.

Los despidos masivos que marcaron la segunda mitad de la crisis petrolera a principios de 2003, lejos de conducir a una solución, no sirvieron sino para “calentar” aún más la situación y mantener el paro incluso más militante. El paro era ahora acerca de los despidos, la estrategia de destrucción tomaba su inevitable curso.

Por cualquier estándar gerencial y de liderazgo, la presente administración de la industria no puede eximirse de su responsabilidad ante la destrucción de la organización que pretendía liderar.

La historia mostrará que lejos de tomar medidas reales de entendimiento y negociación, destinadas a salvaguardar la empresa petrolera de la diatriba política, se aprovechó la ocasión para lograr el verdadero objetivo: la purga de la industria por motivos ideológicos y su sumisión a un proyecto político sectario.

Los petroleros, en una muestra de ingenuidad política sin precedentes, pensaron que expresar opiniones y actuar como ciudadanos era un derecho al cual se podía acceder sin costo alguno. Pensaron que su razón era la única razón y por tanto terminaría por ser reconocida.

Hoy, 12 meses más tarde, con más de 20.000 familias petroleras sumadas a las víctimas de una lucha política fratricida, con una Pdvsa en minusvalía y de futuro incierto, y en manos de un activismo político que la considera “botín de guerra”, asistimos a una fusilería de cifras y a un derroche de propaganda, que pretende hacernos creer que todo está bien. La realidad es que Pdvsa yace agonizante, y como si de un velorio caribeño se tratara, los dolientes se embriagan celebrando quién sabe qué. La dolorosa verdad es que no hay nada que celebrar, ni de un lado ni del otro.”

IRAN AND ITS ALLIES STEP UP PRESSURE

  El Taladro Azul M. Juan Szabo [1] y Luis A. Pacheco [2] Published  Originally in Spanish in    LA GRAN ALDEA   The fragile ceasefire in th...