Monday, March 25, 2013

El Catire Castillo


El Catire Castillo



Empiezo a escribir estas lineas en el avión que me lleva de Panamá a Caracas, rodeado del silencio de los cielos que el Catire Castillo tanto amaba, y antes que la realidad de su partida  me contamine los recuerdos que tengo de su vida

Nada más apropiado para recordarlo que un avión. El Catire sentía una felicidad incomparable cuando se sentaba en frente del timón de su avión y emprendía a volar, la mayoría de las veces solo por el placer de hacerlo. El Catire piloteaba como vivió su vida, con pasión, con riesgo calculado, meticuloso al punto del fastidio y con la inteligencia superior que siempre exhibió.

La primera vez que lo vi, sin presentir que el futuro nos deparaba ser familia,  fue en la Refinería de Cardón en 1986. Trabajaba yo en el Proyecto de Conversión Cardón (PCC), y a él, como presidente de Maraven, le tocó ir a dar la cara y explicar porque el proyecto iba a ser cancelado, en uno de esos tantos ciclos de precios bajos del petróleo, y a asegurarnos que tendríamos un destino dentro de la empresa. Fue afable y generoso y nos dio la mala noticia con profesionalismo, no sin antes decirnos, con la transparencia que siempre lo caracterizó, que en su opinión la decisión de PDVSA era algo miope

Su historia, como la de tantos otros venezolanos, va en paralelo con el petróleo del siglo XX. Nace en Caracas en  una familia de clase media, el segundo de tres hermanos, su padre un comerciante que moriría siendo el Catire aun muy joven. Estudia en el colegio San Ignacio de Loyola con los jesuitas, cuando este todavía quedaba en el centro de Caracas. Recuerdo que alguna vez me dijo que usaba el tranvía que transitaba por lo que es hoy la Avenida Libertador, antes la calle la Linea.

Estudió su carrera en el norte, en la universidad de Oklahoma. Su plan original era estudiar ingeniería de petróleo, pero después del primer semestre decidió que era muy pedestre y decidió cambiarse a economía. Una vez terminado su grado rechazó ofertas para seguir un posgrado y regresa a Venezuela,  quería empezar a ganarse la vida . En esta época se origina su amor por la aviación, tomando clases y obteniendo la licencia  de piloto a escondidas de su madre.   


La Shell lo identifica tempranamente como una persona de alto potencial y lo asigna a Londres a la casa matriz, donde viaja con Sonia y su primogénita, Sonia Carolina; su hijo Carlos Roberto nacerá entonces en la Londres de los "swinging sixties". De Londres, y por uno de esos azares del destino, que no tengo espacio de relatar aquí, lo asignan a Shell en Kenya, donde a pesar de su juventud lo ponen a cargo de negociar con el gobierno de la vecina Tanzania la nacionalización de la refinería de Shell en esa nación. Esta sería su primer de muchas experiencias  con la accidentada relación entre los estados y la industria petrolera, y su primer encuentro con el socialismo en la persona del presidente Julius Nyerere.

Esta curiosamente será su única experiencia en lo que los petroleros llaman "el campo" ya que otros eran los planes de sus mentores en la Shell.

Regresa a Venezuela y continua con una exitosa carrera en la Shell de Venezuela, haciendose un nombre en las áreas comerciales y financieras de la empresa y creando una red de relaciones en la industria petrolera internacional. Nace su benjamín, Hector.

La nacionalización de 1975 lo toma ya en la junta Directiva de compañía y aunque le ofrecen seguir con Shell en el exterior, como muchos otros de los hombres de petróleo de la época, decide afrontar el reto de construir la empresa nacional, a pesar de las indudables  Incertidumbres que acompañaban a esa aventura. Venezuela era todavía un país lleno de oportunidades y vacío de resentimientos.

Cuando Alberto Quiroz, otro de los notables del petróleo venezolano del siglo XX, y a la sazón presidente de Maraven, es "promovido" como presidente de Lagoven, el Catire toma la responsabilidad de dirigir la empresa en la que había crecido y a la que amaba.

En ese puesto fue creativo, innovador, ejerció un liderazgo de ejemplo y acentuó una de sus mejores características: la de siempre querer aprender y ser autodidacta en todo lo que le interesaba, de la opera a la geología

También se empiezan acentuar sus diferencias con la autoridad corporativa. Llega a creer que el modelo de casa matriz de PDVSA era burocrático e ineficiente, y siempre tuvo una relación respetuosa pero de tensión con las decisiones que consideraba inadecuadas.

Una anécdota recuerdo haber presenciado que revela por un lado su sentido del humor, y por el otro su opinión sobre la burocracia. Habiendo oído con paciencia en junta directiva una propuesta de comercio, aparentó molestia cuando se le informó que el no podía tomar la  decisión y que tenia que pedir permiso en PDVSA. Se detuvo a pensar, moviendo su poblado bigote en movimiento de rotación y replicó: está bien, voy a mam..r a PDVSA, pero averigüen bien a quien, pues voy a mam...r una sola vez.

Tenia fe en la tecnología y su impacto en el negocio, la apoyó siempre. Su conocimiento del mercado petrolero y de la geopolítica que lo rodeaba  era poco común, pero nunca supo jugar el juego de la política local que empezaba a contaminar a la industria petrolera. Se enamoró de los japoneses y de sus métodos de de gerencia y manufactura y trato de forzarlos en la empresa, lo cual generó anticuerpos importantes de personas que lo consideraban ingenuo.  El tiempo, sin embargo, le dio la razón acerca de la relevancia de esas ideas.

Le tocó lidiar con el escándalo de los "petroespías", una de las veces en que su concepto de la ética lo obligó a tomar acciones contra gente de su confianza que se habían salido del camino; en esas coyunturas siempre fue inflexible.

Era un fanático de la salud y fue un pionero de su promoción en el ambito corporativo. Siendo presidente de Maraven llevó adelante los llamados " laboratorios de la salud" y prohibió que se fumará en las instalaciones de la compañía, dos ideas que luego se diseminarían  a través de toda la industria petrolera.

Un vez sorprendiendo a alguien fumando a escondidas en las afueras del edificio de Maraven en Chuao le preguntó¿hablas inglés? A lo cual el empleado respondió avergonzado: no Doctor. El Catire lo examinó de arriba a abajo, como solo él sabía hacerlo, y le dijo con una sonrisa: ¡tú si que estas jodido!

Con la llegada de CAP II y el nombramiento de Andrés Sosa Pietri como presidente de PDVSA, nombramiento que criticó públicamente por considerarlo inadecuado, comenzó su declive en la Industria petrolera - esta fue quizás una de las pocas ocasiones en las que un petrolero se atrevía a criticar al gobierno. A principios del 1991, muy joven aún, sale de la industria que siempre amó, pero que estaba cambiando mas allá de su capacidad de adaptarse a las nuevas reglas políticas o aceptarlas. Por unos años, y aunque nunca hablaba mucho de eso, no le gustaba exteriorizar frustraciones,  sintió que su salida de la industria fue debida en gran medida a la falta de apoyo y comprensión de sus contemporáneos .

Esta tristeza luego pasaría y como en el resto de su vida, se levantó de la adversidad con renovados ánimos y siempre nuevas ideas y vigor; fueron tiempos muy difíciles para él y la familia. El petróleo retornó poco a poco a nuestras conversaciones, ya en la intimidad, y siempre me impresionó que se mantuviera actualizado y con su capacidad de captar lo esencial y construir sobre eso una visión diferente. Siempre valoré su opinión, aunque siempre evitó que luciera como si me aconsejara.

Su visión de PDVSA era sencilla, no importa cuan bien se viera, había que transformarla. PDVSA no debía compararse con las otras instituciones del estado, en ese examén siempre saldríamos eximidos, era muy fácil.  PDVSA debía compararse con lo que podía y  debía ser en el firmamento petrolero mundial, y ahí siempre nos quedábamos cortos. No llego a participar en la creación de la  Apertura Petrolera  en los 90s, pero ciertamente reconocía su ADN en ella, en las voces y decisiones de los que ayudó a formar.

Los siguientes años fueron muy difíciles para él, tanto en lo profesional como en lo personal. Sus intereses fueron variados, la banca, las telecomunicaciones, de vuelta al petróleo; en todas sus aventuras con ideas novedosas y con riesgo, pero en ultimo término siempre encontró como obstáculo la realidad de un país que empezaba a deshilacharse: los golpes de estado, la crisis bancaria, la debacle política y económica que desde entonces nos agobia.

En ese período perdió a su compañera de vida, Sonia, coincidentemente en las mismas fechas en que se aprobaba la nueva constitución, llamada bolivariana, y ocurría la "tragedia de Vargas".  La pérdida fue  otro un golpe muy duro.

La vida le daría una nueva oportunidad y  tuvo la suerte de encontrarse con "Dinnie", con quien pasaría el resto de su vida y quien se convertiría en sus ojos y gran apoyo, donándole una familia adicional que adoptó como suya.

El Catire no era un hombre perfecto, después de todo quién lo es. Así como era inteligente y creativo, podía ser obcecado en sus ideas y sordo a las recomendaciones de quienes lo apreciaban. Su mayor pasión fueron sus hijos, por quienes veló toda su vida y por quienes sentía un orgullo desmedido. En el camino hacia el final, sus nietos y su familia extendida fueron su apoyo y son la semilla de afecto y ejemplo que deja en este mundo.

Sus amigos y compañeros, petroleros y "civiles", que fueron muchos, y sus seres queridos,  lo acompañaron a la puerta de abordaje de  su último vuelo, y en honor a él lo hicieron recordando su humor y su inteligencia. Con él se fue parte de la historia de la Venezuela posible que hoy luce lejana, pero que siempre fue su aspiración: que fuésemos todo lo que podíamos y debíamos ser, nada menos que eso.

Lo extrañaremos.

Sunday, December 16, 2012

De Azules y Rojos


De Azules y Rojos

Navidad 2012


“Bien vale la pena sufrir contratiempos y penalidades - en mi caso, desconocimiento de derecho legítimo y privación del goce de la Patria- si al cabo de ello, un buen día nos sale un rasgo de nobleza humana que nos restituya la fe que hayamos perdido”
Rómulo Gallegos. Carta al General Briceño Linarez. Diciembre 1959

Hoy, 16 de Diciembre de 2012, mientras escribo esto, Bogotá explota de alegría por la victoria futbolística del Club Millonarios ante el Independiente de Medellín.  Entre fuegos artificiales, pólvora como es el decir en este lugar de los andes, caravanas ruidosas, y la inexplicable costumbre de rociar de harina a los indefensos peatones, la hinchada azul celebra su primer campeonato nacional después de una sequía de 24 años. Los rojos fanáticos del ”poderoso” Medellín, sus rivales en el juego de hoy en el Campín,  se lamentan  amargamente de la oportunidad perdida, mientras deambulan por  el camino de  los vencidos de vuelta a la montaña paisa.

Mientras tanto, en el otro lado de la frontera, los rojos partidarios  del PSUV celebran lo que pareciera ser una victoria aplastante en las elecciones regionales, mientras una multicolor oposición se lame las heridas de una derrota que se une a la traumática elección presidencial de hace apenas dos meses. Una celebración amarga sin embargo,  a la espera de lo que aparenta ser el último acto del folletín del barinés que los lidera, o al menos así lee el libreto.

De estos contrastes,  sorpresivos, qué no inesperados, ha estado hecho este año que termina, y que nos consigue sentados lejos de ese pedazo de tierra que escogemos llamar patria, pero sin embargo  bajo el mismo cielo. Hete aquí entonces que, una vez más,  con motivo de la Navidad, le dedico unas líneas a mis amigos, a mis compañeros de travesía y aquellos que por virtud de la red terminan siendo mis lectores eventuales.

Si algo he aprendido  de estas crónicas durante los últimos años, es que mis lectores siempre procesarán mis palabras a su mejor saber y entender,  sin importar la razón por la que yo las escriba, que en ultima instancia es para entenderme mi mismo, o lo que quise decir. En ese trashumar de vocales y consonantes, mi aparente nostalgia se podrá convertir en melancolía para algunos, mientras que mi eventual alegría será criticada como ingenuo optimismo por otros. La belleza de este medio es que, si uno es sortario,  las líneas cobrarán vida en la mente de quienes las leen y las  transformarán en suyas, retocadas con su propia paleta y dentro de su propia circunstancia.

Debo confesar que,  a pesar de la evidencia en contrario, tenía la esperanza de que este año muchos de nosotros pudieran dar el primer paso de lo que sería el largo y dificultoso regreso a Ítaca, pero los fantasmas de nuestros ancestros han decidido que el purgatorio debe continuar por un rato más, y no solo me refiero a resultados electorales. Después de casi diez años de los sucesos del Paro Cívico del 2002, y como muestra de lo que para mi aun hoy es el inexplicable talante persecutorio de los rojos, 180  ex trabajadores de PDVSA hemos sido otra vez sometidos al escarnio público, y a sanciones pecuniarias irracionales e impagables.

Quienes esto promueven lo hacen motivados por el rencor y el resentimiento que siempre ha acompañado sus acciones, tratando de justificar lo injustificable de sus acciones de entonces, y buscando en última instancia mantenernos excluidos de nuestros derechos como ciudadanos,  y lo más importante robarnos de nuestro derecho a vivir en paz. ¡No les daremos el gusto de cosechar nuevos resentimientos!

Dicen los  estudiosos que en estas fechas la antigua Roma celebraba el solsticio de invierno y  el nacimiento anual del Sol invicto (natalis invicti Solis), y que luego esto fue tomado por la naciente iglesia cristiana como una fecha propicia para celebrar el nacimiento de Jesús. Por las razones que sea, bien por razones paganas o cristianas, los que nos inscribimos en la cultura occidental celebramos durante estas fechas el fin de la larga noche y el renacimiento de la luz.

Pero esa luz no es una esperanza vana, como muchos pudieran pensar en un mundo cada vez más cínico y materialista. Al contrario, me reconforto de su existencia  real en el valor  de mis compatriotas venezolanos,  que luchan todos los días contra gigantescos  obstáculos por lo que consideran son nuestros derechos,  a pesar de la adversidad y la incomprensión de muchos que debieran ser sus aliados naturales. Veo la luz en los presos políticos y sus familias, quienes a pesar del dolor que su injusto encierro acarrea, mantienen un espíritu de lucha que admiro y que encuentro casi  inexplicable. La veo en las palabras de mi amigo Germán García Velutini, quien después de 11 meses de inhumano secuestro nos dice que lo que hay que preguntarse no es ¿por qué a mi? si no ¿para qué a mi?. La veo en aquellos que lejos de su tierra hacemos patria en otra patria, sin egoísmos y agradecidos de a la tierra que nos cobija. También la reconozco en mis compatriotas colombianos que siguen buscando, contra viento y marea, el fin de la violencia fratricida que nos aqueja desde hace décadas, y que aun pareciendo una labor de Sísifo, la acometen ineludible y valerosamente. La veo en última instancia en nuestras hijas que crecen fuertes de espíritu en un mundo que aunque foráneo han convertido en suyo, enseñándonos con el ejemplo.

De manera amigos míos que este año no hay Petrolia melancólica, ese artefacto de mi imaginación para celebrar a los petroleros de otrora, ya no necesitan que yo los reivindique, sus hechos son suficientes. No hay gaitas del terruño al ritmo de balancines de la costa oriental del Lago. Tampoco hay voces desde allende los mares, nostálgicas de un pasado que no existe  más que en nuestra febril memoria. Lo que hay es el presente que tenemos, desde donde podemos y debemos construir, dondequiera que estemos, un futuro del que nos podamos enorgullecer.

La larga noche dará paso al nuevo día, los fantasmas se desvanecerán con la luz del sol invicto, develando el camino de  la esperanza hecha realidad.

La ciudad en la sabana sigue ruidosa, los azules vencieron hoy a los rojos, ¿o fue al contrario?


¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

Sunday, September 30, 2012

EN UN LUGAR LLAMADO VENEZUELA - Un día después


EN UN LUGAR LLAMADO VENEZUELA - Un día después
Septiembre 28, 2012


Sería fácil esperar los resultados de las elecciones presidenciales que tendrán lugar el próximo domingo 7 de octubre para, aprovechando los resultados, hacer lo lo que en mis tiempos llamaban: "pegar 6 el lunes". Pero eso no sería muy divertido y por seguro oportunista.

Así las cosas, y aprovechando la tenue neutralidad que nos da la distancia geográfica y temporal, zambullámonos cabeza adelante en la túrbida agua de imaginar como amaneceremos el lunes 8. Pero antes de hacer eso, tratemos de entender como Venezuela ha arribado a esta nueva víspera.

A estas alturas quedan muy pocos que no den por sentado que la Venezuela que ha modelado Hugo Chávez en estos último14 años, y en particular durante la última década, es muy diferente de aquella que había surgido de la debacle de la dictadura del General Perez Jimenez, a lomos del bipartidismo y el petróleo. 

Esta sabiduría colectiva, sin embargo, se me antoja como inexacta. Para el que escribe, la Venezuela de Hugo Chavez no es más que la síntesis natural de las fuerzas que  desde la muerte del General Juan Vicente Gomez en 1936 han esculpido esta "tierra mágica": el populismo, el militarismo, el paternalismo, el izquierdismo, el fascismo y en general todos los ismos que propenden al desprecio a la libertad e iniciativa individual de los ciudadanos; todo esto cocinado a fuego lento en un caldo de renta petrolera. Propendiendo a un estado que, por monopolizar la riqueza, no necesita ni tiene la vocación de dialogo con la sociedad.

LaVenezuela de Chávez luce diferente, y hasta "socialista", pero es más de lo mismo, solo que peor. Uno solo se debe pasear por las escenas de la notable película de Carlos Oteyza, "Tiempos de Dictadura", para darse cuenta que la Venezuela de Chavez  es como la que Perez Jimenez construyó con los despojos del gomecismo: autoritaria, con un gusto por el desfile militar y los discursos cursis, llena de adulantes y oportunistas, pero sin ninguno de sus logros y con una extraordinaria habilidad para destruir la riqueza de la nación.

Arribamos entonces al 7 de Octubre llevando a cuestas un ADN histórico que en otras circunstancias no auguraría nada bueno. El siglo XXI ha tardado en llegar a Venezuela por cuenta de un líder cuyas habilidades políticas son solo sobrepasadas por su incompetencia como gobernante, y que ha aglomerado en torno suyo, a lomos del rencor y el resentimiento histórico, un carnavalesco tinglado de espoliadores de la Nación, bajo el disfraz de campeón de los pobres.

Se enfrentan entonces, como lo han hecho durante el último siglo, dos visiones de país. La una que busca en los heroes a caballo del siglo XIX el modelo a seguir: épica, altisonante, caudillista y fundada en la pobreza e ignorancia de las mayorías La otra que mira adelante, se inspira en sus heroes civiles y cree que la modernidad aspiracional es posible en una Venezuela de ciudadanos. Se vuelve a repetir, cual ritornello incansable,  la historia Galleguiana de Doña Barbara y Santos Luzardo, el conflicto de la barabarie y la civilización.

Es bueno recordar que, al menos durante los últimos diez años, la patria ha imaginado vivir de hito en hito: "el ahora o nunca". En este lema, la sociedad venezolana, de lado y lado, ha encontrado motivación cada vez que le ha tocado enfrentar las encrucijadas, que como las del 7-O próximo, se nos presentan como definitorias de la historia republicana.

Pero la verdad es que despues de cada gran decepción, los venezolanos han hecho siempre de tripas corazón y han encontrado las fuerzas para seguir adelante, a la siguiente lucha, al siguiente hito. Venezuela, con todo y sus lunares, tiene vocación de lucha, de modernidad, de nunca rendirse, y es esta vocación la que nos ha traído a este nuevo hito, a este penúltimo "ahora o nunca".

El 8 de octubre amaneceremos con la pesada resaca de una campaña electoral que ha enfrentado la alternabilidad propia de las sociedades democráticas, al continuismo de aquellos que habiéndose adueñado de las instituciones han terminado por creerse nuestros dueños. Las elecciones nos habrán dado una nueva oportunidad de retomar el camino del progreso y la reconciliación, de aplicar las indudables lecciones de inclusión y exclusión que tan duramente hemos aprendido en estos años de oportunidad malbaratada.

Pero más allá de todo eso, el 8 de octubre, no importa de que lado de la cinta de la llegada quedemos, todos los venezolanos habremos reafirmado que querer cambiar es requisito indispensable para hacerlo; habremos aprendido que el petróleo no sale solo, y que cuando sale no es garantía de progreso sino solo de oportunidad; buscaremos vivir en un país donde la ley sea garante de las libertades y no herramienta de revancha politica;  habremos aprendido que la fuerza de los cambios generacionales es no  solo avasallante sino necesaria en un país donde los jóvenes reclaman su justo espacio, que ya es hora de que Venezuela se asome al siglo XXI; y en última instancia, habremos reafirmado lo más importante de todo, que no importa cuan dura la batalla o decepcionante su resultado, siempre hay un día después...

Friday, April 13, 2012

Narrando el Futuro

Narrando el Futuro



"Pensamos acerca de nuestro futuro en la forma de recuerdos anticipados" .

Daniel Kahneman


Estos son los días en que Venezuela mira a su pasado reciente y conmemora el décimo aniversario de lo que se ha dado en llamar los eventos de Abril del 2002. Eventos que por sus repercusiones, que aún hoy dividen a los venezolanos, son objeto de numerosas, variadas, emotivas y sobretodo sesgadas versiones desde toda las frecuencias del espectro social y político.
Esta no pretende ser otra remembranza sobre esos días y menos aún una crónica de actos heroicos personales que, quizás afortunadamente, la historia no puso en mi camino. De los eventos ya he escrito y no veo razón para repetirme.
Pero los hechos están ahí para al menos no ser soslayados, porque son parte de la historia que nos tocó y nos toca vivir, y al menos debemos tratar de sopesarlos porque de ellos estamos hechos, al menos en parte. De eso se tratan las líneas que aquí siguen
No hace mucho, en una de esas tardes de Bogotá en las que se alterna en jugueteo caprichoso la accidental llovizna con el sol de la montaña, conversaba sobre todo y sobre nada con un venezolano, de esos que uno se honra al tener de amigo. De repente, como quien descorre una cortina y deja entrar la luz, mi amigo me dijo una frase que me dejó estupefacto por su simplicidad y claridad: la política latinoamericana no tiene narrativa como no sea la del anti-imperialismo por un lado, y la del discurso académico sobre el rol del iniciativa privada en la economía por el otro
Eso nos hizo derivar en una conversación de el porque en la política latinoamericana, y en particular en la venezolana de las ultimas décadas, el discurso del anti-imperialismo, el revanchismo y el rencor, sobre todo en boca de los que Enrique Krauze llama los Redentores, pareciera germinar mejor en las grandes masas, que aquel que en aparente inutilidad trata de hablar de los conceptos de la libertad individual y de los valores de la sociedad liberal.
Gerver Torres, el amigo de mi historia, autor en la década de los noventa del siglo pasado de lo que quizás es una de las mejores narrativas que se hayan escrito sobre Venezuela: "Un Sueño Para Venezuela", ciertamente tiene algo que decir sobre este tema, sobre el cual arduamente trabaja, y aunque probablemente no tiene toda la respuesta, nos plantea la pregunta correcta.
Esto no hubiese pasado de ser otra conversación entre amigos, si no fuera porque porque en las mismas fechas otro amigo, Miguel Angel Santos, no hubiera subido a la red un video del premio Nobel de economía, Daniel Kanheman; una charla Ted llamada: "El acertijo de la experiencia vs. La memoria".
Kahneman argumenta en esa interesante charla , palabras mas palabras menos, que lo que nuestra memoria recuerda de nuestra experiencia no es la experiencia en si misma, si no una narrativa que construimos sobre ella, y que esa narrativa esta matizada en un alto grado por el final de la experiencia. En otra palabras, si la experiencia tuvo un final feliz, toda ella la codificamos en una narrativa que almacena ese final, y si por el contrario tuvo un final ingrato, ésta es así narrada por nuestra memoria, sin importar mucho la experiencia en si misma. Más aún, el cuento crece con cada contada.
Usando este modelo de Kanheman, es fácil entender que las memorias que hemos codificado acerca de los sucesos de Abril del 2002 sean variopintas. Los eventos objetivos: la violencia, las víctimas, etc., se han convertido en parte de una puesta en escena que se ajusta a la percepción de cada individuo y grupo, y se han convertido en un elemento de fractura social, más poderoso que los eventos mismos., aún hoy una década después.
Lo mismo aplica a la narrativa que se ha impuesto sobre el país que se venía desarrollando, a trompicones muchas de las veces, durante la segunda mitad del siglo XX. Y que decir de la leyenda negra del petróleo como excusa general para todos nuestros males sociales y políticos.
Vencer esa narrativa personal y grupal que divide a la sociedad venezolana, es el reto más grande que tenemos que enfrentar si queremos salirnos del circulo vicioso en que hemos caído como país.
Parafraseando a Gerver Torres, tenemos que crear una nueva narrativa que pavimente el camino hacia la Venezuela Posible, y que decodifique la división social a las que nos obligan las memorias que hemos escogido usar como partitura de nuestro pasado, tanto lejano como reciente.
Aunque desvincularse del pasado luce y es una cuesta muy difícil de remontar, Venezuela cuenta con una ventaja competitiva importante para ser exitoso en esa batalla: la juventud de su población. Ser joven es tener la capacidad de tener nuevas experiencias y codificar nuevas memorias a partir de ellas. Esta narrativa del futuro debe reemplazar la estéril visión del pasado con la que nos maniatan los que solo pueden ser relevantes en ese pasado. La obligación de los no tan jóvenes es entonces habilitar esas nuevas experiencias.
Es así como la mejor conmemoración y honor a la memoria de las victimas de los sucesos de Abril, y de eso es de lo que se trata en las elecciones que se avecinan, es abocarse a construir ese futuro, que no aflorará súbitamente, sino día a día, palmo a palmo.

Publicado en Petroleumworld

Thursday, December 15, 2011

Cuento de Navidad, 2011

Cuento de Navidad, 2011


“Sin rencor ahora te digo, que lo nuestro ha
terminado, que este bello amor sagrado para mi, no
tendrá olvido, estoy donde solamente, tu y yo
somos los testigos, cuando tu cuerpo y el mío, en
su piel tierno amorío, se unieron ardientemente.”
Sin Rencor, Abdénago “Neguito” Borjas


El estruendoso silencio que hace una casa cuando todo deja de funcionar, le anunció a Betulio que la electricidad se había ido otra vez. Ya se había empezado a acostumbrar a las ya no tan inesperadas carencias, pero francamente, que se fuera la luz la noche de Nochebuena no era el mejor de los augurios. Betulio maldecía entre dientes, se imaginaba que la hallacas, que con tanta dificultad había conseguido intercambiando favores en el pueblo de Lagunillas, corrían el riesgo de pudrirse en la ahora inerme nevera.

Trató de pensar en positivo, después de todo Campo Rojo era un campo petrolero, y aunque lejos habían quedado los tiempos cuando la compañía se ocupaba de todo, desde el mantenimiento de las alcantarillas hasta cambiar los bombillos de las casas, todavía confiaba en que su amigo Jonás, de la superintendencia de mantenimiento, se estuviera ocupando de restablecer la electricidad. Vaya que Noche.

Betulio salió al porche de la casa que hace ya décadas habían construido los holandeses, se sentó en la vieja mecedora que había sido de su padre y miró al cielo estrellado que lo acompañaba desde su niñez. Estaba solo, Miriam y los niños habían ido a visitar a su hermana en Campo Florida; resignado se balancea en el desgastado mimbre, esperando, remembrando. La noche se ha silenciado, solo se oye el murmullo de voces en las casas vecinas y el lejano ronronear de los carros en la intercomunal. Al final de la calle de asfalto rasguñado se levanta el viejo balancín que alguna vez bebió de las entrañas de la tierra, pero que ahora despojado de vida y maniatado de luces multicolores languidece.


A kilómetros de distancia, Heriberto se prepara para la Nochebuena. La nieve ha cubierto el jardín de la casa, a pesar del tiempo transcurrido la nieve le sigue maravillando, y no puede evitar recordar el viejo chiste del maracucho que ve entre los arboles nevados a su primer venadito. Para él los recuerdos de las navidades en Campo Rojo se le antojan ahora como postales amarillentas, un pasado lejano y nebuloso; ha dejado ya de contar los años desde la última celebración de la navidad en el campo. Distraído le echa un leño más al fuego que calienta la sala de la casa, a pesar de los años en estas latitudes no se acostumbra al clima; “más frío que culo de foca”, hubieran dicho en el campo.

Otra Navidad fuera de casa. No, esa no era la mejor manera de pensar. Esta era ahora su casa. Él y Erlinda eran los afortunados, el destino les había abierto nuevos senderos, era Navidad en esta su casa lejos de casa. En la sala el Ipod toca la banda sonora de las navidades de su niñez en el campo, gaitas de Cardenales y El Saladillo, “unplugged” como dirían sus hijas. Pronto la casa se llenará de amigos y ahogaran en risas y canciones la nostalgia que todos sienten pero que ninguno admite.

Betulio suspiró aliviado, la electricidad había vuelto a Campo Rojo, y con ello se había salvado la cena de Nochebuena, por ahora. El campo se había vuelto a iluminar, y en las calles se volvía a escuchar la música y las risas que escapaban por las puertas de las casas, todavía abiertas buscando mitigar el húmedo calor de la noche. El aire acondicionado está racionado por considerarse un lujo innecesario.

En las cornetas del viejo CD-player vuelve a sonar una gaita de esas que llaman modernas, llena de sonidos electrónicos que disfrazan el ancestral ritmo del furro. Betulio, sin razón aparente, piensa en Heriberto, su amigo de la infancia, su compañero desde la escuela, la vida los había separado. ¿Es que acaso había valido la pena el fratricidio inducido por el ahora moribundo proceso? Los años habían borrado la sin razón y solo había quedado Campo Rojo venido a menos la noche de Nochebuena. El rencor le había ganado al afecto.

Heriberto, a pesar del frío, sale a ver la noche, de repente se siente atrapado entre sus recuerdos, uno de los grilletes del inmigrante. Camina alrededor de la casa, patea la nieve, que se levanta como una nube que refleja la luz de los faroles. En ese momento, y sin razón aparente, Heriberto no puede evitar pensar, aunque solo sea por unos instantes, en Betulio, su amigo de siempre. La vida los había separado, el afecto no había podido contra el rencor.

Erlinda le grita a Heriberto: “que hacéis allá afuera, metéte a la casa que te vais a congelar las orejas”. Le parece ver una sombra entre los arboles. No, es solo su imaginación. Encogiéndose de hombros se dirige a la casa donde construye nuevas memorias. Mientras camina alcanza a decir, sin saber a quien ni porque: ¡Feliz Navidad Hermano!.

Betulio se levanta de la mecedora para llamar por teléfono a Miriam, ¡coño! ¿donde se habrá metido? No quiero estar solo en esta noche de fantasmas. Le parece oír una voz conocida que lo llama, se sobresalta, busca la cara en la calle pero no ve a nadie. Encogiéndose de hombros camina hacia la puerta de la vieja casa de mil memorias y deja que estas lo envuelvan, murmura entre dientes ¡Feliz Navidad Hermano!




Nota: Le dedico estas líneas a todos aquellos que en Venezuela y fuera de ella creen y trabajan para un futuro mejor; un futuro donde nuestros hijos tengan la oportunidad de vivir libres de la herencia de nuestros rencores y errores. Al menos esa es hoy mi renovada esperanza para mis hijas. ¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

Publicado tambien en: miamidiario.com; Noticiero Digital; La Patilla.com; Petroleumworld.com

Friday, August 19, 2011

Ibsen, los Suicidas y Meneses

Ibsen, los Suicidas y Meneses
Luis A. Pacheco
"La obra fue un gran éxito, pero el público fue un desastre". Oscar Wilde
ESCENA 1. En algún lugar de Bogotá, una noche cualquiera, lloviendo claro está, un “laptop”, un sello negro en las rocas – Carlos Vives suena en el Ipod
Cuando uno vive fuera de su patria, bien sea por escogencia o por obligación, una de las cosas mas difíciles de mantener es un contacto realista con la vida que transcurre en la tierra que dejamos atrás. Aun en está era de Twitter, BBM, SMS y YouTube, no hay sustituto adecuado para el contexto que te dan los colores, los sonidos y sobretodo, los olores de estar en el sitio, ser actor en el escenario de los acontecimientos.
Todo esto me viene a la mente en razón de la algarabía que se ha armado alrededor de la puesta en escena de la obra teatral “Petroleros Suicidas, de Ibsen Martínez, y la imposibilidad, al menos en el corto plazo, de satisfacer mi curiosidad y contrastar el ruido que se ha generado en las redes sociales en la Web con la realidad. El solo titulo, de cuestionable gusto, pero de indudable recordación, ha generado mas controversia que cualquier otro trabajo de Ibsen, excepción sea hecha del personaje del Hombre de la Etiqueta, de la telenovela "Por Estas Calles", evocando sin duda la misma escabrosidad.
No es mi intención ni terciar, ni tomar partido en lo que se ha transformado en un intercambio público de epítetos entre Ibsen Martínez y sus detractores (en su mayoría trabajadores de la antigua PDVSA – mis colegas y amigos), cada quien arrojando al contrario dardos ponzoñosos, que aunque no matan, contribuyen sin duda a refrendar viejos prejuicios y crear nuevos resentimientos, que es lo que menos necesitamos para construir un nuevo y mejor país.
El sujeto del desacuerdo, además del título de la obra, es la crítica que Ibsen Martínez ha hecho en varios medios al mal llamado “Paro Petrolero”, y la presunción de que la obra en cuestión es una descarga a los petroleros que tomaron parte en esos hechos del 2002 y 2003, presunción esta que Ibsen Martínez ambiguamente (¿hábilmente?) no trata de desmentir, un críptico: “vean la obra”, es su respuesta más común y una de las menos beligerante.
ESCENA 2. En un bar en Altamira, Caracas, un “memory stick” con el borrador del libreto es olvidado sobre la barra, una figura en penumbras lo toma y lo “wikilikea”– música de salsa se oye en el fondo.
Imagine el lector mi decepción cuando empiezo a leer el guión y me doy cuenta que la obra no es para nada acerca del “Paro Cívico” del 2002-2003, eso tendrá que esperar a otra obra, o a otro autor. Me siento engañado, desilusionado, estaba listo para dar la pelea. La obra, que se desarrolla en varios tiempos, usa la circunstancia del paro para establecer un telón de fondo para los personajes, y en las primeras de cambio permite que el autor anuncie, en boca de uno de los personajes, su posición crítica acerca del “Paro” y su opinión sobre los petroleros en general.
Pero ese momento pasa rápidamente y de forma casi indolora, y nos empezamos a adentrar, junto con la pareja protagonista, y los otros dos personajes, en los callejones oscuros de Venezuela y su relación sicológica con el petróleo. Hay otros personajes, pero son mudos e invisibles, sólo se alude a ellos como quien habla de un familiar ausente.
Martínez descarga sobre la audiencia todo el arsenal dramático y melodramático adquirido en su larga trayectoria como escritor: amores fallidos, ­­homicidios, adulterios, corrupción, cobardía, todo esto en el marco de la empresa estatal, pero sin aludir a esta última con mayor interés.
Petroleros Suicidas es acerca de muchas cosas, pero para mí, al menos, es acerca de Natalia, el único personaje femenino y quizás el único de quien quisieramos ser amigos. Natalia representa a Venezuela: mujer, valiente, en una eterna búsqueda por un amor que nunca consigue del todo. Natalia es la voz que Martínez usa, quizás de manera inconsciente, para representar a la Gente del Petróleo: idealista, desencantada del resultado de sus acciones, pero todavía convencida de que en cada momento ha hecho lo que debía hacer. Natalia nos hace recordar que también el petróleo nos ha hecho aspirar y conquistar, sin importar lo que sesudos analistas, o autores, piensen ayer o ahora. Y esto a pesar de la indudable oscuridad de los otros personajes que Martínez pone en escena con indudable disfrute, a quienes reconozco, pero que escojo ignorar. Natalia es Venezuela.
ESCENA 3. Estudio de Televisión. Una utilería que luce sacada de mueblería en la Yaguara. La conductora de luminosos ojos presenta al autor de moda con un largo y enrevesado monólogo. El escritor luce incómodo en el sofá y esfuerza una sonrisa
Martínez, ya más relajado, le cuenta a Maria Elena Lavaud anécdotas de sus inicios como libretista con José Ignacio Cabrujas. Su favorita es una en la cual Cabrujas engatusa a los ejecutivos del canal donde trabajan, y los convence de hacer un guión sobre la novela “Campeones” de Guillermo Meneses, novela que ni Martínez ni Cabrujas han leído.
Cabrujas termina por desechar la novela y solo preserva el título y los personajes principales, escribiendo junto con Martínez toda una nueva narrativa, sin que los poco leídos ejecutivos del canal caigan en cuenta del engaño. Martínez termina la historia con voz de admiración calificando a Cabrujas como el propio malandro.
Años después, Martínez se ha vuelto el propio malandro. El titulo de “Petroleros Suicidas”, la alusión al paro y los personajes de PDVSA, son como la novela de Meneses, solo una mampara provocadora. Petroleros Suicidas es a Martínez, lo que Campeones es a Cabrujas. La historia que cuenta Martínez es sobre nosotros los venezolanos y el efecto que el petróleo ha llegado a tener en nuestra psiquis y valores sociales. Martínez parece suscribir la “leyenda negra” de Juan Pablo Pérez Alfonzo y su visión del petróleo como excremento del diablo: “¿qué tiene el petróleo que envenena?” No es ese mi pensamiento, pero otra ha sido mi vivencia
Pero al final está Natalia, en quién aún Ibsen Martínez encuentra razones para seguir adelante. ¿Será sólo casualidad que la “Natalia de 8 a 9”, de su admirado Cabrujas, también represente el renacer después de la destrucción?
Se apaga la luz tenuemente. No hay canción de Yordano, pero debiese haberla…

Publicado también en: ABC de la semana y Petroleum World

Sunday, April 10, 2011

Abril Después de Abril

Abril Después de Abril
Dedicado a Edgar Paredes, un Venezolano en el exilio


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“El tiempo ha llegado, por difícil que nos parezca, para que se alcen voces de esperanza por arriba de la desesperanza. Es el momento de acallar, con voces que clamen por el fin de la guerra, las vociferaciones que provienen del otro lado de la trinchera, eso al menos le debemos a los que salieron a marchar el 11 de Abril y nunca regresaron a sus hogares. Se lo debemos a todos los perseguidos por sus ideas, a los encarcelados, a los que en el exilio añoran el azul del Caribe. Se lo debemos al futuro. A un futuro con Abriles sin lágrimas.”


Con este párrafo terminaba mi artículo “Abril sin Lágrimas” hace ya dos años. De las muchas cosas que han cambiado en mi vida en estos últimos 24 meses, una permanece igual, mi deseo que Venezuela busque un futuro que se deslinde de los dos pasados que siguen disputandose esa “botella vacía” en la que se ha tornado la política venezolana de las dos últimas décadas.
El discurso del gobierno, y de una parte importante de la oposición, se sigue circunscribiendo al escenario de atacar por un lado, y defender por el otro, a los únicos cuarenta años de gobierno civil que Venezuela cuenta en su historia. Siguen pasando los años, y los pocos que se atreven a plantear nuevas sintesis fuera del ambito antidiluviano del militarismo versus los ya irrelevantes remoquetes de adecos y copeyanos, son reprimidos o ignorados por ambos bandos.
Quizás esta es la evidencia más señera de la incompetencia de los miembros del actual régimen, que ni siquiera han podido encontrar una motivación de su existencia que no sea la de la vindicta de los entuertos, reales o imaginarios, a la que fueron sometidos ellos o sus padres, por venezolanos que hoy yacen enterrados, como deberían estar sus ideas, o son inofensivos ancianos a quienes persigue su consciencia.
De la misma manera que Caldera y Alfaro Ucero castraron a los liderazgos jóvenes de sus organizaciones, dando paso a los fantasmas de antaño que pululaban los corredores de los cuarteles que el penúltimo jefón había construido, así los políticos que hoy aspiran a seguir en, o tomar el poder, nos empantanan en un pugilato pasado de moda, irrelevante para los que aspiran a hacer futuro.
Abril 11 del 2002, y los días y meses subsiguientes, son fechas que nos enlutan a todos, y es improbable que los hechos sean olvidados pronto, o que abandonemos la búsqueda de justicia por los ignominiosos hechos de esa época.
El 11 de Abril los venezolanos nos despertamos al hecho de que habíamos construidos dos países aparentemente irreconciliables, y que el rencor que alimentaba ese resentimiento habia sido pasado de padres a hijos, en una suerte de revancha desde el más allá.
Aquellos de nosotros que nos tocó ser testigos, o pequeños actores de la tragedia de Abril 11, no podemos ser responsables de continuar la interminable cadena de resentimiento. La herencia a nuestros hijos no puede ser un nuevo entuerto en busqueda de un nuevo “enderezador”.
Le debemos a las generaciones futuras, que hoy son mayoría, su derecho, no solo a pasar la página, sino a escribir una nueva, la suya propia, con la menor cantidad de borrones posibles. Les debemos la oportunidad de hacer y corregir sus propios errores, no los obliguemos a vivir bajo la sombra de las ideas de hombres y mujeres, que por admirables que hayan sido, no dejan de ser más que párrafos de un pasado hoy irrelevante.
No olvidemos entonces rendir homenaje a los que perdieron su vida, o su derecho a vivir en paz, en la refriega política de los último años. Pero vaya tambien nuestra solidaridad con aquellos que se levantan con cada nuevo sol a sembrar la semilla de la reconciliación, a los que tienen como su norte el sustituir la revancha inútil por el reencuentro posible, en la búsqueda del Abril después de Abril.

IRAN AND ITS ALLIES STEP UP PRESSURE

  El Taladro Azul M. Juan Szabo [1] y Luis A. Pacheco [2] Published  Originally in Spanish in    LA GRAN ALDEA   The fragile ceasefire in th...