Thursday, April 28, 2022

El Venezolano no Tiene Quien le Escriba - Publicado en La Gran Aldea. Abril 26 2022

LA GRAN ALDEA



 

“—¿Nada para el coronel? El coronel sintió el terror. El administrador se echó el saco al hombro, bajó el andén y respondió sin volver la cabeza: —El coronel no tiene quien le escriba.”  Gabriel García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba. 1961

 

En la novela de García Márquez, el coronel Aureliano Buendía pasa los días y los años languideciendo, con la esperanza de recibir, del gobierno colombiano, una confirmación de la pensión de veterano de la Guerra de los Mil Días, que no solo considera su derecho, sino que la necesita para que él y su esposa puedan mitigar la extrema pobreza en la que viven.

Venezuela no ha pasado por una guerra civil, todavía, pero ciertamente la mayoría de su población vive en pobreza y con la esperanza de poder mitigarla y sobrevivir un día más, solo que el gobierno no está en vía de enviarle ninguna carta.

Las cartas que sí se envían tienen otro destinatario. Nos referimos a las cartas que, en los últimos días, respetados venezolanos han dirigido al presidente Biden con relación a la crisis que atraviesa el país. 

 Las redes se han inundado de opiniones sobre las causas y las soluciones, algunas sesudas, otras viscerales. Se generan ataques virulentos  y solidaridades incondicionales. La gritería binaria se torna estruendosa, pero como en un estadio de beisbol, solo parece atañerle a los que están en las graderías. 

  Como si del siglo XIX se tratara, estos “memoriales de agravio”, dirigidos a un poder superior, buscan  reconocimiento de situaciones y resolución de temas que se asume están en las manos  del destinatario del memorial* . Pero al contrario de esos doctos documentos de hace 200 años, las cartas de marras no van dirigidas a la corona española, exigiendo los derechos de los españoles nacidos en América, sino que buscan influenciar al inquilino de la Casa Blanca a que tome una u otra decisión en relación con Venezuela. 

 Este no es el lugar para repetir los análisis al contenido de la carta original (la de los 25), ni tampoco de la carta que de seguidas fue enviada por otros firmantes, y que se entiende pretende “contrarrestar” lo expresado en la primera; mejores mentes y plumas más afiladas que la mía han dedicado muchos párrafos a denigrar o apoyar lo que se dice en esas cartas – un ejemplo lamentable del diálogo entre sordos en que se ha convertido la interacción de aquellos que buscan liderarnos – sin mencionar a la sordera crónica del régimen.

 Ahora bien, tratando de ser equilibrados, y asumiendo la buena voluntad de los “abajo firmantes” de  ambas misivas,   la escaramuza mediática que se ha generado subraya la ausencia de efectividad de la acción política en nuestro país, en particular en los partidos que conforman la oposición, que una vez más se ve fuera de juego. 

 Tenemos la necesidad perentoria de establecer una base de conversación entre lo que hoy parecen posiciones encontradas de cómo enfrentar al régimen, pero que debemos asumir tienen como objetivo común conducir el país hacia mejores destinos. 

 Lo anterior no quiere decir que hay que suspender el debate político. Por el contrario, si hay algo que demuestran “las cartas” es que hay diferencias importantes en los diagnósticos y por ende en las soluciones propuestas – las últimas se derivan de los primeros. Pienso que no hay soluciones químicamente puras, es decir, aquellas que no pasen por algún tipo de compromiso con el régimen. Pero también pienso que hay que evitar derivar hacia soluciones derivadas del agotamiento, es decir, aquellas que en aras de una victoria temporal comprometan los principios que nos impulsan a buscar el cambio político – es una zona gris indeterminada, pero una que hay que transitar, la alternativa es la extinción de una de las partes.

 Tampoco debe uno ser ingenuo e ignorar que el régimen juega con estas divisiones de la oposición, que a primera vista juzgamos como debilidades de la oposición. En el terreno de la discordia el régimen nos lleva mucha ventaja. En algo me recuerda a mis días universitarios, cuando los “agentes provocadores” tomaban ventaja de los llamados tontos útiles para utilizar la multitud para sus propósitos. Uno siempre debe preguntarse, como primer tamiz de análisis político: ¿Quién se beneficia? Mucho me temo que el episodio de las cartas solo beneficia al régimen que nos oprime. 

 Que nos veamos obligados a enviar sendas cartas al presidente del país del norte, compitiendo por su atención en el medio de una crisis política internacional, no solamente es evidencia de una natural desesperación con la actual situación, sino también de la ausencia de instituciones y de la falta de propuestas claras por aquellos que dicen o pretenden liderar.  

Las posiciones plasmadas en ambas cartas parten de un supuesto errado: que el petróleo venezolano es un elemento determinante en la crisis que gestiona la administración estadounidense y que es una pieza de canje que movería la aguja hacia uno u otro lado. El gobierno de Chávez y luego el de Maduro se han encargado que no seamos más que un actor de tercera en el juego del mercado petróleo global, situación que continuará mientras no haya cambios políticos.       

 Por supuesto, uno no debe subestimar la posibilidad de que el gobierno estadounidense también haya comprado el argumento de la influencia del petróleo venezolano – peores yerros hemos visto en años recientes.

 Así las cosas, pienso que las cartas al presidente Biden, como el Memorial de Agravios de Camilo Torres en el siglo XIX, acumularán polvo (digital, en este caso) en los archivos, para el análisis de futuros historiadores, mientras la real Venezuela clama por un liderazgo que asuma la gran responsabilidad de buscar consensos efectivos y que abandonen las poses efectistas y cortoplacistas.

 Los venezolanos estamos sedientos de liderazgo, buscamos que nos propongan ideas robustas, queremos que los políticos converjan hacia consensos sobre soluciones a los problemas reales, que nos convoquen a lograr el cambio político urgente, que tomen decisiones,  y que cesen solo de buscar, en la democracia tumultuaria de las redes, la legitimidad a su parroquia. 

 Los venezolanos aspiramos a un futuro en paz, a que nos reconozcan como ciudadanos, y a no seguir languideciendo en la esperanza de que alguien, en el poder lejano, nos eche una mano piadosa. 

 

Los venezolanos queremos que las cartas vengan dirigidas a nosotros.


*   Uno de los memoriales más notorios es el documento que el neogranadino Camilo Torres y Tenorio elabora  en 1809, dirigido a la Suprema Junta Central de España, en vísperas del movimiento navideño independentista de la Nueva Granada.




Thursday, March 31, 2022

Entre la Espada y la Pared - Publicado en la Gran Aldea, Marzo 30, 2022

LA GRAN ALDEA 



“Uno hace planes para adaptarse a las circunstancias, y no trata de crear circunstancias para adaptarse a los planes.”General George S. Patton

Y de repente, como si de tormenta de arena en el desierto se tratara, se ha desatado un torbellino de información y desinformación sobre las sanciones que pesan industria petrolera venezolana y su posible flexibilización.

Expertos de gran solera, espontáneos en el oficio, economistas, petroleros, hombres de negocio, académicos, y hasta políticos, se disputan la palestra pública para opinar sobre el presente y futuro de la industria petrolera venezolana.Circulan multitud de sesudos análisis, como si de confeti de carnaval se tratara – hecho curioso, pues las cifras del sector petrolero venezolano sufren de una falta de confiabilidad estructural.

Toda esta cacofonía mediática ha sido causada por la visita de una delegación norteamericana a la capital venezolana en días recientes. Bienvenida por el régimen, sorpresiva para otros, y con variadas interpretaciones de corto y mediano plazo, casi que al gusto del consumidor, la reunión y su propósito siguen escondidos detrás de un telón de ambigüedad informativa por parte del visitante, y la usual propaganda del visitado.

La visita norteamericana, marcada por la invasión de Rusia a Ucrania y las subsecuentes sanciones norteamericanas al petróleo ruso, ha sido inevitablemente interpretada como un acercamiento del gobierno norteamericano de cara a la actual crisis energética. 

Algunos especulan que el tema central de la conversación fue el aseguramiento, para el mercado del norte, del suministro del poco o mucho petróleo que se produce en estas latitudes. Esto implicaría, así reza la interpretación, una primera aproximación a flexibilizar las sanciones que hoy aplican a PDVSA y el régimen, y que obstaculizan la producción, y más importante, el comercio del petróleo venezolano en el mercado norteamericano.

Hoy, debido a las sanciones, PDVSA se ve forzada a vender sus volúmenes en el mercado asiático, usando los caminos verdes y con artimañas más asociadas al contrabando de sustancias ilegales, que al comercio del petróleo. Como resultado, ese petróleo es vendido con descuentos importantes vis-a-vis los reales precios de mercado, y seguramente sea fuente de corrupción.

Además, las sanciones al petróleo de Rusia obligan a esta a desviar volúmenes de sus mercados tradicionales a Asia, con descuentos importantes, probablemente desplazando parte o todo el volumen de crudo venezolano que hoy va a ese mercado, o al menos presionando los precios aún más a la baja, con el efecto negativo eso tiene en las cuentas nacionales.

Así las cosas, la sola posibilidad de que el crudo venezolano pueda ser comercializado en el mercado norteamericano debe ser música para los oídos del régimen venezolano, y en general para los sectores cercanos al petróleo, de ahí la celebración adelantada de muchos sectores.

De otra parte, los volúmenes de petróleo que puede añadir Venezuela al mercado son de poca monta en el balance mundial o hemisférico. Así que la interpretación inicial dada a la visita, de que Norteamérica está en necesidad del petróleo venezolano, pareciera tener poco asidero en la realidad, al menos en el mediano plazo.

Recordemos que la destrucción de la industria petrolera por el chavismo hizo posible el desarrollo del “shale oil” en los Estados Unidos y el crecimiento de la capacidad de producción en Rusia, convirtiéndolos en los mayores productores mundiales junto con Arabia Saudita, y relegando a Venezuela a jugar un rol secundario en el mercado.

De manera que los intereses de corto y mediano plazo, aceptando que siempre el petróleo juega un rol, deben estar en otra esfera. Recordemos que operadoras petroleras como Chevron, ENI y Repsol, por mencionar las más relevantes, no solo mantienen todavía presencia en Venezuela, esperando una reactivación, sino que también han acumulado multimillonarias acreencias, producto de decisiones corporativas de vieja data, la insolvencia de PDVSA y las dificultades que generan las sanciones norteamericanas.

Una flexibilización de las sanciones permitiría a estas compañías al menos vislumbrar una posibilidad de empezar a cobrar parte de la ingente deuda que la petrolera estatal tiene con ellas – que valga la pena decir es una aspiración legítima desde un punto de vista puramente empresarial.

Ahora bien, empezar a recuperar la capacidad de producción de la industria petrolera venezolana requiere de invertir ingentes capitales – el lector puede navegar la cacofonía ya mencionada para que saque sus propias conclusiones -, pero en todo caso hablamos de miles de millones de dólares, que por necesidad deben originarse en las mismas compañías que ya mencionamos.

Es válido entonces preguntarse, ¿si las sanciones fuesen flexibilizadas, están los inversionistas, tanto nacionales como internacionales, dispuestos a tomar el riesgo de invertir sin garantías creíbles, sin un cambio significativo y sostenible del régimen legal y fiscal que desde hace lustros ha restringido al sector? Sin mencionar los conceptos anacrónicos que contaminan la política petrolera tanto del régimen como de parte importante de la oposición.

Si además introducimos en el análisis las deficiencias estructurales del aparato económico y social: servicios públicos deficientes (en particular el sistema eléctrico), falta de personal calificado, la cadena de suministro mundial, la competencia de otras cuencas, la criminalidad, el panorama no es muy alentador en el corto y el mediano plazo. Claro, si los retornos económicos llegaran a justificar el alto riesgo percibido, algunos inversionistas pudieran estar dispuestos a crear enclaves petroleros del siglo XXI. Vaya retroceso.

¿Quiénes serían los eventuales beneficiarios de una flexibilización de las sanciones petroleras, si Venezuela no es más que un soplo dentro del huracán que es el mercado energético internacional y si la verdadera recuperación pasa por un cambio político estructural que no se vislumbra?

Pues, para empezar, y sin ninguna duda, el régimen de Maduro sería el mayor beneficiado. En principio recibiría mayores ingresos y mitigaría su situación actual: luce acorralado de cara a poder colocar la actual producción y políticamente vendería esa flexibilización como una victoria y un reconocimiento a su régimen, aunque estaría lejos de serlo.

Los otros beneficiarios, como ya anotamos, serían las petroleras extranjeras, a quienes se les abriría una pequeña ventana por donde empezar a recibir pago por las deudas existentes. Por moderada que pueda ser la nueva producción que puedan desarrollar en el corto plazo, se rompería su actual estancamiento, y pueden mostrar una pequeña victoria a sus auditores y accionistas.

Por otro lado, el sector de servicios petroleros, hoy disminuido, recibiría una oportunidad de no morir completamente de inanición al ser parte de la cadena productiva de las empresas operadoras. Y finalmente, por pura carambola, la población venezolana algún goteo recibiría, si es que el régimen, contrario a su política de dos décadas, decidiera que los venezolanos de a pie merecen su atención.

No hay que sorprenderse entonces del tsunami de optimismo que la reunión de magras ha generado en esos sectores. 

¿Quiénes serían los perdedores? Sin duda que la oposición política, que todavía trabaja para un cambio político estructural, vería su posición muy debilitada. Las estructuras militantes, y en particular la población, vería menoscabada su hoy precaria esperanza de cambio, y ciertas élites verían reivindicada su estrategia de convivencia como válida. El llamado Gobierno Interino y lo que queda de la Asamblea Nacional del 2015 quedarían fuera de juego.

Sin embargo, tal resultado no es inevitable. Aunque hoy podemos decir que las sanciones a Venezuela, sumadas a las sanciones a los rusos, tienen al régimen en su situación más precaria, también es verdad que el país tiene un agotamiento espiritual y material, y quiere soluciones perentorias al estancamiento político, social y económico en el que estamos. Si sumamos esto a que la crisis mundial coloca a Venezuela en un diferente tablero al que estaba con anterioridad a la aventura de Putin, podemos entender que los norteamericanos busquen nuevas soluciones a este problema regional.

Darle un respiro a las sanciones es una posible jugada en ese nuevo tablero, que como apuntamos beneficiaría al régimen principalmente. ¿Pero eso a cambio de qué? ¿Qué concesiones políticas se le deben/pueden extraer a un régimen debilitado, de cara al objetivo mayor de la democratización del país? ¿Cómo crear un balance político en vez de desequilibrar la situación aún más? 

Hay que empezar por entender el balance estratégico presente, en lo que al petróleo se refiere: no es que el mercado norteamericano necesita el petróleo venezolano y el régimen negocia con fortaleza, son los venezolanos que necesitan el mercado norteamericano y negocian para sobrevivir.
 
En ese nuevo tablero, la oposición, si así lo quisiera y trabajara por ello, puede convertirse en la pieza que aproveche la presente situación política, presionando por aquellas condiciones bajo las cuales estarían dispuestos a apoyar la flexibilización de las sanciones: liberación de presos políticos, condiciones para elecciones libres verificables, solo para mencionar algunas.

Habría que asegurar que los mejorados ingresos petroleros no vayan a engrosar los presupuestos de los personeros del régimen, sino que sean destinados a mitigar la crisis humanitaria – para eso existen instrumentos. También, la oposición venezolana puede matizar la conversación política en los EE. UU., que hoy está dividida en estos temas.

Oponerse de manera obtusa a cambios en el régimen de sanciones, sin ofrecer alternativas, es tan irracional como sumarse a la procesión que hoy reza por la vuelta del petróleo como solución mágica a nuestros problemas.

Para ser claros, una flexibilización de las sanciones a Venezuela no devolvería a su industria petrolera el dinamismo que alguna vez tuvo. Para eso se necesita de cambios políticos profundos y de transformaciones legales y fiscales que el presente régimen no está en capacidad o disposición de llevar adelante. No nos desgastemos en discusiones bizantinas de si son 200 u 800 miles de barriles días de producción adicional (en 1 o 5 años), ni valoremos  esos barriles a $150. Los milagros no existen en la industria petrolera.

La visita de los emisarios del norte nos anuncia que los vientos políticos están cambiando de dirección. Lo que ayer se nos antojaba, tanto al régimen como a la oposición, como las ortodoxias por las cuales romper lanzas, hoy lucen anacrónicas. La falsa prosperidad que se evidencia en ciertos enclaves del país no debe confundirnos: estamos entrando en nuevas y desconocidas turbulencias.

Tanto el régimen como la oposición están entre la espada y la pared, y que decir de la mayoría empobrecida que habita en esta Tierra de Gracia. Tiempo de actuar con inteligencia.


Monday, February 21, 2022

Pérez Alfonzo – Any February 13. Original published in Spanish in La Gran Aldea

LA GRAN ALDEA




 

On February 13, 1959, Rómulo Betancourt took office as president of the Republic of Venezuela, a position to which he had been elected by popular vote on December 7, 1958, after returning from a long exile.

 

Betancourt was no stranger to power. As the maximum leader of the Acción Democrática party, he had been president of the civic-military junta that served as executive power after the military coup that overthrew President Medina Angarita on October 18, 1945. On February 15 In 1948, after a popular election, the civic-military junta transferred executive power to the writer and politician Rómulo Gallegos, a fellow party member of Betancourt.

 

In November of that same year, President Gallegos was deposed by a military coup led by his own defense minister – General Carlos Delgado Chalbaud, thus beginning a military dictatorship that would end in January 1958, putting an end to what today it is known as the “adeco triennium”: 1945-1948.

 

That same February 13, 1959, Juan Pablo Pérez Alfonzo took office as Minister of Mines and Hydrocarbons, a position he would hold until his resignation in 1963. Pérez Alfonzo was also no stranger to power and to oil, having held during the “adeco trienium”, the position of Minister of Fomento (Industry), which at that time was the ministry that dealt with the oil issue in the Venezuelan public administration.

 

Juan Pablo Pérez Alfonzo is one of those civil heroes that Venezuela as a society is not given to celebrating, but who contributed in a very significant way to the construction of the oil policy of a republic that today seems distant, blurred. On the other hand, Pérez Alfonzo is also a “rara avis: a politician who is seldom criticized by his contemporaries or  by posterity, almost untouchable, despite having been a protagonist in the most controversial of Venezuelan political issues, oil.

 

That October 13, 1959, we can say that both Betancourt and Pérez Alfonzo, in particular the latter, had a running start on the issue of oil policy. During the exile that both suffered for 10 years, both studied and wrote on the subject. In particular, Pérez Alfonzo had dedicated much of his stay in the United States to analyzing the operation of the Railroad Commission of Texas. Despite what its name indicates, this state agency was in charge (and is in charge) of regulating the production of oil and gas in Texas in order to give stability to the oil prices– the germ of what would be the foundation of OPEC, perhaps the event for which Pérez Alfonzo is most remembered.

 

The background of the ideological position of Pérez Alfonzo and Betancourt in relation to oil must be understood from two important viewpoints. In the first place, the true fact that in the relationship between oil companies and the state, the former, due to their experience and knowledge of the business, had the upper hand, which historically was reflected in a rather asymmetric distribution of rent in favor of the operators.

On the other hand, and no less important for Betancourt in his analysis, the logical assumption that no matter how little the income received by the state was, it was the main support base for the regimes that Betancourt and his party ideologically opposed historically – let us not forget that both Betancourt and Pérez Alfonzo were born in the 1900’s and began their political career opposing General Juan Vicente Gómez and his cadre, from 1928 onwards.

 

As an example, in 1943, during the discussion in Congress of the draft Hydrocarbons Law proposed by the government of General Medina Angarita (a moderately democratic government), Pérez Alfonzo, then a deputy for Acción Democrática, opposed it, objecting to the article 41 of the law where the reference price of the barrel was established, based on which the distribution of income was calculated – needless to say, Pérez Alfonzo's arguments, although correct, were ignored and the law was approved by the government majority in Congress.

 

It is significant to point out that when the revolutionary government of Romulo Betancourt was installed in 1945, Betancourt and Pérez Alfonzo, far from ignoring the 1943 law, ratified it to the operators and recognized that in general it was a good law – the law will govern the industry for all that remains of the 20th century and the beginning of the 21st. However, they made it clear to the operators that the restating of the distribution of oil income will be done by modifying the fiscal conditions, but that is another story - it is during that period that what we know today as the “ fifty-fifty ”  distribution is established, which would be followed by a higher tax burden in the following decades, by successive governments.

 

But let us go back to the Betancourt government period, 1959-1964. With Pérez Alfonzo as minister, and despite the anxieties that the oil companies might harbor with the new government, the growth dynamics of the industry continues. In 1958, the average production of crude oil had been 2,605 million barrels per day, while by 1964 it was 3,395 million barrels per day, levels that would be maintained until the beginning of the 70s, in the 20th century.

 

In 1960, Venezuela, Saudi Arabia, Iraq, Iran and Kuwait founded the Organization of Petroleum Exporting Countries (OPEC), led by Pérez Alfonzo and Abdullah Tarik (the Red Sheikh), with the idea of defending the interests of exporting countries against the companies that controlled the oil market – Pérez Alfonzo's fundamental legacy, with all its pitfalls. It is also in 1960 that the first version of the Venezuelan Petroleum Corporation, CVP, is created.

 

Pérez Alfonzo was without a doubt a fundamental element in the development of the political and geopolitical thinking of the oil and gas business, almost always hand in hand with Betancourt. That understanding is reflected in his actions as member of the opposition, as a minister, and at his departure from the ministry as a voice of warning about the dangers that a growing oil revenue would have on the republic. 

 

His central ideas for oil policy were summarized in 1967 as follows:

 

“The nationalist oil policy can be framed within

what has been called the Pentagon of Action with five corners, of which one, the one constituted by the Organization of

Petroleum Exporting Countries (OPEC), extends its lines

outside the scope of national jurisdiction. the other four

corners of the Pentagon of Action are fully under the

sovereignty of Venezuela, constituted by the guiding principles

of: 1) Reasonable participation 2) Coordinating Commission for the

Conservation and Trade of Hydrocarbons 3) The Corporation

Venezuelan Oil Company 4) No more concessions”.

The oil pentagon. Caracas Venezuela. Political Magazine Editions.

 

However, I think it is not very bold to say that his understanding of oil as an industrial activity and its potential impact as a multiplier of economic activity was limited or at least considered secondary; of course, we are judging it in light of what we understand today.

 

Pérez Alfonzo thought that the oil reserves in Venezuela were scarce and that sooner rather than later they would run out. This belief, otherwise very widespread in the Venezuelan political sector, would be reflected in its position of wanting to limit production and manage reserves to extend its life, as well as in the policy of no more concessions – this is today seems anachronistic to us in an environment where just looking away from his OPEC friends and competitors would have allowed Pérez Alfonzo to show how they continued to grow their production until they surpassed us and ended up making us less relevant.

 

Why did Pérez Alfonzo/political world want the state to be the only investor in an industry that he considered in decline and short-lived? That is something that we can only speculate about, but I imagine that it is more associated with controlling oil revenues than with an understanding of the investment risks of the activity. Again, I think that the lack of understanding of the oil industry as a technological activity and its ability to add more reserves, develop new products and penetrate markets, among other short-sightedness, led him to wrong conclusions.

 

In 1963, Pérez Alfonzo had a televised debate with the intellectual Arturo Uslar Pietri, a candidate for the presidency, where they discussed their visions in a such a civilized way  that will shame today's warriors of the internet.

 

On the one hand, Pérez Alfonzo defended the policies of "No more concessions" and "conserving" oil for the future. On the other, Uslar Pietri proposed expanding production with more foreign investment and investing the income to create a new economy for the future. This is just one example that even then there were different visions to those of Pérez Alfonzo, but they did not have the traction that would have made a difference in oil policy.

 

The ideas that Betancourt, Pérez Alfonzo and many of their contemporaries developed about oil were appropriate to the world in which they grew up and acted, but today many of them are anachronistic. Even so, they continue to resonate in Venezuelan society and especially in political sectors.

 

The oil operators as adversaries and political support of the regime in power, the need for the state to control sectors considered "strategic", oil revenue as a perverting factor in society, are all archetypes that we can still identify in the conversations that about the subject take place, even though we are in the third decade of the 21st century; making it  difficult for venezuelans to migrate towards new and more productive models.

 

Pérez Alfonzo was undoubtedly a visionary in his ideas about managing the politics of oil, and judging by his personal life, a man of bulletproof honesty. Like most revolutionaries, the world he helped create ended up leaving him behind, while he clung to the ideas he had once made relevant. It is his ability to imagine a better Venezuela and his intellectual honesty that we must emulate.

 

On February 13, 1959, history knocked on the door of Juan Pablo Pérez Alfonzo and presented him with a challenge for which he was very well prepared and which he faced with courage, professionalism, and great success. That February 13 was not just any day, neither for Juan Pablo Pérez Alfonzo, nor for Venezuela.

Pérez Alfonzo – Un 13 de febrero cualquiera. Publicado en la Gran Aldea 13/02/2022

LA GRAN ALDEA

 

 

El 13 de febrero de 1959, Rómulo Betancourt toma posesión como presidente de la República de Venezuela, cargo al que había sido electo por votación popular el 7 diciembre de 1958, y en la cual había participado a la vuelta de un largo exilio.

 

Betancourt no era ajeno al poder, como máximo líder del partido Acción Democrática, había sido presidente de la junta cívico-militar que fungió como poder ejecutivo tras el golpe militar que derroca al presidente Medina Angarita el 18 de octubre de 1945. El 15 de febrero de  1948, tras una elección popular, la junta cívico-militar le transfiere el poder ejecutivo al escritor y político Rómulo Gallegos, compañero de partido de Betancourt.

 

En noviembre de ese mismo año, el presidente Gallegos es depuesto por un golpe militar liderado por su propio ministro de defensa – Carlos Delgado Chalbaud, dando inicio así a una dictadura militar  que terminaría en enero de 1958, y poniendo punto final a lo que hoy se conoce como el trienio adeco: 1945-1948.

 

Ese mismo 13 de febrero de 1959, Juan Pablo Pérez Alfonzo toma posesión como ministro de Minas e Hidrocarburos, cargo que ocuparía hasta su renuncia en 1963. Pérez Alfonzo tampoco era ajeno al poder y en particular al petróleo, habiendo ocupado, durante el trienio adeco, el cargo de ministro de Fomento, que en ese entonces era el ministerio que se ocupaba del tema petrolero en la administración pública.

 

Juan Pablo Pérez Alfonzo es uno de esos héroes civiles que Venezuela como sociedad está poco dada a celebrar, pero que contribuyó de manera muy significativa a la construcción de la política petrolera de una república que hoy luce lejana, desdibujada. Por otro lado, Pérez Alfonzo es también un “rara avis: un político a quién tanto sus contemporáneos como la posteridad poco  critican, casi intocable,  a pesar de haber sido protagonista en el más controversial de los temas políticos venezolanos, el petróleo.

 

Ese 13 de octubre de 1959, podemos decir que tanto Betancourt como Pérez Alfonzo, en particular este último, caen corriendo en el tema de política petrolera. Durante el exilio que ambos sufrieron por 10 años, ambos estudiaron y escribieron sobre el tema. En particular, Pérez Alfonzo había dedicado mucha parte de su estadía en los Estado Unidos a analizar el funcionamiento de Railroad Commission of Texas. A pesar de lo que su nombre indica,  este organismo estatal se ocupaba (y ocupa) de regular la producción de petróleo y gas en Texas con el objeto de darle estabilidad a los precios del barril – el germen de lo que sería la fundación OPEP, quizás el hecho por el que más se recuerda a Pérez Alfonzo.

 

El telón de fondo de la posición ideológica de Pérez Alfonzo y Betancourt en relación con el petróleo debe ser entendido a partir de dos factores primordiales. En primer lugar, el hecho cierto de que en la relación  entre compañías petroleras y estado, las primeras, por su experiencia y conocimiento del negocio, llevaban las de ganar, lo que históricamente se reflejaba en una distribución bastante asimétrica de la renta a favor de las operadoras. 

Por otro lado, y no menos importante para Betancourt en su análisis, la presunción lógica de que por poca que fuese la renta que el estado recibía, ella era la base de sustento principal para los regímenes que Betancourt y su partido adversaban ideológicamente – no olvidemos que tanto Betancourt como Pérez Alfonzo nacen en 1903 y empiezan su carrera política adversando al general Juan Vicente Gómez y su cadre, de 1928 en adelante. 

 

Es así como en 1943, durante la discusión en el congreso del proyecto de Ley de Hidrocarburos propuesta por el gobierno del general Medina Angarita (gobierno medianamente democrático), Pérez Alfonzo, a la sazón diputado por Acción Democrática, se opone a ella objetando el artículo 41 de la ley donde se establece el precio de referencia del barril con base al cual se establecía la repartición de la renta – demás está decir que los argumentos de Pérez Alfonzo aunque correctos fueron desoídos y la ley aprobada por la mayoría gubernamental en el congreso.

 

Cuando se instala el gobierno revolucionario de Rómulo Betancourt en 1945, es significativo señalar que Betancourt y Pérez Alfonzo, lejos de desconocer la ley de 1943, se la ratifican a las operadoras y reconocen que en general es una buena ley – esta ley regirá la industria por todo lo que resta del siglo XX y los inicios del XXI. Sin embargo, le dejan claro a las operadoras, que la adecuación de la distribución de la renta petrolera se hará desde entonces modificando las condiciones fiscales en sucesivos gobiernos, pero eso es otra historia – es durante ese período que se instaura lo que hoy conocemos el “fifty-fifty”, que sería seguido de mayor carga fiscal en las décadas siguientes.

 

Pero volvamos al período de gobierno de Betancourt, 1959 -1964. Con Pérez Alfonzo como ministro, y a pesar de las ansiedades que las petroleras pudieran albergar con el nuevo gobierno, la dinámica de crecimiento de la industria continúa. En 1958, la producción promedio de crudo había sido de 2,605 millones de barriles por día, mientras que para 1964 se contaba en 3,395 millones de barriles día, niveles que se mantendrían hasta los inicios de la década del 70, en el siglo XX.

 

En 1960, Venezuela, Arabia Saudita, Irak, Irán y Kuwait fundan la Organización de Países exportadores de Petróleo (OPEP), motorizada por Pérez Alfonzo y Abdullah Tarik (el Jeque Rojo), y con la idea de defender los intereses de los países exportadores de cara a las compañías que controlaban el mercado petrolero – el legado fundamental de Pérez Alfonzo, con todo y sus bemoles. Es en 1960 también que se crea la primera versión de la Corporación Venezolana del Petróleo, CVP.

 

Pérez Alfonzo fue sin duda alguna un elemento fundamental en el desarrollo  del pensamiento político y geopolítico del negocio de petróleo y gas, casi siempre de la mano de Betancourt. Ese entendimiento se refleja en sus acciones como opositor, ministro, y a su salida del ministerio como voz de advertencia a los peligros que una renta petrolera creciente tendría sobre la república. Su política la deja plasmada así en 1967:

 

“Se puede enmarcar la política petrolera nacionalista dentro de

lo que se ha llamado el Pentágono de Acción con cinco ángulos

claves, de los cuales uno, el constituido por la Organización de

Países Exportadores de Petróleo (OPEP), extiende sus líneas

fuera del ámbito de la jurisdicción nacional. Los otros cuatro

ángulos del Pentágono de Acción quedan plenamente bajo la

soberanía de Venezuela, constituidos por los principios directivos

de: 1) Participación razonable 2) Comisión Coordinadora de la

Conservación y el Comercio de los Hidrocarburos 3) Corporación

Venezolana del Petróleo 4) No más concesiones”. 

El pentágono petrolero. Caracas, Venezuela. Ediciones Revista Política.

 

Sin embargo, pienso que no es muy audaz afirmar que su entendimiento del petróleo como actividad industrial y su potencial impacto como  multiplicador de actividad económica era limitado o al menos lo consideraba secundario – claro, lo estamos juzgando a la luz de lo que hoy entendemos.

 

Pérez Alfonzo pensaba que las reservas de petróleo en Venezuela eran escasas y que más temprano que tarde estos se agotarían. Esta creencia, por lo demás muy extendida en el sector político venezolano, se vería reflejada en su posición de querer limitar la producción y gestionar las reservas para alargar su vida, así como en la política de no más concesiones – esto es hoy nos luce  anacrónico en un ambiente donde el solo desviar la mirada a sus amigos de la OPEP y competidores, le hubiese permitido evidenciar a Pérez Alfonzo como  estos  seguían creciendo su producción hasta sobrepasarnos y terminar por hacernos menos relevantes.

 

¿Porqué Pérez Alfonzo/mundo político quería que el estado fuera el único inversionista en una industria que consideraba en declinación y de corta vida? Eso es algo sobre lo que solo podemos especular, pero imagino que está más asociado al control de la renta petrolera que a un entendimiento de los riesgos de inversión de la actividad. De nuevo, pienso que el poco entendimiento de la industria petrolera como actividad tecnológica y su capacidad de sumar más reservas, desarrollar nuevos productos y penetrar mercados, entre otras miopías, lo llevó a conclusiones erradas.

 

En 1963, Pérez Alfonzo tiene un debate televisado con el intelectual Arturo Uslar Pietri, candidato a la presidencia, donde discuten las visiones de ambos en un tono de una altura que ya envidiarían los tuiteros de hoy día.

 

Por un lado, Pérez Alfonzo defiende las políticas de “No mas concesiones” y “conservar” el petróleo para el futuro, y por el otro, Uslar Pietri propone expandir la producción con más inversión extranjera e invertir la renta para crear una nueva economía para el futuro, se hicieron patente. Esto es solo un ejemplo de que aún entonces existían visiones diferentes a las de Pérez Alfonzo, pero que no tenían la tracción que hubiese hecho una diferencia en la política petrolera. 

 

Las ideas que Betancourt, Pérez Alfonzo y muchos de sus coetáneos desarrollaron sobre el petróleo  se adecuaban al mundo donde crecieron y actuaron, pero hoy  muchas de ellas resultan anacrónicas. Aún así, continúan resonando en la sociedad venezolana y sobre todo en los sectores políticos. 

 

Las operadoras petroleras como adversarios y soporte político del régimen de turno, la necesidad de que el estado controle los sectores considerados “estratégicos”, la renta petrolera como factor pervertidor de la sociedad, son todos arquetipos que todavía podemos identificar en las conversaciones que sobre el tema se llevan a cabo, ya entrada la tercera década del siglo XXI, y que nos hacen difícil migrar hacia nuevos y más productivos modelos.

 

Pérez Alfonzo fue sin duda un visionario en sus ideas sobre el manejo de la cosa petrolera, y a juzgar por su vida personal, un hombre de una honestidad a toda prueba. Como a la mayoría de los revolucionarios, el mundo que ayudo a crear lo terminó dejando atrás, mientras el se aferraba a las ideas que en su momento había hecho relevantes. Es su capacidad de imaginar una mejor Venezuela y su honestidad intelectual lo que debemos emular.

 

El 13 de febrero de 1959, la historia tocó a la puerta de Juan Pablo Pérez Alfonzo y le entregó un reto para el que estaba muy bien preparado y el cual enfrentó con valentía, profesionalismo y mucho éxito. Ese 13 de febrero, no fue un día cualquiera, ni para Juan Pablo Pérez Alfonzo, ni para Venezuela. 

Monday, September 27, 2021

La Búsqueda del Santo Grial - Energía y Cambio Climático. Publicado en LA GRAN ALDEA, 28/05/2021


LA GRAN ALDEA



 "Muy simple fue mi explicación, y lo suficientemente plausible, ¡como lo son la mayoría de las teorías equivocadas!". H.G. Wells, La Máquina del Tiempo

  

En las dos últimas décadas, el tema del cambio climático ha migrado de las páginas científicas a las primeras planas de los medios noticiosos, haciendo inevitable que el tema se convierta en obligatorio al hablar del futuro de este planeta y por supuesto componente obligado de la agenda política de la mayor parte de los países – o al menos de sus discursos. 

 

La Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés) recién acaba de publicar su reporte titulado “Net Zero by 2050 - A Roadmap for the Global Energy Sector” (Neto Cero para 2050: una hoja de ruta para el sector energético mundial)*, donde esboza su propuesta de lo que deberían ser las acciones para lograr que para el año 2050 el mundo haya logrado eliminar/compensar las emisiones de CO2

 

Desde el Protocolo de Tokio en 1992, pasando por el alarmista documental liderado por el ex vicepresidente de los EE.UU., Al Gore,  “Una Verdad Inconveniente” (2006), la emergencia de la activista sueca, Gretta Thunberg en 2018 como figura del movimiento ambientalista, el premio Nobel de la Paz que compartieron Al Gore y El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) en el 2008, y las periódicas reuniones entre países  auspiciadas por las Naciones Unidas, conocidas como COP’s (Conference of the Parties), la comunidad internacional pareciera haber unido filas para enfrentar los efectos del cambio climático.

 

Una gran mayoría de los habitantes de este planeta está en conocimiento, o al menos ha oído, del Calentamiento Global o de lo que eufemísticamente ahora se denomina en los medios como Cambio Climático, así como de las predicciones catastróficas que se asocian a él de no cambiar el rumbo. 

 

En esta narrativa del cambio climático, los llamados a jugar el papel de culpables, entre otros, son los combustibles fósiles. De manera simplificada el argumento es: 

 

El planeta recibe del sol energía que hace de este planeta el ecosistema del cual formamos parte. Parte de esa energía calórica es reflejada al espacio, mientras que otra es absorbida por la atmosfera y la superficie, manteniendo un equilibrio que se refleja en la temperatura de nuestro medio ambiente, dependiendo de la estación y de la latitud, entre otros factores. Ese balance energético es gobernado, entre otras cosas por la concentración en la atmosfera de los llamados gases invernadero (vapor de agua, CO2, metano y ozono), que modulan la cantidad de energía calórica que se refleja al espacio, que en última instancia se refleja en un aumento de la temperatura del planeta por el aumento en el uso de los combustibles fósiles desde la Revolución Industrial a nuestros días.

 

Este argumento está sustentado en mediciones, pero también en modelos matemáticos que  buscan predecir a largo plazo los efectos en el clima de estos factores. Sin querer argumentar en contra de la ciencia, hay que recordar que un modelo de simulación del clima contiene, típicamente, más de 18.000 páginas de código, por lo que la opinión de nosotros los legos quizás esté más asociada a dogmas variopintos o a (in)corrección política, que a una sobrevenida pericia matemática sobre las ecuaciones que gobiernan dichos modelos.

 

Pero a pesar de lo anterior, no es posible ignorar el hecho de que la voluntad política de la sociedad ha tomado este paradigma científico como base de su discurso y acciones.

 

El reporte de la IEA que aquí nos ocupa toma como premisa las conclusiones de estos modelos climáticos, que son en términos generales la base de los acuerdos que se han venido desarrollando en el marco de las COP’s: limitar el incremento de la temperatura promedio global a menos 1,5 - 2,0 grados centígrados para el año 2050, reduciendo las emisiones de CO2 a “Cero Neto”, so pena de sufrir una catástrofe climática. 

 

Para todos los países, pero en particular para los países en desarrollo, es sumamente importante entender las consecuencias que sus compromisos con estas metas globales de reducción de emisiones implican para sus economías y sus poblaciones, así como también la necesidad transformar totalmente el sistema energético que sostiene la sociedad moderna. 

 

El informe de la IEA es extenso y detallado y solo tocaremos sus principales recomendaciones/conclusiones:

 

·      Hacer de la década del 2020, los años de expansión masiva de “Energía Verde”. Eso implica cuadriplicar para el 2030 las inversiones en generación de fuentes renovables. Multiplicar x18 las ventas de carros eléctricos. Mejorar la eficiencia energética en un 4%. Todo esto , dice el reporte, se puede lograr con tecnología existente y con las políticas adecuadas: eliminación de subsidios a los combustibles fósiles, impuestos al carbón, modificación de estándares, ampliación de las redes, incentivos negativos para plantas de carbón y vehículos de motores de combustión interna, entre otras cosas.

·      Del 2030 al 2050 se requiere un esfuerzo de innovación gigantesco ya que las tecnologías necesarias no están totalmente desarrolladas o solo existen en prototipo. En particular, los sectores de industria pesada y transporte de larga distancia necesitan de nuevas tecnologías para reducir sus emisiones de manera significativa. Hoy día solo tenemos 50% de las tecnologías requeridas. Esto implica la necesidad de ingentes inversiones en Investigación y Desarrollo (I&D).

·      La IEA hace hincapié en que esta transición solo es posible si toma en cuenta a las poblaciones. Estiman que el 55% de las reducciones acumuladas en emisiones en el período (2020-2050) de su escenario, tienen que ver con decisiones del consumidor, en los países desarrollados principalmente. Por otro lado, subraya la necesidad de llevar energía a los más de 785 millones de seres humanos que no tienen hoy acceso, y soluciones limpias a los 2600 millones que hoy no tienen esa opción para cocinar sus alimentos. Tampoco hay que olvidar que, si la industria de energía fósiles  está destinada, en este escenario, a languidecer, esto no solo causará una pérdida fiscal a los países productores sino también una pérdida importante de empleos que se debe compensar para mitigar el impacto social.

·      El reporte recomienda establecer hitos para poder cumplir con la ruta que esbozan. Resumimos las más llamativas para el corto plazo: Eliminar la venta de calderas que usen combustibles fósiles; no aprobar nuevas plantas a carbón que no tengan tecnología de abatimiento (colecta y disposición de CO2); no aprobar ninguna inversión en campos nuevos de petróleo y gas, no aprobar nuevas minas de carbón o extensión de minas existentes; reducir la venta de vehículos de motor de combustión interna.

 

La IEA estima que, para satisfacer la creciente demanda de energía, mientras se cumple con la meta de reducción de emisiones en el escenario de 1,5 grados centígrados, requerirá de nuevas inversiones que aumentaran a 5 billones (un cinco con 12 ceros) de dólares anuales para el 2030 y de ahí en adelante al 2050, con el correspondiente impacto positivo en la economía mundial.

 

La IEA reconoce que esta transformación del sistema energético tendrá impactos asimétricos en las diferentes naciones: una cosa son los países miembros de la IEA, en general países desarrollados, y otra cosa son las economías emergentes que hoy no tienen las capacidades financieras y/o tecnológicas para enfrentar la transformación propuesta. Como apoyarían los primeros a los segundos, es algo que todavía está por definirse en este escenario y sin duda uno de los grandes obstáculos.

 

El reporte de la IEA también advierte que migrar de un sistema centrado en combustibles fósiles, a uno basado en renovables, creará nuevas dependencias y requerirá cadenas de suministro que hoy no existen, y que estas engendrarán nuevos riesgos de acceso a energía confiable, sostenible y económica, que al mismo tiempo requerirá de niveles de cooperación internacional sin precedentes.

 

En resumen, el reporte de la IEA hace patente la complejidad de enfrentar el tema de la transición energética dentro del marco del paradigma de cambio climático que hoy predomina. Sobre todo, porque, aunque treinta años es un período relativamente largo, las soluciones tecnológicas están aún por definir.

 

Los impactos económicos, políticos y sobre todo sociales de la ruta que se nos propone, no pueden ser desestimados. Y para países como Venezuela, dependientes como hemos sido y somos  del petróleo y gas para su desarrollo, plantea difíciles preguntas que no podemos soslayar.

 

Hay quienes piensan, aún aceptando la existencia del cambio climático, que el miedo al anunciado apocalipsis no es el mejor ambiente en el cual tomar decisiones. Argumentan que tratar de alcanzar las metas de reducción de emisiones impone una carga financiera y social demasiado grande en un planeta que enfrenta otras situaciones apremiantes (pobreza, pandemias, etc.) que también compiten por recursos. En general, los que así piensan son tildados al menos de “negacionistas” o sino de irresponsables, eliminando toda oportunidad de un dialogo constructivo y la búsqueda de una síntesis diferente.

 

La  demonización de los combustibles fósiles, columna vertebral del  sistema energético actual, no puede desalentarnos a  la búsqueda de soluciones diferentes a las que ejemplifica el reporte de la IEA o a las que los organismos multilaterales quisieran imponer en respuesta a las presiones mediáticas.

 

Soluciones únicas a problemas complejos, y no del todo entendidos, esteriliza la innovación y la capacidad de adaptación que nos ha hecho evolucionar como especie a lo largo de siglos de crisis. 

 

La ruta esbozada en reporte de la IEA no es el Santo Grial para enfrentar el cambio climático, pero sí hace visible las complejidades que nuestra especie enfrenta en su milenaria búsqueda de bienestar y de balance con la naturaleza. No es un problema pequeño.



* iea.li/nzeroadmap

Friday, April 09, 2021

Tiempos de Cambio - Publicado en la Gran Aldea - Publicado 08/04/2021


LA GRAN ALDEA



En la década de los años ‘60, a mediados del siglo XX, las canciones de Bob Dylan y otros representaban la rebeldía y protesta de una juventud que se planteaba, como quizás nunca antes, romper con los valores y estructuras de la sociedad que les había permitido crecer en un mundo relativamente pacífico y con una economía en expansión que prometía bienestar universal.

“Come writers and critics
Who prophesize with your pen
And keep your eyes wide
The chance won’t come again
And don’t speak too soon
For the wheel’s still in spin
And there’s no telling who
That it’s naming
For the loser now
Will be later to win
For the times they are a-changing”.

“Vamos, escritores y críticos,
Que profetizáis con vuestras plumas,
Mantened los ojos abiertos,
La oportunidad no se repetirá.
Y no habléis demasiado pronto,
Porque la ruleta todavía gira.
Y quien puede decir
A quien designará
Porque el que hoy pierde
Será el que gane después.
Porque los tiempos están cambiando”.

Bob Dylan. The times they are a-changing (1963).

Las protestas contra el servicio militar obligatorio y la intervención militar de los Estados Unidos en Indochina hervían en el país del norte; la llamada revolución de  Mayo de 1968 en Paris que anuncia el fin de la era De Gaulle; la revolución cubana, que sustituye a un dictador por otro con promesas de mejores tiempos; la invasión de Checoslovaquia por los soviéticos reprime a los reformistas de ese país, que como los húngaros en 1956 buscaban tener un socialismo con cara más humana; las guerrillas marxistas y maoístas que emergen en Latinoamérica abonadas por la inequidad sempiterna del Continente. Estos y muchos otros eventos estremecían el mundo impulsando una tormenta de cambios que amenazaba los diferentes statu quo, de izquierda y de derecha, que al igual que hoy habían derivado en autoritarismos con la excusa del bienestar de los muchos.

Seis décadas han pasado. Dylan, convertido en ícono, con la banda del Premio Nobel de Literatura terciada en su torso, debe mirar con nostalgia, como quizás hacemos todos los de esa generación de la posguerra (baby boomers), a los días de la juventud idealista pero de revoluciones incompletas, estériles.

¿Pero es así?, ¿será verdad que los intentos de cambiar el mundo han sido infructuosos?, ¿cómo medimos los cambios, si es que han ocurrido?

La humanidad lleva millones de años subiendo la escalera evolutiva (o cualquiera sea la explicación que el lector quiera asumir para su presencia en este disco llamado tierra) y ha desarrollado historias y mitos que le han permitido entender, sobrevivir y modificar lo que de otra manera sería un entorno hostil, inexplicable y hasta sobrenatural.

No es de extrañar entonces que nuestra especie, siempre consciente que se encuentra a la víspera de alguna catástrofe que la aniquile, tienda a leer las señales en el camino como un anuncio de esa inminente fatalidad y tienda a ignorar las señales que apuntan en la dirección del progreso.

Malthus, el Club de Roma, el invierno nuclear, Y2K, “peak oil” o “peak demand” y ahora el cambio climático y las pandemias, son solo una muestra de las catástrofes que se nos ha anunciado como preámbulos a la inevitable y temprana desaparición de la especie. Esas predicciones tienen o parecieran tener una base científica, lo que les da un sello de credibilidad que nos atemoriza, pero que olvida que la ciencia avanza equivocándose. Pareciera que nuestra demostrada incapacidad de profetizar, no nos impide seguir tratando.

Una de las mayores paradojas de la sociedad moderna es que está inundada de información de manera continua, pero que al igual que los habitantes del Medioevo pareciera ser poco apta para distinguir si esa información es algo más que propaganda o al menos saber interpretarla. Más aún, la ubicuidad de las redes sociales hace posible la diseminación de información de dudosa veracidad. La información, falsa o cierta, es difundida instantáneamente gracias a los satélites que orbitan (o no) al planeta, convirtiendo a los celulares en el acceso a la verdad que cada quien quiere creer; suerte de chismografía cibernética. Cinco siglos después del viaje de Cristóbal Colón, y seis décadas después del viaje orbital de Yuri Gagarin, escribir “flat earth” en Google resulta en 364 millones de “hits”.

El médico sueco, Hans Rosling, en su libro Factfulness (2018), explica que, pese a todas sus imperfecciones, la realidad económica y social del mundo es mucho mejor de lo que pensamos. Otro tanto hace Steven Pinker en su libro En defensa de la Ilustración (2018), donde nos insta a ver con otra perspectiva los titulares alarmistas y las profecías de la perdición que juegan con nuestros prejuicios psicológicos; haciendo uso de datos, muestra que la vida, la salud, la prosperidad, la seguridad, la paz, el conocimiento y la felicidad van en aumento, no solo en Occidente, sino en todo el mundo, lo cual no quiere decir que no haya motivos para preocuparse ni cuestiones que requieran una mejora urgente. Y es sobre estas últimas preocupaciones que los pastores del descontento trashuman sus rebaños.

Siempre habrá aquellos que verán el vaso medio lleno y otros que lo verán medio vacío, y se acusarán mutuamente de miopía emocional, sin detenerse a pensar si el vaso se está llenando o vaciando, que es lo que Rosling y Pinker hacen al dibujar en el tiempo el avance de nuestra especie.

Pero cómo contestar a aquellos que argumentan que lo que algunos ven como avances son la causa de la presente coyuntura, que según ellos nos augura  una inminente catástrofe; y que esta vez, si no corregimos nuestro rumbo, sí se materializará el tantas veces anunciado apocalipsis.

El mundo cambia todos los días y nosotros también, aunque quizás no de la manera que esperamos o creemos. El futuro no es algo que solo nos pasa, no somos espectadores pasivos, nuestras acciones importan, y aunque lo que decidimos en el pasado nos condiciona lo que podemos decidir hoy, no podemos despojarnos de la responsabilidad de construir el futuro.

Predecir el futuro es una tarea riesgosa, ya que el peligro de hacer el ridículo acecha. Sin embargo, es posible entrever en las tendencias de hoy algo de ese futuro, si miramos de manera adecuada. Y al hacer eso es importante anotar que así como debemos identificar las fuerzas de cambio, es igualmente crucial entender la fuerza de inercia del statu quo. Dice Zachery Tyson Brown:

“Las fuerzas de la continuidad son suficientes, por lo general, para evitar que el cambio se propague demasiado rápido; e incluso cuando no lo hacen, a menudo son capaces de apropiarse del cambio, de moldear el cambio a su propia imagen”.

Creemos, como lo hicieron las generaciones que nos antecedieron, que los tiempos que nos toca vivir son tiempos únicos de crisis, encrucijadas de la historia; pero la constante propaganda fatalista es notablemente ineficaz para lograr hacer lo que debemos para desviar el curso que hoy percibimos como inevitable. A todas esas crisis pasadas, le hemos encontrado salida como especie, verdad que tendemos a olvidar a la hora de enfrentar las que nos tocan. No es ser víctima de exceso de optimismo, es no dejar que a este lo ahogue un pesimismo irracional.

El planeta Tierra viaja por el cosmos a una velocidad estimada de 220 kilómetros por segundo, sin importar lo que nadie diga o haga para modificarlo. Lo que sí podemos hacer es seguir construyendo el bienestar para el mayor número de personas posibles, usando las herramientas que tan bien nos han servido hasta ahora: La búsqueda de la felicidad, la soberanía de la razón y la evidencia de los sentidos como fuentes primarias del conocimiento y, en definitiva, como base de nuestras decisiones.

Desde que Bob Dylan escribió sus líneas, el mundo ha cambiado de manera significativa, y yo argumentaría que para mejor, aunque seguramente no de la manera que esperábamos. Sin embargo, también hay razones para pensar que no todo está bien en la comarca, pero ni de lejos estamos en el umbral de una nueva Edad Media, como los mercaderes del apocalipsis nos quieren hacer creer. El Dylan veinteañero era un perspicaz observador de la sociedad. ¿Qué sentirá ahora que es parte de los observados? Los tiempos nunca dejan de cambiar.

HORMUZ, FROM A STRAIT TO A TUNNEL

  El Taladro Azul M. Juan Szabo [1] y Luis A. Pacheco [2] Published  Originally in Spanish in    LA GRAN ALDEA       The energy market situa...