Thursday, October 13, 2022

La Transición Repentina. Publicado en la Gran Aldea Octubre 06, 2022

 LA GRAN ALDEA



“Al pensar en el futuro, está de moda ser pesimista. Sin embargo, la evidencia desmiente inequívocamente tal pesimismo. En los últimos siglos, la suerte de la humanidad ha mejorado drásticamente, en el mundo desarrollado, donde es bastante obvio, pero también en el mundo en desarrollo, donde la esperanza de vida se ha más que duplicado en los últimos 100 años.”  Björn Lomborg

 

 

A juzgar por lo que uno lee en los medios no especializados, el mundo deriva hacia el juicio final si no corregimos nuestros hábitos en materia de consumo y de la energía que los motoriza. De ahí que se busque acelerar una transición energética a nivel global, para alejarnos de ese camino a la catástrofe.

 

Es natural que estas noticias del inminente fin del mundo ocupen nuestra atención. El peligro de extinción es sin duda un tema de primeras páginas, pero como dirían los matemáticos, es una función de decaimiento exponencial, es decir, nuestra capacidad de atención y, por lo tanto, de acción, disminuye rápidamente después del susto inicial.

 

Por otro lado, la recurrencia de la cuestión en la conversación diaria, sobre todo en los países de régimen democrático, hace ineludible el tema y obliga a tener un conocimiento mínimo sobre el asunto, aunque sea para no pasar por ignorante. O en todo caso para entender que las soluciones propuestas de eliminar los fósiles de manera acelerada tendrán un costo que pudiera ser más alto que el prometido beneficio.

 

El cambio climático y su relación con el uso de combustibles fósiles es un tema cuasi religioso, Como en toda religión, en este caso de alcance global, los guardianes de la ortodoxia persiguen el disenso y buscan imponer sus dogmas a como dé lugar, aun si eso pasa por la eliminación de la discusión razonable – valga la pena subrayar que existen dogmas, con sus respectivos sacerdotes, a ambos lados del argumento.

 

Quienes anuncian futuras catástrofes causadas por el cambio climático, también  predican que la ciencia ya está establecida y que contradecir la medicina prescrita – eliminación de los combustibles fósiles – no es más que una negación terca e indocta. Al estilo de la vieja inquisición, se persigue con fiereza a los que expresan hipótesis contrarias, y aun a los que, sin denegar la relación básica entre emisiones de gases invernadero y calentamiento global, se divorcian de los escenarios de catástrofe favorecidos por los ambientalistas.

 

El tema del cambio climático y su pretendida solución, como la mayoría de los problemas complejos que la sociedad enfrenta, es abordado usando la antigua metodología de delegar en los sabios de turno las decisiones sobre nuestro destino. Por un lado, los  adivinos, nigromantes y en el mejor de los casos, científicos e ingenieros, a quienes asignamos el trabajo de analizar la evidencia, promover hipótesis y postular las soluciones al problema. Por otra parte, tenemos a los dirigentes - llámense caciques, reyes, presidentes y como en este caso, las organizaciones multilaterales – que no entienden de la ciencia, pero a quien asignamos la tarea de tomar las decisiones por nosotros.

 

Esta división de responsabilidades es la manera más eficiente que hemos encontrado como especie para enfrentar la accidentalidad de la naturaleza, y evolucionar desde las cavernas hasta nuestros días. De hecho, el que hoy dependamos de los combustibles fósiles para el 80 % de nuestras necesidades energéticas no es el resultado de un diseño perverso, sino la síntesis de casi 200 años de evolución social y tecnológica siguiendo ese modelo.

 

Que hayamos construido el mundo moderno alrededor de un modelo de suministro energía confiable que ahora consideramos inconveniente, es un ejemplo de que aun en materias catalogadas como científicas, no existe tal cosa como la verdad cierta ni soluciones únicas. La ciencia siempre es incompleta y avanza por un camino construido sobre el substrato del camino ya transitado. Parafraseando a Thomas Kuhn[1]: la ciencia mejora al permitir que sus teorías evolucionen en respuesta a los acertijos y el progreso se mide por su éxito en resolverlos; no se mide por su progreso hacia una teoría verdadera ideal. Si bien la evolución no conduce a organismos ideales, sí conduce a una mayor diversidad de tipos de organismos.

 

Estamos seguros de que los científicos que manejan el tema del cambio climático en el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), entienden mejor que nadie la naturaleza del proceso científico y sus limitaciones, que no es decir que están libres de influencias ideológicas y sesgos personales. En todo caso, sus reportes están fraseados en un lenguaje arcano de certidumbres y probabilidades[2], más de las últimas que de las primeras, pero que igual son utilizadas para hacer recomendaciones a los poderes políticos.

 

Los incentivos están alineados, como es usualmente el caso con los consultores, para que nos adviertan de los escenarios más extremos para que no puedan ser luego responsabilizados de no haber advertido sobre ellos. Y es de esos escenarios que se nutren los medios y las redes, que cuáles sacerdotes del primer milenio nos anuncian el fin del mundo.

 

Baste un ejemplo para entender los riesgos asociados a la dinámica científicos/políticos cuando los incentivos se alinean para causar estragos, a pesar buenas intenciones:

 

Trofim Lysenko (1898-1976), ingeniero agrónomo de origen ucraniano, desarrolló teorías agrícolas que fueron implementadas en la entonces Unión Soviética con la bendición de Stalin. Su ley de la “Vida de las Especies” postulaba que plantas de la misma clase no competían entre sí, por lo que podían ser sembradas con un espaciamiento menor al tradicional en la búsqueda de mayor producción por unidad de superficie. – una propuesta sin duda heterodoxa. El resultado de su implantación fue la pérdida masiva de cosechas y una hambruna de proporciones bíblicas. Sus ideas también fueron utilizadas en la China Comunista de Mao Zedong, contribuyendo también a la Gran Hambruna China.

 

Que Lysenko hubiese cometido un error involuntario en su aproximación científica a la 

Agricultura es entendible. Que también se dedicara a promover la persecución de todos aquellos que objetaban sus teorías, eliminando así toda discusión científica al convertir su opinión en dogma del poder político que lo cobijaba, es moralmente  reprensible. Tuvo que morir Stalin, para que su influencia disminuyera.

 

En un artículo reciente en el Wall Street Journal[3], la escritora Helen Raleigh compara los intentos contemporáneos de forzar una transición energética a nivel global - de combustibles fósiles a renovables - con los ruinosos esfuerzos en la China de Mao Zedong en el período conocido como el Gran Salto Adelante. Raleigh argumenta que, así como Mao, impacientado por el lento progreso del desarrollo industrial de la China, trató de acelerarlo ignorando las leyes de economías y las limitaciones técnicas, hoy se trata de acelerar la transición energética. En suma, cuando los políticos insisten en ignorar la razón, la lógica, la verdad y la economía, ocurren fallas catastróficas.

 

Aun si la ciencia sobre el cambio climático fuese irrebatible, y tuviésemos a mano las soluciones tecnológicas para impulsar la substitución de los combustibles fósiles, la misma ciencia y las leyes económicas delimitan como y a qué velocidad puede ocurrir la deseada transición; y ciertamente no es como está hoy planteada. La transición energética no puede ser una letanía que se recita para evitar el fin de los días, debe ser más bien la combinación óptima de ciencia, economía y política que nos permita asegurar bienestar a los 10.000 millones de seres humanos que habitaran este planeta para el 2050.

 

El forzar la transición energética, ya no solo en un país o en un sector, sino en todo el planeta y su economía, es un experimento audaz y muy riesgoso. Enfrentados con la probabilidad de ocurrencia de eventos cuya ciencia nos es compleja de entender y comunicar, y empujados por un terror milenario que se ha diseminado a nivel global a la velocidad de la luz, los dirigentes parecieran haber decidido tomar el camino de destruirnos para salvarnos. Y si para lograr ese objetivo misional se acallan las voces disidentes, a lo soviético, estamos en peligro de perder no solo nuestro bienestar económico y la posibilidad de seguir disminuyendo la pobreza, sino también de perder parte de nuestra libertad.

 

 

Tuesday, August 30, 2022

La LOREICH - Publicado en la Gran Aldea. Agosto 29, 2022

LA GRAN ALDEA

Published in English in ZIGNOX as A Dividing Oil Tale.



Imagen del Archivo Fotografía Urbana.

Aunque la LOREICH pudiera confundirse con el nombre de algún personaje de telenovelas, de esas a las que éramos tan adictos los venezolanos desde la inserción de la televisión como visitante consuetudinario en nuestras salas, es de hecho el acrónimo que identifica uno de los actos más relevantes de nuestra historia contemporánea: la mal llamada nacionalización del petróleo.

La Ley Orgánica que Reserva al Estado la Industria y Comercialización de los Hidrocarburos (LOREICH) fue aprobada por el entonces Congreso de la República el 21 de agosto de 1975, después de una larga y a ratos caldeada discusión nacional; el entonces presidente de la República, el señor Carlos Andrés Pérez, le puso el ejecútese en compañía de su gabinete el 29 de agosto de ese mismo año. 

De esa manera se cerraba una larga etapa de la relación de Venezuela y los venezolanos con su industria fundamental, cuyos inicios podemos trazar a los descubrimientos de principios del siglo XX en la Costa Oriental del lago de Maracaibo– Zumaque (1914) y Barrosos No. 2 (1922), y comenzaba una nueva etapa que se asomaba esperanzadora sin dejar de ser incierta.

De una manera simplificada, el Estado venezolano, con la ley de 1975, culminaba un proceso de creciente control de la industria petrolera y de la renta que esta producía. Uno puede postular que el acto legal de estatización ocurre con la LOREICH, mientras que el proceso de “nacionalización” – que la industria estuviera cada vez más integrada al país - venía ocurriendo de manera orgánica desde los años 40, en particular después de la aprobación de la Ley de Hidrocarburos de 1943 durante el gobierno del general Medina Angarita.

Con el arribo de la democracia en 1958, Venezuela empieza a ejercer de manera más firme su soberanía sobre los recursos hidrocarburíferos. El Gobierno, haciendo uso de sus prerrogativas, aumentó la tasa de impuesto sobre la renta (ISLR) para la actividad petrolera, incrementando la participación del Estado a 65%. Rota la regla del fifty:fifty, el Estado haría uso del aumento unilateral en la tasa de ISLR para incrementar su participación, en la medida que las condiciones políticas así lo permitieran. Esta tendencia continuó hasta llegar a una participación del 95% del excedente operacional en los años previos a la nacionalización, lo que llegó a estrangular la inversión de las operadoras extranjeras.

De acuerdo con el economista Ramón Espinasa, en su indispensable trabajo El Auge Y El Colapso De PDVSA A Los Treinta Años De La Nacionalización, la legislación plasmada en la LOREICH fue el resultado inevitable de las variables que venían motorizando el proceso de estatización:

“El proceso político que aumentaría el poder relativo del Estado venezolano a lo largo de la década de los sesenta hasta la nacionalización, tuvo como piedra angular la creación de la OPEP en 1960. Foro en el cual los Estados propietarios exportadores intercambiarían información y coordinarían políticas para aumentar su participación en el excedente petrolero y elaborarían en forma conjunta el objetivo común de nacionalizar la producción en sus territorios, como quedó establecido en la Resolución XVI.90 de 1968…”

“La sostenida presión fiscal, el hostigamiento político, en el contexto de los movimientos nacionalistas de la década de los sesenta, el fin cierto de las concesiones en 1983, junto con la apertura de nuevas y prometedoras provincias petroleras en el Medio Oriente y el Norte de África, llevó a las empresas transnacionales a reducir drásticamente sus inversiones en Venezuela a lo largo de los sesenta, a favor de inversiones en otros territorios. Se llegó al extremo de transportar maquinarias y equipos del país hacia las nuevas provincias, lo cual trajo como consecuencia la promulgación de la Ley de Reversión de 1971, para detener el proceso de desinversión.”

“La estrategia de las compañías consistió en explotar al máximo las áreas bajo concesión con mínima inversión con un horizonte de muy corto plazo. La falta de inversión y la explotación intensiva llevaron irremediablemente al colapso de la producción a principios de los setenta.”

“En el ínterin ya casi dos generaciones de venezolanos habían pasado por la industria petrolera, en un principio personal poco capacitado, después profesionales y técnicos formados en las Universidades nacionales. Para principios de los setenta la industria petrolera transnacional en el país era manejada por venezolanos.

El país gradual e inexorablemente se movía hacia el control directo de la actividad petrolera. El discurso político abordó directamente el objetivo de la nacionalización a principios de los setenta. El catalizador, sin embargo, provino de eventos internacionales en el ámbito de la OPEP.”

Esta aparente inevitabilidad legal, política y financiera, descrita por Espinasa, no era garantía de que el proceso fuese a resultar exitoso. Los escollos organizacionales, políticos, así como los intereses de las operadoras y las posiciones ideológicas de las diversas facciones políticas en el congreso no eran menores, y delineaban un probable escenario donde la transición al modelo estatal resultaría traumática y hasta destructiva de valor.

Los partidos tradicionales, COPEI y AD, y los partidos de izquierda, como el MEP y PCV, coincidían en la necesidad de la nacionalización, pero tenían diferencias importantes en el tipo de control y manejo que el Estado debía tener sobre las operaciones y las finanzas de la compañía(s) que surgieran del proceso.

Por otro lado, algunos sectores de la sociedad temían que, con la nacionalización, la industria petrolera se politizaría convirtiéndose en otra “típica empresa del Estado”, donde la corrupción y el clientelismo la hicieran ineficiente. Algunos otros pensaban que los venezolanos no serían capaces de gestionar una industria tan compleja, ignorando que ya para ese entonces la gran mayoría de los técnicos, profesionales y gerentes eran venezolanos.

A esos técnicos venezolanos, en general, les preocupaba, no las razones políticas para la nacionalización, que apoyaban, sino más bien el efecto que un proceso mal diseñado o ejecutado tuviera en la eficiencia de la industria y el tema no menor de su desarrollo profesional por la inherencia política. Estas preocupaciones empiezan a emerger de manera pública en sendos congresos técnicos que se realizan en Maracaibo y Caracas en los meses de mayo y junio de 1974*. 

Las discusiones en esos congresos subrayaron la desconfianza que parte del sector político mostraba en esos mismos venezolanos, a quienes consideraban agentes de las operadoras extranjeras y en última instancia incapaces de defender los intereses nacionales.

Se puede decir que las fracturas entre el sector petrolero y el país político, que caracterizarían las siguientes décadas, ya estaban presentes al momento de la nacionalización; y que el acto legal se consumó a pesar de ellas, pero quedaron latentes para emerger destructivamente en el siglo XXI, pero esa es otra historia

Al frío relato histórico hay que añadirle los actores, personajes de carne y hueso que son en definitiva los que conducen la puesta escena. Hoy sabemos, o al menos hay un consenso mayoritario de que el proceso de nacionalización fue exitoso, y eso se debe en gran medida a las personas que lo llevaron adelante. Gente que tuvo el liderazgo y la entereza para buscar compromisos en un tema que era muy controversial.

Cualquier lista que se haga sería incompleta, pero sin duda a la cabeza de ella deben estar el presidente Carlos Andrés Pérez (CAP) y su ministro de Minas e Hidrocarburos, el Ing. Valentín Hernández Acosta, quienes tuvieron que navegar aguas turbulentas y buscar los compromisos necesarios para garantizar que el proceso culminara de manera exitosa.

Del lado de los trabajadores petroleros, la narrativa debe resaltar el rol de AGROPET (Agrupación de Orientación Petrolera), donde la figura más reconocida fue el geólogo Gustavo Coronel, quien sorpresivamente tendrá luego un rol en la primera junta directiva de la petrolera estatal. Esta asociación, como su nombre lo indica, nació con la intención de orientar a la sociedad civil y los políticos acerca del negocio petrolero en un entorno donde se pensaba que el sector político podía tomar decisiones sin necesariamente entender todas las ramificaciones sobre el negocio.

La participación de AGROPET puede considerarse como contra natura, ya que la cultura organizacional no incentivaba este tipo de actuación pública, sino más bien todo lo contrario; tendría que transcurrir un cuarto de siglo para que el país volviera a oír de lo “petroleros”, con los sucesos del 2002-2003. 

De todas las discusiones alrededor de la LOREICH, quizás la más significativa por su impacto político entonces y luego durante la vida de la petrolera estatal, fue la que ocurrió alrededor del Artículo 5. Este artículo, a diferencia del texto propuesto por la Comisión Presidencial que había sido establecida por CAP, dejaba abierta la posibilidad de que la petrolera estatal estableciera asociaciones con entes privados si se estimara que fuera de conveniencia para el Estado. En el vocabulario de hoy en día, el artículo 5 era una suerte de Plan B para el desarrollo de futuros proyectos petroleros de alta complejidad.

Como era obvio, este artículo de la propuesta de ley desató una tormenta política, tanto en el parlamento como en los medios de la época. El argumento, en su forma más simplificada, giraba alrededor de ese temor atávico que tienen nuestras sociedades, y en particular, nuestros políticos, de la participación extranjera en lo que se consideran “sectores estratégicos” (mis comillas) y de la participación del capital privado en general. El presidente Pérez invirtió mucho de su capital político en apoyar la ley con todo y artículo 5, y esta fue finalmente aprobada. De esa discusión quedaron siempre cicatrices: Juan Pablo Pérez Alfonzo denominó el proceso una “nacionalización chucuta” y el expresidente Rafael Caldera alcanzó a decir que era una “entrega del petróleo”. Paradójicamente, es durante la segunda presidencia de Caldera que el artículo 5 tendrá su mayor aplicación como fundamento de la denominada Apertura Petrolera.

El modelo organizacional que finalmente se establece para la estatal petrolera es el de mantener las operadoras existentes (13 de ellas), con sus activos, personal y procesos corporativos, ahora de propiedad estatal, todas bajo la coordinación de una casa matriz, Petróleos de Venezuela, S. A. (PDVSA), creada según Decreto Presidencial No 1123 del 30 de agosto de 1975.

A la cabeza de esa casa matriz, el presidente Pérez hace un nombramiento que resultará muy acertado, El general Alfonzo Ravard, un militar/ingeniero con una trayectoria profesional y gerencial intachable y que resultó aceptable tanto para el mundo político como para el mundo petrolero. Hay que recordar que las operadoras principales, entre ellas Creole y Shell (luego Lagoven y Maraven respectivamente) eran ya dirigidas en Venezuela por venezolanos de mucha valía y seguramente tenían aspiraciones válidas de dirigir la industria.

En todo caso, hoy podemos decir, a la luz de la evidencia histórica, que el proceso de nacionalización y el posterior desempeño de PDVSA y sus filiales, con sus luces y con sus sombras, no solo fue exitoso al mitigar los riesgos de la transición operativa y legal, sino que formó la base para la recuperación y crecimiento de una industria que transitaba una ruta de declinación operacional y financiera.

Sin embargo, la estatización de la industria no eliminó las tensiones que históricamente habían existido entre la industria en cabeza de las operadoras extranjeras y el estado, sino que las trasladó al interior del estado al transformarse este en dueño y empresario y tener que resolver, entre muchos temas, como asumir los riesgos de inversión en el petróleo versus otros usos del erario público y manejar ahora las tensiones de con una gerencia petrolera que ahora dormía bajo su misma carpa.

Hay que reconocer, que en las primeras de cambio los sectores políticos mantuvieron a PDVSA y sus filiales fuera de la politización que aquejaba a otras empresas del estado, al menos inicialmente, pero como era de esperarse, esto no era sostenible. Ya en las administraciones del presidente Herrera Campins y Lusinchi, con la caída de los precios del petróleo, se empezaron a materializar las fracturas que yacían latentes desde las discusiones que dieron  origen a PDVSA.

Por otro lado, el hecho de crear un monopolio estatal, de la principal industria del país, no vino sin sus propios demonios que inevitablemente llevaron a su destrucción bajo las administraciones del presidente Chávez Frías y el Régimen de Maduro Moro. La posición ideológica de actores políticos como Alí Rodríguez Araque y Álvaro Silva Calderón, y de académicos como Gastón Parra, Mendoza Potellá y Bernard Mommer, entre otros, reflejaban su insatisfacción con el proceso que condujo a la LOREICH y el desempeño de PDVSA y sus gerentes, a quienes no se cansaron de acusar de ser agente de intereses extranjeros. Se empeñaron en reescribir la historia, pero con líneas torcidas.

La LOREICH es un documento corto (28 artículos), no obstante ocupa un lugar preeminente en nuestra historia petrolera, compartiendo podio con las Leyes de Hidrocarburos de 1920 y 1943. Es un documento producto de su tiempo y circunstancia y es así como debe ser juzgado. Lo mismo debe decirse del proceso mismo de nacionalización y de la creación de PDVSA y su posterior evolución. 

La LOREICH no es un personaje de telenovela, pero si quizás el libreto de una, que en este caso no tuvo un final feliz.


* IX Congreso de Ingeniería, 19 y el 25 de mayo de 1974, en el Hotel del Lago en Maracaibo. Entre el 8 y el 14 de junio de 1974, en el Círculo Militar de Caracas, se llevó a cabo el III Congreso de Petróleo. 

Friday, June 10, 2022

CITGO - Detrás de la Cortina. Publicado en la Gran Aldea 26/05/2022

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Versión en Inglés en ZIGNOX 




El sistema de refinerías CITGO en los EE. UU. (propiedad de PDVSA) se ha transformado, por una parte,en un objeto de deseo de los acreedores del estado venezolano y PDVSA, y por la otra, en sujeto de controversia política entre los diferentes actores nacionales. El manejo interesado de los hechos, en uncontexto de escaso conocimiento del entorno del negocio, hace de este un tema fácilmente manipulable.

Me propongo en este escrito, corto por necesidad, tratar de explicar ¿qué es CITGO? ¿por qué fue y es importante? y darle al lector, si tengo éxito, una base para entender el negocio.

Pero antes de hacer eso, haré un sucinto recuento de sus antecedentes.

En la década de los años ochenta del siglo XX, la estatal petrolera venezolana, PDVSA, diseñó y ejecutó una estrategia que se llegaría a conocer con el correr de los años como Internacionalización.

La estrategia reconocía dos hechos fundamentales: 

1. En primer lugar, el hecho histórico de que los países productores se veían limitados a su acceso al mercado al no tener una presencia con una cadena de valor integrada. Su falta de presencia significativa en el “aguas abajo” del negocio de los hidrocarburos los hacía rehenes de las multinacionales, que si controlaban el mercado y que de esa manera obtenían un mayor beneficio del valor agregado de la manufactura. Además, esto les permitía a las compañías integradas (aguas abajo y aguas arriba) a mejor navegar la volatilidad del mercado

2. En segundo lugar, el análisis del potencial de crecimiento de la capacidad de producción de Venezuela identificó que ese crecimiento estaría basado, en su mayoría, en sus recursos de crudos pesados y extrapesados, que era fácil vislumbrar sería complejo de colocar en el mercado abierto sin unos descuentos importantes, ya que el parque refinador internacional, en general, estaba diseñado para crudos más livianos y dulces.

Esto llevó a los responsables de la industria petrolera de entonces a tomar varias decisiones que resultaron fundamentales para los siguientes 30 años:

1. Cambios de patrón del parque de refinación nacional para poder procesar crudos más pesados y producir productos de mayor valor tanto para el mercado nacional como el internacional; este último además comenzaba a imponer especificaciones más estrictas por razones ambientales, algo que la empresa no podía soslayar.

2. La estrategia de internacionalización, que buscaba asegurar acceso al mercado para las enormes reservas de crudo pesado adquiriendo capacidad de refinación existente y sistemas de distribución en los principales mercados. Con ello se buscaba integrar la actividad petrolera Nacional del yacimiento hasta el consumidor final, más allá de la capacidad de refinación nacional. Es importante anotar, que adquirir capacidad de refinación y modificarla para nuestros crudos resultaba menos costoso que construir nuevas refinerías o vender el crudo a descuento en esos mercados.

3. La estrategia de “Apertura”, ya en la década de los años 90, es otra de esas decisiones fundamentales, pero que por ahora soslayaremos en este análisis. 

Así las cosas, la implantación de la estrategia de internacionalización avanzó exitosamente en la última parte del siglo XX, y para el año 1999 PDVSA  tenía presencia en Estados Unidos, Alemania, Suecia, Reino Unido, Curazao y comenzaba su penetración de mercados finales en Centroamérica, Caribe y Suramérica. PDVSA llegó a Controlar una capacidad de refinación de alrededor de 3 millones 300 mil barriles diarios, de los cuales 2 millones de barriles correspondían a operaciones internacionales, hacían de la estatal petrolera un actor importante en el mercado de productos refinados de alto valor.

Es importante anotar, que esta estrategia ha sido replicada por otros países productores: Arabia Saudita, Kuwait y México, entre otros.

¿Qué es CITGO?

CITGO es una compañía norteamericana de refinación, distribución y mercadeo, con base legal en el estado de Delaware, con oficina principal en la ciudad de Houston, Texas, y con más de cien años de historia que no pretenderé resumir aquí. Baste decir que PDVSA, en su estrategia de internacionalización, adquiere el 50 % de sus acciones en 1986 y se convierte en dueño del 100% en 1990 y pasa a ser la cabeza de playa de lo que llegó a ser un complejo de 8 refinerías. Hoy día, CITGO representa no solo el activo de PDVSA más importante fuera de Venezuela, sino que es lo único que resta de presencia en los mercados internacionales después del desmantelamiento de la estrategia de Internacionalización durante las dos últimas décadas, por razones que nunca fueron ni razonadas ni explicadas.

De una manera resumida, CITGO es hoy dueña y operadora de tres refinerías, en Texas (Corpus Christi), Luisiana (Lake Charles) e Illinois (Lemont), con una capacidad combinada de destilación primaria (que es como se expresa la capacidad de una refinería) de 769 mil barriles diarios. 

A eso se le debe sumar una red de oleoductos, poliductos y terminales, y plantas de mezclas de lubricantes a lo largo y ancho de los EE. UU. (Información más detallada en https://www.citgo.com). Sus productos son distribuidos y vendidos a través de varios canales incluyendo ventas a mayoristas con distintas marcas, ventas a una red de aproximadamente 4.400 estaciones de servicio de propiedad privada, abanderadas con la marca CITGO, También realiza exportaciones a Latinoamérica y el Caribe, y ventas al mercado ocasional americano. 

El Negocio de La Refinación

A riesgo de ser muy simplistas, desde el siglo XIX, con el advenimiento primero de las lámparas de querosén y luego del motor de combustión interna, los procesos de refinación se convirtieron en la base tecnológica del valor del petróleo: a más sofisticado el proceso, mayor la calidad, mayores las inversiones requeridas, y por tanto mayor el valor de los productos refinados – el petróleo en su estado natural tiene poca utilidad.

Si asumimos una refinería como una fábrica, el petróleo crudo sería la materia prima y los combustibles, lubricantes y otros productos serían los productos manufacturados. La manera como la industria mide el valor creado es con los llamados “Cracks Spreads”: la diferencia entre el precio entre un barril de petróleo y el precio de los productos refinados de ese barril.

Si el valor de mercado de esos productos es mayor que el valor de crudo + el costo de refinarlo, podemos postular que el proceso está agregando valor: margen neto de refinación positivo.

La historia terminaría ahí si no fuera porque de ese margen, que se mide en US $/barril procesado, también hay que pagar inversiones, mantenimientos, impuestos, intereses, etc. Todo esto en un ambiente, que a lo mejor el lector no necesita que lo subraye, de extrema volatilidad del precio del crudo y de los productos refinados. 

Claro está, en cualquier análisis habría que incluir variables exógenas como los fenómenos naturales: huracanes, tormentas de invierno, etc.; así como los actos de estado: regulaciones, embargos, entre otros.

Eso hace de la refinación un negocio cíclico: meses/años de alta rentabilidad y otros no tanto. Por ejemplo, si el precio del crudo se incrementa y los productos de refinación no experimentan incrementos acordes, los márgenes de refinación se verán mermados  – lo contrario también puede ocurrir, produciendo ganancias extraordinarias.

Solo como muestra, el año 2020 fue un año totalmente atípico para el negocio de refinación en general  y para CITGO en particular.  La pandemia tuvo dos efectos negativos importante: por una parte, una destrucción de demanda en los combustibles (gasolina, diésel, combustible de aviación, etc.) que redundó en que CITGO procesara un 20% menos en comparación con el año 2019; y por otro parte, un colapso de los precios de esos combustibles. Como resultado, los márgenes de la industria experimentaron caídas de más del 50% respecto al 2019. 

Como si fuera poco, el 2020 estableció un récord con el mayor número de tormentas, y los huracanes Laura y Delta afectaron la operación de las refinerías en el Golfo de México.

No es de extrañar entonces, que en el año 2020 CITGO reportara una pérdida operacional y contable significativa, la primera de los últimos cinco años, incluyendo el 2021 (donde se empezó a experimentar una recuperación), a pesar de que también las operaciones también se viesen afectadas por el fenómeno invernal Uri en el primer trimestre de dicho año. En lo que va del 2022, los resultados han sido beneficiados por un mercado petrolero significativamente más positivo que en los cinco años anteriores.

CITGO Hoy

La cartilla anterior, primitiva, pero espero que útil, es un preámbulo para analizar los resultados financieros que CITGO ha presentado para el primer trimestre del 2022 en la esperanza de poder auscultar y tener una idea más educada de su salud operacional y financiera en el contexto de su larga historia.

Así como el mercado quita, el mercado da. Durante la segunda mitad del 2021 y lo que va del 2022, la industria de la refinación se ha visto beneficiada por tres elementos que es importante anotar:

1. La recuperación de la economía mundial y con ella la recuperación de la demanda, sobre todo los combustibles de alto valor: gasolinas, diésel y combustibles de aviación

2. La pandemia desincentivó inversiones en el sector de aguas arriba/aguas abajo del sector de hidrocarburos, con el resultado que la industria no pudo responder, del lado del suministro, a la recuperación rápida de la demanda cuando la economía se reactiva. Si a esto se le aúna  la crisis energética en Europa y otros lugares, generada entre otras cosas por las ineficaces políticas de transición energética, tenemos como resultado el aumento rápido en los precios del gas natural, crudo y combustibles que se ha experimentado en los últimos meses.

3. Y como si eso fuera poco, Rusia, uno de los mayores productores de petróleo y gas, decidió invadir a Ucrania, impactando negativamente el balance demanda/suministro aún más, poniendo una presión aun mayor a los precios de la energía.

Ahora bien, para un negocio como CITGO esto tiene efectos negativos y positivos. Por un lado, se incrementan sus egresos al aumentar el costo de sus insumos - crudo, gas natural, energía - pero por el otro, se incrementan sus ingresos al beneficiarse de la situación de los precios de sus productos. El balance de estos factores determina en gran medida sus resultados.

Pero CITGO, o cualquier otro refinador, no es solo un barco a la deriva en el mercado. La utilización efectiva de sus plantas, la excelencia operacional, el manejo de la inteligencia de mercado, el manejo de sus proveedores, que en el caso de CITGO es una de las mayores complejidades al ser esta compañía sujeto de sanciones, el manejo de su deuda, son algunas de las herramientas que le permiten a su gerencia y cuerpo técnico navegar las tormentas o, como en este caso, los vientos a favor.

Así las cosas, veamos algunos de los resultados reportados para el primer trimestre del 2022 en contexto:


  2. Margen de refinación, calculado en base a la ecuación 3-2-1 para crudo WTI en Houston, Texas. Este margen se calcula sumando el valor de dos barriles de gasolina a un barril de diésel y restándole el valor de un barril de crudo WTI en Houston, Texas


Aunque los resultados citados son una visión simplificada, es evidente el impacto del mercado (precios) y de la variable operacional (% de utilización de las refinerías). El 2020 es un clásico ejemplo de condiciones adversas de mercado y utilización. El I Trimestre de 2022 un ejemplo de lo opuesto, buenos precios y utilización cerca de lo óptimo de las refinerías (mercado y gestión).

Es importante advertir que el ingreso neto aquí mostrado es el resultado de sustraerle a los márgenes netos de refinación y mercadeo de productos, los gastos corporativos y financieros, y los impuestos correspondientes para cada periodo.

Un lector avisado se preguntaría: ¿cómo es que la compañía, como en el 2020, teniendo ingresos netos negativos, sortea la situación? La respuesta más sencilla es que algo debe compensar este déficit: efectivo que exista en caja de períodos anteriores, financiamiento, contribución del accionista, monetización de activos o una combinación de los anteriores. En el caso de CITGO ha sido una combinación del efectivo acumulado en caja, monetización de inventarios y financiamiento complementario.

 Lo anterior subraya la importancia que para una compañía de refinación tiene mantener tanto una posición de caja sana como acceso a crédito; esto último sigue siendo uno de los retos más complejos para la gestión de CITGO desde 2019. 

Hay que apuntar que CITGO es una filial de un ente sancionado (PDVSA), operando bajo licencia de la OFAC (Departamento del Tesoro de los EE. UU.), y propiedad de un estado que está en “default” de la mayoría de su deuda, lo que hace complejo conseguir líneas de crédito con la banca y con los proveedores de crudo.


¿Por qué es CITGO importante?

Como ya mencionamos, la discusión sobre la internacionalización ha sido politizada, no solo en los tiempos del chavismo, sino desde su origen; las críticas siempre han sido feroces. No es de sorprender entonces que la política petrolera de los últimos veinte años haya resultado en el desmantelamiento de los activos en el exterior.

Cualquier decisión empresarial debe estar sujeta a revisión periódica de su desempeño y pertinencia en el tiempo, la internacionalización no es una excepción. Infortunadamente, PDVSA nunca ha explicado, en estas dos décadas, porqué vendió los activos y cuál fue el uso alterno que le dio a los recursos.

También, en paralelo, PDVSA hizo compromisos para inversiones en refinerías en países “amigos”: Ecuador, Brasil, Aruba, Nicaragua, República Dominicana, Cuba, Jamaica, entre otras. Demás está decir que de eso no quedó nada útil ni para PDVSA ni  para la Nación.

Como es bien sabido, CITGO está asediado por acreedores tanto de PDVSA como del estado venezolano, y sobrevive como propiedad de Venezuela gracias a la protección legal que el gobierno norteamericano le brinda. ¿Pero vale la pena la pelear por ella? ¿o cómo piensan algunos, para estar colgando es mejor caer?

Más allá de su valor simbólico para la oposición venezolana, que es un tema aparte, analicemos brevemente el componente empresarial. 

Como ya dijimos CITGO era la pieza angular de la estrategia de colocar en el mercado norteamericano la creciente producción de crudo pesado de Venezuela. Sin embargo, aún antes de las sanciones impuestas en 2019, PDVSA venía reduciendo sus exportaciones de crudo pesado y hoy CITGO ha aprendido a operar con otros crudos.

Sin duda, un cambio en las condiciones haría de CITGO un destino natural para parte de las exportaciones desde Venezuela. Algunos pudieran argumentar que eso es posible aun estando CITGO en otras manos y teniendo una relación comercial con ellos.

Sin embargo, eso es en nuestra opinión una visión limitada. En primer lugar, dado el deterioro del parque refinador en Venezuela, la crónica escasez de combustible y el estado financiero de PDVSA, CITGO se presentaría como un actor importante en un escenario de recuperación política y económica del país. Sería la manera más expedita de Venezuela acceder al mercado y traer combustibles al país: gasolina, diésel, jet-fuel y nafta para diluir crudos pesados, probablemente en intercambio por crudos venezolanos.

Además, CITGO pudiera jugar un rol determinante en la recuperación del parque refinador nacional, dando acceso a tecnología y manejo de proyectos.

En el mediano plazo, uno puede argumentar que las políticas globales de transición energética harán cada día más difícil colocar los crudos venezolanos en el mercado, tanto por razones ambientales como por reducción de la capacidad de refinación. En ese escenario, CITGO es una pieza clave de acceso al mercado más importante de combustibles, asegurando colocación de volúmenes y promoviendo la industria en diversos escenarios. 

Claro está, lo anterior es válido en un modelo donde PDVSA se recupera, que hoy luce improbable. La mayoría de las propuestas que circulan para una nueva industria de hidrocarburos postulan la participación del capital privado en toda la cadena de valor y CITGO sería un activo atractivo para los inversionistas, quizás mucho más que las refinerías nacionales. 

Sin embargo, si al final las batallas legales con los acreedores se pierden, y hay que usar a CITGO como elemento de negociación de parte de la deuda, hoy ella vale muchísimo más de lo que valía en 2019/2020. 

Solo por ello, la difícil tarea de salvaguardar CITGO, hasta que se den las condiciones políticas y financieras para tomar una decisión razonada, habrá valido la pena.


Thursday, April 28, 2022

El Venezolano no Tiene Quien le Escriba - Publicado en La Gran Aldea. Abril 26 2022

LA GRAN ALDEA



 

“—¿Nada para el coronel? El coronel sintió el terror. El administrador se echó el saco al hombro, bajó el andén y respondió sin volver la cabeza: —El coronel no tiene quien le escriba.”  Gabriel García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba. 1961

 

En la novela de García Márquez, el coronel Aureliano Buendía pasa los días y los años languideciendo, con la esperanza de recibir, del gobierno colombiano, una confirmación de la pensión de veterano de la Guerra de los Mil Días, que no solo considera su derecho, sino que la necesita para que él y su esposa puedan mitigar la extrema pobreza en la que viven.

Venezuela no ha pasado por una guerra civil, todavía, pero ciertamente la mayoría de su población vive en pobreza y con la esperanza de poder mitigarla y sobrevivir un día más, solo que el gobierno no está en vía de enviarle ninguna carta.

Las cartas que sí se envían tienen otro destinatario. Nos referimos a las cartas que, en los últimos días, respetados venezolanos han dirigido al presidente Biden con relación a la crisis que atraviesa el país. 

 Las redes se han inundado de opiniones sobre las causas y las soluciones, algunas sesudas, otras viscerales. Se generan ataques virulentos  y solidaridades incondicionales. La gritería binaria se torna estruendosa, pero como en un estadio de beisbol, solo parece atañerle a los que están en las graderías. 

  Como si del siglo XIX se tratara, estos “memoriales de agravio”, dirigidos a un poder superior, buscan  reconocimiento de situaciones y resolución de temas que se asume están en las manos  del destinatario del memorial* . Pero al contrario de esos doctos documentos de hace 200 años, las cartas de marras no van dirigidas a la corona española, exigiendo los derechos de los españoles nacidos en América, sino que buscan influenciar al inquilino de la Casa Blanca a que tome una u otra decisión en relación con Venezuela. 

 Este no es el lugar para repetir los análisis al contenido de la carta original (la de los 25), ni tampoco de la carta que de seguidas fue enviada por otros firmantes, y que se entiende pretende “contrarrestar” lo expresado en la primera; mejores mentes y plumas más afiladas que la mía han dedicado muchos párrafos a denigrar o apoyar lo que se dice en esas cartas – un ejemplo lamentable del diálogo entre sordos en que se ha convertido la interacción de aquellos que buscan liderarnos – sin mencionar a la sordera crónica del régimen.

 Ahora bien, tratando de ser equilibrados, y asumiendo la buena voluntad de los “abajo firmantes” de  ambas misivas,   la escaramuza mediática que se ha generado subraya la ausencia de efectividad de la acción política en nuestro país, en particular en los partidos que conforman la oposición, que una vez más se ve fuera de juego. 

 Tenemos la necesidad perentoria de establecer una base de conversación entre lo que hoy parecen posiciones encontradas de cómo enfrentar al régimen, pero que debemos asumir tienen como objetivo común conducir el país hacia mejores destinos. 

 Lo anterior no quiere decir que hay que suspender el debate político. Por el contrario, si hay algo que demuestran “las cartas” es que hay diferencias importantes en los diagnósticos y por ende en las soluciones propuestas – las últimas se derivan de los primeros. Pienso que no hay soluciones químicamente puras, es decir, aquellas que no pasen por algún tipo de compromiso con el régimen. Pero también pienso que hay que evitar derivar hacia soluciones derivadas del agotamiento, es decir, aquellas que en aras de una victoria temporal comprometan los principios que nos impulsan a buscar el cambio político – es una zona gris indeterminada, pero una que hay que transitar, la alternativa es la extinción de una de las partes.

 Tampoco debe uno ser ingenuo e ignorar que el régimen juega con estas divisiones de la oposición, que a primera vista juzgamos como debilidades de la oposición. En el terreno de la discordia el régimen nos lleva mucha ventaja. En algo me recuerda a mis días universitarios, cuando los “agentes provocadores” tomaban ventaja de los llamados tontos útiles para utilizar la multitud para sus propósitos. Uno siempre debe preguntarse, como primer tamiz de análisis político: ¿Quién se beneficia? Mucho me temo que el episodio de las cartas solo beneficia al régimen que nos oprime. 

 Que nos veamos obligados a enviar sendas cartas al presidente del país del norte, compitiendo por su atención en el medio de una crisis política internacional, no solamente es evidencia de una natural desesperación con la actual situación, sino también de la ausencia de instituciones y de la falta de propuestas claras por aquellos que dicen o pretenden liderar.  

Las posiciones plasmadas en ambas cartas parten de un supuesto errado: que el petróleo venezolano es un elemento determinante en la crisis que gestiona la administración estadounidense y que es una pieza de canje que movería la aguja hacia uno u otro lado. El gobierno de Chávez y luego el de Maduro se han encargado que no seamos más que un actor de tercera en el juego del mercado petróleo global, situación que continuará mientras no haya cambios políticos.       

 Por supuesto, uno no debe subestimar la posibilidad de que el gobierno estadounidense también haya comprado el argumento de la influencia del petróleo venezolano – peores yerros hemos visto en años recientes.

 Así las cosas, pienso que las cartas al presidente Biden, como el Memorial de Agravios de Camilo Torres en el siglo XIX, acumularán polvo (digital, en este caso) en los archivos, para el análisis de futuros historiadores, mientras la real Venezuela clama por un liderazgo que asuma la gran responsabilidad de buscar consensos efectivos y que abandonen las poses efectistas y cortoplacistas.

 Los venezolanos estamos sedientos de liderazgo, buscamos que nos propongan ideas robustas, queremos que los políticos converjan hacia consensos sobre soluciones a los problemas reales, que nos convoquen a lograr el cambio político urgente, que tomen decisiones,  y que cesen solo de buscar, en la democracia tumultuaria de las redes, la legitimidad a su parroquia. 

 Los venezolanos aspiramos a un futuro en paz, a que nos reconozcan como ciudadanos, y a no seguir languideciendo en la esperanza de que alguien, en el poder lejano, nos eche una mano piadosa. 

 

Los venezolanos queremos que las cartas vengan dirigidas a nosotros.


*   Uno de los memoriales más notorios es el documento que el neogranadino Camilo Torres y Tenorio elabora  en 1809, dirigido a la Suprema Junta Central de España, en vísperas del movimiento navideño independentista de la Nueva Granada.




Thursday, March 31, 2022

Entre la Espada y la Pared - Publicado en la Gran Aldea, Marzo 30, 2022

LA GRAN ALDEA 



“Uno hace planes para adaptarse a las circunstancias, y no trata de crear circunstancias para adaptarse a los planes.”General George S. Patton

Y de repente, como si de tormenta de arena en el desierto se tratara, se ha desatado un torbellino de información y desinformación sobre las sanciones que pesan industria petrolera venezolana y su posible flexibilización.

Expertos de gran solera, espontáneos en el oficio, economistas, petroleros, hombres de negocio, académicos, y hasta políticos, se disputan la palestra pública para opinar sobre el presente y futuro de la industria petrolera venezolana.Circulan multitud de sesudos análisis, como si de confeti de carnaval se tratara – hecho curioso, pues las cifras del sector petrolero venezolano sufren de una falta de confiabilidad estructural.

Toda esta cacofonía mediática ha sido causada por la visita de una delegación norteamericana a la capital venezolana en días recientes. Bienvenida por el régimen, sorpresiva para otros, y con variadas interpretaciones de corto y mediano plazo, casi que al gusto del consumidor, la reunión y su propósito siguen escondidos detrás de un telón de ambigüedad informativa por parte del visitante, y la usual propaganda del visitado.

La visita norteamericana, marcada por la invasión de Rusia a Ucrania y las subsecuentes sanciones norteamericanas al petróleo ruso, ha sido inevitablemente interpretada como un acercamiento del gobierno norteamericano de cara a la actual crisis energética. 

Algunos especulan que el tema central de la conversación fue el aseguramiento, para el mercado del norte, del suministro del poco o mucho petróleo que se produce en estas latitudes. Esto implicaría, así reza la interpretación, una primera aproximación a flexibilizar las sanciones que hoy aplican a PDVSA y el régimen, y que obstaculizan la producción, y más importante, el comercio del petróleo venezolano en el mercado norteamericano.

Hoy, debido a las sanciones, PDVSA se ve forzada a vender sus volúmenes en el mercado asiático, usando los caminos verdes y con artimañas más asociadas al contrabando de sustancias ilegales, que al comercio del petróleo. Como resultado, ese petróleo es vendido con descuentos importantes vis-a-vis los reales precios de mercado, y seguramente sea fuente de corrupción.

Además, las sanciones al petróleo de Rusia obligan a esta a desviar volúmenes de sus mercados tradicionales a Asia, con descuentos importantes, probablemente desplazando parte o todo el volumen de crudo venezolano que hoy va a ese mercado, o al menos presionando los precios aún más a la baja, con el efecto negativo eso tiene en las cuentas nacionales.

Así las cosas, la sola posibilidad de que el crudo venezolano pueda ser comercializado en el mercado norteamericano debe ser música para los oídos del régimen venezolano, y en general para los sectores cercanos al petróleo, de ahí la celebración adelantada de muchos sectores.

De otra parte, los volúmenes de petróleo que puede añadir Venezuela al mercado son de poca monta en el balance mundial o hemisférico. Así que la interpretación inicial dada a la visita, de que Norteamérica está en necesidad del petróleo venezolano, pareciera tener poco asidero en la realidad, al menos en el mediano plazo.

Recordemos que la destrucción de la industria petrolera por el chavismo hizo posible el desarrollo del “shale oil” en los Estados Unidos y el crecimiento de la capacidad de producción en Rusia, convirtiéndolos en los mayores productores mundiales junto con Arabia Saudita, y relegando a Venezuela a jugar un rol secundario en el mercado.

De manera que los intereses de corto y mediano plazo, aceptando que siempre el petróleo juega un rol, deben estar en otra esfera. Recordemos que operadoras petroleras como Chevron, ENI y Repsol, por mencionar las más relevantes, no solo mantienen todavía presencia en Venezuela, esperando una reactivación, sino que también han acumulado multimillonarias acreencias, producto de decisiones corporativas de vieja data, la insolvencia de PDVSA y las dificultades que generan las sanciones norteamericanas.

Una flexibilización de las sanciones permitiría a estas compañías al menos vislumbrar una posibilidad de empezar a cobrar parte de la ingente deuda que la petrolera estatal tiene con ellas – que valga la pena decir es una aspiración legítima desde un punto de vista puramente empresarial.

Ahora bien, empezar a recuperar la capacidad de producción de la industria petrolera venezolana requiere de invertir ingentes capitales – el lector puede navegar la cacofonía ya mencionada para que saque sus propias conclusiones -, pero en todo caso hablamos de miles de millones de dólares, que por necesidad deben originarse en las mismas compañías que ya mencionamos.

Es válido entonces preguntarse, ¿si las sanciones fuesen flexibilizadas, están los inversionistas, tanto nacionales como internacionales, dispuestos a tomar el riesgo de invertir sin garantías creíbles, sin un cambio significativo y sostenible del régimen legal y fiscal que desde hace lustros ha restringido al sector? Sin mencionar los conceptos anacrónicos que contaminan la política petrolera tanto del régimen como de parte importante de la oposición.

Si además introducimos en el análisis las deficiencias estructurales del aparato económico y social: servicios públicos deficientes (en particular el sistema eléctrico), falta de personal calificado, la cadena de suministro mundial, la competencia de otras cuencas, la criminalidad, el panorama no es muy alentador en el corto y el mediano plazo. Claro, si los retornos económicos llegaran a justificar el alto riesgo percibido, algunos inversionistas pudieran estar dispuestos a crear enclaves petroleros del siglo XXI. Vaya retroceso.

¿Quiénes serían los eventuales beneficiarios de una flexibilización de las sanciones petroleras, si Venezuela no es más que un soplo dentro del huracán que es el mercado energético internacional y si la verdadera recuperación pasa por un cambio político estructural que no se vislumbra?

Pues, para empezar, y sin ninguna duda, el régimen de Maduro sería el mayor beneficiado. En principio recibiría mayores ingresos y mitigaría su situación actual: luce acorralado de cara a poder colocar la actual producción y políticamente vendería esa flexibilización como una victoria y un reconocimiento a su régimen, aunque estaría lejos de serlo.

Los otros beneficiarios, como ya anotamos, serían las petroleras extranjeras, a quienes se les abriría una pequeña ventana por donde empezar a recibir pago por las deudas existentes. Por moderada que pueda ser la nueva producción que puedan desarrollar en el corto plazo, se rompería su actual estancamiento, y pueden mostrar una pequeña victoria a sus auditores y accionistas.

Por otro lado, el sector de servicios petroleros, hoy disminuido, recibiría una oportunidad de no morir completamente de inanición al ser parte de la cadena productiva de las empresas operadoras. Y finalmente, por pura carambola, la población venezolana algún goteo recibiría, si es que el régimen, contrario a su política de dos décadas, decidiera que los venezolanos de a pie merecen su atención.

No hay que sorprenderse entonces del tsunami de optimismo que la reunión de magras ha generado en esos sectores. 

¿Quiénes serían los perdedores? Sin duda que la oposición política, que todavía trabaja para un cambio político estructural, vería su posición muy debilitada. Las estructuras militantes, y en particular la población, vería menoscabada su hoy precaria esperanza de cambio, y ciertas élites verían reivindicada su estrategia de convivencia como válida. El llamado Gobierno Interino y lo que queda de la Asamblea Nacional del 2015 quedarían fuera de juego.

Sin embargo, tal resultado no es inevitable. Aunque hoy podemos decir que las sanciones a Venezuela, sumadas a las sanciones a los rusos, tienen al régimen en su situación más precaria, también es verdad que el país tiene un agotamiento espiritual y material, y quiere soluciones perentorias al estancamiento político, social y económico en el que estamos. Si sumamos esto a que la crisis mundial coloca a Venezuela en un diferente tablero al que estaba con anterioridad a la aventura de Putin, podemos entender que los norteamericanos busquen nuevas soluciones a este problema regional.

Darle un respiro a las sanciones es una posible jugada en ese nuevo tablero, que como apuntamos beneficiaría al régimen principalmente. ¿Pero eso a cambio de qué? ¿Qué concesiones políticas se le deben/pueden extraer a un régimen debilitado, de cara al objetivo mayor de la democratización del país? ¿Cómo crear un balance político en vez de desequilibrar la situación aún más? 

Hay que empezar por entender el balance estratégico presente, en lo que al petróleo se refiere: no es que el mercado norteamericano necesita el petróleo venezolano y el régimen negocia con fortaleza, son los venezolanos que necesitan el mercado norteamericano y negocian para sobrevivir.
 
En ese nuevo tablero, la oposición, si así lo quisiera y trabajara por ello, puede convertirse en la pieza que aproveche la presente situación política, presionando por aquellas condiciones bajo las cuales estarían dispuestos a apoyar la flexibilización de las sanciones: liberación de presos políticos, condiciones para elecciones libres verificables, solo para mencionar algunas.

Habría que asegurar que los mejorados ingresos petroleros no vayan a engrosar los presupuestos de los personeros del régimen, sino que sean destinados a mitigar la crisis humanitaria – para eso existen instrumentos. También, la oposición venezolana puede matizar la conversación política en los EE. UU., que hoy está dividida en estos temas.

Oponerse de manera obtusa a cambios en el régimen de sanciones, sin ofrecer alternativas, es tan irracional como sumarse a la procesión que hoy reza por la vuelta del petróleo como solución mágica a nuestros problemas.

Para ser claros, una flexibilización de las sanciones a Venezuela no devolvería a su industria petrolera el dinamismo que alguna vez tuvo. Para eso se necesita de cambios políticos profundos y de transformaciones legales y fiscales que el presente régimen no está en capacidad o disposición de llevar adelante. No nos desgastemos en discusiones bizantinas de si son 200 u 800 miles de barriles días de producción adicional (en 1 o 5 años), ni valoremos  esos barriles a $150. Los milagros no existen en la industria petrolera.

La visita de los emisarios del norte nos anuncia que los vientos políticos están cambiando de dirección. Lo que ayer se nos antojaba, tanto al régimen como a la oposición, como las ortodoxias por las cuales romper lanzas, hoy lucen anacrónicas. La falsa prosperidad que se evidencia en ciertos enclaves del país no debe confundirnos: estamos entrando en nuevas y desconocidas turbulencias.

Tanto el régimen como la oposición están entre la espada y la pared, y que decir de la mayoría empobrecida que habita en esta Tierra de Gracia. Tiempo de actuar con inteligencia.


Monday, February 21, 2022

Pérez Alfonzo – Any February 13. Original published in Spanish in La Gran Aldea

LA GRAN ALDEA




 

On February 13, 1959, Rómulo Betancourt took office as president of the Republic of Venezuela, a position to which he had been elected by popular vote on December 7, 1958, after returning from a long exile.

 

Betancourt was no stranger to power. As the maximum leader of the Acción Democrática party, he had been president of the civic-military junta that served as executive power after the military coup that overthrew President Medina Angarita on October 18, 1945. On February 15 In 1948, after a popular election, the civic-military junta transferred executive power to the writer and politician Rómulo Gallegos, a fellow party member of Betancourt.

 

In November of that same year, President Gallegos was deposed by a military coup led by his own defense minister – General Carlos Delgado Chalbaud, thus beginning a military dictatorship that would end in January 1958, putting an end to what today it is known as the “adeco triennium”: 1945-1948.

 

That same February 13, 1959, Juan Pablo Pérez Alfonzo took office as Minister of Mines and Hydrocarbons, a position he would hold until his resignation in 1963. Pérez Alfonzo was also no stranger to power and to oil, having held during the “adeco trienium”, the position of Minister of Fomento (Industry), which at that time was the ministry that dealt with the oil issue in the Venezuelan public administration.

 

Juan Pablo Pérez Alfonzo is one of those civil heroes that Venezuela as a society is not given to celebrating, but who contributed in a very significant way to the construction of the oil policy of a republic that today seems distant, blurred. On the other hand, Pérez Alfonzo is also a “rara avis: a politician who is seldom criticized by his contemporaries or  by posterity, almost untouchable, despite having been a protagonist in the most controversial of Venezuelan political issues, oil.

 

That October 13, 1959, we can say that both Betancourt and Pérez Alfonzo, in particular the latter, had a running start on the issue of oil policy. During the exile that both suffered for 10 years, both studied and wrote on the subject. In particular, Pérez Alfonzo had dedicated much of his stay in the United States to analyzing the operation of the Railroad Commission of Texas. Despite what its name indicates, this state agency was in charge (and is in charge) of regulating the production of oil and gas in Texas in order to give stability to the oil prices– the germ of what would be the foundation of OPEC, perhaps the event for which Pérez Alfonzo is most remembered.

 

The background of the ideological position of Pérez Alfonzo and Betancourt in relation to oil must be understood from two important viewpoints. In the first place, the true fact that in the relationship between oil companies and the state, the former, due to their experience and knowledge of the business, had the upper hand, which historically was reflected in a rather asymmetric distribution of rent in favor of the operators.

On the other hand, and no less important for Betancourt in his analysis, the logical assumption that no matter how little the income received by the state was, it was the main support base for the regimes that Betancourt and his party ideologically opposed historically – let us not forget that both Betancourt and Pérez Alfonzo were born in the 1900’s and began their political career opposing General Juan Vicente Gómez and his cadre, from 1928 onwards.

 

As an example, in 1943, during the discussion in Congress of the draft Hydrocarbons Law proposed by the government of General Medina Angarita (a moderately democratic government), Pérez Alfonzo, then a deputy for Acción Democrática, opposed it, objecting to the article 41 of the law where the reference price of the barrel was established, based on which the distribution of income was calculated – needless to say, Pérez Alfonzo's arguments, although correct, were ignored and the law was approved by the government majority in Congress.

 

It is significant to point out that when the revolutionary government of Romulo Betancourt was installed in 1945, Betancourt and Pérez Alfonzo, far from ignoring the 1943 law, ratified it to the operators and recognized that in general it was a good law – the law will govern the industry for all that remains of the 20th century and the beginning of the 21st. However, they made it clear to the operators that the restating of the distribution of oil income will be done by modifying the fiscal conditions, but that is another story - it is during that period that what we know today as the “ fifty-fifty ”  distribution is established, which would be followed by a higher tax burden in the following decades, by successive governments.

 

But let us go back to the Betancourt government period, 1959-1964. With Pérez Alfonzo as minister, and despite the anxieties that the oil companies might harbor with the new government, the growth dynamics of the industry continues. In 1958, the average production of crude oil had been 2,605 million barrels per day, while by 1964 it was 3,395 million barrels per day, levels that would be maintained until the beginning of the 70s, in the 20th century.

 

In 1960, Venezuela, Saudi Arabia, Iraq, Iran and Kuwait founded the Organization of Petroleum Exporting Countries (OPEC), led by Pérez Alfonzo and Abdullah Tarik (the Red Sheikh), with the idea of defending the interests of exporting countries against the companies that controlled the oil market – Pérez Alfonzo's fundamental legacy, with all its pitfalls. It is also in 1960 that the first version of the Venezuelan Petroleum Corporation, CVP, is created.

 

Pérez Alfonzo was without a doubt a fundamental element in the development of the political and geopolitical thinking of the oil and gas business, almost always hand in hand with Betancourt. That understanding is reflected in his actions as member of the opposition, as a minister, and at his departure from the ministry as a voice of warning about the dangers that a growing oil revenue would have on the republic. 

 

His central ideas for oil policy were summarized in 1967 as follows:

 

“The nationalist oil policy can be framed within

what has been called the Pentagon of Action with five corners, of which one, the one constituted by the Organization of

Petroleum Exporting Countries (OPEC), extends its lines

outside the scope of national jurisdiction. the other four

corners of the Pentagon of Action are fully under the

sovereignty of Venezuela, constituted by the guiding principles

of: 1) Reasonable participation 2) Coordinating Commission for the

Conservation and Trade of Hydrocarbons 3) The Corporation

Venezuelan Oil Company 4) No more concessions”.

The oil pentagon. Caracas Venezuela. Political Magazine Editions.

 

However, I think it is not very bold to say that his understanding of oil as an industrial activity and its potential impact as a multiplier of economic activity was limited or at least considered secondary; of course, we are judging it in light of what we understand today.

 

Pérez Alfonzo thought that the oil reserves in Venezuela were scarce and that sooner rather than later they would run out. This belief, otherwise very widespread in the Venezuelan political sector, would be reflected in its position of wanting to limit production and manage reserves to extend its life, as well as in the policy of no more concessions – this is today seems anachronistic to us in an environment where just looking away from his OPEC friends and competitors would have allowed Pérez Alfonzo to show how they continued to grow their production until they surpassed us and ended up making us less relevant.

 

Why did Pérez Alfonzo/political world want the state to be the only investor in an industry that he considered in decline and short-lived? That is something that we can only speculate about, but I imagine that it is more associated with controlling oil revenues than with an understanding of the investment risks of the activity. Again, I think that the lack of understanding of the oil industry as a technological activity and its ability to add more reserves, develop new products and penetrate markets, among other short-sightedness, led him to wrong conclusions.

 

In 1963, Pérez Alfonzo had a televised debate with the intellectual Arturo Uslar Pietri, a candidate for the presidency, where they discussed their visions in a such a civilized way  that will shame today's warriors of the internet.

 

On the one hand, Pérez Alfonzo defended the policies of "No more concessions" and "conserving" oil for the future. On the other, Uslar Pietri proposed expanding production with more foreign investment and investing the income to create a new economy for the future. This is just one example that even then there were different visions to those of Pérez Alfonzo, but they did not have the traction that would have made a difference in oil policy.

 

The ideas that Betancourt, Pérez Alfonzo and many of their contemporaries developed about oil were appropriate to the world in which they grew up and acted, but today many of them are anachronistic. Even so, they continue to resonate in Venezuelan society and especially in political sectors.

 

The oil operators as adversaries and political support of the regime in power, the need for the state to control sectors considered "strategic", oil revenue as a perverting factor in society, are all archetypes that we can still identify in the conversations that about the subject take place, even though we are in the third decade of the 21st century; making it  difficult for venezuelans to migrate towards new and more productive models.

 

Pérez Alfonzo was undoubtedly a visionary in his ideas about managing the politics of oil, and judging by his personal life, a man of bulletproof honesty. Like most revolutionaries, the world he helped create ended up leaving him behind, while he clung to the ideas he had once made relevant. It is his ability to imagine a better Venezuela and his intellectual honesty that we must emulate.

 

On February 13, 1959, history knocked on the door of Juan Pablo Pérez Alfonzo and presented him with a challenge for which he was very well prepared and which he faced with courage, professionalism, and great success. That February 13 was not just any day, neither for Juan Pablo Pérez Alfonzo, nor for Venezuela.

Pérez Alfonzo – Un 13 de febrero cualquiera. Publicado en la Gran Aldea 13/02/2022

LA GRAN ALDEA

 

 

El 13 de febrero de 1959, Rómulo Betancourt toma posesión como presidente de la República de Venezuela, cargo al que había sido electo por votación popular el 7 diciembre de 1958, y en la cual había participado a la vuelta de un largo exilio.

 

Betancourt no era ajeno al poder, como máximo líder del partido Acción Democrática, había sido presidente de la junta cívico-militar que fungió como poder ejecutivo tras el golpe militar que derroca al presidente Medina Angarita el 18 de octubre de 1945. El 15 de febrero de  1948, tras una elección popular, la junta cívico-militar le transfiere el poder ejecutivo al escritor y político Rómulo Gallegos, compañero de partido de Betancourt.

 

En noviembre de ese mismo año, el presidente Gallegos es depuesto por un golpe militar liderado por su propio ministro de defensa – Carlos Delgado Chalbaud, dando inicio así a una dictadura militar  que terminaría en enero de 1958, y poniendo punto final a lo que hoy se conoce como el trienio adeco: 1945-1948.

 

Ese mismo 13 de febrero de 1959, Juan Pablo Pérez Alfonzo toma posesión como ministro de Minas e Hidrocarburos, cargo que ocuparía hasta su renuncia en 1963. Pérez Alfonzo tampoco era ajeno al poder y en particular al petróleo, habiendo ocupado, durante el trienio adeco, el cargo de ministro de Fomento, que en ese entonces era el ministerio que se ocupaba del tema petrolero en la administración pública.

 

Juan Pablo Pérez Alfonzo es uno de esos héroes civiles que Venezuela como sociedad está poco dada a celebrar, pero que contribuyó de manera muy significativa a la construcción de la política petrolera de una república que hoy luce lejana, desdibujada. Por otro lado, Pérez Alfonzo es también un “rara avis: un político a quién tanto sus contemporáneos como la posteridad poco  critican, casi intocable,  a pesar de haber sido protagonista en el más controversial de los temas políticos venezolanos, el petróleo.

 

Ese 13 de octubre de 1959, podemos decir que tanto Betancourt como Pérez Alfonzo, en particular este último, caen corriendo en el tema de política petrolera. Durante el exilio que ambos sufrieron por 10 años, ambos estudiaron y escribieron sobre el tema. En particular, Pérez Alfonzo había dedicado mucha parte de su estadía en los Estado Unidos a analizar el funcionamiento de Railroad Commission of Texas. A pesar de lo que su nombre indica,  este organismo estatal se ocupaba (y ocupa) de regular la producción de petróleo y gas en Texas con el objeto de darle estabilidad a los precios del barril – el germen de lo que sería la fundación OPEP, quizás el hecho por el que más se recuerda a Pérez Alfonzo.

 

El telón de fondo de la posición ideológica de Pérez Alfonzo y Betancourt en relación con el petróleo debe ser entendido a partir de dos factores primordiales. En primer lugar, el hecho cierto de que en la relación  entre compañías petroleras y estado, las primeras, por su experiencia y conocimiento del negocio, llevaban las de ganar, lo que históricamente se reflejaba en una distribución bastante asimétrica de la renta a favor de las operadoras. 

Por otro lado, y no menos importante para Betancourt en su análisis, la presunción lógica de que por poca que fuese la renta que el estado recibía, ella era la base de sustento principal para los regímenes que Betancourt y su partido adversaban ideológicamente – no olvidemos que tanto Betancourt como Pérez Alfonzo nacen en 1903 y empiezan su carrera política adversando al general Juan Vicente Gómez y su cadre, de 1928 en adelante. 

 

Es así como en 1943, durante la discusión en el congreso del proyecto de Ley de Hidrocarburos propuesta por el gobierno del general Medina Angarita (gobierno medianamente democrático), Pérez Alfonzo, a la sazón diputado por Acción Democrática, se opone a ella objetando el artículo 41 de la ley donde se establece el precio de referencia del barril con base al cual se establecía la repartición de la renta – demás está decir que los argumentos de Pérez Alfonzo aunque correctos fueron desoídos y la ley aprobada por la mayoría gubernamental en el congreso.

 

Cuando se instala el gobierno revolucionario de Rómulo Betancourt en 1945, es significativo señalar que Betancourt y Pérez Alfonzo, lejos de desconocer la ley de 1943, se la ratifican a las operadoras y reconocen que en general es una buena ley – esta ley regirá la industria por todo lo que resta del siglo XX y los inicios del XXI. Sin embargo, le dejan claro a las operadoras, que la adecuación de la distribución de la renta petrolera se hará desde entonces modificando las condiciones fiscales en sucesivos gobiernos, pero eso es otra historia – es durante ese período que se instaura lo que hoy conocemos el “fifty-fifty”, que sería seguido de mayor carga fiscal en las décadas siguientes.

 

Pero volvamos al período de gobierno de Betancourt, 1959 -1964. Con Pérez Alfonzo como ministro, y a pesar de las ansiedades que las petroleras pudieran albergar con el nuevo gobierno, la dinámica de crecimiento de la industria continúa. En 1958, la producción promedio de crudo había sido de 2,605 millones de barriles por día, mientras que para 1964 se contaba en 3,395 millones de barriles día, niveles que se mantendrían hasta los inicios de la década del 70, en el siglo XX.

 

En 1960, Venezuela, Arabia Saudita, Irak, Irán y Kuwait fundan la Organización de Países exportadores de Petróleo (OPEP), motorizada por Pérez Alfonzo y Abdullah Tarik (el Jeque Rojo), y con la idea de defender los intereses de los países exportadores de cara a las compañías que controlaban el mercado petrolero – el legado fundamental de Pérez Alfonzo, con todo y sus bemoles. Es en 1960 también que se crea la primera versión de la Corporación Venezolana del Petróleo, CVP.

 

Pérez Alfonzo fue sin duda alguna un elemento fundamental en el desarrollo  del pensamiento político y geopolítico del negocio de petróleo y gas, casi siempre de la mano de Betancourt. Ese entendimiento se refleja en sus acciones como opositor, ministro, y a su salida del ministerio como voz de advertencia a los peligros que una renta petrolera creciente tendría sobre la república. Su política la deja plasmada así en 1967:

 

“Se puede enmarcar la política petrolera nacionalista dentro de

lo que se ha llamado el Pentágono de Acción con cinco ángulos

claves, de los cuales uno, el constituido por la Organización de

Países Exportadores de Petróleo (OPEP), extiende sus líneas

fuera del ámbito de la jurisdicción nacional. Los otros cuatro

ángulos del Pentágono de Acción quedan plenamente bajo la

soberanía de Venezuela, constituidos por los principios directivos

de: 1) Participación razonable 2) Comisión Coordinadora de la

Conservación y el Comercio de los Hidrocarburos 3) Corporación

Venezolana del Petróleo 4) No más concesiones”. 

El pentágono petrolero. Caracas, Venezuela. Ediciones Revista Política.

 

Sin embargo, pienso que no es muy audaz afirmar que su entendimiento del petróleo como actividad industrial y su potencial impacto como  multiplicador de actividad económica era limitado o al menos lo consideraba secundario – claro, lo estamos juzgando a la luz de lo que hoy entendemos.

 

Pérez Alfonzo pensaba que las reservas de petróleo en Venezuela eran escasas y que más temprano que tarde estos se agotarían. Esta creencia, por lo demás muy extendida en el sector político venezolano, se vería reflejada en su posición de querer limitar la producción y gestionar las reservas para alargar su vida, así como en la política de no más concesiones – esto es hoy nos luce  anacrónico en un ambiente donde el solo desviar la mirada a sus amigos de la OPEP y competidores, le hubiese permitido evidenciar a Pérez Alfonzo como  estos  seguían creciendo su producción hasta sobrepasarnos y terminar por hacernos menos relevantes.

 

¿Porqué Pérez Alfonzo/mundo político quería que el estado fuera el único inversionista en una industria que consideraba en declinación y de corta vida? Eso es algo sobre lo que solo podemos especular, pero imagino que está más asociado al control de la renta petrolera que a un entendimiento de los riesgos de inversión de la actividad. De nuevo, pienso que el poco entendimiento de la industria petrolera como actividad tecnológica y su capacidad de sumar más reservas, desarrollar nuevos productos y penetrar mercados, entre otras miopías, lo llevó a conclusiones erradas.

 

En 1963, Pérez Alfonzo tiene un debate televisado con el intelectual Arturo Uslar Pietri, candidato a la presidencia, donde discuten las visiones de ambos en un tono de una altura que ya envidiarían los tuiteros de hoy día.

 

Por un lado, Pérez Alfonzo defiende las políticas de “No mas concesiones” y “conservar” el petróleo para el futuro, y por el otro, Uslar Pietri propone expandir la producción con más inversión extranjera e invertir la renta para crear una nueva economía para el futuro, se hicieron patente. Esto es solo un ejemplo de que aún entonces existían visiones diferentes a las de Pérez Alfonzo, pero que no tenían la tracción que hubiese hecho una diferencia en la política petrolera. 

 

Las ideas que Betancourt, Pérez Alfonzo y muchos de sus coetáneos desarrollaron sobre el petróleo  se adecuaban al mundo donde crecieron y actuaron, pero hoy  muchas de ellas resultan anacrónicas. Aún así, continúan resonando en la sociedad venezolana y sobre todo en los sectores políticos. 

 

Las operadoras petroleras como adversarios y soporte político del régimen de turno, la necesidad de que el estado controle los sectores considerados “estratégicos”, la renta petrolera como factor pervertidor de la sociedad, son todos arquetipos que todavía podemos identificar en las conversaciones que sobre el tema se llevan a cabo, ya entrada la tercera década del siglo XXI, y que nos hacen difícil migrar hacia nuevos y más productivos modelos.

 

Pérez Alfonzo fue sin duda un visionario en sus ideas sobre el manejo de la cosa petrolera, y a juzgar por su vida personal, un hombre de una honestidad a toda prueba. Como a la mayoría de los revolucionarios, el mundo que ayudo a crear lo terminó dejando atrás, mientras el se aferraba a las ideas que en su momento había hecho relevantes. Es su capacidad de imaginar una mejor Venezuela y su honestidad intelectual lo que debemos emular.

 

El 13 de febrero de 1959, la historia tocó a la puerta de Juan Pablo Pérez Alfonzo y le entregó un reto para el que estaba muy bien preparado y el cual enfrentó con valentía, profesionalismo y mucho éxito. Ese 13 de febrero, no fue un día cualquiera, ni para Juan Pablo Pérez Alfonzo, ni para Venezuela. 

HORMUZ, FROM A STRAIT TO A TUNNEL

  El Taladro Azul M. Juan Szabo [1] y Luis A. Pacheco [2] Published  Originally in Spanish in    LA GRAN ALDEA       The energy market situa...