Friday, April 24, 2020

Aurita, Aura, Sra. Aura… mi Mamá




Aura Rodriguez de Rico, 1927 - 2020




Ayer, 22 de abril de 2020, en la ciudad de Caracas, tuvo su último aliento mi mamá. En medio del ruido de una sala de emergencia y rodeada del silencio de una ciudad asediada por la pandemia de covid-19, la falta de gasolina, y en general la tragedia de un país que también agoniza, Aura se fundió con el universo.

Pero estas no son unas notas luctuosas, sino por el contrario un intento por celebrar la vida de quien me trajo al mundo, me enseñó a hablar y caminar, pero no a estar sin ella. Es un intento por hurgar, en mi ya diluida memoria, imágenes que hoy afloran de su escondite para acompañar a la tristeza. Son mis recuerdos, mis hermanos seguros tendrán otros.

Aura Rodriguez tuvo en su larga existencia muchas vidas. Fue muchas cosas, algunas al mismo tiempo: hija, amante, esposa, madre, suegra, abuela, bisabuela, generosa amiga de sus amigas y temible adversaria de los que la adversaban.

Aurita nació en Maracaibo, hija de Celina Rodriguez, una niña trujillana que emigró a Maracaibo en búsqueda de mejores horizontes y de Miguel Rodriguez, un comerciante marabino ya mayor. En esa Maracaibo que empezaba a desarrollar una personalidad propia a la vera del petróleo. 

Fue criada alternativamente por mi abuela Celina o sus tías paternas, en una casa que ella recordaba tenía pisos de tierra y bajo la rígida mirada femenina de la época. Ese mismo lugar, décadas más tarde albergaría la quinta La Sirena, casa donde viviríamos por muchos años.

Una vida de 93 años es muy larga, y en el caso de Aura muy acontecida, como para tratar de resumirla en unos párrafos. Así que por necesidad me pasearé por algunas instantáneas que pienso la representan.

Su vida es paralela al auge y caída de la Venezuela petrolera del siglo XX y XXI.  A finales de la década de los cuarente, contrae matrimonio con Federico A. Pacheco Soublette,  un rebelde y prometedor periodista deportivo a quien había conocido siendo reina del deporte de Maracaibo; hijo de uno de los primeros ingenieros venezolanos de la industria petrolera.  Se muda a Caracas. Tienen tres hijos 

A mediados de los años 50, después de algunos años en Caracas, con un matrimonio roto y tres hijos en su valija, se regresa a Maracaibo. Sigue siendo Aurita para sus amigas de infancia, que mantendrá toda su vida, es ahora mamá para nosotros, y Aura para el mundo que debe enfrentar para criar sus hijos sin más soporte que sus ganas de enfrentar una vida que le daba pocas cartas - para ser justos, mi abuelo Luis Julio Pacheco Soublette la apoyó en todo lo que pudo.

Mis recuerdos de esos tiempos de infancia son difusos y hasta contaminados por las historias que ella contaba, o que mis hermanos me han contado. De vivir con mis abuelos maternos en la cervecería Zulia, en la Avenida El Milagro,  a vivir en San Luis detrás del seminario. Fueron sin duda años difíciles para ella, pero es su merito que yo no los recuerde así. Si la recuerdo, sin embargo, como una mujer hermosa, y sentía celos cuando en la calle la piropeaban por sus faldas pegadas y tacones altos, la moda de la época.

Aura conoce a Carlos Armando Rico, ingeniero petrolero en ciernes, y decide comenzar una nueva vida con él; de allí nace Cynthia su única hija y niña de sus ojos. Armando, como lo conocíamos en la casa, es quién la acompaña por el resto de su vida, primero en Maracaibo y finalmente de nuevo en Caracas. En ese periplo se comienza a transformar en la Sra. Aura.

Mucho de lo que soy se lo debo a mi mamá, obviamente, y quizás una pequeña porción de lo malo también. Con ella de niño aprendí a “hacer visita”, cosa que ya no se estila. La acompañaba a visitar, sin ningún motivo particular, a sus amigas: Rosa, Nieves, Carmencita, o a su media hermana Auristela. Escuchar féminas hablar de todo y de nada, por lo que parecían interminables horas, me dejó el gusto por largas conversaciones y la chismografía: “la posdata está más larga que la carta” era su manera de cortar lo que parecía una infinita despedida en la puerta de la calle en esas tibias noches marabinas. Por cierto, también me dejó el gusto por curiosear casa ajenas.

Muchos dicen, infundadamente, que los Pacheco tienen una lengua afilada y se lo atribuyen a los genes de Federico, cuando en verdad es una adaptación para sobrevivir a la esgrima verbal con mi mamá, que era un adversario temible.

De ella aprendí a “comer con cubiertos”, aunque luego descubrí que esto significa diferentes cosas para diferente gente y he tenido que reaprender con mucha dificultad. Mantengo lo que queda del primer juego de cubiertos de plata que tuvo mi mamá y son un preciado memento que uso a diario.

Mi mamá no hablaba de vos, a pesar de ser maracucha, supongo porque Celina, mi abuela, era andina y siempre hablaba de usted. Celina era otro gran personaje, pero hoy no hablaremos de ella.

Mi mamá me arrastró al transporte escolar mi primer día de kínder, pues tenía que ir a trabajar. Mi mamá me llevó al hospital cuando me quemé el brazo con el agua del radiador del carro. Mi mamá no me prestó el carro hasta que no tuve licencia, a pesar de que le argumentaba que sin carro como iba a aprender suficiente para sacarme la licencia. Mi amigo Kiko van Balen solventó ese problema enseñándome a manejar en el carro de su mamá. Mi mamá le “sugirió “a Carlos Rico que me enseñara a jugar tennis - no fue muy exitoso.

Mi mamá trató de protegernos de la circunstancia alrededor de la muerte violenta de mi papá, éramos apenas unos niños. Esa relación nunca fue fácil y supongo tiño su vida y la de nosotros de una infelicidad inevitable. Sin embargo, ella me enseño a que esos pecados nunca deberían ser míos, aunque otros, según su conveniencia, sí. 

Mi mamá nos enseño que había que agradecer en voz alta lo recibido y que toda carta había que contestarla. “A ver, te dicto: Querido Abuelito…, Querida Tía…”

Mi mamá “repartía cuero” con facilidad: disciplinaba con correa y a veces con la hebilla. Aunque debo confesar que relativo a mis hermanos poco sufrí; mi habilidad de pasar desapercibido ha sido una útil adaptación defensiva. 

Mi mamá me regaló mi primera guitarra cuando yo tenía 15 años, 200 Bs, comprada en la calle derecha; esto a pesar de que le atribuía al instrumento la rebeldía natural de mi hermano mayor, Federico.

Mi mamá, como casi todas las madres, era una maestra de la manipulación y en mí encontró un objetivo fácil. Hasta que un día, como por arte de magia, ya no…había yo descubierto el sexo opuesto.

Me fui de la casa al apenas terminar la universidad. Mi mamá fue instrumental en facilitar que fuera a estudiar afuera, no con dinero, pero sí con un apoyo irrestricto. Recuerdo las primeras semanas en Manchester, Inglaterra, como muy duras emocionalmente.  En más de una ocasión pensé en rendirme y regresar a la casa, pero solo con imaginarme lo que iba a decir mi mamá, seguía adelante. Siempre me incentivó con sus cartas, mecanografiadas en su maquina eléctrica y con su elegante rúbrica; sin saberlo hizo que yo terminara creyendo que podía ser tan bueno como mis hermanos, que siempre me habían sobrepasado. 

Cuando regresé a Venezuela, seis años más tarde, mi mamá ya era la Sra. Aura en todo su esplendor. Esos fueron los años de Lagunillas. La Sra. Aura, en virtud de la posición de Carlos Rico, pero sobretodo por su propio campo gravitacional, se transformó en actor principal en lo que entonces eran las complejas y estratificadas sociedades de los campos petroleros. Deben haber sido días felices para ella, porque cuando su mente empezó a perder lucidez, volvía en su alucinación a Lagunillas y esas épocas. Es paradójico, de joven no sentía ninguna atracción por la vida en un campo petrolero. De esos años le quedaron amigas para el resto de su vida.

Muchas de las personas de la industria petrolera, que la recuerdan de esa época, la describen como una mujer de carácter fuerte, pero amable y generosa, con un gran don de gente. Aún hoy, décadas después, uno oye anécdotas sobre su fortaleza y simpatía. Cuando yo llegué a la industria petrolera, años después, las anécdotas de la Sra. Aura me precedían. Una vez mi mamá me dijo que los gerentes no se daban cuenta de que el poder se manejaba en las cocinas del campo, cosa que tuve en mente cuando me tocó a mi vivirlo.

Cuando Chávez llegó al poder, su rechazo a él fue inmediato. Pasaba horas pegada al televisor maldiciendo y criticando lo que el gobierno hacía o dejaba de hacer. Marta Colomina se convirtió en su adalid,  y Globovisión en su ventana al país. Creó que tanta “noticia” le hacía más daño que bien, pero nadie la podía convencer de ello.

Cuando llegó la crisis petrolera del 2002 – 2003, se puso muy intensa, quizás porque me sabía en peligro. La anécdota que mejor la retrata, y los tiempos que se vivían, fue el día, en medio del Paro Cívico, en que la Armada abordó el tanquero Pilín León, desbloqueando el canal de navegación del Lago de Maracaibo. Al día siguiente hubo un acto de homenaje a los marinos del Pilín León en el Eurobuilding, que fue muy patriótico y emotivo: discursos, banderas, himnos y uniformes. Yo estuve en la audiencia, aunque el acto no era particularmente de mi gusto, ni yo tenía nungún pito que tocar. Esa noche, mi mamá me llamó a la casa, en tono de reclamo, quería que le explicara porque que no me había visto en la transmisión televisiva del acto…

Sus últimos años fueron duros desde el punto de vista de salud. Toda su vida su salud fue frágil, pero en verdad nunca tuvo una enfermedad crónica. Hace unos años su mente empezó a deteriorarse y con ella su organismo. Sin embargo, su fuerza vital era tan intensa que superaba las crisis, pero siempre quedaba un escalón más abajo. Para mi su llama de vida había abandonado su espíritu hace ya unos cuatro o cinco años, pero ella seguía aferrándose a eset mundo con la misma tenacidad con la que había vivido.

Llegó a estar muy orgullosa de todos sus hijos, aunque pocas veces lo expresaba directamente. Uno solo se enteraba por que aquellos a quienes se lo decía nos lo comentaban. Mi manera de hacerla reír, cuando ya estaba decayendo, era retarla a que dijera quien era su hijo favorito, nunca me lo dijo. Cynthia, mi hermana, fue su alter ego por décadas y formaron una dupla inseparable hasta el último minuto.

Para mi fue muy triste verla desdibujarse. Quería seguir teniendo a la mujer fuerte y luchadora que siempre había conocido, con todo y sus lunares. Con el tiempo la situación política no me dejó regresar a Venezuela y solo me restó verla por Skype o WhatsApp. La observé languidecer a larga distancia, lenta pero seguramente.

Hoy la enterramos, o debo decir la enterraron, pues para nosotros, fuera de Venezuela, fue una transmisión por Zoom, gracias a la generosidad de nuestro fraterno amigo Juan Claudio Pagés, el hijo de su gran amiga Elsa, que se transformó en nuestros ojos y oídos a distancia – una deuda impagable, por cierto.


Aura Rodriguez de Rico, su luz se apagó y todo lo que fue ya no es. El mundo, hoy, se detuvo por un instante, para rendirle homenaje. Su voz vive en nosotros, sus hijos. 

Aurita, Aura, la Sra. Aura…mi Mamá.

Sunday, April 12, 2020

Petróleo en Tempos de Pandemia - Publicado en la Gran Aldea 24/03/2020







“Si esto fuera una obra montada sobre un escenario, podría condenarla como una ficción improbable.” William Shakespeare, Noche de Reyes.


Mientras el mundo civilizado de la tercera década del siglo XXI  se debatía sobre las amenazas presentadas por los militantes islámicos, la guerra en el Yemen, las veleidades del dictador norcoreano, la guerra comercial entre China y los Estados Unidos, los efectos del Brexit y las amenazas para la humanidad del rápido progreso de la Inteligencia Artificial, entre otras, en un ciudad de China llamada Wuhan una partícula orgánica (coronavirus)  de 50 -200 nanómetros (10-9 metros) de diámetro acechaba; pocos imaginaban que este minúsculo enemigo paralizaría el mundo.

Mientras la amenaza de una pandemia se desarrollaba tras bastidores, en el mercado petrolero se gestaba una tormenta de diferente naturaleza. La alianza conocida como OPEP+ (un grupo de 24 países productores de petróleo, compuesto por los 14 países de la OPEP y otros 10 países productores, incluyendo Rusia) comenzaba a mostrar muestras de fractura.

La Alianza fue formada a finales de 2016, con miras a coordinar producción y estabilizar los precios. Desde entonces el grupo ha cortado/incrementado su producción en respuesta a los cambios del precio del petróleo en el mercado internacional.

Para finales del 2019, la OPEP representaba alrededor de un tercio del suministro mundial de petróleo, que con los miembros que no pertenecen a la OPEP sumaban la casi la mitad del suministro de petróleo del mundo. El mayor productor de energía del mundo, Estados Unidos, no forma parte del acuerdo, ni China u otros productores occidentales líderes como el México, Brasil, Canadá y Noruega. 

En diciembre de 2019, ya Rusia había comenzado a dar señales de no estar del todo satisfecho con el arreglo, ya que entre cosas percibía que la agenda de Arabia Saudita estaba sesgada a mantener los precios relativamente altos para apuntalar el valor de Saudi Aramco – la compañía estatal saudí. Demás está decir que, como históricamente ha ocurrido en muchos de estos arreglos, el cumplimiento con los acuerdos de cuota de producción OPEP+ ha sido sumamente irregular.

Como resultado de la ralentización de la economía china, y por ende la caída en su demanda petrolera, a raíz de los efectos del coronavirus desde finales del 2019, la OPEP, reunida en Viena en marzo 5 del 2020, decide cortar su producción en unos 1,5 millones de barriles por día adicionales, haciendo un llamado a sus socios en OPEP+ a acatar la decisión. Un día después, Rusia decide no unirse a la decisión de la OPEP, marcando el cese de la Alianza por los momentos.

El 8 de marzo, a raíz de la decisión de Rusia, Arabia Saudita anuncia inesperadamente descuentos de precios de $ 6 a $ 8 por barril a clientes en Europa, Asia y los Estados Unidos. El anuncio provocó una caída libre en los precios del petróleo, con el crudo marcador Brent cayendo en un 30%, la mayor caída desde la Guerra del Golfo. El West Texas Intermediate (WTI) cayó un 20%. El 9 de marzo de 2020, los mercados bursátiles de todo el mundo informaron pérdidas importantes gracias en parte a una combinación de guerra de precios del petróleo y temores sobre el brote de coronavirus. Los efectos no se hicieron esperar fuera de los precios del petróleo y los mercados de valores también. El 10 de marzo, Arabia Saudita anunció que aumentaría su producción de 9.7 millones de barriles por día a 12.3 millones, mientras que Rusia planeaba aumentar la producción de petróleo en 500,000 barriles por día – muchos analistas califican esto como una guerra de precios, aunque Rusia y Arabia Saudita no necesariamente la toman como tal.

Desde entonces, el precio del petróleo ha tenido una alta volatilidad, ya no solo producto de la “guerra de precios”, si no de la imparable ralentización de la economía mundial y la inevitable caída en la demanda petrolera. Durante el mes de Marzo el precio de crudo ha tocado los niveles más bajos de los últimos veinte años (US$ 20/barril de WTI) .

En eventos que se suceden muy rápidamente, el mundo ha pasado de ser observador interesado en como China enfrentaba su crisis de salud y económica, a ser tomado casi por sorpresa por una pandemia que en los últimos días empieza a impactar la sociedad y la economía de todo el planeta, sin distinguir países, religión o color; la naturaleza se empeña en darle una lección de igualdad a la raza humana.

Sería presuntuoso especular si los rusos y los saudíes habían factorizado o no el cambiante escenario económico dentro de sus cálculos, y que ahora solo esperan a recabar los réditos de una estrategia donde la producción de petróleo no convencional norteamericana pareciera ser el enemigo que vencer. Una explicación menos sofisticada es que están enfrentando consecuencias no esperadas. En Moscú y Riad deben ser muchas la preguntas sin respuesta que circulan por los corredores del poder, y pronto comenzará la búsqueda de los culpables.

En el mientras tanto, en el mercado petrolero, los productores de alto costo se enfrentan a disyuntivas de vida o muerte económica, al menos en el corto plazo. Los efectos de la caída de precios tomarán un tiempo en provocar cambios estructurales del lado del suministro, y del otro lado seguramente habrá respuestas tecnológicas otra vez para bajar los costos de producción – tampoco es fácil saber el efecto de la depresión económica en la destrucción de demanda en el mediano plazo. Ya hay analistas muy sesudos que hablan de que en el corto plazo puede haber una baja en la demanda de hasta 6 millones de barriles por día de crudo.

Sin querer extrapolar en línea recta la coyuntura actual, un petróleo barato ayudaría sin duda a la recuperación económica, una vez que se puedan estabilizar los efectos de la pandemia. Por otro lado, un barril relativamente barato (30-40 $/B) retrasaría la velocidad de la transición energética, mientras subraya la importancia de los hidrocarburos para la sobrevivencia del bienestar de la sociedad, al menos en el mediano plazo, pero sobre todo en una situación de crisis como esta.

Me atrevería adelantar que lo que ocurre en el mercado petrolero se asemeja más al “efecto mariposa”, una idea que se usa más comúnmente en la teoría del caos y que postula que un pequeño cambio puede hacer que ocurran cambios mucho mayores e inesperados. Las bolas de cristal son una pobre herramienta para predecir el futuro y en este caso en particular es prematuro usarlas.

La raza humana tiene propensión a pensar de manera catastrófica y a ver toda crisis como existencial, está última no va a ser diferente.  Cambios seguramente vendrán y con ellos oportunidades, que los astutos y los osados tratarán de capturar mientras el resto se paraliza, el sector de energía no escapará a esta ola.  

Para Venezuela, en particular, es una tragedia dentro de una tragedia. Con una industria petrolera en minusvalía y con una economía resquebrajada, la caída de los precios del petróleo y la pandemia le asestan golpes mortales a la población menos favorecida, que tiene pocas o ninguna herramienta para enfrenta la crisis: una receta segura para la anarquía y con suerte para generar un cambio necesario












En Búsqueda de la Oportunidad Perdida - Públicado en la Gran Aldea 19/02/2020


LA GRAN ALDEA




“Ha tomado la mejor parte de once años para que este gobierno reconozca lo que ya era obvio en los noventa: que las oportunidades petroleras venezolanas siempre serán más de lo que la compañía estatal por si sola puede acometer, la de antes y qué decir de la de ahora; y que la autarquía petrolera es incestuosa y en última instancia ineficiente. De que valen declarar las reservas de hidrocarburos mayores del mundo cuando se tiene una industria petrolera alicaída e ineficiente.”
LA NEO-APERTURA PETROLERA. L.A. Pacheco, marzo 2, 2010



En febrero 10 de 2010, el entonces ministro de Energía y Petróleo y presidente de PDVSA, Rafael Ramírez, anunciaba que el consorcio español Repsol y la petrolera estadounidense, Chevron, entre otros, habían ganado la licitación para la participación en el desarrollo de los bloques Carabobo 1 y 3, respectivamente, de la Faja Petrolífera del Orinoco. Esto bajo un discurso de falso nacionalismo petrolero.

Hoy, una década más tarde y con una industria petrolera operacional y financieramente en ruinas, el régimen chavista, regurgita un desgastado gambito: anunciar que va a cambiar las reglas para incentivar a los socios de PDVSA, privados y estatales, a invertir y tratar de recuperar en algo la producción de petróleo y gas.

Si no fuera porque todavía muchos miran a estos desgastados anuncios como algo novedoso o como señal de un bienvenido “viraje” a la política petrolera del régimen, promovido bien por el desespero o por alguna suerte de improbable epifanía, no merecería que le dedicáramos el tiempo: estos últimos veinte años están plagados de promesas incumplidas, reempaquetadas una y otra vez para una audiencia de corta memoria.

La institucionalidad de la industria petrolera venezolana de los últimos veinte años es un estruendoso fracaso, si juzgamos por los resultados versus el objetivo explícito: “Valorizar nuestro recurso natural de hidrocarburos en beneficio de la nación” (website de PDVSA). Más allá de que el lenguaje que usa la estatal no es necesariamente el más claro, es sencillo concluir que aquello que no se produce de una manera eficiente y oportuna, no genera el máximo valor posible para la industria y mucho menos para la nación: esa es la historia petrolera de los último veinte años.

Muchos piensan que el resultado de una buena política petrolera se mide bien sea por el tamaño de la renta que la actividad genera y/o por los volúmenes de producción, o alguna combinación optima de esas dos variables. Venezuela, desde la estatización de 1975, ha oscilado de manera azarosa entre lo uno y lo otro, persiguiendo objetivos político y económicos de corto plazo, muchas veces contradictorios,  en una industria que por su propia naturaleza es de largo plazo – o al menos lo ha sido hasta ahora.

Cambiar las reglas del juego es el pasatiempo favorito del estamento político de los países que tienen la explotación de los recursos naturales, y en particular los hidrocarburos, como su principal fuente de ingreso. Las flexibilizan en tiempos de precios bajos, cuando tienen necesidad de atraer capital para desarrollar una industria que necesita actores con el apetito de riesgo implícito en la actividad, para luego, en tiempos de bonanzas de precios, o siguiendo dictámenes ideológicos, dar un giro y cercar legal y financieramente a los que se atrevieron a tomar el riesgo, hasta llegar a la expropiación; con sus matices, esa es la historia simplificada del petróleo en Venezuela desde al menos 1976, y con más intensidad desde 1999.

No es entonces de extrañar que los cantos de sirenas del régimen chavista sean escuchados con escepticismo por los inversionistas, sobre todo por los que ya están comprometidos en Venezuela; aunque no queda la menor duda que algunos de ellos, cual Ulises, deban ser amarrado al mástil para no sucumbir a las voces seductoras.

Sin embargo, aun en la poca credibilidad que pueden tener los gestos de apertura del régimen hacia las compañías petroleras, hay un mensaje que debemos oír, aunque no sea explícito, y es que el actual arreglo institucional de la industria de los hidrocarburos es inservible, y que él no cumple ni con su cometido legal, económico y mucho menos con el objetivo de beneficiar a la Nación.

¿Pero como cambiar el arreglo institucional para que promueva la maximización del valor de la explotación de los recursos de hidrocarburos? Esa es una pregunta cuya respuesta se nos puede antojar sencilla, pero que infortunadamente no es fácil identificar o al menos consensuar: le propongo al lector que haga una búsqueda en la “web” y descubra lo variopinto de las propuestas que sobre el tema se han hecho y que se continuarán haciendo, en particular para el caso venezolano.

Por otro lado, aunque la existencia de una estructura legal apropiada es fundamental para el desarrollo de la industria petrolera, como se ha demostrado con diversos grados de éxito en Colombia, Brasil, México, Perú, el Reino Unido y Noruega, no es menos cierto, como los mismos países evidencian, que, si esa legislación no va acompañada de una visión compartida de manera amplia en la sociedad, sobre todo por las fuerzas políticas, su utilidad y hasta su existencia es efímera.

Los tecnócratas pueden llegar rápidamente a consensos sobre las virtudes y defectos de diferentes modelos de institucionalidad, la literatura sobre el tema es amplia y la experiencia ha dado lecciones importantes. ¿Por que entonces, sobre todo en Venezuela, del aparente consenso general que existe entre los diferentes actores, se derivan visiones particulares tan diferentes? El diablo está en los detalles, reza el refrán anglosajón: 

·      ¿debe o no existir una compañía estatal? ¿de que tamaño debe ser?
·      ¿es el capital privado un socio adecuado o el actor principal? 
·      ¿debe o no existir una agencia reguladora? ¿cuan autónoma debe ser?
·      ¿el sistema de regalías debe ser variable o fijo? ¿se debe distribuir las regalías a las regiones? ¿a los ciudadanos directamente? 
·      ¿Se debe ahorrar parte de la renta?
·      ¿cuál es el rol del capital privado nacional? ¿cuáles son las reglas de compra nacional?

                                                                                                           

Las respuestas a esas preguntas están condicionadas por la ideología, las visiones de país, la experiencia, las percepciones sobre cuales son las palancas de poder asociadas al petróleo, las ortodoxias en general, entre muchas razones. Lo que es eminentemente lógico y obvio para un grupo, se le antoja a otro como inaceptable, aunque todos profesemos tener el mismo objetivo. Mi tesis es que como sociedad no estamos reacios al cambio en el tema petrolero, sino reacios a los cambios que percibimos como pérdidas, en particular pérdida de poder de los grupos alrededor del petróleo: políticos, petroleros, sociedad, empresas de servicios, etc.

Pero regresemos al principio: las propuestas que el régimen chavista parece hacerle a las compañías petroleras son sin duda ideas lógicas y deseables desde el punto de vista de atraer inversiones que el estado no está ya en capacidad de hacer, después de haberse reservado el control del sector; intentan recuperar algo de la mucha capacidad de producción que sus mismas políticas han destruido. Un reconocimiento a regañadientes que la institucionalidad petrolera instalada por el chavismo no funciona.

Cualquier nueva propuesta de institucionalidad petrolera pasa entonces por entender de manera meridiana que el modelo del estado como inversionista es el que nos ha traído a la presente coyuntura, y que es imprescindible modificar ese modelo si nuestro objetivo es maximizar el valor de nuestros recursos, en la ventana de oportunidad que todavía tenemos.

El petroestado que se generó a consecuencia de la estatización del petróleo, y las subsecuentes distorsiones durante el régimen chavista, poco nos han servido en la construcción de una industria petrolera robusta y sostenible, a pesar de las eventuales bonanzas de precio.  Por el contrario, la evidencia histórica es clara en demostrar que, contrario a la mayoría de nuestros socios y competidores, el desarrollo de nuestra industria ha sido volátil e inestable, a veces temeroso: períodos de crecimiento seguidos de contracción y estancamiento: un acordeón disonante

Cambiar la institucionalidad petrolera, para no repetir la historia, no es una tarea fácil, el camino está lleno de obstáculos mitológicos y sobre todo intereses que se resitirán. Sin embargo, la tarea es una que debemos enfrentar como sociedad, buscando no solo deslastrarnos de los fetiches que nos siguen acompañando aun hoy en la tercera década del siglo XXI, si no también adaptándonos para sobrevivir en un mercado cambiante para el que hoy no estamos preparados.

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No hay soluciones mágicas, ni dogma que se ajuste completamente a nuestra situación. Avancemos, seamos audaces en los cambios, pero al mismo tiempo evaluemos continuamente los resultados y sin temor cambiemos lo que fuese necesario. Por primera vez en nuestra historia nos encontramos con una industria de los hidrocarburos destruida, eso es una tragedia, pero a la vez nos permite construir una nueva institucionalidad desde la base y quizás, quien sabe, podamos recuperar parte de la oportunidad perdida.

Monday, February 10, 2020

Antes que el Sol se Ponga. Publicado en La Gran Aldea el 16/01/2020





En 1959, Lord Bertrand Russell, filósofo y matemático británico, daba una entrevista en la BBC, y ya para terminar, el entrevistador le preguntó qué consejo daría a la generación de mil años después. Casi sin inmutarse Russell dio dos respuestas, una intelectual y una moral. Citaré aquí lo que él denominó el consejo intelectual:
“Cuando estén estudiando cualquier asunto, o considerando alguna filosofía, pregúntese cuáles son los hechos y cuál es la verdad que los hechos confirman. Nunca se dejen desviar por lo que desean creer o por aquello que creen tendría efectos sociales beneficiosos si se creyera, miren única y exclusivamente a cuáles son los hechos”.

De igual manera, cuando se habla de Venezuela y en particular de la industria venezolana de petróleo y gas, se debe comenzar por tratar de entender la situación en la que se encuentra y cómo derivamos a ella, y a partir de ahí tratar de imaginar un camino hacia objetivos bien definidos, y en principio acordados, por los actores políticos y sociales de la Nación. Muchos son los deseos y creencias que nos han guiado por décadas en el tema petrolero, y que han servido de sustento a decisiones que, si vemos los resultados, han sido claramente fallidas.

Pero, como bien señala Lord Russell, necesitamos separar nuestras creencias de los hechos, porque si no corremos el riesgo de quedarnos atrapados en el laberinto de nuestras ortodoxias.
No es un secreto que la naturaleza ha sido generosa con Venezuela, bendecida con una amplia base de recursos de hidrocarburos, y qué decir de otras ventajas comparativas: Clima, geografía, etc. De esa base de recursos, el país ha derivado mucho de lo bueno y de lo malo que nos caracteriza como una nación.
Hemos aprendido, a fuerza de errores repetidos, que tener la base de recursos naturales es una condición necesaria, pero no suficiente para construir una industria petrolera próspera, una economía saludable, o más importante aún, una sociedad floreciente, al menos de manera sostenible.
Durante las últimas dos décadas, Venezuela, en general, ha transitado un camino accidentado y difícil de explicar: De una aparente bonanza, producto del auge sostenido de precios en las materias primas que alimentó una ola de gasto irresponsable e insostenible, a un colapso económico total. Los apagones, la escasez crónica de alimentos y medicinas, la inseguridad desenfrenada y las migraciones masivas, han convertido al país que alguna vez fue la envidia de América Latina en un estado fallido. Lo que fuese una vez una orgullosa industria de petróleo y gas está hoy en bancarrota. Existen tantos diagnósticos como analistas, y ciertamente no hay escasez de propuestas para solucionar los problemas, pero por ahora soslayaremos tales discusiones. Sólo diré que la lección principal que uno puede extraer de las últimas décadas es que una industria petrolera exitosa no necesariamente conduce a una sociedad bien equilibrada; pero que, una industria petrolera fallida, sobre todo en un lugar como Venezuela, es a la vez síntoma y una señal principal del deterioro de la sociedad.Igualmente, la experiencia señala que, si hay una desconexión entre la industria petrolera y la sociedad en general, esta última arrastrará consigo a la primera si no percibe que recibe beneficios reales. Esa brecha sigue siendo muy real en Venezuela, a pesar de la palabrería oficial y uno debe trabajar para cerrarla para que cualquier nueva recuperación sea sostenible.
Pero suficiente de eso…
Venezuela ha pasado, durante sus más de 100 años de historia de explotación petrolera, de una industria completamente abierta, al monopolio estatal, a un sector parcialmente abierta, a la anarquía dilapidadora que tenemos hoy. Paralelamente, pasamos de no tener una empresa estatal, a tener una PDVSA reconocida internacionalmente, con todo y sus defectos, a la compañía disfuncional que ahora pasa por PDVSA.
A lo largo de toda esa historia, no tengo dudas de que los mejores capítulos se han escrito cuando los actores privados han trabajado en conjunto con el Estado y sus agentes bajo reglas claras, que aunque siempre son perfectibles, han permitido el despliegue de personas, tecnología y capital y, por lo tanto, el desarrollo efectivode nuestra base de recursos; cualquier trazado de los datos históricos de la producción de petróleo lo confirmará.
Si, por un lado, uno tiene en cuenta esa perspectiva histórica y, por otro, entiende la enorme cantidad de capital financiero, tecnológico y humano necesario para recuperar la industria venezolana del petróleo y el gas, no le sorprenderá oírme decir que Venezuela necesita atraer inversiones privadas, en cantidades colosales, si queremos tener alguna posibilidad de recuperación
Increíblemente, hoy, la realización como sociedad de la necesidad de participación privada no es una píldora tan amarga como antes; saturados como estábamos con la ideología del nacionalismo de recursos. En los últimos 20 años se ha multiplicado la participación extranjera y nacional en la industria, paradójicamente bajo el disfraz de una “nacionalización real”.
También hemos aprendido, durante el período Chávez-Maduro, que tener acceso a una amplia base de recursos e invitar a la “participación privada” no asegura el éxito. El marco institucional incorrecto, una política fiscal inadecuada, la politización de PDVSA, la falta de transparencia, entre otros ingredientes, han demostrado ser una receta venenosa para la industria petrolera. Lo que vemos hoy, después del mayor y más sostenido auge de los precios del petróleo en la historia, es innumerables oportunidades perdidas como resultado, principalmente, de un acuerdo institucional fallido.
No hay escasez de propuestas de reforma institucional, algunas radicales y otras simplemente paliativas, y nuevamente no voy a adelantarme a la discusión. Sin embargo, soy de la opinión de que no hay soluciones mágicas: El nuevo marco institucional debe equilibrar las necesidades de inversión de la industria, las necesidades fiscales del Estado, el interés de los inversores y los requerimientos de los actores nacionales, pero no en el vacío, sino en el contexto de un complejo mercado petrolero competitivo.
Más aún, el nuevo marco institucional debe ser sostenible en lo que puede resultar un entorno muy volátil, económica y políticamente, y por lo tanto debe tener como su característica más destacada la capacidad de adaptación, en caso de que nuestras suposiciones resulten erradas o los resultados inconvenientes.
Lograr un consenso político en torno al marco institucional y la política fiscal es una de las prioridades de cualquier nueva administración. No es una tarea fácil, pero hay muchas experiencias internacionales de las cuales aprender, y suficientes personas inteligentes que piensan en estos temas, que me hacen confiar en que estamos cerca de diseñar un marco institucional que haga posible la recuperación y el crecimiento sostenibles.
También creo que los partidos políticos, representados en la Asamblea Nacional (AN), también han llegado a conclusiones similares, aunque todavía con algún escepticismo atávico.
Cualquier análisis de la industria petrolera venezolana en los últimos doce meses, se puede resumir en dos pensamientos fundamentales: Por un lado, la inimaginable profundidad del colapso de la industria (aguas arriba y aguas abajo), lo que resulta muy desalentador; pero, por otro lado, el enorme potencial (tanto técnico como humano) que se encuentra debajo de esa capa de desesperación.
Existe también una diversidad de opiniones sobre cómo recuperar la industria petrolera venezolana, algunas tienden a ser más optimistas que otras sobre la velocidad o la profundidad de la recuperación. Sin embargo, creemos en la posibilidad de una recuperación robusta, y no porque seamos ciegamente optimistas, sino porque somos racionalmente optimistas.
Otra lección de nuestra historia es que la combinación de una visión poderosa y personas muy comprometidas, le permite a uno concentrarse en las soluciones y no quedarse atrapado en un pantano de dudas. Aunque somos optimistas, no estamos ciegos al hecho de que la industria mundial del petróleo y el gas ha cambiado radicalmente en los últimos 20 años.
La revolución del petróleo de esquisto (shale oil), el nuevo arreglo de los jugadores (OPEP + Guyana), los agoreros del cambio climático, la naturaleza de las reservas de hidrocarburos venezolanas, la salida a bolsa de Saudi Aramco, los problemas de seguridad que se enfrentarán en Venezuela, por nombrar sólo algunas de las variables, configuran un escenario complejo que no existía en la década de 1990, la última vez que Venezuela salió en serio para venderse como la cuenca petrolera preferida.
Todavía somos una cuenca atractiva, pero uno debe ser muy consciente de que la geología ya no es la única variable en la que los inversores confían para tomar sus decisiones, si alguna vez lo fue. Existen amplias oportunidades para invertir en petróleo y gas en todo el mundo, y la competencia para atraer inversiones es feroz. Pero nuestros competidores no tienen una ventaja insuperable, ni nosotros una debilidad irremediable.
Con ese complejo telón de fondo en mente, también es necesario evaluar cuál será el papel del Estado como operador, y en particular el papel de PDVSA y sus filiales, que hoy en minusvalía, tienen poca o ninguna relevancia. Muchos defienden la necesidad de rescatar y reenfocar PDVSA en su función principal como compañía de petróleo y gas, liberándola de las actividades superfluas que hoy en día obstaculizan su eficiencia. Por otro lado, no se puede estar seguro acerca de la reestructuración o del tamaño que PDVSA debe tener sin tener un diagnóstico adecuado; pero el simple hecho de que, como dije anteriormente, hay una nueva realidad en el mercado petrolero, indica que hay un tema donde no se debe tomar decisiones que por obvias pudieran ser erradas.
Hoy en día, hay más de 50 empresas mixtas o en asociación con PDVSA que operan nominalmente en el país. Algunas de ellas han sido clave para mantener una producción mínima de referencia en medio del caos que es Venezuela hoy. No es difícil deducir que algunas de ellas también desempeñarán un papel clave en cualquier recuperación. Cómo gestionar esas empresas es una pregunta importante, cuya respuesta depende de la reinvención de PDVSA, que hoy es incapaz de cumplir ese papel o cualquier otro.
Tampoco hay que olvidar que la industria venezolana de hidrocarburos es mucho más que pozos y barriles de petróleo. La producción y recolección de gas natural, clave para la generación de electricidad, que a su vez es clave para la producción de petróleo, también debe ser una prioridad.
Qué hacer con las refinerías abandonadas, el suministro de combustibles al mercado interno, la reactivación de las plantas petroquímicas, para enumerar sólo algunas, todas son preguntas que piden respuestas, pero que también se presentan como oportunidades para aprovechar.
No podemos pasar por alto el tema de los recursos humanos, existentes y necesarios en cualquier recuperación. Es un desafío que no se puede minimizar, pero, nuevamente, uno que debe abordarse con una nueva perspectiva. 
Reproducir la industria petrolera de finales del siglo XX con todos sus procesos y estructuras no sólo es imposible, sino que probablemente sea un error. La tecnología no sólo ha transformado la manera como se desarrollan y producen hidrocarburos, sino que también ha impactado la forma en que se utiliza la mano de obra y el conocimiento que se requiere; pecaríamos de indolentes si no aprovechamos esas nuevas visiones y también reinventamos la relación labor-capital.
Si el conjunto de incentivos dados al proyecto de inversión en la industria petrolera venezolana son los correctos, los inversores crearán las soluciones que hoy se nos pueden hasta antojar desconocidas. De nuevo se nos presenta la oportunidad como venezolanos de aprender de los mejores.
Antes de terminar, permítanme subrayar cuatro mensajes clave: 
Venezuela sigue siendo una de las principales cuencas de petróleo y gas, geológica y geográficamente.
La estrategia debe preceder a la ejecución, y ahora es el momento de pensar estratégicamente.
La destrucción de los últimos 20 años presenta oportunidades para cambios reales y útiles en el marco institucional.
Dado que la participación de la industria privada y el financiamiento son una parte integral de la recuperación, es clave establecer una visión compartida para la implementación de la recuperación y su sostenibilidad; la colaboración, la integridad y la transparencia son fundamentales para atraer socios privados y financiamiento.
Venezuela fue una vez un faro que atrajo no sólo a petroleros, sino también a inmigrantes de todo el mundo, que vieron muchas oportunidades de mejorarse al participar en la construcción de un país incipiente. Hoy en día, las circunstancias son diferentes, pueden ser aún más difíciles que en el pasado, pero las oportunidades, antiguas y nuevas, siguen ahí, atrayendo a todos los que tengan alma y voluntad de emprendimiento.
Y si antes tuvimos todo el tiempo del mundo como nación para desarrollar y usar el petróleo como motor del desarrollo, las nuevas realidades nos obligan a tomar atajos y con valentía innovar para aprovechar un recurso que pareciera estar en su atardecer. Las generaciones futuras no nos perdonarían que, por defender deseos y creencias, que se les antojarán curiosamente anacrónicos, hayamos puesto en peligro su futuro.


Hay que avanzar con decisión, “antes que el sol se ponga” * .



*Basado en un discurso escrito para la conferencia sobre Venezuela organizada por CWC Group, Houston, Diciembre 2019.

*Presidente de la junta administradora ad hoc de PDVSA.

Saturday, December 21, 2019

NAVIDAD 2019 – Petrolia 2.0 - Públicado en La Gran Aldea 23/12/2019

Publicado en la Gran Aldea


Hace ya 15 años comencé lo que ya para mi es lo más cercano a una tradición: escribir algo para compartir en la época navideña con mis amigos; sustituto un tanto elaborado de esas tarjetas de buenos deseos que acostumbrábamos a intercambiar llegado diciembre.

Todo comenzó, como un ejercicio muy personal, llevado casi siempre por recuerdos que dejaba que afloraran como incipientes ideas, que dejadas a su albedrío pensaba podían tocar una nota sentimental en los que me leyeran: que es la Navidad sino una época para dejar emerger los sentimientos.

Con el pasar de los años he tratado de buscar ideas, que si no novedosas, sirvieran para que el destinatario se sintiera tentado a dedicarle unos minutos a leer mis cortas líneas, y pudiera, bien sonreír, o sentirse nostálgico; la nostalgia y la Navidad son casi inseparables.

En la Navidad del 2005, me topé, por puro accidente, con la idea de Petrolia (http://elrecadero.blogspot.com/2005/12/petrolia-2005-comienzo-escribir-estas.html) : un país imaginario, sin fronteras, donde habitaban los emigrantes venezolanos, para ese entonces en su mayoría petroleros, que todavía soñaban con un pronto regreso a casa. Con el correr de los años, Petrolia se tornó, al menos para mí, en un lienzo en el cual dibujar, cada diciembre, mis esperanzas, y la de muchos otros, por volver a casa; en retrospectiva una ingenua esperanza nunca realizada.

Muchos años han pasado desde que comenzó el goteo de gente fuera de Venezuela, en mi caso más de 12 años. Las gaitas que recuerdo ya son todas “clásicos”. En el camino he perdido a amigos con los que soñaba en la reconstrucción: Gustavo Núñez y Ramón Espinasa, entre otros. Mis padres hoy se marchitan en una Caracas a la que no puedo regresar, como tantos otros. Mis hermanos son un recuerdo lejano, hace tanto que no los veo. Pero también conservo amigos que como compañeros de viaje han hecho de este un periplo mucho más enriquecedor, y que decir de las nuevas amistades que se han ido formando en este mi nuevo hogar y que han alivianado la odisea. 

Hoy, Petrolia es mucho más que los innumerables petroleros expulsados de su tierra, los primeros damnificados de un régimen que ya se asomaba como la némesis de una sociedad adormecida. No sé que nombre se le debiese dar a ese país sin fronteras que es hoy habitado por más de cinco millones de venezolanos que se han visto forzados a dejar su patria, pero a falta de mejor idea la bautizaré como Petrolia 2.0.

En esa comarca, que hoy se extiende por toda la “bolita del mundo”, marcada por ese símbolo de la colonización criolla del siglo XXI, la arepera, la Navidad tendrá seguramente un sentimiento agridulce, es inevitable. Por un lado, la tristeza que ocasiona la distancia y la circunstancia; pero por otro, la realización de que los venezolanos si pueden reinventarse, sin importar la dificultad. Eso es una esperanza para cuando más temprano que tarde haya que reinventar el país, junto con los que hoy luchan en Venezuela día a día. 

En vez de buscar algo nuevo que decir, les comparto a todos, petroleros y no petroleros, amigos todos, un relato que escribí hace ya ocho años y que, para mí, inmerso como estoy en tareas para las cuales necesito renovar esperanza a diario, representa las ideas por las que lucho.

¡Feliz Navidad a Todos!


Thursday, December 15, 2011
Navidad en Campo Rojo


“Sin rencor ahora te digo, que lo nuestro ha
terminado, que este bello amor sagrado para mi, no
tendrá olvido, estoy donde solamente, tu y yo
somos los testigos, cuando tu cuerpo y el mío, en
su piel tierno amorío, se unieron ardientemente.”
Sin Rencor, Abdénago “Neguito” Borjas


El estruendoso silencio que hace una casa cuando todo deja de funcionar, le anunció a Betulio que la electricidad se había ido otra vez. Ya se había empezado a acostumbrar a las ya no tan inesperadas carencias, pero francamente, que se fuera la luz la noche de Nochebuena no era el mejor de los augurios. Betulio maldecía entre dientes, se imaginaba que la hallacas, que con tanta dificultad había conseguido intercambiando favores en el pueblo de Lagunillas, corrían el riesgo de pudrirse en la ahora inerme nevera.

Trató de pensar en positivo, después de todo Campo Rojo era un campo petrolero, y aunque lejos habían quedado los tiempos cuando la compañía se ocupaba de todo, desde el mantenimiento de las alcantarillas hasta cambiar los bombillos de las casas, todavía confiaba en que su amigo Jonás, de la superintendencia de mantenimiento, se estuviera ocupando de restablecer la electricidad. Vaya que Noche.

Betulio salió al porche de la casa que hace ya décadas habían construido los holandeses, se sentó en la vieja mecedora que había sido de su padre y miró al cielo estrellado que lo acompañaba desde su niñez. Estaba solo, Miriam y los niños habían ido a visitar a su hermana en Campo Florida; resignado se balancea en el desgastado mimbre, esperando, remembrando. La noche se ha silenciado, solo se oye el murmullo de voces en las casas vecinas y el lejano ronronear de los carros en la intercomunal. Al final de la calle de asfalto rasguñado se levanta el viejo balancín que alguna vez bebió de las entrañas de la tierra, pero que ahora despojado de vida y maniatado por luces multicolores, languidece.


A kilómetros de distancia, Heriberto se prepara para la Nochebuena. La nieve ha cubierto el jardín de la casa, a pesar del tiempo transcurrido la nieve le sigue maravillando, y no puede evitar recordar el viejo chiste del maracucho que ve entre los arboles nevados a su primer venadito. Para él los recuerdos de las navidades en Campo Rojo se le antojan ahora como postales amarillentas, un pasado lejano y nebuloso; ha dejado ya de contar los años desde la última celebración de la navidad en el campo. Distraído le echa un leño más al fuego que calienta la sala de la casa, a pesar de los años en estas latitudes no se acostumbra al clima; “más frío que culo de foca”, hubieran dicho en el campo.

Otra Navidad fuera de casa. No, esa no era la mejor manera de pensar. Esta era ahora su casa. Él y Erlinda eran los afortunados, el destino les había abierto nuevos senderos, era Navidad en esta su casa lejos de casa. En la sala el Ipod toca la banda sonora de las navidades de su niñez en el campo, gaitas de Cardenales y El Saladillo, “unplugged” como dirían sus hijas. Pronto la casa se llenará de amigos y ahogaran en risas y canciones la nostalgia que todos sienten pero que ninguno admite.

Betulio suspiró aliviado, la electricidad había vuelto a Campo Rojo, y con ello se había salvado la cena de Nochebuena, por ahora. El campo se había vuelto a iluminar, y en las calles se volvía a escuchar la música y las risas que escapaban por las puertas de las casas, todavía abiertas buscando mitigar el húmedo calor de la noche. El aire acondicionado está racionado por considerarse un lujo innecesario.

En las cornetas del viejo CD-player vuelve a sonar una gaita de esas que llaman modernas, llena de sonidos electrónicos que disfrazan el ancestral ritmo del furro. Betulio, sin razón aparente, piensa en Heriberto, su amigo de la infancia, su compañero desde la escuela, la vida los había separado. ¿Es que acaso había valido la pena el fratricidio inducido por el ahora moribundo proceso? Los años habían borrado la sin razón y solo había quedado Campo Rojo venido a menos la noche de Nochebuena. El rencor le había ganado al afecto.

Heriberto, a pesar del frío, sale a ver la noche, de repente se siente atrapado entre sus recuerdos, uno de los grilletes del inmigrante. Camina alrededor de la casa, patea la nieve, que se levanta como una nube que refleja la luz de los faroles. En ese momento, y sin razón aparente, Heriberto no puede evitar pensar, aunque solo sea por unos instantes, en Betulio, su amigo de siempre. La vida los había separado, el afecto no había podido contra el rencor.

Erlinda le grita a Heriberto: “que hacéis allá afuera, metéte a la casa que te vais a congelar las orejas”. Heriberto parece ver una sombra entre los arboles. No, es solo su imaginación. Encogiéndose de hombros se dirige a la casa donde construye nuevas memorias. Mientras camina alcanza a decir, sin saber a quien ni porque: ¡Feliz Navidad Hermano!

Betulio se levanta de la mecedora para llamar por teléfono a Miriam, ¡coño! ¿donde se habrá metido? No quiero estar solo en esta noche de fantasmas. Le parece oír una voz conocida que lo llama, se sobresalta, busca la cara en la calle, pero no ve a nadie. Encogiéndose de hombros camina hacia la puerta de la vieja casa de mil memorias y deja que estas lo envuelvan, murmura entre dientes: ¡Feliz Navidad Hermano!

HORMUZ, FROM A STRAIT TO A TUNNEL

  El Taladro Azul M. Juan Szabo [1] y Luis A. Pacheco [2] Published  Originally in Spanish in    LA GRAN ALDEA       The energy market situa...