Sunday, October 24, 2010

La Hoja en Blanco




Hace ya unas semanas que no encuentro ni el tiempo ni la motivación para sentarme a escribir, tal y como me lo había prometido a mí mismo que lo haría en mis propósitos de año nuevo (2009). No faltan los amigos que, en su generosidad, cuando me ven preguntan por las razones de mi silencio, a lo cual contesto siempre con alguna excusa trivial que me salve de una explicación que seguro no quieren oír.
Para aquellos que como yo intentan chapotear en esto de la escritura, la página en blanco es siempre un obstáculo que luce infranqueable, una barrera atemorizante. No es solo que hay que decidir acerca de que escribir, sino que una vez escrito aquello que uno iba a escribir, debe estar uno dispuesto con estoicismo a escuchar las opiniones de aquellos que adquieren el derecho a opinar como retorno a la inversión de su tiempo en la lectura de lo escrito.
Hace unos meses, aquí en Bogotá, tuve la oportunidad de compartir una tertulia con Ibsen Martinez, uno de mis héroes desde sus tiempos como el libretista de "Por Estas Calles". En esa muy amena conversación, que trató de lo humano y de lo divino, de béisbol, de política y de petróleo, finalmente Ibsen le dedicó lo "mejor" de su verbo a criticar a aquellos, que sin ser escritores de oficio, se atrevían a invadir lo que él veía como su territorio, aprovechando las herramientas cibernéticas, y con resultados en su opinión generalmente desastrosos.
Me imagino que ese día Ibsen, sin premeditación, pero si con alevosía, enterró la posibilidad de que yo escribiera algún día la gran novela petrolera venezolana. ¡Por ahora!
Sirva todo este introito, no para explicar porque no escribo tanto como desearía, sino para aclarar porque la mayoría de las cosas que sí escribo, terminan en el "archivo vertical", léase la papelera.
Contrario a lo que Freud enseñó, el reconocer el origen del trauma no cura la sicosis, al menos en mi caso. La hoja en blanco siempre emerge amenazante, altanera, infranqueable, celosa de su virginidad, ansiosa de no ser profanada por los pixeles equivocados (hoy en día solo los neo-luditas usan papel y lápiz).
La vida, cuando comienza, es también una hoja en blanco. Preñada de posibilidades, de horizontes interminables, de dramas y alegrías que se repiten desde que el mundo es mundo, pero que en lo individual siempre son novedades sorprendentes.
El devenir de nuestras vidas nos obliga a ser los escritores inadecuados de esas páginas. Si tenemos suerte, encontramos en el camino quien nos hable de la sintaxis adecuada y de la conjugación correcta a ser utilizada, pero pocas veces nos enseñan de que escribir; eso debemos aprenderlo en el camino, a la fuerza, con noches oscuras pero también amaneceres, entre mares turbulentos y tranquilas bahías, entre errores y aciertos.
Cuando era niño tenía sueños que poblaban mis noches e iluminaban los días. Mi primera aspiración fue querer ser musculoso a lo Charles Atlas, el ser llamado "el flaco" era demasiado denigrante (ah! tiempos aquellos). Luego quise, humildemente, ser el Papa, sueño que se me antojaba posible pues era solo la progresión natural de la vocación sacerdotal que los jesuitas y mi Tía paterna, Carmen Julia, me habían sembrado. Afortunadamente para la Iglesia, este capricho no duró mucho.
Al sacerdocio le siguió la ambición de emular a Luis Aparicio Jr., sueño natural para alguien criado en la Tierra del Sol Amada, pero para el cuál no tenía ni la ambición ni las condiciones requeridas: era muy mal bate, fue así como migre a jugar en la arquería del equipo de del futbol colegio y de ahí, vía la natación, al waterpolo.
Con la adolescencia, le cedí el control de mis sueños a mis hormonas y a la sentimentalidad. De la mano de mi hermano mayor y su guitarra, aspiré a ser Paul Mc Cartney a su John Lennon, para luego seguir sus pasos en la ingeniería. De la mano de mi hermano menor aspiré a la intelectualidad y a la revolución, lo cual a la sazón me parecían sinónimos. Música y conocimiento son las pasiones de esa época que han perdurado a través de los años, y que hoy me conducen a garabatear páginas.
De muchas caras y experiencias están llenas las que alguna vez fueron página en blanco. No las he escrito solo, infortunado es aquel que escribe su vida en soledad. Tortuoso ha sido el camino que nos ha traído hasta aquí, pero siempre ha sido interesante. Las inevitables lágrimas siempre han regado tierra fértil y se han transformado en nuevas y mejores experiencias.
Aunque toda mi juventud la pasé evitando trabajar en la industria petrolera, mi vida adulta la he transitado en ella. Mi familia, mis afectos, mis amores, mis hijas, mis amigos, mi educación, mis éxitos y mis fracasos, todos son actores en la novela de la industria petrolera de Venezuela, y hoy de Colombia. El petróleo ha sido y continúa siendo generoso conmigo, a pesar de mi precoz y aún continua desafección por él.
El año en que nací, mi abuelo, veterano del Barrosos No.2, se acogía a su jubilación de la entonces Shell de Venezuela, y pasaría el resto de sus días haciendo crucigramas y en discusión solitaria con los narradores de noticieros de televisión.
Hoy, después de un largo camino, que se ha hecho muy pero muy corto, llego al mismo punto en que Luis Julio se encontraba hace sesenta años. Sin embargo, otro es mi destino. Lejos estoy de querer hacer crucigramas como ocupación de vida, aunque discutir con los noticieros de la TV lo llevó en la sangre. Debo construir un nuevo hogar lejos de casa. Aún hay muchas páginas en blanco que llenar, amigos que cultivar, amores que conservar.
El presente nos trae el mayor reto de nuestra vida, contribuir a la construcción del país que nos ha adoptado como suyos, mientras luchamos por recuperar el país que nos vio crecer. Es un desafío en el cual afortunadamente no estoy solo, me acompañan muchos otros que, como yo, aun sueñan y luchan.
Dijo alguna vez el historiador Manuel Caballero: "soy periodista cuando escribo y escritor cuando corrijo". Esta página la escribo aspirando ser lo primero, en la esperanza de que algún día pueda aspirar a ser lo segundo.
La Cabrera, en un domingo frío y lluvioso en Bogotá, un 24 de Octubre de 2010. A mi lado, al calor de la humeante chimenea, Emiliana y Anabella escriben sus discursos de apertura como embajadoras ante la Organización de las Naciones Unidas (versión escolar)…mañana será muy pronto.
Publicado en ABC DE LA SEMANA

Saturday, August 07, 2010

Sukhoi sobre Bogotá

Por enésima vez durante este tiempo en que nos ha tocado vivir en Bogotá, los inquilinos de los Palacios de Miraflores y Nariño, uno de salida y el otro con popularidad en picada, nos asoman a la antesala de un conflicto bélico. Como diría mi abuela: el uno que es llorón y el otro que lo pellizca. Dos países que se confunden en uno, de más de una manera, se vuelven a distanciar sin aparente ganancia para ninguno, para los países digo.

En un lado Colombia, con una confrontación interna de larga data, que uno pudiera argumentar con razón, tuvo su origen en problemas sociales no resueltos, pero que hoy sesenta años más tarde, ha devenido en una violencia irracional generada por grupos armados al margen de la ley. Estos grupos, acosados militarmente y sin una salida política evidente, se limitan a actos de bandidaje en la defensa de intereses económicos asociados a actividades del narcotráfico, y usan a Venezuela y Ecuador como zonas de respiro.

En el otro lado Venezuela, cuya última confrontación violenta de alguna significación fue los levantamientos militares contra la democracia post Pérez Jiménez, y las subsiguientes refriegas con grupos armados de inspiración y financiación Castro-comunistas durante la década de los años sesenta en el siglo pasado. Los guerrilleros de entonces fueron "pacificados" y reinsertados, luego de su derrota militar. Hoy sabemos que los más recalcitrantes nunca abandonaron sus objetivos, y hoy con ideas vetustas, camufladas de "bolivarianismo revolucionario", han resucitado como grupo político dominante, bajo la todavía poderosa influencia cubana.

Dado este telón de fondo, a uno no le queda claro el objetivo de este recurrente sainete entre las dos naciones, que sino por historia sí por conveniencia, estarían destinadas a integrarse. Claro está, la historia no es letra trivial y marca las más de las veces el presente y los futuros posibles, sobre todo cuando los líderes no tienen más que ofrecer que el constante regurgitar de leyendas mal recordadas e interpretaciones históricas de libro de primaria.

La explicación más comúnmente oída es que estos episodios, sobre todo los que se originan del lado oriental de la frontera, no son más que repetitivas distracciones dirigidas a hacer olvidar la falta de gestión de un gobierno que tiene tiempo empantanado, como consecuencia de esa extraña combinación latinoamericana, y particularmente venezolana: incompetencia e ideología. Si a eso agregamos que los militares que dirigen Venezuela, activos o no, han sido secularmente educados bajo la sombra de un potencial conflicto con Colombia, uno puede entender que sus alforjas intelectuales solo contengan como respuesta a los conflictos políticos el batir de tambores de guerra, a pesar de lo destemplados.

De lado de Colombia, no me queda duda que su conflicto interno extrae tal precio económico y social, que poco apetito le queda para estarle buscando camorra al vecino, más allá de los conflictos naturales entre países que comparten tan vasta y activa frontera. Sin embargo, la política no es juego de niños, y capital político siempre se puede extraer de estas situaciones, sobre todo cuando el vecino constantemente "da papaya".

¿Pero cuales son las realidades objetivas? ¿Será posible que el ejército colombiano después de un largo periplo a Maicao, para luego atravesar el puente sobre el río Limón a marcha forzada, ataque y ocupe a Maracaibo, la ciudad del Sol Amada? Digo Maracaibo, pues ocupar San Antonio del Táchira sería como un desperdicio de esfuerzo, ya que para todo propósito práctico esta y Cúcuta tienen décadas recíprocamente invadidas.

Por otro lado, ¿será posible que una de estas madrugadas el silencio del cielo sobre La Sabana sea roto por el ruido ensordecedor de las turbinas de un Sukhoi, señalando así el comienzo del conflicto tan anunciado? ¿La guerra que dilucidará por todos los siglos la trifulca no zanjada entre Bolívar y Santander, y que hace trasnochar al líder bolivariano, mientras Venezuela agoniza de mengua?

Pero si la historia reciente es en algo útil, podemos predecir con certeza que en pocos días el buscador de pleito de hoy se trocará, sin ningún asomo de contradicción, en el constructor de la paz mañana.

Escribo esto en una madrugada Bogotana, algo angustiado, debo confesar, de verme atrapado en la reyerta, pero el ruido que me saca de mi ensimismamiento no es la turbina de un Sukhoi, sino la reconocible voz nasal que colorea kas mañanas sabatinas en esta amable ciudad, y que es más real hoy que cualquier recreación de escaramuzas decimonónicas: " Tamaaaaales, Tamaaaales…"

Sunday, July 25, 2010

Aviones y Otros Artefactos




Después de abordar el quinto avión en sólo tres días, uno puede ser perdonado por pensar que la vida es nada más que una sucesión de vuelos, y que lo que pasa en la tierra abajo es de poca o ninguna importancia. Entre aterrizajes y despegues, asientos incómodos, bebidas gaseosas, comida de avión y sueños intermitentes, el tiempo transcurre en lo que pareciera ser otra dimensión, brumosa y aislada del mundanal ruido.
Si a eso le agregamos esos inventos de la vida moderna, el IPOD y la LAPTOP, con los cuales uno intenta mitigar el eterno aburrimiento de ir de un lugar a otro, bien sea en la búsqueda de entretenimiento, o como continuación de aquello que pasa por trabajo para el hombre moderno, uno comienza a ver el mundo tan plano y estéril cómo las pantallas de esos artilugios.
En ese mundo electrónico bidimensional que hoy nos rodea, hasta las páginas crujientes de los libros han empezado a ser sustituidas por nuevos artefactos que reclaman para sí la capacidad de guardar en memoria más páginas que toda la Enciclopedia Británica – suerte de Wikipedia de papel para aquellos de mis lectores que hayan olvidado o nunca hayan oído de ese monumento a la hoy fallecida hegemonía intelectual de la Isla de Albión.
Es solo cuando uno llega a un aeropuerto, y enciende ese otro artefacto de esclavitud moderna, el teléfono celular, que una suerte de realidad retorna a nuestras vidas. La marejada de datos que hoy tomamos como información, represada durante nuestra ausencia aérea, inunda rápidamente estos artilugios casi milagrosos, despertándonos rápidamente a la vida que transcurría mientras volábamos.
Con toda rapidez nos reencontramos con la última ocurrencia en algún recóndito lugar del planeta. Nos enfrentamos con los problemas que antes podían esperar días a ser tratados, hoy transformados en emergencias por virtud de su inmediatez; y alguna que otra vez somos sorprendidos por un mensaje de esa persona que nunca puede ser sustituida por 0's y 1's.
Uno aprende rápidamente, mientras espera la próxima conexión, a vaciar la bandeja de entrada y a llenar la salida, en una aproximación cibernética a lo que antes se conocía como trabajo y que un amigo alguna vez llamó: "ingeniería postal".
Hete aquí entonces que hemos sustituido las muy pensadas y artesanales cartas de antaño, por la rapidez del correo electrónico. La enrevesada llamada telefónica transoceánica, por la inmediatez de la videoconferencia o el "chat". Pero ayer como hoy, las ausencias se cuentan en interminables horas, que no hay tecnología que acorte. No hay sustituto para la calidez del abrazo o el aliento que despide la sonrisa que con nostalgia llevamos en la memoria.
Pero no se me malentienda, no expreso los mandamientos de un nuevo Ludismo, todo lo contrario. Para alguien que pasa fuera de su casa tanto tiempo de su vida, el tener esta tecnología es una tabla de salvación, casi la única manera de intentar mantener contacto con los afectos. Los eventos de los últimos años nos ha llevado a ser trashumantes aéreos y por necesidad artilugio-dependientes; si estos no existieran, habría que inventarlos.
Escribo esto a 35.000 pies de altura en el teclado de mi HP, oyendo en mis audífonos a Pedro Castillo cantar "Rio", a la espera ansiosa del aterrizaje y de la próxima oportunidad de conexión con la vida que transcurre mientras volamos. A mi lado, mi vecino de asiento teclea furiosamente en su laptop, en un intento infructuoso de recuperar tiempo perdido. Seguro que él también extraña...

Publicado en ABC DE LA SEMANA

Friday, April 23, 2010

SER UN EX



Hace unos pocos días recibí una nota vía “Facebook” de una gran amiga, periodista y alguna vez compañera de trabajo y de quién no sabía hacía ya tiempo, preguntándome si estaría interesado en hablar con una de sus colegas del diario El Mundo, en Caracas.
Según entendí de la corta y afectuosa nota, la reportera en cuestión quería entrevistar a ex - trabajadores de PDVSA que estuviesen trabajando todavía en el sector, pero en empresas fuera de Venezuela. Por pura coincidencia, o quizás no, el diario El Nacional publicó esta misma semana una nota muy extensa sobre un grupo de petroleros venezolanos que han encontrado alguna fortuna construyendo una compañía petrolera en Colombia.
Debo confesar que la nota de mi amiga me generó sentimientos ambiguos. Por un lado, alegría, como petrolero, por la oportunidad de usar el vehículo de la prensa venezolana para hacer visible frente a la opinión pública venezolana, que poco a menudo se ocupa, a los más de 20.000 trabajadores que fueron despedidos de PDVSA durante el período 2002-2003. Pero por el otro lado, sentí tristeza, como individuo, que a pesar del tiempo transcurrido y los baches sorteados durante más de 7 años, uno siga siendo calificado como un ex-“algo”.
Esta línea de pensamiento me llevó a rumiar que en la vida, si uno trabaja y tiene algo de suerte (mala y buena), uno evoluciona de una etapa a otra. Esto hace que la vida pueda ser vista, de una manera simplista, y en mi opinión errada, como una sucesión de ex(s).
Ex–alumno de tal cuál colegio o liceo, ex-jugador de tal o cual deporte, ex-miembro de tal o cual grupo, coral, partido político, equipo deportivo, universidad, compañía y hasta ex – esposo(a). Esas son muchas de las descripciones que pueblan nuestras vidas y que sirven de muletillas convenientes para describirnos, tanto positiva como peyorativamente. Suerte de etiquetas de conveniencia y faltas de profundidad. Valga la pena anotar que, salvo en situaciones excepcionales, uno nunca se transforma en ex – hijo(a) o en ex –padre (madre).
La connotación positiva de ser ex(s), se deriva de si la membrecía que se reclama nos da autoridad o preeminencia ante nuestro grupo social, como si de una condecoración de batallas ganadas se tratara. Lo negativo, por otro lado, se desprende de cuando esa misma membrecía nos asocia con algo que el grupo considera como una mácula denigrante o censurable. Más aún, si a ver vamos, esto de los ex(s) pareciera implicar que es más importante juzgar a alguien por la acumulación de ex(s) de un pasado reciente o lejano, que juzgarlo por las realidades del presente.
Es ese presente, y la real posibilidad de contribuir a nuestro futuro y el de nuestro entorno, lo que determina nuestro verdadero valor de cara a la sociedad, y en última instancia ante nosotros mismos. Mi colección de ex(s) describe lo que fui, y quizás hasta mis posibilidades de ser, pero no determina ni me da licencia, sobre el presente. Eso solo lo hacen mis actos de hoy en día.
En el caso que nos ocupa, el gobierno que en mala hora nos tocó, quiere convertirnos también, como si de etiquetas se tratara, no solo en ex-PDVSA, sino también en ex- venezolanos.
Es así que desde hoy en adelante propongo eliminar el apelativo de ex – PDVSA, para denominar a aquellos que dedicaron sus vidas a construir la industria petrolera que ayudo a ensamblar la Venezuela del siglo XX. Si las cualidades humanas que los llevaron a dedicar, y en algunos casos a sacrificar sus vidas, están todavía hoy presentes en sus quehaceres, en Venezuela o fuera de ella, estén o no cerca del petróleo, no son ex(s), sino son y seguirán siendo merecedores del mejor título que se puede tener en una sociedad libre: Ciudadanos.
Así que apenas termine de escribir y revisar estas cortas líneas, le enviaré una nota a mi amiga diciéndole que estoy más que dispuesto a conversar con la reportera de cómo los venezolanos, petroleros o no, dentro y fuera de los confines de la patria, demostramos que si se puede construir a pesar de las dificultades y por encima de los apelativos.
El día que Colombia, que es donde hoy nos toca en suerte estar, tenga a bien recibirnos formalmente como parte de sus hijos, añadiremos un gentilicio, pero tengan por seguro que nunca seremos ex-venezolanos.
Publicado en ABC DE LA SEMANA

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Tuesday, March 02, 2010

LA NEO-APERTURA PETROLERA




“La imitación es la forma más sincera de la adulación”, Charles Caleb Colton (1780–1832)



“El ministro de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez, anunció anoche que el consorcio español Repsol y el estadounidense Chevron, entre otros, ganaron la licitación para la participación en el desarrollo de los bloques Carabobo 1 y 3, respectivamente, de la Faja Petrolífera del Orinoco.” Ultimas Noticias, Febrero 11, 2010.

Con este anuncio, y después de un largo y tortuoso camino de años de negociaciones tras bambalinas y anuncios fallidos, PDVSA finalmente logró adjudicar parte de la cuantiosa reserva de la Faja del Orinoco para su desarrollo.

Sería muy fácil escribir irónicamente sobre lo paradójico de este hecho, después de todo, este gobierno lleva la mayor parte de de los últimos 35 años denigrando de la participación privada, y sobre todo extranjera, en el sector de hidrocarburos.

¿35 años? Seguro te equivocas, pensará mi avizorado lector ¡Este gobierno “solo” lleva once años! Sí, pero no. La ideología de anti participación privada es atávica en los venezolanos. Se pudiera decir que esta “idea fija” data de los escritos de ese gran venezolano Rómulo Betancourt (recogidos en el libro: “Venezuela, Política y Petróleo), quién sembró la semilla del final de las concesiones, la creación de la compañía estatal, la eventual estatización de la industria petrolera y la mayoría de los prejuicios que pueblan la mente de nuestra clase política sobre el tema petrolero – tantos blancos y azules como rojos.

Pero no hay necesidad de volver tan atrás. Durante el debate que llevó a la estatización en 1975 (hace 35 años), gente como Alvaro Silva Calderon, Gastón Parra, Potella, Mieres y otros miembros del panteón de la “izquierda borbona” (Teodoro Petkoff dixit), se opusieron de manera militante al artículo 5 de la LOREICH (Ley Orgánica que Reserva al Estado la Industria y Comercialización de los Hidrocarburos). Recordemos que ese artículo establecía las condiciones generales para la participación de compañías privadas en el sector recién entonces estatizado.

Luego, en la década de los noventa, los mismos actores fueron los más acérrimos enemigos de la estrategia de “Apertura Petrolera”, aliados al entonces diputado Alí Rodriguez Araque, desde siempre vocero político de las ideas recalcitrantes del Prof. Alemán: Bernard Mommer. Estos dos personajes se encargarían luego, el primero ejecutando y el segundo proveyendo los argumentos, de la destrucción sistemática de PDVSA; labor esta que finiquitó, también bajo la tutela de Mommer, Rafael Ramirez.



No es este el lugar para una defensa sopesada de la estrategia de Apertura Petrolera, mejores mentes ya lo han hecho y lo continuarán haciendo. Además, que mejor defensa de esa estrategia que la Ley de Hidrocarburos y la Ley de Hidrocarburos Gaseosos, ambas aprobadas bajo esta administración. Estas leyes reivindican explícitamente la participación del capital privado, al eliminar la reserva del estado sobre el sector.

Y qué decir de los más de un millón de barriles diarios de producción que dicha Apertura llegó a aportar, aún durante los tiempos más turbios de la década que acaba de terminar, y antes de que PDVSA siguiera la ruta del “auto suicidio” y decidiera tomar control operacional de esos barriles – pero ese es otro tema.

La verdad de la Apertura Petrolera, es que ella recobró para Venezuela su debido lugar como una de las provincias petroleras más atractivas del planeta. En particular, la apertura en la Faja del Orinoco hizo que esta gigantesca acumulación dejase de ser una quimera, y se convirtiera en una realidad, haciendo de los campos de gamelote en el oriente del país, un desarrollo petrolero moderno. Devolviéndole a Venezuela, entre otras cosas, el posicionamiento estratégico que había perdido frente a sus reales competidores/aliados, los países de la OPEP.

Pero estos no son los primeros proyectos que este gobierno anuncia con bombos y platillos: la Plataforma Deltana, el proyecto Mariscal Sucre (ex Cristóbal Colón), el proyecto Rafael Urdaneta, son todos la consecuencia lógica de los logros de la Apertura Petrolera de los años noventa, aunque su progreso a la fecha deje muchísimo que desear y no sean hasta ahora más que promesas no materializadas.

El Ministro responsable de PDVSA, hace esfuerzos para explicarnos porque está nueva apertura es mejor que la anterior. Que si la regalía, que si el impuesto, que si la mayoría, que si el bitumen. Malabarismos verbales y numéricos cuya flacidez denota que, aunque el Prof. Mommer ya no habita en el ministerio, sigue siendo el libretista. Habría que preguntarle al ministro: ¿quién le devuelve al país las oportunidades perdidas, a consecuencia del laberinto ideológico en que han estado deambulando por la última década?

Ha tomado la mejor parte de once años para que este gobierno reconozca lo que ya era obvio en los noventa: que las oportunidades petroleras venezolanas siempre serán más que lo que la compañía estatal por si sola puede acometer, la de antes y qué decir de la de ahora; y que la autarquía petrolera es incestuosa y en última instancia ineficiente. De que valen declarar las reservas de hidrocarburos mayores del mundo cuando se tiene una industria petrolera alicaída e ineficiente.

Sin embargo, no nos hagamos ilusiones de que estos nuevos proyectos tendrán el mismo éxito que la Apertura original, aunque como venezolanos esa debería ser nuestra esperanza. Como buen exponente del “doublé think” orwelliano, este gobierno en cualquier momento puede da una voltereta y convertir a sus nuevos socios de héroes en villanos y descarrilar los proyectos, ya lo ha hecho antes.

Las compañías que hoy hacen la apuesta a Venezuela saben que toman un gran riesgo al negociar con el actual gobierno. Pero hoy día, las oportunidades de acceder a reservas de la magnitud que Venezuela ofrece son casi inexistentes y me imagino que en su mente dirán que el tiempo juega a su favor y otros vientos soplarán para cuando de verdad haya que desembolsar su dinero.

Hete aquí entonces que la maltrecha PDVSA de hoy, ante el creciente deterioro de su capacidad de ejecución y su declinante producción, y en una posición de franca minusvalía técnica y gerencial, retoma el camino trazado por la Apertura Petrolera, convalidando la visión y la estrategia que hace ya tres lustros se fraguó.

Esta vez, y esto hay que subrayarlo, sin que un solo político, ni de un lado ni del otro del espectro ideológico, haya emitido la más mínima opinión. No sé si esto es señal de un nuevo acuerdo nacional implícito sobre el tema, o como me temo, producto de la indiferencia e ignorancia con la que ahora se tratan los temas importantes de la Nación y en particular el petróleo.

En fin, la faja del Orinoco sigue siendo, hoy como ayer, la clave del futuro petrolero de Venezuela y debemos observar con interés este nuevo capítulo, y rogar que en esta ocasión, a pesar de los defectos que se le puedan asignar a esta neo-apertura (mis minúsculas), el aforismo popular, “nunca segundas partes fueron buenas”, no se haga realidad. Esperemos que un futuro gobierno no se vea en la obligación de enderezar los entuertos que hoy no aparecen a simple vista en estos proyectos, pero que de seguro existen.

No es la reivindicación adecuada, pero estoy seguro que quienes antes idearon y materializaron la Apertura Petrolera, les costará no esbozar una sonrisa...

Reproducido en : ABC de la semana, marzo 2010
y en Analitica.com, marzo 2010

Sunday, February 07, 2010

EL REGRESO AL SILENCIO

A Laureano Marquez
Laureano: Hace ya algún tiempo, mi amigo Gustavo Nuñez y yo no sentamos a conversar sobre la necesidad de sembrar en los venezolanos la esperanza de futuros más allá de la desesperanza aprendida. De esas conversaciones salió la idea de hacer un "piloto" de un programa de radio con esa idea en mente.
Algo muy similar al escrito que aquí anexo fue la semilla de un programa que finalmente produjimos de manera artesanal, pero que no fuimos capaces de mercadear con éxito.
La alharaca creada por tu columna de "Venezuela sin Esteban" es para mi evidencia de que Venezuela quiere creer en las posibilidades del futuro. Vaya entonces esto como homenaje a tú valor y dignidad, y con el permiso de Gustavo.


Han pasado algunos años desde que Coromoto Rincón estuvo en su última marcha a comienzos de la década. Aunque aún conserva una descolorida gorra tricolor como recuerdo de esa época trastocada de su temprana juventud. Coromoto, más por desidia que por nostalgia, como la gran mayoría de los venezolanos, había escogido almacenar en el desván de su memoria esos días de pitos y banderas, de Marta y de Villeguitas, de Liliana y de Iris, de Henry y de Calixto, de muertes inútiles y de héroes perecederos.
Coromoto aún puede oír en su cabeza el ritmo tribal de las cacerolas – clan, clan, clan, clan – y el ensordecedor sonido de los altavoces que conminaban, la mayoría de las veces, a una esquiva batalla, que siempre le recordaba una película de romanos, aunque ya había olvidado cual.
Todas estas imágenes y sonidos, que normalmente se agazapaban en su inconsciente, afloraban de cuando en cuando; sobre todo cuando la envolvía ese estado de sopor, ni dormida ni despierta, que experimentaba a menudo en el viaje en Metro entre Parque Carabobo y El Silencio, después de un largo día de trabajo. La mayoría de las veces, Raquel, su gran amiga desde el Liceo, era su compañera de este cotidiano viaje subterráneo y su incesante cháchara la distraía. Hoy Raquel no la acompañaba, tenía un nuevo empate y esto siempre ocasionaba que Raquel subiera a una nube más alta de la que normalmente ocupaba y le diera por perderse por días – Ah! Raquel, siempre soñando…
La soledad tumultuaria que acompañaba hoy a Coromoto, en el apretujado vagón de la Línea 2 del Metro, la hizo divagar: “¿Dónde estaría Hugo, sus cubanos, sus aplaudidores de oficio, sus enemigos y todos los demás actores de ese sainete en que se había convertido la política venezolana de principio del siglo XXI? Parecía un sueño, o mejor una mala pesadilla, que hace tan solo unos años esos personajes, hoy convertidos en cómicos recuerdos en la conciencia de los venezolanos, hubiesen dictado nuestras mas pequeñas acciones y pensamientos.”
Coromoto no entendía mucho del tema, pero le había oído a uno de su profesores una vez hablar sobre esa época: “…cuando finalmente entendieron que reclamábamos un futuro, cualquier futuro, desaparecieron en las páginas de la historia, no sin antes llevarse por delante lo que quedaba de la vieja política, esa que llamaban de la cuarta, y destruyeran lo poco que de convivencia social había sobrevivido de la Venezuela del siglo XX.
El destructor del pasado logró su objetivo, sin percatarse que su destino era el mismo que el de ese pasado. De otra manera no podía ser. ¿Después de todo qué había sido él sino la sombra de todo eso que criticaba? La síntesis de todo lo inútil y estéril de la Venezuela de héroes a caballo. Muerto y enterrado ese pasado, el sepulturero trastabilló y cayó en la misma fosa.”
Pero para Coromoto eso no eran más que palabras que recordaba pero que no entendía del todo. Lo relevante era que esa noche tenía una cita con Elio. Quizás hoy, después de tantos meses, Elio tendría el coraje de proponerle enseriar la relación, ya era tiempo.
Coromoto había conocido a Elio unos años después de de la muerte de Efraín, su compañero desde la adolescencia y el padre de la niña de sus ojos, La Beba. Efraín había sido una de las últimas víctimas de los “malandros” que habían convertido El Silencio en su coto particular, antes que el Alcalde Medina le declarará la guerra frontal al hampa. Muerto en el tiroteo cruzado de bandas que disputaban territorio.
Elio era un colirio para los ojos de Coromoto: moreno, bien parecido; recién se había graduado como técnico en informática en el Instituto Carlos Barberii, uno de los nuevos institutos privados promocionados por el Ministerio de Desarrollo Educativo. Ya su jefe, supervisor de informática en una de las nuevas compañías petroleras nacionales, le había prometido un ascenso. Los fines de semana Elio tocaba guitarra eléctrica con un conjunto de Salsa en el Gallo Saltarín.
Hace uno meses Raquel había convencido a Coromoto de que necesitaba despertar de la tristeza de su luto, y que debía, por su bien y el de la Beba, construirse un nuevo futuro. Las dos fueron al Gallo Saltarín a echar un pie, y ahí los ojos de Coromoto se entrelazaron con las miradas que Elio ensimismado le disparaba desde donde tocaba la guitarra al son de la Salsa Brava.
Elio y Coromoto compartían la memoria de los tiempos de cólera de principios de siglo, y aunque ni hablaban ni pretendían entender de política, se comunicaban a través de esa historia compartida, que como amalgama emocional, había empezado a unir a lo que ya se empezaba a llamar la generación de los sueños posibles.
Elio, como Coromoto, también había marchado durante esos días de odio filial, pero en el otro bando, aunque esto nunca se lo había dicho a Coromoto. Después de todo eso estaba en el pasado. Pasado que ninguno de los dos quería revivir.
En el transcurso de unos pocos meses después del primer encuentro, Elio había pasado de amigo a compañero y luego de manera casi inevitable a amante. La Beba, que al principio lo miraba con ojos desconfiados, había empezado no solo a aceptar sino a desear la presencia del hombre que hacía sonreír a su mamá.
Bajo la presión sutil de Coromoto y el acoso no tan sutil de la mamá de ella, Elio había empezado a sentir una ansiedad que no había experimentado antes. Sin embargo, se sentía optimista y esperanzado con la posibilidad de construir un futuro en común con Coromoto y su Beba. Optimismo esteque no hubiese sido posible hace unos años, cuando el duelo político entre los dos bandos, y a espalda de lo que la gente en realidad deseaba, había casi aniquilado las posibilidades de soñar.
El tren empezó a desacelerar, Coromoto dejó de remembrar, la estación de El Silencio era su estación. Coromoto vivía, junto con su mamá y la Beba, en uno de los recién renovados apartamentos en El Silencio. La Fundación Carlos Raúl Villanueva, financiada por El Banco Interamericano de Desarrollo, había comenzado a recuperar el ambiente de humanidad que su creador había visionado y que años de desidia habían dejado en el abandono y la miseria. Aunque la vivienda era modesta, era limpia e iluminada, pero sobretodo era su casa, la primera de su familia.
Coromoto y su madre ambas trabajaban. La una era secretaria en un bufete de abogados de la defensoría pública, y Coromoto, que estaba culminando sus estudios como Técnico en Turismo, empezaba a labrar su propio negocio en una pequeña agencia que organizaba tours en el centro histórico de Caracas y que ella había fundado con algunos de sus compañeros del Instituto, usando un crédito del Fondo de Desarrollo turístico.
En las mañanas, en el camino a sus trabajo, dejaban a Beba en la guardería vecinal, donde no solo la cuidaban con devoción, sino que también aprendía a compartir con los otros chamos que también eran hijos de amores de principios de siglo. Porque si algo hay que sobrevive, aun a la política, es el amor de dos cuyas estrellas se han entrelazado
Elio había prometido venir a buscarla temprano y tomarse un café en el Café de Julián. Ese lugar les gustaba, podían no solo tener privacidad, sino también usar una de las computadoras que conformaban lo que Elio llamaba El Ciber del Silencio, o curiosear las nuevas revistas u oír la música de moda.
Elio, como siempre, estaba retrasado. y durante ese tiempo Coromoto cavilaba acerca de si Elio era todo lo que aparentaba ser. Mientras esperaba, sentada en una de las mesas cerca de las amplias ventanas, no pudo evitar observar como El Silencio se desnudaba de su traje de diario y empezaba a desplegar su atuendo vespertino: los cafés en las aceras se empezaban a llenar de parejas en actitud de cuchicheo, las librerías de trasnocho encendían su vidriera con los últimos títulos de Monte Ávila, los artistas parecían haber decidido que el Silencio era el lugar para ver y ser vistos.
Coromoto sintió como el corazón le daba un vuelco. Elio acababa de aparecer a la vuelta de la esquina y se dirigía hacia ella sonriendo. En su mano izquierda cargaba el estuche de su guitarra eléctrica y en su mano derecha una rosa… ¿y por qué no? Coromoto sentía que todo era posible…

Sunday, December 06, 2009

Navidades en Petrolia - ¡Que Molleja de Frío!



Hace unos días recibí un correo de mi amigo Lino invitándome a ver, a través de YOUTUBE, un video de un festival de gaitas zulianas en Canadá. Debo confesar, aquí y ahora, que a pesar de haberme criado en Maracaibo, nunca he sido muy fanático del género, esto sin duda debido a mis inútiles esfuerzos por aprender a tocar la “charrasca” y pertenecer a un grupo gaitero, en mi ya lejana adolescencia.
A pesar de ello, como cualquiera que haya crecido bajo el sol marabino, siento “un nudo en la garganta” oyendo a Ricardo Aguirre interpretar “La Grey Zuliana”. Más aún, puedo cantar la “Cabra Mocha”, “Sentir Zuliano”, “Aniceto Rondón” y hasta la “Gaita Onomatopéyica”. Sé distinguir entre el Padre Vílchez, Abdenago “Neguito” Borjas y Gustavo Aguado.
Con ese bagaje de recuerdos y ambigüedades, me dispuse a curiosear lo que Lino me había enviado, después de todo no había más nada que perder sino tres minutos y medio, y ese día en particular el tiempo no era objeción : http://www.youtube.com/watch?v=v5XMFZiYlnY
No crea mi paciente lector que este artículo es entonces un intento a la crítica musical, no faltaría más… aunque debo confesar que fui sorprendido por el talento de los gaiteros y en particular por las habilidades de “furrero” de Lino. Lo que si debe quedar claro es que, si uno es petrolero y además zuliano, la navidad no sería tal sin el sonido escandaloso de una gaita, así esta venga de más allá de ninguna parte.
Hace ya unos años, estando en Ciudad de México, me topé con un lugar ficticio que me di en bautizar como “Petrolia”. Petrolia no está en ninguna parte, pero al mismo tiempo está donde quiera que estén los petroleros venezolanos. Aquellos que habiendo perdido su trabajo en los sucesos del 2002-2003 en PDVSA, o antes, a raíz de la llegada de Chávez al poder, se diseminaron a todos los rincones del mundo en búsqueda de las oportunidades de vida que su propio país les negaba, y aún hoy les continua negando.
Para mí fue una sorpresa muy enriquecedora ver cómo aquellas líneas, escritas entonces como catarsis personal, terminaron resonando en el corazón de mucha gente, conocidos y desconocidos, en dondequiera que la “Web” abría un buzón.
En los cuatro años que han pasado desde entonces, venido diciembre, Petrolia aflora en mi subconsciente, con vida propia. El nombre del lugar sigue siendo el mismo, los habitantes nos hemos echado a cuestas unos años más y ciertamente no somos los mismos, labrados como hemos sido por las experiencias, buenas y no tan buenas.
Hemos visto crecer a nuestros hijos en los más extraños parajes o en algunos casos lejos de nosotros. Algunos continúan la vida del nómada, sin afectos. Otros han logrado echar raíces en tierras que nunca soñaron en conocer y que los han recibido con cariño. Los que quedaron en Venezuela, son parias en su propia tierra, victimas del odio filial que genera el barinés.
Durante este tiempo, hay amores que han languidecido y otros que se han hecho fuertes ante la adversidad. Hay tantas historias como lugares, tantas risas como lágrimas. Por cada historia triste conseguimos una que nos hace creer en la validez de la esperanza.
Cuando escribí por primera vez sobre Petrolia, buscaba motivación en la descripción de aquellos que veía enfrentar su destino día a día con más valentía y entereza de la que yo me sentía capaz. Buscaba esperanza en aquellos que se esperanzaban con una vuelta temprana a casa. Con el correr del tiempo empecé a reconocer, junto con los “petrolienses”, la necesidad de salir del duelo estéril y construir nuevas vidas.
¡Es Navidad! En nuestra tradición tiempo de esperanza. Tiempo de compensar a nuestros afectos, los viejos y los nuevos, algo del tiempo perdido. Tiempo de darles sonrisas a nuestros hijos, de abrazar las posibilidades de un nuevo año, de volver a creer en lo posible.
¡Es Navidad! En Riad, Houston, Caracas, Fort Mc Murray, Moscú, Buenos Aires, Lagos, Lagunillas, Maturín, Bogotá, Maracaibo; bajo nieve o en el desierto; en la ciudad más moderna o en el taladro más recóndito; donde quiera que haya un habitante de Petrolia, hay un pedazo de Venezuela. Un pedazo de la Venezuela posible, de la que construye, de la que no cree en el fatalismo, de la que se rebela en defensa de su libertad, de la que se niega ser atada a los héroes de bronce de nuestras plazas.
Escribo esto en una fría noche de Bogotá, donde el silencio ensordecedor en mi apartamento, me hace regresar a aquella calle arbolada, a Sinaloa 224, donde atisbé por primera vez a Petrolia. A los moradores de la ciudad de mi imaginación les envío mi afecto y admiración, donde quiera que ellos estén
Vuelvo a ver el video en YOUTUBE, gaita en la zona gélida, y no puedo sino arroparme con el calor de la sonrisa de los gaiteros, y en mí imaginación puedo alcanzar a oír, como si estuviera allí, al maracucho que grita: ¡Que molleja de frío!
P.D. Cuando escribí por primera vez sobre Petrolia, pensaba que el exilio iba a ser corto. No una muy buena predicción para alguien que se gana la vida atisbando hacia adelante. Hoy mis sentimientos son ambivalentes. Soy de los sortarios, mi nave ha encontrado refugio en un puerto que me ha recibido sin ambages, y mis compañeros de travesía han resultado ser grandes seres humanos. Todo me dice que el viaje será largo, pero mi alma aún abriga la esperanza, de si no el regreso, al menos del reencuentro con mis afectos. Tengo también la esperanza de que esta sea mi última carta desde Petrolia, y la primera desde ese nuevo hogar que nos debemos a nosotros mismos construir. Aunque el primer amor nunca se olvida, el último es el que debemos preservar.
¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

Wednesday, December 02, 2009

¿PARO? ¿CUAL PARO?


“…es evidente que se escribirá una historia, la que sea, y cuando hayan muerto los que recuerden la guerra, se aceptará universalmente. Así que, a todos los efectos prácticos, la mentira se habrá convertido en verdad. ... El objetivo tácito de esa argumentación es un mundo de pesadilla en el que el jefe, o la camarilla gobernante, controla no sólo el futuro sino también el pasado.” - George Orwell, 1939



Todavía puedo recordar con nitidez la reunión entre Alí Rodriguez Araque, para ese entonces presidente de PDVSA, y todo el grupo de alta gerencia de la petrolera estatal, tanto de Caracas como del resto de las zona operativas, realizada finales de noviembre de 2002 en el auditorio del CIED, en la urbanización La Tahona en el este de Caracas.

En mi memoria muy personal, tomo esta como una de esas instancias que pudieran haber cambiado el curso de los eventos. Los más de cincuenta ejecutivos, uno a uno, comunicaron la situación del área a su cargo y describieron en detalle los planes de contingencias diseñados para enfrentar la creciente amenaza de una paralización de las operaciones de la petrolera.

Se presintió entonces, como se hizo obvio en las semanas que siguieron, que Rodriguez Araque no tenía ninguna intención de buscarle solución a las situaciones que su cuerpo gerencial le describía en detalle, y que habían acentuado la crisis bajo el ojo indiferente del político vestido de petrolero: la promoción de una gerencia política paralela, el acoso de parte de los cuerpos de seguridad internos y externos, la falta de decisiones para mediar en la anarquía institucional, etc.

La confrontación, y con ella la destrucción de la institución, parecía ser su único objetivo. La máscara de estadista que por algunos años le había presentado al país, se caía estruendosamente. En retrospectiva, era ingenuo esperar que su comportamiento fuera diferente. En su reciente artículo publicado en el Diario El Nacional, “El Cero Como Meta”, la periodista Milagros Socorro, hace una disección brillante de este personaje.

Siento una obligación moral de seguir dejando un registro de mi manera de ver la época del Paro, con todo y su sesgo. Sin embargo, los episodios me son dolorosos. Aún hoy sigo sin poder entender el odio intransigente, representado en el dúo Chávez/Rodríguez y otros actores, que condujo a esos días aciagos, y que confieso quisiera poder dejar atrás. En descargo entonces de esta obligación auto impuesta, retomo un artículo que publiqué en el diario El Nacional en Diciembre del 2003.

Lo que escribí entonces sobre PDVSA y sobre los hechos del Paro Cívico, son hoy más verdad que nunca, aunque el tiempo ha demostrado que la corporación tenía mas resiliencia de lo que la que mayoría pensaba. De la misma forma, sigue siendo verdad la incapacidad de la oposición democrática de entender el porqué el Paro ocurrió, y cuáles han sido las consecuencias de no asumirlo como propio. De una manera inexplicable han caído en la trampa de satanizar sus propias batallas y hacen resonancia a la falaz historia oficial

“Pdvsa, el gigante agonizante
El Nacional - Sábado 13 de Diciembre de 2003.

A juzgar por la millonaria campaña publicitaria que Pdvsa lleva a cabo en los últimos días, en el ánimo de hacernos creer que las ruinas de la maltratada empresa nacional es una mejor compañía que aquella que fue construida en el previo cuarto de siglo, pareciera que los venezolanos tuviéramos válidas razones para celebrar la destrucción de lo que hasta hace poco fue ejemplo de la Venezuela posible.

La única manera de sacar lecciones del doloroso hecho concreto del Paro Cívico Nacional de finales de 2002, y en particular del desmantelamiento de Pdvsa, es comprender que tales conmociones sociales, como los terremotos, son el producto de acumulaciones de tensiones a lo largo de un largo período de tiempo.

La relación del petróleo y los petroleros con la sociedad venezolana ha sido, y continúa siendo, tensa y muy ambigua. Los petroleros han sido siempre catalogados como una casta privilegiada, arrogante, e indiferentes a las realidades del país, convirtiéndose en un blanco aceptable para todas las fuerzas políticas, sin excepción.

Para las fuerzas políticas que constituyen la base del actual gobierno en particular, el petróleo no es más que un arma de dominación política y social, y los trabajadores petroleros un obstáculo secular en su ruta al acceso y entronización en el poder.

Cuando la historia sea contada con el desapego de la distancia, descubriremos cómo en la primera semana del paro la presidencia de Pdvsa desarticuló la organización que decía querer estabilizar, sustituyendo a los gerentes operacionales más importantes, quienes se mantenían en sus puestos de trabajo, e introduciendo elementos de discordia en una ya candente situación, reviviendo las condiciones y las personalidades que habían llevado a la crisis de abril de 2002.

A lo largo de los siguientes días, y de una manera sistemática, la presidencia de la corporación estatal fue suspendiendo todo el liderazgo natural de la empresa, eliminado toda posibilidad de que ese liderazgo contribuyera, como estaba dispuesto a hacerlo, a amortiguar una situación operacional y organizacional que amenazaba con desbordarse.

De esta manera, y sin olvidar las llamadas de la oposición política, los hechos de Altamira, el paro de la flota petrolera y otros factores externos, Pdvsa tomó un curso de acción que resultaría catastrófico. A estas acciones siguieron la toma militar de las instalaciones, la institución de listas negras de personal y el llamado a la “toma popular”, que hicieron casi imposible el acceso a las instalaciones del personal necesario para mantener, las operaciones en los niveles de contingencia que la gerencia profesional había aplicado para afrontar la crisis. El discurso oficial, mientras tanto, era que no había paro, y que el problema estaba concentrado en un reducido grupo de gerentes.

Los despidos masivos que marcaron la segunda mitad de la crisis petrolera a principios de 2003, lejos de conducir a una solución, no sirvieron sino para “calentar” aún más la situación y mantener el paro incluso más militante. El paro era ahora acerca de los despidos, la estrategia de destrucción tomaba su inevitable curso.

Por cualquier estándar gerencial y de liderazgo, la presente administración de la industria no puede eximirse de su responsabilidad ante la destrucción de la organización que pretendía liderar.

La historia mostrará que lejos de tomar medidas reales de entendimiento y negociación, destinadas a salvaguardar la empresa petrolera de la diatriba política, se aprovechó la ocasión para lograr el verdadero objetivo: la purga de la industria por motivos ideológicos y su sumisión a un proyecto político sectario.

Los petroleros, en una muestra de ingenuidad política sin precedentes, pensaron que expresar opiniones y actuar como ciudadanos era un derecho al cual se podía acceder sin costo alguno. Pensaron que su razón era la única razón y por tanto terminaría por ser reconocida.

Hoy, 12 meses más tarde, con más de 20.000 familias petroleras sumadas a las víctimas de una lucha política fratricida, con una Pdvsa en minusvalía y de futuro incierto, y en manos de un activismo político que la considera “botín de guerra”, asistimos a una fusilería de cifras y a un derroche de propaganda, que pretende hacernos creer que todo está bien. La realidad es que Pdvsa yace agonizante, y como si de un velorio caribeño se tratara, los dolientes se embriagan celebrando quién sabe qué. La dolorosa verdad es que no hay nada que celebrar, ni de un lado ni del otro.”

Saturday, October 31, 2009

“Llevar Cocos a la Playa”



“La primera lección de la economía es la de la escasez: nunca hay suficiente de algo para satisfacer a todos aquellos que lo quieren. La primera lección de la política es hacer caso omiso de la primera lección de la economía.” – Thomas Sowell

“Cuando el pozo se seque, entonces sabremos el verdadero valor del agua” – Benjamin Franklin



Como un venezolano que vive en el exterior, pero que sigue con un interés casi masoquista las noticias del terruño por medio de la RED, uno llega a pensar que ha dejado de sorprenderse de lo insólito de las cosas que ocurren día tras día. Me imagino que esta aparente falta de estupefacción, suerte de mecanismo de protección de la psiquis, le ocurre en un mayor grado a los que viven en Venezuela, y que están más cerca de esa telenovela diaria llamada “revolución” (mis comillas).

El último episodio en esta comedia de errores que protagoniza el gobierno de la “revolución”, es la ya inocultable crisis del sector eléctrico. No haré un uso fácil del humor refiriéndome a las recomendaciones del barinense de usar “totuma” para bañarse en tres minutos. Tampoco haré mención de las recomendaciones presidenciales sobre el uso inadecuado de la ducha como lugar de esparcimiento, y tampoco haré contabilidad sobre cuántos megavatios se desperdician diariamente en la difusión de las divagancias del inquilino de Miraflores. Muchos y mejores venezolanos que yo ya han pateado esa particular trocha, agotando la vena de humor negro criollo.

No quiero tampoco desperdiciar la ahora escasa electricidad que el lector pueda dedicar a estar conectado a la red (cuando el sistema no falla por alguna razón u otra[1]) para hacer disquisiciones sobre el descarado cinismo que exhiben los funcionarios oficiales (y algunos ex-funcionarios que hoy fungen de voceros de la disidencia política) sobre la crisis eléctrica que ya se desató.

Esta no es la primera de las escaseces, eventuales y/o estructurales, a las que el gobierno nos ha sometido durante los últimos 11 años. La lista es larga y diversa: harina, azúcar, arroz, café, jabón de lavar, papel higiénico, gasolina, gas natural, pasaportes, cédulas de identidad, empleo, divisas, seguridad, libertad…Pareciera que el camino al paraíso de la igualdad social por él que se nos pretende llevar, al igual que el del infierno, está pavimentado de buenas intenciones…¡y escasez!

Esta “nueva” escasez es quizás una de las que más revela la naturaleza paradójica de los tiempos que los dioses del Olimpo han destinado, como penitencia, para esta “Tierra de Gracia”: escasez en tiempos de abundancia. En un lapso de pocos días, el gobierno ha anunciado con bombos y platillos un descubrimiento de gas costa afuera de la península de Paraguaná. Este descubrimiento, según el libreto oficialista, nos colocaría en la misma liga con la antigua Unión Soviética y los países árabes como una potencia gasífera y energética de dimensiones planetarias. Al mismo tiempo, y sin el menor sonrojo, el gobierno reconocía, entre apagones y sequías, la crisis del sector eléctrico y por implicación el retroceso de la sociedad venezolana a una época donde la oscuridad daba origen a los cuentos de ánimas aparecidas y a romances furtivos.

No seremos tan mezquinos como para quitarle el merito a nuestros colegas españoles e italianos por su descubrimiento en aguas territoriales venezolanas. Tampoco señalaremos que las proyecciones de reservas que ellos hacen se atisban prematuras y algo exageradas, dada la escasez de información formal. Después de todo, también somos mediterráneos. Lo que si debemos señalar es la desfachatez de aquellos que no ven contradicción en vanagloriarse del mérito de otros, mientras lo que le toca regentar se deshilacha en “Live TV” ante los ojos de todos.

Un país que siempre ha abundado en recursos energéticos de todo tipo, y que poco ha sabido convertir en riqueza sustentable, no alcanza todavía a entender porque el ensanchar esa base de recursos no nos hace más ricos. El país continua sin aprender de las lecciones del pasado, por el contrario subraya la incapacidad de su clase política (pasada y presente) para construir una nación moderna apuntalada en sus ventajas naturales. Los gobernantes de turno no acaban de entender que la modernidad que la sociedad anhela pasa por el uso eficiente y eficaz de todos los recursos naturales y humanos de la sociedad, y no por la continua búsqueda de culpables y la exclusión sistemática de los hábiles; “la culpa es del gobierno anterior…” ya no alcanza como explicación.

Las reservas de gas que con alguna suerte serán registradas por el reciente descubrimiento en la fachada Caribe del oeste venezolano, infortunadamente no serán más que cifras que se añadirán a las de la plataforma Deltana y del norte de Paria; recursos sin desarrollar, continuas promesas, víctimas de nuestros fantasmas atávicos de falsa soberanía y de malas políticas. Al mismo tiempo, las luces se apagan en un país donde esto, más que un símil fácil, es una realidad que se materializa ante el aplauso mimético y cómplice de algunos, y el asombro paralizado del resto, mientras que por otro lado importamos gas desde Colombia por un futuro indefinido.

Las reservas de de hidrocarburos, inmensas como ellas son desde cualquier punto de vista (bien sea en la Faja, como costa afuera), son como las condecoraciones de batallas imaginarias con las que nuestros militares se adornan, buenas para impresionar al desprevenido, pero inútiles a la hora de pelear la verdadera batalla de desarrollar el país, sino se tiene la voluntad y el conocimiento para hacerlo.

Recordemos todos, tanto los que creen en la “revolución”, como quienes la adversan, que el resultado inocultable de la gestión de la última década, es un país que pasó de ser la fuente de energía por excelencia del hemisferio por la mayor parte del siglo XX, a un país minusválido y en terapia intensiva, donde las luces se seguirán apagando en la ciudad…mientras en la colina el palacio sigue iluminado.

Y aunque sea inverosímil, hemos derivado hacia el más improbable y triste de los escenarios: sin energía en el país de la abundante energía, “llevando cocos a la playa”, mientras nos miramos en el espejo de la madrastra de Blancanieves repitiendo de manera cansona: “…espejito, espejito ¿quién tiene las mayores de reservas del planeta?

¿Quién sabe? Quizás cuando atisbemos la playa, con cocoteros vacíos, empezaremos a aprender la lección que la historia se empeña en enseñarnos y nosotros en desoír.

Posted in Petroleumworld Nov 1, 2009

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[1] Aprovecho para comentar que INTERCABLE en Caracas me tiene incomunicado hace más de tres semanas, a pesar de que, como el gobierno, vive prometiendo que va a ir a repararlo “hoy”. Evidencia de que nuestros problemas tienen un origen que va más allá de la distinción gobierno-empresa privada…será que el desarrollo es una quimera, como decía la canción

Monday, September 21, 2009

14 de Septiembre - Haciendo Nuevas Fronteras




El reloj marcaba la 1:00 de la tarde, el Presidente Uribe hacia poco terminaba la inauguración formal del Oleoducto de los Llanos Orientales (“ODL”) y se dirigía con su comitiva de vuelta al aeropuerto de Morelia en esta apartada región de Colombia. El cielo en el llano empezaba a nublarse y amenazaba con una de esas sorpresivas lluvias que transforman el despegue y aterrizaje en estos parajes en un deporte de aventura.

Los cielos tardaron en descargar su húmeda carga y el avión presidencial despegó sin ningún contratiempo. Atrás quedamos todos los demás, entre abrazos y felicitaciones. Una mañana para recordar como pocas en nuestra vida profesional.

Hace ya un poco más de una década, campo Rubiales era atacado con regularidad impune por la guerrilla, hasta el punto que en el año 2000 se suspendieron formalmente las operaciones. Un incendio premeditado de las instalaciones y el secuestro de dos trabajadores todavía perduran en la memoria atávica de la Compañía.

En aquellos días era una quimera pensar en la escala de crecimiento que hoy atestiguamos, y mucho más atrevido hubiese sido el imaginarse que un Presidente de la República y su comitiva de alto perfil pudiera ir a esta zona de Colombia sin el menor tropiezo; y qué decir de tener más de 6.000 personas trabajando en lo que hoy por hoy es el campo petrolero de mayor producción y crecimiento en Colombia.

No me queda la menor duda que la presencia de esta importante comitiva en campo Rubiales el 14 de septiembre fue muy importante, así como también lo fue la inauguración de una obra de la envergadura del ODL. Sin embargo, lo que rescatamos de ese día, luego que los discursos terminaron, los escenarios fueron desmontados y la “mamona” digerida, es la capacidad de trabajo, entereza y hasta tozudez del grupo de hombres y mujeres de Pacific Rubiales que, enfrentando el llano y sus caprichos, y acallando las voces de los escépticos, culminaron en tiempo record ésta, la primera etapa del gran sueño de Rubiales. Es a toda esa gente, los presentes y aquellos que oyeron los discursos desde la lejanía, desde sus puestos de trabajo, a los que se les rindió honor ese día.

Pero también ese día se hizo realidad la visión de un grupo de hombres que entienden que el progreso no se construye con citas de héroes a caballo, sino con el trabajo diario y el uso del ingenio. Esa visión que sabe que el hacer patria es algo más que discursos y buenas intenciones, y que la frontera de la patria se ubica allá donde alcanza la esperanza.

El viento finalmente desplazó la lluvia y la llanura retomó su placidez. A través de la ventana del autobús que nos conducía al aeropuerto pude observar desde la distancia el todavía para mi sorprendente nuevo perfil de Campo Rubiales, ¡tallado en solo 24 meses!

El 14 de septiembre inauguramos un oleoducto y sus instalaciones, pero mucho más que eso demostramos que las quimeras se hacen realidad y que la esperanza de modernidad delinea nuevas fronteras.

Monday, July 27, 2009

EVOLUCION EN EL PÓRTICO


El futuro no se hereda, pero tampoco es una condena. El futuro se sueña y se construye”. Destino Colombia


Al norte de Bogotá, en lo que hoy es un suburbio en vías de ser sobrepasado por la acelerada extensión de la ciudad, pero que aún conserva los rasgos de su origen campesino, se encuentra un lugar de eventos llamado el Pórtico. El lugar, aunque de características semejantes a una vieja hacienda de La Sabana, incluyendo un corral donde famélicas vaquillas son utilizadas para que incautos “turistas” imaginen ser toreros, es una construcción de reciente data.
Pero no crean mis impacientes lectores que esta es una crónica de viaje, ni mucho menos. Lo que en verdad me anima a escribir estas líneas, es la experiencia que tuve la suerte de vivir en este acogedor lugar, gracias a la invitación que me hicieran amigos colombianos a participar en un taller sobre el futuro de Colombia.
Colombia, como cualquier país de estas latitudes, es una nación de grandes contrastes, quizás más marcados a razón del sangriento conflicto armado que ha asolado gran parte de su historia reciente. A pesar, o quizás por esto, es un país que no cesa de buscar maneras de evolucionar, a veces en línea recta y a veces dando traspiés, sorteando la improbabilidad hacia futuros posibles
Hace una década (1998), un grupo de colombianos preocupados por el camino por el cual transitaba su patria, se juntó alrededor de un ejercicio que se dio en llamar Destino Colombia, donde con la asesoría profesional de expertos en diseño de “escenarios”, empezaron a visualizar caminos hacia adelante bajo una visión compartida, diferente al fatalismo aprendido después de décadas de violencia.
Hoy diez años más tarde, siendo un extranjero en La Sabana, he tenido la suerte de ser testigo de excepción de la continuación en tiempo presente de ese esfuerzo inicial. Los guardianes, por así decirlo, de Destino Colombia, conscientes del progreso de Colombia en estos últimos años, pero también sensibles a la encrucijada a la que se acerca la sociedad colombiana, han convocado de nuevo a un gran diálogo, ya no a imaginarse un futuro posible, sino a buscar pasos concretos para materializar un futuro deseado. Este ejercicio, ha sido bautizado como Evolución Colombia.
Durante dos días y medio, 180 personas de los más variados orígenes y representando los más disímiles intereses, se reunieron a dialogar sobre Colombia, sus problemas, las causas y las posibles soluciones. Políticos, académicos, empresarios, sindicalistas, estudiantes, indígenas, afroamericanos, observadores internacionales…un verdadero “Quien es Quien” de la sociedad colombiana, aunque no me queda la menor duda que alguien más conocedor que yo podría apuntar a los que debían haber estado y no estuvieron, pero en fin.
Uno pensaría que una reunión tan variopinta, de gente que en su mayoría no tiene una relación personal, para discutir el futuro de un país, estaría condenada al fracaso. Es aquí donde empezaron mis sorpresas. La facilitación profesional por un grupo de asesores internacionales de muy amplia experiencia en el manejo de este tipo de reuniones difíciles, hicieron posible que el grupo no solo no se fuera a las manos, como suele pasar aún en la reuniones de las familias más avenidas, sino que se manejaran las diferencias como fuente de creación que no de destrucción. Esto por supuesto no fue del todo indoloro, pero fue siempre interesante.
Tres aprendizajes son dignos de rescatar de este ejercicio. En primer lugar, cuán similares son nuestras sociedades en lo que se refiere a diagnósticos. Construimos rápidamente un inventario de todos los defectos, reales e imaginarios, que nos compelen a ser como somos, pero que una vez ensamblados resultan en una imagen especular en la que no nos queremos reconocer.
En segundo lugar, y a pesar del aparente pesimismo que se destila del diagnóstico, el grupo se abocó con intensidad a un dialogo. Actores de ambos extremos pudieron dialogar sin la diatriba y el insulto, en la búsqueda de nuevas convergencias. Esto claro está, producto en gran parte de la dinámica impuesta por los facilitadores, que buscaba descubrir que no esconder, entender que no imponer
En tercer lugar, y quizás lo más importante, el hecho de que el grupo, con todo y las heridas reales que aquejan a muchos de sus integrantes, es capaz de entender que la paz pasa por el reconocimiento y el entendimiento del adversario. Que la búsqueda no solo es necesaria sino indispensable, y que esta es una tarea de largo aliento y con toda seguridad muy tortuosa. El construir un país, es tarea de todos los días y de toda una vida.
Como observador me sentí motivado por la vocación de servicio de aquellos que motorizan este esfuerzo. Personas con una vida profesional ocupada y exitosa, jóvenes todos de espíritu. Gente motivada que considera su deber sembrar su tiempo y sus habilidades, en la esperanza de cosechar una mejor Colombia. Un ejemplo que seguramente debería ser imitado en Venezuela, donde el dialogo ha sido sustituido por el discurso del rencor, y la indiferencia ha reemplazado la responsabilidad.
Después de dos días y medio, este grupo de colombianos logró establecer una conversación necesaria, seguramente no la última ni la definitiva, pero un paso en el largo camino. Se identificaron objetivos concretos y como empezar a trabajar en ellos. Los obstáculos son sin duda muy grandes, pero enfrentarlos con valor es lo que hace a las sociedades evolucionar. Evolución Colombia es solo una de las muchas muestras de una sociedad que, aún enfrentando problemas aparentemente insolubles, se compromete a seguir adelante, aferrándose a los sueños posibles.
Esta oportunidad de ser testigo de los latidos de esta gran Colombia, me hizo entender que tratar es difícil, pero siempre es menos costoso que la indiferencia.

Posted in Analitica Julio 29,2008

IRAN AND ITS ALLIES STEP UP PRESSURE

  El Taladro Azul M. Juan Szabo [1] y Luis A. Pacheco [2] Published  Originally in Spanish in    LA GRAN ALDEA   The fragile ceasefire in th...