Sunday, December 16, 2012

De Azules y Rojos


De Azules y Rojos

Navidad 2012


“Bien vale la pena sufrir contratiempos y penalidades - en mi caso, desconocimiento de derecho legítimo y privación del goce de la Patria- si al cabo de ello, un buen día nos sale un rasgo de nobleza humana que nos restituya la fe que hayamos perdido”
Rómulo Gallegos. Carta al General Briceño Linarez. Diciembre 1959

Hoy, 16 de Diciembre de 2012, mientras escribo esto, Bogotá explota de alegría por la victoria futbolística del Club Millonarios ante el Independiente de Medellín.  Entre fuegos artificiales, pólvora como es el decir en este lugar de los andes, caravanas ruidosas, y la inexplicable costumbre de rociar de harina a los indefensos peatones, la hinchada azul celebra su primer campeonato nacional después de una sequía de 24 años. Los rojos fanáticos del ”poderoso” Medellín, sus rivales en el juego de hoy en el Campín,  se lamentan  amargamente de la oportunidad perdida, mientras deambulan por  el camino de  los vencidos de vuelta a la montaña paisa.

Mientras tanto, en el otro lado de la frontera, los rojos partidarios  del PSUV celebran lo que pareciera ser una victoria aplastante en las elecciones regionales, mientras una multicolor oposición se lame las heridas de una derrota que se une a la traumática elección presidencial de hace apenas dos meses. Una celebración amarga sin embargo,  a la espera de lo que aparenta ser el último acto del folletín del barinés que los lidera, o al menos así lee el libreto.

De estos contrastes,  sorpresivos, qué no inesperados, ha estado hecho este año que termina, y que nos consigue sentados lejos de ese pedazo de tierra que escogemos llamar patria, pero sin embargo  bajo el mismo cielo. Hete aquí entonces que, una vez más,  con motivo de la Navidad, le dedico unas líneas a mis amigos, a mis compañeros de travesía y aquellos que por virtud de la red terminan siendo mis lectores eventuales.

Si algo he aprendido  de estas crónicas durante los últimos años, es que mis lectores siempre procesarán mis palabras a su mejor saber y entender,  sin importar la razón por la que yo las escriba, que en ultima instancia es para entenderme mi mismo, o lo que quise decir. En ese trashumar de vocales y consonantes, mi aparente nostalgia se podrá convertir en melancolía para algunos, mientras que mi eventual alegría será criticada como ingenuo optimismo por otros. La belleza de este medio es que, si uno es sortario,  las líneas cobrarán vida en la mente de quienes las leen y las  transformarán en suyas, retocadas con su propia paleta y dentro de su propia circunstancia.

Debo confesar que,  a pesar de la evidencia en contrario, tenía la esperanza de que este año muchos de nosotros pudieran dar el primer paso de lo que sería el largo y dificultoso regreso a Ítaca, pero los fantasmas de nuestros ancestros han decidido que el purgatorio debe continuar por un rato más, y no solo me refiero a resultados electorales. Después de casi diez años de los sucesos del Paro Cívico del 2002, y como muestra de lo que para mi aun hoy es el inexplicable talante persecutorio de los rojos, 180  ex trabajadores de PDVSA hemos sido otra vez sometidos al escarnio público, y a sanciones pecuniarias irracionales e impagables.

Quienes esto promueven lo hacen motivados por el rencor y el resentimiento que siempre ha acompañado sus acciones, tratando de justificar lo injustificable de sus acciones de entonces, y buscando en última instancia mantenernos excluidos de nuestros derechos como ciudadanos,  y lo más importante robarnos de nuestro derecho a vivir en paz. ¡No les daremos el gusto de cosechar nuevos resentimientos!

Dicen los  estudiosos que en estas fechas la antigua Roma celebraba el solsticio de invierno y  el nacimiento anual del Sol invicto (natalis invicti Solis), y que luego esto fue tomado por la naciente iglesia cristiana como una fecha propicia para celebrar el nacimiento de Jesús. Por las razones que sea, bien por razones paganas o cristianas, los que nos inscribimos en la cultura occidental celebramos durante estas fechas el fin de la larga noche y el renacimiento de la luz.

Pero esa luz no es una esperanza vana, como muchos pudieran pensar en un mundo cada vez más cínico y materialista. Al contrario, me reconforto de su existencia  real en el valor  de mis compatriotas venezolanos,  que luchan todos los días contra gigantescos  obstáculos por lo que consideran son nuestros derechos,  a pesar de la adversidad y la incomprensión de muchos que debieran ser sus aliados naturales. Veo la luz en los presos políticos y sus familias, quienes a pesar del dolor que su injusto encierro acarrea, mantienen un espíritu de lucha que admiro y que encuentro casi  inexplicable. La veo en las palabras de mi amigo Germán García Velutini, quien después de 11 meses de inhumano secuestro nos dice que lo que hay que preguntarse no es ¿por qué a mi? si no ¿para qué a mi?. La veo en aquellos que lejos de su tierra hacemos patria en otra patria, sin egoísmos y agradecidos de a la tierra que nos cobija. También la reconozco en mis compatriotas colombianos que siguen buscando, contra viento y marea, el fin de la violencia fratricida que nos aqueja desde hace décadas, y que aun pareciendo una labor de Sísifo, la acometen ineludible y valerosamente. La veo en última instancia en nuestras hijas que crecen fuertes de espíritu en un mundo que aunque foráneo han convertido en suyo, enseñándonos con el ejemplo.

De manera amigos míos que este año no hay Petrolia melancólica, ese artefacto de mi imaginación para celebrar a los petroleros de otrora, ya no necesitan que yo los reivindique, sus hechos son suficientes. No hay gaitas del terruño al ritmo de balancines de la costa oriental del Lago. Tampoco hay voces desde allende los mares, nostálgicas de un pasado que no existe  más que en nuestra febril memoria. Lo que hay es el presente que tenemos, desde donde podemos y debemos construir, dondequiera que estemos, un futuro del que nos podamos enorgullecer.

La larga noche dará paso al nuevo día, los fantasmas se desvanecerán con la luz del sol invicto, develando el camino de  la esperanza hecha realidad.

La ciudad en la sabana sigue ruidosa, los azules vencieron hoy a los rojos, ¿o fue al contrario?


¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

Sunday, September 30, 2012

EN UN LUGAR LLAMADO VENEZUELA - Un día después


EN UN LUGAR LLAMADO VENEZUELA - Un día después
Septiembre 28, 2012


Sería fácil esperar los resultados de las elecciones presidenciales que tendrán lugar el próximo domingo 7 de octubre para, aprovechando los resultados, hacer lo lo que en mis tiempos llamaban: "pegar 6 el lunes". Pero eso no sería muy divertido y por seguro oportunista.

Así las cosas, y aprovechando la tenue neutralidad que nos da la distancia geográfica y temporal, zambullámonos cabeza adelante en la túrbida agua de imaginar como amaneceremos el lunes 8. Pero antes de hacer eso, tratemos de entender como Venezuela ha arribado a esta nueva víspera.

A estas alturas quedan muy pocos que no den por sentado que la Venezuela que ha modelado Hugo Chávez en estos último14 años, y en particular durante la última década, es muy diferente de aquella que había surgido de la debacle de la dictadura del General Perez Jimenez, a lomos del bipartidismo y el petróleo. 

Esta sabiduría colectiva, sin embargo, se me antoja como inexacta. Para el que escribe, la Venezuela de Hugo Chavez no es más que la síntesis natural de las fuerzas que  desde la muerte del General Juan Vicente Gomez en 1936 han esculpido esta "tierra mágica": el populismo, el militarismo, el paternalismo, el izquierdismo, el fascismo y en general todos los ismos que propenden al desprecio a la libertad e iniciativa individual de los ciudadanos; todo esto cocinado a fuego lento en un caldo de renta petrolera. Propendiendo a un estado que, por monopolizar la riqueza, no necesita ni tiene la vocación de dialogo con la sociedad.

LaVenezuela de Chávez luce diferente, y hasta "socialista", pero es más de lo mismo, solo que peor. Uno solo se debe pasear por las escenas de la notable película de Carlos Oteyza, "Tiempos de Dictadura", para darse cuenta que la Venezuela de Chavez  es como la que Perez Jimenez construyó con los despojos del gomecismo: autoritaria, con un gusto por el desfile militar y los discursos cursis, llena de adulantes y oportunistas, pero sin ninguno de sus logros y con una extraordinaria habilidad para destruir la riqueza de la nación.

Arribamos entonces al 7 de Octubre llevando a cuestas un ADN histórico que en otras circunstancias no auguraría nada bueno. El siglo XXI ha tardado en llegar a Venezuela por cuenta de un líder cuyas habilidades políticas son solo sobrepasadas por su incompetencia como gobernante, y que ha aglomerado en torno suyo, a lomos del rencor y el resentimiento histórico, un carnavalesco tinglado de espoliadores de la Nación, bajo el disfraz de campeón de los pobres.

Se enfrentan entonces, como lo han hecho durante el último siglo, dos visiones de país. La una que busca en los heroes a caballo del siglo XIX el modelo a seguir: épica, altisonante, caudillista y fundada en la pobreza e ignorancia de las mayorías La otra que mira adelante, se inspira en sus heroes civiles y cree que la modernidad aspiracional es posible en una Venezuela de ciudadanos. Se vuelve a repetir, cual ritornello incansable,  la historia Galleguiana de Doña Barbara y Santos Luzardo, el conflicto de la barabarie y la civilización.

Es bueno recordar que, al menos durante los últimos diez años, la patria ha imaginado vivir de hito en hito: "el ahora o nunca". En este lema, la sociedad venezolana, de lado y lado, ha encontrado motivación cada vez que le ha tocado enfrentar las encrucijadas, que como las del 7-O próximo, se nos presentan como definitorias de la historia republicana.

Pero la verdad es que despues de cada gran decepción, los venezolanos han hecho siempre de tripas corazón y han encontrado las fuerzas para seguir adelante, a la siguiente lucha, al siguiente hito. Venezuela, con todo y sus lunares, tiene vocación de lucha, de modernidad, de nunca rendirse, y es esta vocación la que nos ha traído a este nuevo hito, a este penúltimo "ahora o nunca".

El 8 de octubre amaneceremos con la pesada resaca de una campaña electoral que ha enfrentado la alternabilidad propia de las sociedades democráticas, al continuismo de aquellos que habiéndose adueñado de las instituciones han terminado por creerse nuestros dueños. Las elecciones nos habrán dado una nueva oportunidad de retomar el camino del progreso y la reconciliación, de aplicar las indudables lecciones de inclusión y exclusión que tan duramente hemos aprendido en estos años de oportunidad malbaratada.

Pero más allá de todo eso, el 8 de octubre, no importa de que lado de la cinta de la llegada quedemos, todos los venezolanos habremos reafirmado que querer cambiar es requisito indispensable para hacerlo; habremos aprendido que el petróleo no sale solo, y que cuando sale no es garantía de progreso sino solo de oportunidad; buscaremos vivir en un país donde la ley sea garante de las libertades y no herramienta de revancha politica;  habremos aprendido que la fuerza de los cambios generacionales es no  solo avasallante sino necesaria en un país donde los jóvenes reclaman su justo espacio, que ya es hora de que Venezuela se asome al siglo XXI; y en última instancia, habremos reafirmado lo más importante de todo, que no importa cuan dura la batalla o decepcionante su resultado, siempre hay un día después...

Friday, April 13, 2012

Narrando el Futuro

Narrando el Futuro



"Pensamos acerca de nuestro futuro en la forma de recuerdos anticipados" .

Daniel Kahneman


Estos son los días en que Venezuela mira a su pasado reciente y conmemora el décimo aniversario de lo que se ha dado en llamar los eventos de Abril del 2002. Eventos que por sus repercusiones, que aún hoy dividen a los venezolanos, son objeto de numerosas, variadas, emotivas y sobretodo sesgadas versiones desde toda las frecuencias del espectro social y político.
Esta no pretende ser otra remembranza sobre esos días y menos aún una crónica de actos heroicos personales que, quizás afortunadamente, la historia no puso en mi camino. De los eventos ya he escrito y no veo razón para repetirme.
Pero los hechos están ahí para al menos no ser soslayados, porque son parte de la historia que nos tocó y nos toca vivir, y al menos debemos tratar de sopesarlos porque de ellos estamos hechos, al menos en parte. De eso se tratan las líneas que aquí siguen
No hace mucho, en una de esas tardes de Bogotá en las que se alterna en jugueteo caprichoso la accidental llovizna con el sol de la montaña, conversaba sobre todo y sobre nada con un venezolano, de esos que uno se honra al tener de amigo. De repente, como quien descorre una cortina y deja entrar la luz, mi amigo me dijo una frase que me dejó estupefacto por su simplicidad y claridad: la política latinoamericana no tiene narrativa como no sea la del anti-imperialismo por un lado, y la del discurso académico sobre el rol del iniciativa privada en la economía por el otro
Eso nos hizo derivar en una conversación de el porque en la política latinoamericana, y en particular en la venezolana de las ultimas décadas, el discurso del anti-imperialismo, el revanchismo y el rencor, sobre todo en boca de los que Enrique Krauze llama los Redentores, pareciera germinar mejor en las grandes masas, que aquel que en aparente inutilidad trata de hablar de los conceptos de la libertad individual y de los valores de la sociedad liberal.
Gerver Torres, el amigo de mi historia, autor en la década de los noventa del siglo pasado de lo que quizás es una de las mejores narrativas que se hayan escrito sobre Venezuela: "Un Sueño Para Venezuela", ciertamente tiene algo que decir sobre este tema, sobre el cual arduamente trabaja, y aunque probablemente no tiene toda la respuesta, nos plantea la pregunta correcta.
Esto no hubiese pasado de ser otra conversación entre amigos, si no fuera porque porque en las mismas fechas otro amigo, Miguel Angel Santos, no hubiera subido a la red un video del premio Nobel de economía, Daniel Kanheman; una charla Ted llamada: "El acertijo de la experiencia vs. La memoria".
Kahneman argumenta en esa interesante charla , palabras mas palabras menos, que lo que nuestra memoria recuerda de nuestra experiencia no es la experiencia en si misma, si no una narrativa que construimos sobre ella, y que esa narrativa esta matizada en un alto grado por el final de la experiencia. En otra palabras, si la experiencia tuvo un final feliz, toda ella la codificamos en una narrativa que almacena ese final, y si por el contrario tuvo un final ingrato, ésta es así narrada por nuestra memoria, sin importar mucho la experiencia en si misma. Más aún, el cuento crece con cada contada.
Usando este modelo de Kanheman, es fácil entender que las memorias que hemos codificado acerca de los sucesos de Abril del 2002 sean variopintas. Los eventos objetivos: la violencia, las víctimas, etc., se han convertido en parte de una puesta en escena que se ajusta a la percepción de cada individuo y grupo, y se han convertido en un elemento de fractura social, más poderoso que los eventos mismos., aún hoy una década después.
Lo mismo aplica a la narrativa que se ha impuesto sobre el país que se venía desarrollando, a trompicones muchas de las veces, durante la segunda mitad del siglo XX. Y que decir de la leyenda negra del petróleo como excusa general para todos nuestros males sociales y políticos.
Vencer esa narrativa personal y grupal que divide a la sociedad venezolana, es el reto más grande que tenemos que enfrentar si queremos salirnos del circulo vicioso en que hemos caído como país.
Parafraseando a Gerver Torres, tenemos que crear una nueva narrativa que pavimente el camino hacia la Venezuela Posible, y que decodifique la división social a las que nos obligan las memorias que hemos escogido usar como partitura de nuestro pasado, tanto lejano como reciente.
Aunque desvincularse del pasado luce y es una cuesta muy difícil de remontar, Venezuela cuenta con una ventaja competitiva importante para ser exitoso en esa batalla: la juventud de su población. Ser joven es tener la capacidad de tener nuevas experiencias y codificar nuevas memorias a partir de ellas. Esta narrativa del futuro debe reemplazar la estéril visión del pasado con la que nos maniatan los que solo pueden ser relevantes en ese pasado. La obligación de los no tan jóvenes es entonces habilitar esas nuevas experiencias.
Es así como la mejor conmemoración y honor a la memoria de las victimas de los sucesos de Abril, y de eso es de lo que se trata en las elecciones que se avecinan, es abocarse a construir ese futuro, que no aflorará súbitamente, sino día a día, palmo a palmo.

Publicado en Petroleumworld

Thursday, December 15, 2011

Cuento de Navidad, 2011

Cuento de Navidad, 2011


“Sin rencor ahora te digo, que lo nuestro ha
terminado, que este bello amor sagrado para mi, no
tendrá olvido, estoy donde solamente, tu y yo
somos los testigos, cuando tu cuerpo y el mío, en
su piel tierno amorío, se unieron ardientemente.”
Sin Rencor, Abdénago “Neguito” Borjas


El estruendoso silencio que hace una casa cuando todo deja de funcionar, le anunció a Betulio que la electricidad se había ido otra vez. Ya se había empezado a acostumbrar a las ya no tan inesperadas carencias, pero francamente, que se fuera la luz la noche de Nochebuena no era el mejor de los augurios. Betulio maldecía entre dientes, se imaginaba que la hallacas, que con tanta dificultad había conseguido intercambiando favores en el pueblo de Lagunillas, corrían el riesgo de pudrirse en la ahora inerme nevera.

Trató de pensar en positivo, después de todo Campo Rojo era un campo petrolero, y aunque lejos habían quedado los tiempos cuando la compañía se ocupaba de todo, desde el mantenimiento de las alcantarillas hasta cambiar los bombillos de las casas, todavía confiaba en que su amigo Jonás, de la superintendencia de mantenimiento, se estuviera ocupando de restablecer la electricidad. Vaya que Noche.

Betulio salió al porche de la casa que hace ya décadas habían construido los holandeses, se sentó en la vieja mecedora que había sido de su padre y miró al cielo estrellado que lo acompañaba desde su niñez. Estaba solo, Miriam y los niños habían ido a visitar a su hermana en Campo Florida; resignado se balancea en el desgastado mimbre, esperando, remembrando. La noche se ha silenciado, solo se oye el murmullo de voces en las casas vecinas y el lejano ronronear de los carros en la intercomunal. Al final de la calle de asfalto rasguñado se levanta el viejo balancín que alguna vez bebió de las entrañas de la tierra, pero que ahora despojado de vida y maniatado de luces multicolores languidece.


A kilómetros de distancia, Heriberto se prepara para la Nochebuena. La nieve ha cubierto el jardín de la casa, a pesar del tiempo transcurrido la nieve le sigue maravillando, y no puede evitar recordar el viejo chiste del maracucho que ve entre los arboles nevados a su primer venadito. Para él los recuerdos de las navidades en Campo Rojo se le antojan ahora como postales amarillentas, un pasado lejano y nebuloso; ha dejado ya de contar los años desde la última celebración de la navidad en el campo. Distraído le echa un leño más al fuego que calienta la sala de la casa, a pesar de los años en estas latitudes no se acostumbra al clima; “más frío que culo de foca”, hubieran dicho en el campo.

Otra Navidad fuera de casa. No, esa no era la mejor manera de pensar. Esta era ahora su casa. Él y Erlinda eran los afortunados, el destino les había abierto nuevos senderos, era Navidad en esta su casa lejos de casa. En la sala el Ipod toca la banda sonora de las navidades de su niñez en el campo, gaitas de Cardenales y El Saladillo, “unplugged” como dirían sus hijas. Pronto la casa se llenará de amigos y ahogaran en risas y canciones la nostalgia que todos sienten pero que ninguno admite.

Betulio suspiró aliviado, la electricidad había vuelto a Campo Rojo, y con ello se había salvado la cena de Nochebuena, por ahora. El campo se había vuelto a iluminar, y en las calles se volvía a escuchar la música y las risas que escapaban por las puertas de las casas, todavía abiertas buscando mitigar el húmedo calor de la noche. El aire acondicionado está racionado por considerarse un lujo innecesario.

En las cornetas del viejo CD-player vuelve a sonar una gaita de esas que llaman modernas, llena de sonidos electrónicos que disfrazan el ancestral ritmo del furro. Betulio, sin razón aparente, piensa en Heriberto, su amigo de la infancia, su compañero desde la escuela, la vida los había separado. ¿Es que acaso había valido la pena el fratricidio inducido por el ahora moribundo proceso? Los años habían borrado la sin razón y solo había quedado Campo Rojo venido a menos la noche de Nochebuena. El rencor le había ganado al afecto.

Heriberto, a pesar del frío, sale a ver la noche, de repente se siente atrapado entre sus recuerdos, uno de los grilletes del inmigrante. Camina alrededor de la casa, patea la nieve, que se levanta como una nube que refleja la luz de los faroles. En ese momento, y sin razón aparente, Heriberto no puede evitar pensar, aunque solo sea por unos instantes, en Betulio, su amigo de siempre. La vida los había separado, el afecto no había podido contra el rencor.

Erlinda le grita a Heriberto: “que hacéis allá afuera, metéte a la casa que te vais a congelar las orejas”. Le parece ver una sombra entre los arboles. No, es solo su imaginación. Encogiéndose de hombros se dirige a la casa donde construye nuevas memorias. Mientras camina alcanza a decir, sin saber a quien ni porque: ¡Feliz Navidad Hermano!.

Betulio se levanta de la mecedora para llamar por teléfono a Miriam, ¡coño! ¿donde se habrá metido? No quiero estar solo en esta noche de fantasmas. Le parece oír una voz conocida que lo llama, se sobresalta, busca la cara en la calle pero no ve a nadie. Encogiéndose de hombros camina hacia la puerta de la vieja casa de mil memorias y deja que estas lo envuelvan, murmura entre dientes ¡Feliz Navidad Hermano!




Nota: Le dedico estas líneas a todos aquellos que en Venezuela y fuera de ella creen y trabajan para un futuro mejor; un futuro donde nuestros hijos tengan la oportunidad de vivir libres de la herencia de nuestros rencores y errores. Al menos esa es hoy mi renovada esperanza para mis hijas. ¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

Publicado tambien en: miamidiario.com; Noticiero Digital; La Patilla.com; Petroleumworld.com

Friday, August 19, 2011

Ibsen, los Suicidas y Meneses

Ibsen, los Suicidas y Meneses
Luis A. Pacheco
"La obra fue un gran éxito, pero el público fue un desastre". Oscar Wilde
ESCENA 1. En algún lugar de Bogotá, una noche cualquiera, lloviendo claro está, un “laptop”, un sello negro en las rocas – Carlos Vives suena en el Ipod
Cuando uno vive fuera de su patria, bien sea por escogencia o por obligación, una de las cosas mas difíciles de mantener es un contacto realista con la vida que transcurre en la tierra que dejamos atrás. Aun en está era de Twitter, BBM, SMS y YouTube, no hay sustituto adecuado para el contexto que te dan los colores, los sonidos y sobretodo, los olores de estar en el sitio, ser actor en el escenario de los acontecimientos.
Todo esto me viene a la mente en razón de la algarabía que se ha armado alrededor de la puesta en escena de la obra teatral “Petroleros Suicidas, de Ibsen Martínez, y la imposibilidad, al menos en el corto plazo, de satisfacer mi curiosidad y contrastar el ruido que se ha generado en las redes sociales en la Web con la realidad. El solo titulo, de cuestionable gusto, pero de indudable recordación, ha generado mas controversia que cualquier otro trabajo de Ibsen, excepción sea hecha del personaje del Hombre de la Etiqueta, de la telenovela "Por Estas Calles", evocando sin duda la misma escabrosidad.
No es mi intención ni terciar, ni tomar partido en lo que se ha transformado en un intercambio público de epítetos entre Ibsen Martínez y sus detractores (en su mayoría trabajadores de la antigua PDVSA – mis colegas y amigos), cada quien arrojando al contrario dardos ponzoñosos, que aunque no matan, contribuyen sin duda a refrendar viejos prejuicios y crear nuevos resentimientos, que es lo que menos necesitamos para construir un nuevo y mejor país.
El sujeto del desacuerdo, además del título de la obra, es la crítica que Ibsen Martínez ha hecho en varios medios al mal llamado “Paro Petrolero”, y la presunción de que la obra en cuestión es una descarga a los petroleros que tomaron parte en esos hechos del 2002 y 2003, presunción esta que Ibsen Martínez ambiguamente (¿hábilmente?) no trata de desmentir, un críptico: “vean la obra”, es su respuesta más común y una de las menos beligerante.
ESCENA 2. En un bar en Altamira, Caracas, un “memory stick” con el borrador del libreto es olvidado sobre la barra, una figura en penumbras lo toma y lo “wikilikea”– música de salsa se oye en el fondo.
Imagine el lector mi decepción cuando empiezo a leer el guión y me doy cuenta que la obra no es para nada acerca del “Paro Cívico” del 2002-2003, eso tendrá que esperar a otra obra, o a otro autor. Me siento engañado, desilusionado, estaba listo para dar la pelea. La obra, que se desarrolla en varios tiempos, usa la circunstancia del paro para establecer un telón de fondo para los personajes, y en las primeras de cambio permite que el autor anuncie, en boca de uno de los personajes, su posición crítica acerca del “Paro” y su opinión sobre los petroleros en general.
Pero ese momento pasa rápidamente y de forma casi indolora, y nos empezamos a adentrar, junto con la pareja protagonista, y los otros dos personajes, en los callejones oscuros de Venezuela y su relación sicológica con el petróleo. Hay otros personajes, pero son mudos e invisibles, sólo se alude a ellos como quien habla de un familiar ausente.
Martínez descarga sobre la audiencia todo el arsenal dramático y melodramático adquirido en su larga trayectoria como escritor: amores fallidos, ­­homicidios, adulterios, corrupción, cobardía, todo esto en el marco de la empresa estatal, pero sin aludir a esta última con mayor interés.
Petroleros Suicidas es acerca de muchas cosas, pero para mí, al menos, es acerca de Natalia, el único personaje femenino y quizás el único de quien quisieramos ser amigos. Natalia representa a Venezuela: mujer, valiente, en una eterna búsqueda por un amor que nunca consigue del todo. Natalia es la voz que Martínez usa, quizás de manera inconsciente, para representar a la Gente del Petróleo: idealista, desencantada del resultado de sus acciones, pero todavía convencida de que en cada momento ha hecho lo que debía hacer. Natalia nos hace recordar que también el petróleo nos ha hecho aspirar y conquistar, sin importar lo que sesudos analistas, o autores, piensen ayer o ahora. Y esto a pesar de la indudable oscuridad de los otros personajes que Martínez pone en escena con indudable disfrute, a quienes reconozco, pero que escojo ignorar. Natalia es Venezuela.
ESCENA 3. Estudio de Televisión. Una utilería que luce sacada de mueblería en la Yaguara. La conductora de luminosos ojos presenta al autor de moda con un largo y enrevesado monólogo. El escritor luce incómodo en el sofá y esfuerza una sonrisa
Martínez, ya más relajado, le cuenta a Maria Elena Lavaud anécdotas de sus inicios como libretista con José Ignacio Cabrujas. Su favorita es una en la cual Cabrujas engatusa a los ejecutivos del canal donde trabajan, y los convence de hacer un guión sobre la novela “Campeones” de Guillermo Meneses, novela que ni Martínez ni Cabrujas han leído.
Cabrujas termina por desechar la novela y solo preserva el título y los personajes principales, escribiendo junto con Martínez toda una nueva narrativa, sin que los poco leídos ejecutivos del canal caigan en cuenta del engaño. Martínez termina la historia con voz de admiración calificando a Cabrujas como el propio malandro.
Años después, Martínez se ha vuelto el propio malandro. El titulo de “Petroleros Suicidas”, la alusión al paro y los personajes de PDVSA, son como la novela de Meneses, solo una mampara provocadora. Petroleros Suicidas es a Martínez, lo que Campeones es a Cabrujas. La historia que cuenta Martínez es sobre nosotros los venezolanos y el efecto que el petróleo ha llegado a tener en nuestra psiquis y valores sociales. Martínez parece suscribir la “leyenda negra” de Juan Pablo Pérez Alfonzo y su visión del petróleo como excremento del diablo: “¿qué tiene el petróleo que envenena?” No es ese mi pensamiento, pero otra ha sido mi vivencia
Pero al final está Natalia, en quién aún Ibsen Martínez encuentra razones para seguir adelante. ¿Será sólo casualidad que la “Natalia de 8 a 9”, de su admirado Cabrujas, también represente el renacer después de la destrucción?
Se apaga la luz tenuemente. No hay canción de Yordano, pero debiese haberla…

Publicado también en: ABC de la semana y Petroleum World

Sunday, April 10, 2011

Abril Después de Abril

Abril Después de Abril
Dedicado a Edgar Paredes, un Venezolano en el exilio


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“El tiempo ha llegado, por difícil que nos parezca, para que se alcen voces de esperanza por arriba de la desesperanza. Es el momento de acallar, con voces que clamen por el fin de la guerra, las vociferaciones que provienen del otro lado de la trinchera, eso al menos le debemos a los que salieron a marchar el 11 de Abril y nunca regresaron a sus hogares. Se lo debemos a todos los perseguidos por sus ideas, a los encarcelados, a los que en el exilio añoran el azul del Caribe. Se lo debemos al futuro. A un futuro con Abriles sin lágrimas.”


Con este párrafo terminaba mi artículo “Abril sin Lágrimas” hace ya dos años. De las muchas cosas que han cambiado en mi vida en estos últimos 24 meses, una permanece igual, mi deseo que Venezuela busque un futuro que se deslinde de los dos pasados que siguen disputandose esa “botella vacía” en la que se ha tornado la política venezolana de las dos últimas décadas.
El discurso del gobierno, y de una parte importante de la oposición, se sigue circunscribiendo al escenario de atacar por un lado, y defender por el otro, a los únicos cuarenta años de gobierno civil que Venezuela cuenta en su historia. Siguen pasando los años, y los pocos que se atreven a plantear nuevas sintesis fuera del ambito antidiluviano del militarismo versus los ya irrelevantes remoquetes de adecos y copeyanos, son reprimidos o ignorados por ambos bandos.
Quizás esta es la evidencia más señera de la incompetencia de los miembros del actual régimen, que ni siquiera han podido encontrar una motivación de su existencia que no sea la de la vindicta de los entuertos, reales o imaginarios, a la que fueron sometidos ellos o sus padres, por venezolanos que hoy yacen enterrados, como deberían estar sus ideas, o son inofensivos ancianos a quienes persigue su consciencia.
De la misma manera que Caldera y Alfaro Ucero castraron a los liderazgos jóvenes de sus organizaciones, dando paso a los fantasmas de antaño que pululaban los corredores de los cuarteles que el penúltimo jefón había construido, así los políticos que hoy aspiran a seguir en, o tomar el poder, nos empantanan en un pugilato pasado de moda, irrelevante para los que aspiran a hacer futuro.
Abril 11 del 2002, y los días y meses subsiguientes, son fechas que nos enlutan a todos, y es improbable que los hechos sean olvidados pronto, o que abandonemos la búsqueda de justicia por los ignominiosos hechos de esa época.
El 11 de Abril los venezolanos nos despertamos al hecho de que habíamos construidos dos países aparentemente irreconciliables, y que el rencor que alimentaba ese resentimiento habia sido pasado de padres a hijos, en una suerte de revancha desde el más allá.
Aquellos de nosotros que nos tocó ser testigos, o pequeños actores de la tragedia de Abril 11, no podemos ser responsables de continuar la interminable cadena de resentimiento. La herencia a nuestros hijos no puede ser un nuevo entuerto en busqueda de un nuevo “enderezador”.
Le debemos a las generaciones futuras, que hoy son mayoría, su derecho, no solo a pasar la página, sino a escribir una nueva, la suya propia, con la menor cantidad de borrones posibles. Les debemos la oportunidad de hacer y corregir sus propios errores, no los obliguemos a vivir bajo la sombra de las ideas de hombres y mujeres, que por admirables que hayan sido, no dejan de ser más que párrafos de un pasado hoy irrelevante.
No olvidemos entonces rendir homenaje a los que perdieron su vida, o su derecho a vivir en paz, en la refriega política de los último años. Pero vaya tambien nuestra solidaridad con aquellos que se levantan con cada nuevo sol a sembrar la semilla de la reconciliación, a los que tienen como su norte el sustituir la revancha inútil por el reencuentro posible, en la búsqueda del Abril después de Abril.

Friday, February 25, 2011

Samba, Energía y Ambiente

Samba, Energía y Ambiente

Hace dos semanas tuve la fortuna de asistir a un conversatorio que el Diario El Tiempo organizó en ocasión de la celebración de su centenario. Intelectuales, políticos y ciudadanos de a pie, se dieron cita en el auditorio de la Cámara de Comercio de Bogotá para escuchar a distinguidos invitados discutir lo que los organizadores del evento consideraron como los temas que regirán los próximos diez años; aunque como los recientes eventos políticos en el Medio Oriente han evidenciado, la capacidad de la historia de sorprendernos es infinita, que es lo único que no es sorprendente.
No hay duda que la agenda y los analistas fue, lo que llamaría mi abuela muy lucida. Distinguidos colombianos y extranjeros tocaron temas álgidos: el tráfico de drogas, el estado de la democracia en Latinoamérica, la economía colombiana y el ambiente, entre otros. Como "pièce de résistance", Moisés Naím, en sus años mozos Ministro de Fomento del gobierno de Carlos Andres Perez, y hoy devenido en editor y columnista internacional, quien disertó sobre lo que el irónicamente denominó como un tema muy puntual: el mundo.
A lo largo del día, la audiencia tuvo la oportunidad de oír voces muy respetadas y conocedoras. Sin embargo, para mi gusto, con excepción del tema del fracaso del prohibicionismo alrededor de la lucha contra las drogas, demasiado convergentes. Quizás fue el formato escogido, o el respeto que los conferenciantes se profesaron, pero la verdad es que no recuerdo ni una sola discusión que pudiese crear una cadena de twitter.
Ni siquiera cuando se discutió sobre la salud de la democracia en Latinoamérica, donde el tema de Chávez y los gobiernos del Alba hubiese podido ser motivo de interesantes desacuerdos, se generaron mínimas chispas. No hay duda que la presencia del Secretario Insulza en ese panel en particular, "diplomatizó" la conversación, haciéndola incolora y perdiendo una oportunidad de analizar los innegables retos que enfrenta la institucionalidad de la región.
Así que a falta del disenso necesario en el conversatorio  aprovecharé el silencio de este espacio digital para enmarcar al menos una discusión que me hubiera gustado tener, o al menos presenciar.
Además del Dr. Naím, quien compartió con nosotros un esbozo de los temas sobre los que cavila desde que dejara la silla editora de Foreign Policy, el clímax del día fue la intervención de la Sra. Marina Silva, ex ministra del ambiente en el gobierno del Presidente Lula y ex candidata presidencial en la recientes elecciones en Brasil.
La Sra. Silva no es solo una ardua defensora del ambiente, sino que también posee un fino olfato político y un carisma personal innegable, a tal punto que sus ilustres compañeros de panel pasaron casi desapercibidos ante el magnetismo de la carioca; como dirían los publicistas, el "recall" fue pura samba.
La Profesora, como ella misma se catalogó, nos habló en brasileño, que para nosotros los caribeños suena a fútbol y carnaval, y a pesar de la errática traducción de la bien intencionada embajadora de Colombia en Brasil, cautivó a la audiencia con sus grandes anteojos, su elegante delgadez y su musical acento.
Pero el clímax, fue solo eso, un momento mediático de una figura carismática. Confieso que mi actividad profesional me da un sesgo en este tema, pero más allá de los lugares comunes acerca de como el hombre moderno depreda su ecosistema, no atiné a entender cómo se podía ensamblar un panel sobre ambiente sin hablar de desarrollo, y más aún, sin tocar el tema de la generación y uso de la energía.
Si el tema del ambiente se circunscribe, como generalmente se hace, al tema genérico de los derechos difusos de las generaciones futuras a heredar un mundo ideal y bucólico, es difícil entablar una conversación donde los derechos de las generaciones de hoy no sean las víctimas propicias e implícitas.
No tengo ninguna duda de que es deseable mantener el ecosistema de este planeta tan prístino como sea posible, pero tampoco tengo ninguna duda de que eso no deja de ser una utopía en el contexto de los derechos de los más de 6.000 millones de vecinos del planetaa acceder a la salud, educación y libertad . Y eso, como los últimos 250 años de historia han demostrado, solo es posible usufructuando el planeta y sus recursos.
Esa discusión, que debe ir más allá de tratados internacionales donde se pretenda repartir la miseria en el planeta, o frenar el desarrollo de los que aspiran, todavía está por darse. No creo que las soluciones se escondan, como la Sra. Silva piensa, en la sabiduría milenaria de las tribus del Amazonas, aunque siempre algo podemos aprender.
Mientras los intelectuales y ambientalistas del mundo se debaten alrededor de un dilema aparentemente irresoluble, ambiente versus desarrollo (léase uso de energía en su sentido más amplio), los casi tres mil millones de chinos e indios, y que hablar de África, buscan sus propias soluciones, en un espacio diferente a los dogmas del ambientalismo tradicional.
Así como los caballos serian insostenibles como método de transporte en una sociedad moderna, imaginemos alimentar y disponer del estiércol de miles de caballos en una ciudad como Nueva York, así el motor de combustión interna también pasará. Pero esto solo ocurrirá si dejamos que los incentivos apropiados accionen.
Estoy convencido que la ecuación, un chino = un carro, es tan insostenible como la ecuación, un gringo = un caballo. Pero somos miopes sino entendemos que los chinos (como proxy para los que aspiran) también entienden esto, y son ellos los más interesados en buscar nuevas soluciones que se salgan del espacio suma cero en que estamos actualmente encerrados. Eso pasa por entender como usufructuar la energía, fósil o no, que nos ofrece el planeta en que vivimos, en aras del desarrollo de la sostenibilidad de la raza humana.
Así que por más atractivo que luzca el ambientalismo a ritmo de samba, no caigamos en simplificaciones. La reducción de la mortalidad infantil, el acceso a la educación y la salud, los derechos de las mujeres, y muchas otras cosas, pasan por el derecho a acceder a la energía y recursos del planeta, y como en tantas otras cosas eso tiene un precio del que no nos podemos escapar, y que solo podemos pagar eficientemente a través de nuestro recurso más grande e inagotable, el ingenio humano.
No es una cuestión de depredar el planeta hacia su extinción, el mundo mismo se encargará de defenderse antes que ello pase, pero tampoco es viable preservar el “paraíso terrenal” a riesgo de las generaciones presentes y futuras.
Parafraseando al Presidente Gaviria en el tema de las drogas en el mismo Foro, en lo que se refiere a la conservación del ambiente y el uso de la energía, el prohibicionismo también ha demostrado su inutilidad.
Revisitando entonces el conversatorio del Tiempo, no me queda ninguna duda que el tema principal de las siguientes décadas es la resolución de la aparente dicotomía: desarrollo versus conservacionismo, acción versus contemplación. En la resolución a este acertijo se encuentra imbricado el futuro de la democracia, el narcotráfico, el ambiente y en general el destino de esta nave llamada Tierra.
Quizás esto pueda ser el tema del próximo libro de Moisés Naím.

Saturday, January 01, 2011

El MINISTERIO DE LA VERDAD

"En tiempos de engaño generalizado, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario", George Orwell (1903 -1950)


 

El escritor inglés George Orwell, en su inolvidable novela 1984 (1949), describe una sociedad oligárquica y colectivista, donde la omnipresencia del estado en todos los aspectos de la vida, redunda en un control de los pensamientos de los todos los ciudadanos. En esa sociedad, modelada en las características que Orwell había identificado en las dictaduras de STALIN y HITLER, además de su experiencia como miembro de la Brigada Internacional durante la guerra civil española, del lado republicano, la verdad es aquello que el estado decide que es verdad.

El protagonista de la novela, Winston Smith, un burócrata de poca monta, trabaja en el llamado Ministerio de la Verdad en el departamento de archivos. La misión de ese ministerio es sencilla: reescribir la historia de tal manera que esta nunca contradiga la doctrina del partido. En última instancia, el objetivo de cambiar la historia es mantener la ilusión de que el partido nunca se equivoca. Los cambios de idea o las erradas predicciones sobre la economía son borrados del mapa y así no se muestra debilidad.

El mundo Orwelliano de 1984 siempre me pareció una curiosidad particular a la cultura anglosajona. Después de todos los ingleses son muy dados a las descripciones distópicas del futuro. La Máquina del Tiempo de H.G. Wells, La Naranja Mecánica de A. Burgess, El Mundo Feliz de A. Huxley, entre otras novelas, describen al igual que Orwell, sociedades que han perdido su libertad de manera irremediable, pues al menos para la represión los regímenes instaurados son muy eficaces. No es tampoco coincidencia que la literatura rusa, sobretodo su ciencia ficción, también tenga su capítulo Orwelliano. Nunca me imaginé que en estas latitudes tropicales, seríamos testigos de una sociedad que remeda lo peor de la imaginación anglosajona, a ritmo del son cubano.

Esto la traigo a colación después de escuchar al Profesor Giordani (Ministro de Planificación y Finanzas), quien junto con el presidente del Banco Central de Venezuela (Nelson Merentes) y Elias ElJuri (a cargo de las estadísticas nacionales y suerte de Malba Tahan criollo), anunciaban una nueva devaluación del "bolívar fuerte" y nos explicaban como la alta inflación (una de las mayores del mundo) y el decrecimiento económico (el único país de Suramérica), no eran sino las señales que confirmaban que la vía de sus políticas conducían a la erradicación de la pobreza en el país.

Estos miembros del politburó bolivariano, hacen malabarismos verbales y numéricos para convencer al desprevenido venezolano de a pie, y a muchos otros que debiesen estar más avisados, que este nuevo desaguisado de política económica no es más que una pieza más en una bien pensada estrategia que ya tiene larga data (Giordani dixit). Quién sabe, a lo mejor ellos también se lo creen.

No hace menos de doce meses, este mismo "equipo", a raíz de la penúltima devaluación de la moneda, anunciaba la creación de un sistema cambiario con tres niveles, como la solución a nuestros problemas y la clave para convertirnos en una economía exportadora, liberada del petróleo. Hoy, luego de un año de continuo desastre económico (de acuerdo a cifras oficiales), se nos dice que hay que "unificar" el sistema cambiario, como eufemismo para anunciar una nueva devaluación de más del 60. A la manera del Ministerio de la Verdad, se proclama el error como un éxito y se promete la continuación de los buenos tiempos que vivimos.

Si hay algo que distingue al totalitarismo tropical que se nos quiere imponer, de otros experimentos anteriores en otras latitudes, es que los errores no se reconocen ni siquiera puertas adentro del régimen. En sociedades totalitarias bona fide, las metidas de pata de los funcionarios, sobre todo en temas económicos, eran (son) castigados con la destitución, el exilio interno y hasta con el paredón. En este régimen, que combina revolucionarios formados en los cafetines universitarios, guerrilleros fracasados y militares de pocos escrúpulos, pareciera que no hay nadie con el suficiente liderazgo como para poner orden, en un barco que hace tiempo hace agua.

En la visión orwelliana del mundo, el liderazgo era malvado no hay duda, pero el sistema tenía también una manera perversa de perpetuarse, pues su sistema inmunológico funcionaba y erradicaba de raíz los peligros, tanto internos como externos. Orwell imaginaba al eficiente Servicio Civil británico, trabajando al servicio de una dictadura. Una pesadilla sin duda.

En nuestra versión tropical, el liderazgo sin duda también es perverso, pero sí una característica lo distingue de cualquier otro régimen anterior, es la supina incompetencia de sus funcionarios y la incapacidad del liderazgo de reconocerlos y erradicarlos. Después de 12 años de destrucción sistemática de la nación y el estado, asistimos al continuo carrusel de los mismos funcionarios incompetentes, distribuyendo miseria en todos los estamentos del estado.

El ministerio de la verdad del régimen, mercenarios extranjeros del más variado origen, no solo se ha empeñado en hacernos creer que estamos construyendo una sociedad utópica, sino que se las ha arreglado para hacerle creer a una gran porción de la población, que el liderazgo lejos de ser incompetente es una mezcla imbatible del acumen estratégico de Napoleón, la capacidad organizativa de Eisenhower y la fuerza retórica de Churchill, todo con la bendición de ultratumba del General Bolívar.

Así las cosas, el reto que tenemos los venezolanos es gigantesco, pero debe empezar por reconocer una nueva verdad. Esto puede que no tenga mucho kilometraje político, pero como no soy político me puedo dar el lujo de proponerlo. Primero internalicemos que lo que en verdad distingue a este gobierno, no es su sagacidad, ni su conexión con el pueblo, ni su disfraz de Robin Hood escarlata. No, lo que lo distingue es el ser el peor gobierno de nuestra historia republicana, no porque es de izquierda o por ser militarista, sino por su superlativa incompetencia para gobernar y su extrema habilidad para dilapidar las oportunidades. No hay desaguisado adeco/copeyano del pasado que justifique que el país se vaya por el precipicio siguiendo al flautista de Sabaneta, y que pensemos que eso es el resultado de un acto de genialidad política o alguna venganza bíblica que nos tenemos merecida.

Hay que dejar de seguir haciéndole coro a los que critican el pasado como justificación del presente y empezar a proponer un nuevo futuro con una nueva verdad. La invencibilidad de los incumbentes, revolucionarios o no, no es más que una ilusión construida de petrodólares. Mientras más temprano reconozcamos al adversario por lo que es, más rápido podremos estructurar una alternativa. Han sido exitosos en el populismo, es obvio, pero no están tocados de sapiencia estratégica y ciertamente no pueden construir una carretera decente.

La verdad está a la vista. El país yace en ruinas, producto de una población, y un país político, que se empeña en creer en soluciones milagrosas de la mano del mesías de turno a la popa de un tanquero petrolero. El futuro debe y puede ser diferente. No hay más que escuchar al liderazgo joven y a los estudiantes para saber que por debajo de la desesperanza aprendida de parte de la población, empiezan a emerger sangre e ideas nuevas, una nueva verdad. No hay más que seguir el ejemplo de la Polar y de otros empresarios que con terquedad le apuestan al país, para entender que el país todavía late con vitalidad. No hay más que leer a la intelectualidad honesta para entender que no estamos cortos de ideas. No hay más que oír a la gente común, para saber que existe la voluntad

La nueva verdad no se parecerá a los últimos cincuenta años, y menos que nada a los últimos doce. En el desván de la historia debemos dejar a Bolívar y sus coetáneos de a caballo. La Venezuela de Betancourt y sus sucesores agoniza junto con el actual régimen. No necesitamos de un Ministerio de la Verdad para reescribir la historia pasada, nuestro norte es construir sobre las ruinas de ella el nuevo camino, la nueva república.

De cara a los cambios legales que día a día instituye el gobierno para impedir la disidencia y mantenerse a toda costa en el poder, esto luce una tarea muy difícil, ¿pero quién dijo que iba a ser fácil? Todo camino largo, parafraseando a Lao Tzu, comienza con el primer paso. Ese primer paso es la idea de que si se puede. Venezuela no ha acabado, todos los días nos da una nueva oportunidad. Comencemos este nuevo año con la intención de aprovechar cada oportunidad y decir la verdad, la fuerza la seguirá.


 

FELIZ AÑO A TODOS

 

Tuesday, December 21, 2010

Petrolia 2010


Petrolia 2010

Llega la Navidad, y con ella la tentación de escribir sobre la nostalgia de la patria y de la melancolía que genera estar lejos de los afectos. Durante el último lustro, aquellos que me honran leyendo y comentando las líneas que dejo correr en la red de cuando en cuando, han visto en ellas una voz que resuena con algunas de sus propias inquietudes.
Durante todo este tiempo mis esfuerzos por comunicar la necesidad de seguir adelante con nuestras vidas, y no anclarnos en un pasado imposible de resucitar, ha sido siempre el norte. Sin embargo, las palabras toman vida propia y es así como muchos de los que me escriben encuentran significados y entrelíneas que nunca intento, al menos no de manera consciente.
Así que esta vez le advierto a mi fiel lector, que si estas líneas le lucen nostálgicas o melancólicas, esto es producto de la magia de la época navideña y no de un consciente deseo de mi parte de seguir mirando atrás.
Habiendo hecho esta inútil aclaratoria, reconozco que estas fechas fueron diseñadas, al menos para mi generación, en torno a la ingenua felicidad de la niñez, por lo que es freudianamente imposible que la mente no se retrotraiga a esa época, y que las imágenes que llevan los recuerdos, no emerjan de manera atropellada del lugar donde se alojan.
En mis anteriores entregas, quizás producto de mi situación personal y de mi desarraigo, escribí acerca de aquellos colegas petroleros, que habiendo sido expulsados de su trabajo y de su país, se habían esparcido por todos los rincones del planeta donde hubiese petróleo, en búsqueda de trabajo y a la expectativa de un pronto regreso al paraíso perdido de Venezuela, y ocupando un país imaginario que di en llamar Petrolia
Este año hubiese sido fácil repetir la fórmula. Después de todo, una creciente cantidad de colegas y compatriotas han tomado el camino del exilio y seguramente pasarán la Navidad solos y lejos de su patria, añorando entrañablemente el ideal de país en el que a estas alturas se ha convertido la Venezuela que dejamos atrás.
Pero para ser perfectamente franco, se me antoja que tal ejercicio luciría superfluo de cara a lo que ocurre en Venezuela mientras escribo esto. La pérdida acelerada de libertades, la expropiación del derecho a disentir y la expropiación de los espacios de dialogo entre las partes, abonan el camino hacia un conflicto fratricida o a la total pérdida de la república.
El triunfo del resentimiento sobre la convivencia, y la destrucción total de las reglas sociales, ante los ojos de una comunidad internacional indiferente, no son sino la tempestad que sigue a los vientos que han pasado desapercibidos para muchos durante los últimos años.
Muchos de los habitantes de Petrolia verán en los eventos de hoy, no sin razón, una suerte de reivindicación a su posición frente a los hechos que en el 2002/2003 condujeron al despido masivo de 20.000 trabajadores y el desmantelamiento de la capacidad productiva de PDVSA; pero eso, como dirían en Maracaibo, es "alegría de tísico".
Venezuela se acerca hacia un precipicio, de eso no nos debe quedar la menor duda. Hay que prepararse. No habrá soluciones milagrosas, ni podemos pedirle al Niño Jesús que nos regale una salida a este atolladero. Los que nos desgobiernan han escogido ya su estrategia: la destrucción y la tiranía. Se acaban las excusas para aquellos que han escogido la indiferencia como estrategia, y las prebendas por sobre los principios.
Con este telón de fondo es difícil reivindicar la esperanza y alegría que viene con la navidad. En el horizonte solo se ven nubarrones de tempestad. Pero lo obvio no es necesariamente verdad. Sin embargo, si algo hemos aprendido de la experiencia de Petrolia es que tenemos la capacidad de volver a empezar de la nada y construir una nueva vida para nosotros y nuestros afectos.
En esta Navidad entonces, recojo los deseos de todos mis compatriotas de Petrolia, no ya en la añoranza del pasado inalcanzable, sino en la solidaridad con la patria tambaleante y desesperanzada. Mis deseos son para que el destino nos otorgue la oportunidad y la fortaleza para reconstruir lo que hoy está siendo destruido por la banda de facinerosos que ocupa el poder.
Así que, aun reconociendo lo terrible de la situación de Venezuela, levantó mi modesta voz para que alcemos la vista por arriba de la polvareda del hoy, y reivindiquemos el verdadero espíritu de la Navidad. La Navidad es el tiempo del nacimiento de la redención, el tiempo de la victoria de la luz por sobre la oscuridad. Estas son ideas eternas que hacen que el hombre justo siempre este del lado de la libertad y en contra de la tiranía.
El pasado es un juego de niños en comparación con el reto que nos espera a la vuelta de página de la historia, pero es un reto que debe ser enfrentado con confianza y fortalecidos por la experiencia.

¡Feliz Navidad a todos!

P.D. A los que nos han acogido en tierras lejanas con los brazos abiertos, vaya nuestro eterno agradecimiento, y la seguridad de nuestra contribución a esa nuestra nueva patria.

Publicado en Analitica.com Diciembre 23, 2010

IRAN AND ITS ALLIES STEP UP PRESSURE

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